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¡México sufre su descomposición como nación y como pueblo! ¡La encrucijada histórica le exige cambiar su rumbo!

Hoy se oyen a diario los gritos de desesperación clamando por seguridad, protección a las personas y bienes ycontra el régimen policiaco: el PRI culpa al gobierno de FCH y olvida ladestrucción neoliberal de sus gobiernos durante 1982-2000, el PAN sigue justificando su nula respuesta a los problemas y vive del resentimiento contra el régimen de 70 años atrás, el "gobierno legítimo" de LO acrecienta su populismo recogiendo las cáscaras de los programas que el PRI tiró hace tres décadas, la vieja izquierda, disfrazada de oposición en el PRD, se debate en la contraposición entre lo que dice creer y lo que realmente hace.

Mientras tanto, los partidos electorales se aprestan a seleccionar sus candidatos y organizar sus campañas donde lo importante es ganar.

Todos usan a los niños, los ancianos y los pobres como señuelos para hacer prosélitos. Hoy agregan a los jóvenes de los que nunca se han ocupado, buscando cooptarlos para impedir su reclutamiento por el crimen organizado. Lo cual evidencia la debilidad de la mentalidad y el comportamiento adolescente y exhibe el fracaso de la vida social actual. Todos prometen dar empleo como si eso dependiera de un gobierno, ignorando los efectos contrarios de la tecnología actual, la débil propensión a invertir propia de los empresarios mexicanos y la posesión de las principales ramas productivas por el capital supranacional. Todos dicen tener la llave secreta para acabar con la violencia, el crimen y la inseguridad.

Y todos parecen, por debajo de banda, seguir la máxima desesperada de los pasajeros de un barco que se hunde: "sálvese el que pueda", resguardándose para no estar en "el lugar y el momento equivocado", para no morir acribillado en un callejón, no ser secuestrado o no ser desocupado. (Sobre todo cuando se tiene un cargo público con guardaespaldas, pago salarial puntual y elevado).

Pero, como lo sabe todo aquel que haya estado en circunstancias difíciles: el pánico, la furia egoísta, el espíritu de facción, no son lo más recomendable ante los problemas de la nación mexicana. Al contrario, la posición de principios, de alcance futuro y de responsabilidad nacional y social, es la base para encontrar amanecer de la noche histórica que vivimos.

La desnacionalización y la descomposición social de México.Recordemos. Durante los últimos 34 años nuestro país ha recibido serios ataques, internos y externos, a su integridad como nación y sociedad. Cada vez se han oído los gritos de los intereses privados que, al acecho, tras las crisis han canalizado las cosas a su favor.

1976: LEA, la crisis monetaria y del sistema emergido de la Revolución Mexicana; 1982: JLP, la crisis económica general y la subordinación al FMI con su mandato privatizador; 1987: MLH y la descomposición de la estructura económica nacional; 1988-94: CSG y el privatizador golpe de estado económico; 1994-95: EZP,la economía el estado al servicio de la banca privada; 2008: crisis mundial y del gobierno panista.

Se trata, pues, de una escalada creciente de crisis que ha destruido la estructura económica, política y social de México.

En esa escalada el sistema político ha cambiado sus actores, pero no su esencia: la crisis del PRI como partido único oficial y el agotamiento de la plataforma de la Revolución Mexicana desde los 70's, el avance del neoliberalismo contra la democracia civil y política en los 80's, la crisis del PRI en 1988 de donde emergió el PRD, el avance del PAN hasta llegar al poder en el 2000.

La fórmula usada para resolver temporalmente las crisis ha sido la imposición de medidas para salvar y reforzar el poderdel capital con el pretexto de "proteger la inversión, el empleo y la paz social". Lo cual ha significado, por tanto: reforzar las condiciones para el lucro económico, contener los estallidos sociales, impedir la intervención del pueblo en la política, e ir destruyendo las bases de la democracia hasta llegar al estado policiaco y el virtual estado de sitio de hoy.

