header

Imprimir Correo electrónico

auton portadaDesde hace algunos meses la sucesión del Director de la Facultad de Filosofía concitó la atención de un sector de universitarios, particularmente ex profesores y ex alumnos que vimos con preocupación que el procedimiento para elegir Directores de las Escuelas y Facultades de la UANL, estaba a punto de alcanzar el más alto nivel de aberración, después de que, por casi treinta años y teniendo en mente el mantener a como diera lugar el control político de la institución se había venido torciendo la normatividad existente hasta extremos inimaginables, pero teniendo siempre buen cuidado de respetarla en espíritu.

Aún cuando ya se habían presentado casos similares, al menos dos, en la UANL, ya se sabía que era posible que el Director de una escuela o facultad, contando con la anuencia de los poderes fácticos, del Rector y la complicidad de la Junta de Gobierno, en aras de asegurar el control político, heredara el puesto a su cónyuge. Tal fue el caso de la Escuela Preparatoria # 3, en la que la Directora nombrada fue la sucesora inmediata de su esposo y el de la Escuela Preparatoria # 16, en la que sexenios de por medio se repitió el episodio.

Sólo que el caso de la Facultad de Filosofía era un poco diferente, en virtud de que el todavía Director integró a su equipo de trabajo, le asignó diferentes tareas y responsabilidades a la persona con la que a lo largo de su gestión formó y consolidó una relación de pareja; gradualmente le fue incrementando la cuota de poder de decisión hasta llegar al extremo de que fungía en los hechos como Co Directora.

En forma simultánea se dieron manifestaciones implícitas y más tarde explícitas de que ella trabajaba en torno a su candidatura a a la Dirección, lo que abrió la puerta para se instrumentara una campaña que tuvo en el nepotismo, la corrupción, el clientelismo, la intimidación y la represión las cartas con las que se jugó el juego pre-electoral, y que tuvo como víctimas a todo aquel que osara criticar las aspiraciones de quien, luego, obtuvo el estatus de cónyuge. De ello fueron testigos amplios sectores de profesores y de alumnos.

Por fortuna y para alivio de muchos el propósito del ex Director se frustró. Su pareja sentimental no obtuvo el beneplácito de la Rectoría, se presumió que no garantizaría el control y que podía volver accidentado el proceso de elección y fue así que se canceló de tajo la posibilidad de que ella heredera el puesto.

El proceso eleccionario se celebró hace algunas semanas. Con él la autoridad universitaria rompió dos de sus más inveteradas costumbres, buscando, como siempre no poner en riesgo la paz que a como de lugar se mantiene: 1) no apoyó al candidato favorito del Director de la Facultad y 2) abandonó la pretensión de contar con un solo candidato en aras de "de unidad" , y dio su anuencia para que contendiera un candidato de oposición.

Se han cumplido ya las dos primeras fases de la elección-designación de quien sucederá a José Reséndiz en la Dirección de Filosofía. En la primera, la Dra. María Luisa Martínez, candidata oficial, obtuvo mayoría en la votación universal paritaria y ponderada, ante el opositor el Maestro Cástulo Hernández Gálvez. La triunfadora consiguió 2 de cada tres votos.

La segunda fase, a cargo de la Junta Directiva de la Facultad, órgano integrado por el total de maestros con calidad de ordinarios y un número igual de alumnos, fue ya debidamente cumplida. En sesión ordinaria integró la terna que será entregada al Rector, la que, conforme a la tradición hasta ahora vigente, va encabezada por la triunfadora en el proceso de votación, pero no incluye al del candidato contendiente. Nada obliga a ello.

Resta, ahora que la Honorable Junta de Gobierno, en amplio uso de las facultades que le concede la Ley Orgánica, cierre el ciclo y designe al futuro Director de Filosofía y Letras.

Se ha detallado aquí en forma prolija la manera en que se cumple con el procedimiento para seleccionar, elegir y designar a los directores de escuelas y facultades, tal y como lo prescriben la Ley Orgánica y el Estatuto General de la UANL. Lo hemos hecho con el propósito de ilustrar, primero, como se ha venido llevando a la práctica dicho procedimiento, astuta medida del legislador que tuvo como propósito a largo plazo mediatizar la que fuera una de las conquistas del Movimiento pro-autonomía en 1969,y que ha devenido en mera ficción.

