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Casa de Luz (I)

Casa de luz,
vórtice donde rompe el viento,
en mi recuerdo apareces
como un relámpago que el estallido callaba.

Instalada estás en la distancia.
Trazas tu línea y se la das al aire que enfurece
en este lado del mundo.

Cuando estabas aquí,
solías revestirte de cristal en las noches tibias.
No había sol que derritiera tus entrañas.
A canción de cuna
tu muro y tu carne nos sabían.

Entonces mi yo multiplicado en todas las bocas del mundo
decía la palabra "puedo"
y el universo sus estrellas esparcía.

Un sueño como de otra existencia
nos venía en calidad de paz
en el tálamo de leche tibia de Vía Láctea.

Casa de luz,
canto en un raudal argénteo,
envueltos estábamos en tu matriz de fuego azul.

La lluvia entonces no dolía
y la fe tenía sabor de fruta dulce.

Hoy sólo queda el temblor acuoso y faríngeo:

El mapa del éxodo en tus puertas dibujaste
y al éxodo nos fuimos tus moradores.

Casa de luz,
qué habrá sido del calor de tu cuerpo.
A quién habrás abrigado estando tan sola,
cristalina,
mientras raspamos nuestros pies
en el magma burlador del centro de la tierra.

Casa de luz,
babel electrónica despojada de huellas dactilares,
nunca pude oír tu canto de metal en otro hogar.

¿Qué será de nosotros?

Vuelve tus ojos a nuestra desnudez,
abre tu boca amarilla
y envuélvenos en tu verbo.

Casa de luz,
jauría de ventanas ladrando viento.

Casa de luz,
tropo indescifrable y universal.

Casa de luz,
écfrasis divino de todas las cosas muertas.

Casa de luz,
casa de luz,
casa de luz.

 

Casa de Luz  II

Ayer, transitando por el plomo de la tarde,
busqué la manera de escuchar
tu canción de plata sobre mi espalda.

Abrí la habitación del pensamiento,
en una idea repetida me senté.

Necesitaba reconstruir
el instrumento cósmico capaz de reproducirla

-al fin entendí.

...No hay más material divino
en la faz de la casa de la humanidad.

Me fui al rincón de los rituales.
Encontré a ojos aoristos
en la ubicua costumbre de ofrendarse.

Y te di, ajena de mí, el silencio de lo que me aturde.
Lo creía muy pesado y grande.
Al entrar a tu oído se volvió terrestre, pequeño e imperceptible
junto a las sinfonías mudas que danzan
las palabras creadas por ti,
todas de dimensiones justas y perfectas.

Casa de luz,
cántico lugar de voces argénteas,
quise darte otra cosa.

Me despojé de mis cantos,
tan inmensos como la soledad
de un día sin vecinos buenos.
Todos ellos fueron tuyos a mi instante.
Yo los pegué en tu piel de marfil etéreo;
con lágrimas y risas fijé sus notas
de un arte menor.

Pero al sentir tus muros con mis dedos,
supe que aquéllos en ti ya existían:
se crearon desde la nada que dio origen a la palabra antes
en tiempos de un mar remoto, ígneo y nuclear.

En la luminosidad de tu piel comprendí
que no puedo dar lo que heredé de nacencia.

Desprovista del silencio y el canto,
recurrí a todas las cosas que he visto y probado.
Te devolví todo cuanto sabía:
los limitados números,
las dimensiones achatadas de mis espacios,
los colores de cajita de mi universo pequeño,
las historias de mis otros nombres,
y las leyes falibles de corazones y mentes torpes.

Y me enteré en el momento que conocía tan poco
que no sabía que no lo precisabas más de regreso,
Casa de luz,
tú muerdes al azul desamparando al cielo.

Tomé mi nombre y mi ego.
Verdaderamente ya no me servían
si no podía sentir tu caricia en mi cara.

Pero al llegar a las puertas de tu puerta
sus signos cayeron
como el sonido de un tren frenando en óxido.

Me quedé desnuda de regalos.

Entonces, decidí darte mi amor
o aquello que yo sentía cuando vivía
y era tan grande que me hacía grande
y me hacía sentir y creer
que yo podía ser la mujer más fuerte del mundo,
la valiosa, la centelleante,
la elegida por tu mesa para comer de tus manjares.

Te doy mi amor en medio de tu abandono.

Y es tan grande mi amor como la confusión de sus letras
que verdaderamente tampoco te sirve.

 

Casa de Luz  III

Y si no te sirve nada
entonces por qué existo.

Y si me he quedado con nada
entonces cómo es que respiro.

Y si te ofrendara mi nada
en su transparencia te pudiera ver.

Y si no soy nada,
a la nada me niego a retroceder.

Casa de luz,
ahógame este abismo.

Casa de luz,
convídame tu fuego,
que duermo en el humano frío.

Casa de luz,
llámame y me volveré de nuevo un buen sonido.

Casa de luz,
ilumíname en medio del anochecer.

 

Casa de Luz  IV

Casa de luz,
espejo cóncavo brillante nombrado cielo,
resuelta está la noche
y revuelto el sueño mío.

Quiero dejar de soñar
aquella casa sitiada
al otro lado del firmamento.

Traigo de la inocencia extravío
y la memoria hace estragos conmigo en este momento.

Duermo, duermo, duermo.
El ahora bajo tu techo
borra el cómo y los nuncas.

Duermo, duermo, duermo.
El insomnio ya es un vagabundo
en otra parte de este inmenso lugar
que es un jardín de estrellas perdidas para ti.

Duermo, duermo, duermo,
tú cantas y yo puedo dejar
que rebroten las flores de los juegos que de niña perdí.

Casa de luz,
madre añorada,
dime que no te vas
en esta madrugada...

(Imagen tomada de Internet / Derechos reservados por el autor)

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