No es extraño lo anterior: la rutina del poder no ha cambiado. Luego del impacto desfavorable que tuvo el golpe del estado contra Chile en 1973, la técnica de asalto al estado no se ha transformado. Ha sido tomar el poder a espaldas de la organización autónoma del pueblo: la intervención financiera vía BM y FMI desde el gobierno de Reagan en 1980, el asalto privatizador neoliberal mundial, el avance de los partidos y gobiernos ultracapitalistas como el de CSG (llamados de "derecha" o "conservadores"). E incluso los partidos de "izquierda", los sindicalistas y los ligados a las clases medias en los países dependientes, aspiran a llegar con una propuesta y consumar un golpe imponiendo su verdadero interés "desde arriba". (Brasil, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, AMLO...).

Junto con ello, diversos grupos reclaman un nuevo "modelo" nacional con inversión, seguridad, salud, educación y empleo. Reclamo que queda como un grito en el desierto ante el disimulo partidario y gubernamental.

Dichas voces eluden la responsabilidad ante la nueva condición histórica, desvían la atención hacia los paliativos y respuestas eventuales y, sobre todo, no hacen el menor esfuerzo por señalar, organizar y trazar la estrategia de lucha de las nuevas fuerzas que deben conducir a México a su destino soberano, libre y democrático.

Se comportan como minorías que buscan llegar el poder y dominar la mayoría, sostenidas en el principio de autoridad, no sobre la soberanía social, nacional y popular. (Los datos lo ilustran: durante la democracia neoliberal de partidos subsidiados, México es y ha sido gobernado por la quinta parte de los votantes, o sea, alrededor de 15 millones respecto a 75 del padrón electoral en 2006. Lo mismo ha sucedido con el PRI y el PAN, y así sucedería si gobernara LO).

México da la impresión de ser presa de rapiña de quienes aspiran a ocupar el poder sin aportar nada al engrandecimiento nacional y social.

En el remolino de la descomposición nacional. La escalada de descomposición nacional y social caracteriza, pues, a la vida de México en las últimas décadas y abre una nueva condición. La comprensión de ésta es cardinal para saber qué hacer en beneficio de México y los mexicanos.

Hace unas décadas podía discutirse algún problema de México y buscar soluciones parciales. Hoy todo remite a todo, las soluciones parciales son parches que ocultan la verdadera solución y refuerzan la dominación existente.Lo económico, lo político, lo civil, lo educativo, la salud, la seguridad, el empleo, etc., remiten a un sólo centro: la descomposición nacional y social.

• En lo político, un estado con estructura del siglo XVIII. Con un ejecutivo tambaleante, un legislativo errático y un judicial sesgado, se debilita; adelgazado en sus funciones entra en crisis ante el poder de las corporaciones planetarias y la fuerza imperial absorbente que integra bloques mundiales.

Es centro de atracción de los partidos parasitarios que viven del subsidio público y no tienen obligación ni responsabilidad con la nación y la sociedad.Después de perder su carácter "rector" de la economía, la impunidad con la que se violan las leyes y se cometen delitos, y el fracaso en su función de proteger las personas y sus bienes, es el síntoma de muerte del viejo estado liberal.

Su verdadero fondo: la falta de representación nacional y popular del estado actual y su renuncia a ser garante de la democracia civil y la soberanía popular.

• En lo económico, la diferencia entre pobres y ricos, en un país donde reside uno de los hombres más ricos del mundo como C. Slim y la mitad de la población es pobre, es la expresión de la esencia del capital: generar desigualdades de manera permanente, hacer brotar la miseria como resultado propio deltrabajo subordinado al capital, no por la improductividad o la ineficacia.

El mercado interior, entendido comúnmente como un asunto de consumo entre la población y los comerciantes, es en realidad la derivación del mercado productivo cuyo centro reside en la fabricación de materiales, bienes intermedios, maquinaria y equipos tecnológicos cuyo monopolio lo tienen los grandes países, en tanto los dependientes producen los medios de consumo para alimentar la circulación del capital. (Un dato: el 84% de las empresas de México trabaja con insumos extranjeros). Pregonar, pues, la libertad del mercado es ocultar esa doble esencia del mismo: su dependencia de los medios de producción y del capital corporativo supranacional.