La Ley Orgánica aprobada en junio de 1971, prescribió, como se ha visto arriba, un procedimiento en tres etapas en el cuál, cada una de las posteriores anula el resultado de la anterior ( aquí el loable carácter previsor de quien redactó y postuló la Ley Orgánica). Ello se ha venido repitiendo cada vez que el control político de la institución lo ha hecho necesario.

La primera de las fases consiste en una votación universal, proceso en el que todos los alumnos y todos los maestros sufragan por los candidatos contendientes por el puesto y que han cumplido los requisitos establecidos por el Estatuto General.

El resultado, expresado en votos ponderados paritariamente es llevado a la Junta Directiva quien tiene que integrar una terna y en ella conforme a una regla no escrita, sólo se está obligada a incluir a quien obtuvo la mayoría de votos en la elección universal.

Si en ella participaron dos o más candidatos, pueden ser excluidos de modo que, como es obvio, se vulnera, por lo general en forma parcial, el resultado rendido por la primera fase, ya que para cumplir el requisito, se agregan dos nombres, y , en el extremo, alguno de ellos puede ser designado Director. Ya ha sucedido.

La tercera fase está a cargo de la Honorable Junta de Gobierno. Sus facultades son lo más amplias y discrecionales posibles. Ella, como intérprete del espíritu y la letra del "Alere flammam veritatis", de lo que es bueno y no lo es para la Universidad, puede escoger a cualesquiera de los tres integrantes de la terna, excluyendo a quien triunfó con votos.

En un caso extremo pueden no hacerlo y nombrar a un Coordinador que funge de manera provisional hasta que los manes consideren que hay condiciones para convocar a un nuevo proceso eleccionario.

A lo largo de 38 años, todas las posibilidades han sido agotadas. Las Juntas Directivas han excluido a quien triunfó en la etapa previa; la Junta de Gobierno se ha negado a designar a alguno de los integrantes de la terna que recibe del Rector.

Es así que ha sido posible que un Director saliente heredé el puesto a su cónyuge, como sucedió en dos casos previos; que por vía de la intimidación de presuntos aspirantes se haya hecho costumbre imponer a un candidato único y también no designar a miembros de las ternas y optar por nombrar a un emergente.

La necesidad de ejercer un control político de la institución con el cual eliminar la posibilidad de que alguna vez se repita la rebelión estudiantil-magisterial de hace cuarenta años, condujo al establecimiento de un sistema de poder que ha alcanzado un grado tal de efectividad que no cesa.

Para decirlo fácil, la burocracia dirigente de la Universidad, que incluye la Junta de Gobierno, el Consejo Universitario, los Directores de escuelas y facultades, las Juntas Directivas, erigieron un poder que no tiene contrapeso. La posibilidad de que profesores y estudiantes pudieran ejercer las atribuciones que les concede la normatividad universitaria han sido nulificadas.

A lo largo de estas tres décadas, en forma gradual fueron desapareciendo vía cooptación o coerción, -la fórmula del priísmo autoritario-, la crítica, el debate de ideas, el disenso. Las autoridades universitarias ejercen un control total siempre susceptible de ser perfeccionado, tanto de la vida académica, como de la vida cotidiana, sueño dorado de todo poder autoritario. Maestros, alumnos y trabajadores han hecho de la autocensura su norma de vida, única vía para conservar el empleo y para no ser víctimas de las diversas caras de la represión que van desde las más sutiles hasta el despido o la reprobación sistemática de quien ose disentir.

A cuarenta años de que la Universidad pública conquistara la autonomía, de que se introdujera un cambio cualitativo en cuanto a los órganos de gobierno, su integración, sus modos de funcionamiento y de toma de decisiones que, por cierto han venido a menos hasta ser una caricatura de lo que se supuso, y teniendo a la vista el innegable crecimiento y desarrollo de la máxima casa de estudios cabe preguntar, como corolario:

¿ Ha sido y es necesaria la instauración y funcionamiento de un sistema de control político como el que rige la institución la condición sin la cuál no habría sido posible el luminoso presente que se publicita en los medios y es difundido a los cuatro vientos por la burocracia dirigente? Es decir, los medio en uso , harto heterodoxos ¿justifican los fines que se persiguen o hay otras opciones?

Marzo de 2009.

(Imagen tomada de Internet / Derechos reservados por el autor)

El futuro de CONARTE
1968: El Movimiento Estudiantil
Bestias Negras
Universidad, Autonomía y Debate
John Lennon