La vida campesina, vista como asunto de mercado agrícola, como la "migración modernizadora" del campo a la ciudad, es la quiebra del esquema agrario mexicano y la urgencia de reconstruir la vida del campo, asegurar la soberanía alimentaria (y no la "seguridad alimentaria" que significa la sumisión al abastecimiento extranjero), liberar al campesino de su atadura al comercio y su subordinación política y social.

Ante el insuficienteempleo, oferta electoral preferida para ganar el voto, visto como mero efecto de la inversión,los partidos sugieren el autoempleo, la changarrización, las inversiones extranjeras, la obra pública eventual, el envío de migrantes a Estados Unidos. Política laboral que se inscribe el escenario de la descomposición social, el mercado informal, el mercado negro de dinero, el reclutamiento criminal, las remesas de los migrantes y la marginación creciente. Dar empleo, permanente, justo y digno,tiene como condición dar respuesta a estos problemas.

El verdadero fondo de la falta de ocupación: la descapitalización permanente vía utilidades del capital extranjero que ha invadido todas las áreas de producción, comercio y servicios bancarios. En lo interior, el carácter parasitario del capital nacional que, desde el nacimiento del México independiente ha medrado a la sombra del capital exterior, de los subsidios y la protección del estado, de sus grandes cuotas de utilidad y su falta de compromiso con el interés público, nacional y social.

O lo que es lo mismo. El fracaso de la política de empleo es el fracaso de la economía privada y del capitalismo de estado ante la justicia histórica: quienes trabajan no reciben los frutos, quienes no trabajan se apropian del valor producido.

• La educación, el discurso preferido por el progresismo durante dos siglos de vida independiente, se contenta con elevar la escolaridad. Todo parece resolverse con más profesores, más presupuesto y más cuotas para un sindicato controlado por un mando vitalicio que paradójicamente es un símbolo del avance de la democracia neoliberal. La reprobación dela SEP en el cumplimento de su tarea de educar a las nuevas generaciones es ostensible, su fracaso ante la falta de empleo de los egresados es su signo contundente.

Su verdadero fondo: la conversión de la educación en una inversión redituable, la falta de compromiso de la autoridad, del profesor y del estudiante con los intereses de México y los mexicanos.

•La vida personal se envenena en el envilecimiento, la miseria espiritual, la furia egoísta, la sustitución del derecho por la dádiva, el favor y la componenda, la corrupción y la impunidad en la que salen perdiendo más los más desvalidos. Coexiste con la conciencia cínica, la falta de compromiso y el interés grupal de las clases medias, la indiferencia de las clases altas y la simulación del estado.

Su verdadero fondo: la privatización de la vida en general, el ataque a los derechos colectivos, nacionales y públicos ha penetrado en las convicciones íntimas de muchos mexicanos y ha socavado su humanidad. El espíritu nacional y público debe renacer y debe ser el eje en torno al cual constelen los individuos e instituciones.

•Elderecho, base normada de la convivencia personal, civil y política moderna, en los países supradesarrollados y en los más atrasados va dejando su lugar al régimen de fuerza.A falta de soluciones verdaderas y permanentes al incremento de la delincuencia, se monta el estado policiaco. Tras la crisis se benefician los especuladores financieros, tras la descomposición civil y política se agazapan los partidarios del régimen basado en la violencia como medio para ordenar la sociedad.

Su verdadero fondo: las grandes transformaciones tecnológicas, culturales, la descomposición de las viejas estructuras económicas basadas en el poder del capital, las nuevas formas de convivencia personal y civil, la desnacionalización y la ruptura de las fronteras, exigen una nueva base jurídica que garantice la realización cabal de los derechos de cada ser humano, los colectivos y los públicos.

***

En síntesis: el supuesto círculo virtuoso del productivismo y el modernismo se plasma hoy en el círculo vicioso de la dependencia nacional y las cadenas productivas dejan su lugar a la instalación de cadenas destructivas.

Lo que había de ser una base productiva que fomentara el trabajo, la justa remuneración, la solución de las necesidades sociales y el interés nacional, es un fermento de descomposición que estrangula a las naciones débiles como México.

Los eslabones de tal círculo son: 1) la dependencia económica que impide la autonomía para producir materiales, equipos y maquinaria o tecnología propia; 2) la falta de una política económica que impulse la inversión en empresas mexicanas y la justificación del parasitismo del capital mexicano; 3) la deforme estructura de la actual economía mexicana, a la que se subordina la educación media y superior, no demanda capacidad profesional superior y el aparato educativo prepara técnicos y profesionistas para tareas secundarias; 4) la débil planta productiva que no absorbe la oferta laboral paga bajos salarios; 5) los bajos ingresos no impulsan el consumo general y el incentivo para invertir y producir en mayor proporción (debilidad suplida por la invasión de mercaderías extranjeras desde la firma del TLC); 6)el bajo consumo no genera mayores oportunidades de negocios y no promueve la inversión; 7) la baja inversión no eleva la demanda de empleo; 8) se trata desuplir el estancamiento con inversiones extranjeras; 9) se incrementa la dependencia y 10) se repite la cadena de la dependencia, pero en una escala cada vez mayor que profundiza la desnacionalización.

¿Qué es la desnacionalización? Perder la condición real de vida, de espíritu, de aspiraciones, de unidad e identidad como miembros de la comunidad mexicana, y moverse en el vacío sin saber quiénes somos, cuál es nuestro destino y nuestra misión en el planeta.

De tal manera, la situación insostenible del México actual puede caracterizarse como la de un país hundido en una crisis de alta destructividad: el poder económico y estatal no tiene la fuerza suficiente para reordenar el país ni para frenar la ola delictiva, y el poder destructivo no tiene la fuerza suficiente para subordinar el estado a sus designios. Ante esa neutralización de fuerzas de ambos lados se fomenta la destrucción y la nación y la sociedad salen perdiendo.Es la misma situación por la que atraviesan la guerrilla y el terrorismo en su lucha contra el estado.

La respuesta cabal está fuera de ambas fuerzas, como la historia se puso de manifiesto en las grandes revoluciones modernas: la francesa de 1789, la mexicana de 1910 y la soviética de 1917.

México y la ola globalizadora. Pero dar respuesta a nuestra crisis nacional exige reacomodar la posición de México en el contexto internacional. Es importante revisar tal situación.

El torbellino asolador del capital corporativo y supranacional que destruye las fronteras nacionales e invade todos los rincones del planeta, se presenta por sus propagandistas como algo fatal e irrefrenable que debe ser aplaudido y al cual no se puede resistir. Se pasa por alto que el mundo está globalizado desde finales del siglo XV, cuando Europa se apoderó del resto del mundo. Y, sobre todo, que en ese escenario globalizado fue posible liberar las naciones, como la nuestra, que se abrieron paso entre el colonialismo en descomposición.

En contra de la subordinación, el reclamo de soberanía nacional es una propuesta permanente de nuestros países y condición de su sobrevivencia futura. Su autonomía no riñe con la interrelación, sólo implica la independencia para establecer las conexiones internacionales que a nuestro país convengan. Por eso dicho reclamo de soberanía tiene y tendrá plena vigencia y validez.

Y es importante deslindar propuestas: conquistar la posición de México en el plano de las naciones no es sólo ejercer la competencia económica, como lo presentan los neoliberales. Es construir la condición de la marcha nacional de la nación hacia el porvenir y, por lo tanto, debe ser la base imprescindible para avanzar en su estrategia de liberación.

Al respecto, la solución de los problemas de México ha de considerar el impacto que tienen sobre su vida como nación los siguientes factores:

*La expansión del poder del capital imperial con la formación delas redes de corporaciones que segmentan la vida de los países, apoderándosede sus materias, su mercado, su planta productiva, su fuerza de trabajo y hasta su publicidad.

Por eso se exige poner orden con una estructura económica con bases y fines nacionales.

*La aparición de la clase supranacional que desplaza capitales sin conexión con la situación y el interés nacional o social, genera inestabilidad en los países.

Por eso la riqueza productiva, comercial y financiera debe servir a México.

*La revolución cibertécnica repercute en la automatización de las actividades, eleva la productividad y disminuye el nivel de empleo.

Por eso se requiere la soberanía tecnológica que significa contar con la completa secuencia productiva nacional: desde los materiales y medios de producción, hasta su consumo final. La cual eleva la demanda de más y mejores empleos.

*La formación de bloques imperiales que se reparten el dominio del mundo: Estados Unidos, Europa, Rusia, China y Japón que van tomando posiciones para la futura guerra del siglo XXI.

Las agresiones de Estados Unidos a Irak, Afganistán y Libia, por no mencionar sino a las más recientes, apoyadas por todos los países dominantes, enseña que el crimen, la agresión y la injusticia brotan de la civilización del capital actual.

Igual que hace un milenio, las migraciones de africanos y europeos del este hacia Europa, así como las de latinoamericanos a Estados Unidos, son indicadores del derrumbe del esquema de dominio internacional y expresan la decadencia de los bloques.

Por eso se requiere fundar un nuevo orden internacional, que sustituya el dominio y la dependencia por las relaciones soberanas basadas en la igualdad, el respeto y la cooperación entre las naciones.

*La catástrofe del socialismo de control ha enseñado que es posible fundar una nueva sociedad en el trabajo y desaparecer el dominio del capital, pero se requiere instaurar la soberanía social sin condicionamientos de partido o estado.

La conversión de los anteriores burócratas del partido y los tecnócratas del socialismo en las mafias que suplantan a las relaciones de clases en la Rusia blanca de hoy, es un espejo donde algunos países, incluso capitalistas, pueden ver la imagen de su futuro.

Por eso el destino del trabajo y del socialismo se encuentran en su vida autónoma.

*La destrucción de la vida sobre el planeta pone en evidencia el carácter depredador de la civilización basada en el principio de dominio y la urgencia de reconstruir toda la infraestructura energética planetaria, desapareciendo el uso de los hidrocarburos y la producción de materiales tóxicos y no biodegradables, a través de un cambio en la base privada de la propiedad productiva a la propiedad pública responsable. La dependencia de México de su recurso petrolífero, una de las grandes limitaciones del estado, muestra los límites de esta situación.

***

Debido a esta condición de destrucción, de dominio económico, militar, ideológico y político, de invasión cultural y comunicatoria, la agresión y el crimen parecen ser la regla. Son males de México derivados de la destrucción de su estructura económica, de la decadencia de su sistema político y de la descomposición social, pero también son resultado de la ola destructiva imperial que asola al planeta entero. En el mismo Estados Unidos, con su gran desarrollo, priva el crimen, el miedo, el terror y la violación a las garantías individuales.

Se trata, por tanto, de una crisis mundial histórica de grandes e incalculables proporciones, en la cual no sólo importa dar respuesta a los problemas parciales de los grupos o las personas, sino cambiar las condiciones generales para instaurar una nueva época que beneficie al trabajo y la totalidad social y nacional.

Esta es la envergadura de las luchas que ahora se libran. De no considerar su alcance, como lo han señalado algunos estrategas políticos de Estados Unidos, muchas naciones, México entre ellas, estarían en riesgo de ser absorbidas por el imperio y desaparecer.

Al respecto, no debe olvidarse una lección de nuestra historia nacional: por una sabia intuición, México abrió paso a su Independencia aprovechando la crisis del imperio español invadido por Napoleón; por el nacionalismo y el civilismo de una generación encabezada por Juárez, la Reforma aprovechó la guerra civil de Estados Unidos y las contradicciones entre los poderes europeos para consumar cambios en la vida nacional y expulsar al invasor francés; e igual lo hizo la Revolución de l910-17 para avanzar a su constitución nacional en medio de la primera guerra mundial.

¿Podrá estar México a la altura de su oportunidad en la crisis histórica de hoy? Es la pregunta a la que debe responder nuestra responsabilidad política.

Las respuestas canceladas.Ante esta situación inédita, las repuestas provenientes de los actores que creen tener el monopolio de la opinión y de la acción política, se conforman con eludir el problema central y revelan que el panorama histórico les queda grande.

Unos se limitan a provechar las situaciones para medrar a su favor en el repartimiento del poder. Otros rechazan todo planteamiento de fondo parapetados en "lo concreto", lo "práctico", lo viable, y acusando de utopismo a todo lo que no se acomoda a sus limitados alcances ideológicos. Otros más no tienen luz para entender los problemas nacionales y sociales generales y se limitan al "aquí y ahora" del comer, beber, vestir y habitar.

Como quiera, están de acuerdo en que "algo debe hacerse", pero no miran que "todo debe hacerse", pues lo que sucede no es un desajuste eventual ni un contagio de la crisis de Estados Unidos. La catástrofe actual surge del corazón mismo de nuestra condición nacional y social. Pero al eludir considerarla, la disposición a actuar se convierte en anestésico a través de los actos rutinarios que repiten los viejos mecanismos y rituales de los 60's, que hoy comienzan a hacerse presentes ante las elecciones del 2012.

En todo caso, sin ideología propia, sin fines nacionales, sin compromisos sociales, la gran mayoría de las fuerzas partidarias no tienen impedimento para decir una cosa y hacer otra, para engañar a su clientela social. Todo con el afán de ganar el poder estatal convertido en botín.

Hoy es necesario sobreponerse al engaño y al estupor histórico. Mientras las minorías políticas subsidiadas corren en pos del espejismo del 2012, la responsabilidad y la sensatez ante la vida nacional exigen la honestidad, la valentía y la confianza en el pueblo y la patria mexicana. Lo importante no es ganar batallas efímeras sino poner nuestro esfuerzo en favor de la marcha futura de un México nuevo, justo, libre y democrático. No hay prisa, el compromiso no es para mañana. Lo importante no es correr sino asegurar que caminamos por la vía correcta.

El populismo de las dádivas civiles es un engaño que le quita unos para dar a otros, pero no asegura el derecho de los desvalidos y los trabajadores; el democratismo burgués del "estado benefactor" es trabajo para contener las fuerzas de transformación; el caudillismo suplanta la organización y la dirección que deben ser propias del pueblo. Todos ellos giran en torno a la circulación del capital que, en la larga crisis de México, se halla congestionada.

El único camino de México. El único camino que México puede seguir para reorientar el rumbo de su marcha histórica, que puede colocarlo en una posición de dignidad en el concierto de las naciones y asegurar la justicia y el bienestar para los mexicanos, es emprender la organización de un movimiento por el socialismo nuevo.

Su justificación depende de un principio: si la producción, la vida, el derecho, como se sabe, dependen de las condiciones generales de la nación y la sociedad, sólo transformando dichas condiciones y poniendo la producción, la riqueza y el poder al servicio de los trabajadores, puede cambiar la vida del país.

Las líneas generales son: conquistar la soberanía nacional política, productiva, tecnológica y cultural, constituir la soberanía social y popular e instalar un estado al servicio de la nación y el trabajo.

Los cuatro principios que orientan la posición del socialismo nuevo son:

Obrerista. Porque no tendrá por centro y fuerza principal a la burocracia partidaria o estatal, sino al constructor del mundo: a todos los sectores organizados de trabajadores de la industria, la agricultura, los servicios, los estudiantes y los jubilados que contribuyen a la obra social y que tendrán derecho a intervenir en todas las instancias de ella. Sin privilegio alguno, incluirá a los profesionales de la ciencia, la técnica, la educación, el arte y la cultura.

¡Contra la burocracia y la subordinación, la autogestión social con normatividad pública!

Democrático. Porque se regirá por la soberanía democrática de los consejos populares, por la democracia institucional con injerencia de los trabajadores normada jurídicamente, la democracia económica con participación de los trabajadores en la organización y dirección de las unidades de producción, la democracia política con el libre ejercicio ciudadano, la democracia como forma de vida y como representación social.

¡Contra el fascismo, contra la democracia atomizada de número y contra el socialismo de control, la soberanía social!

Moderno. Porque será ajeno al estatismo, al populismo, al clientelismo y al parasitismo social, con base tecnológica contemporánea y planta laboral tecnificada y profesionalizada, dotada de medios modernos para elevar la eficiencia, la productividad y que sea compatible con la justicia social para solventar las necesidades civiles, nacionales y públicas, así como generar la condición para el surgimiento de necesidades humanizadas.

¡Contra el socialismo de miseria y la ineficiencia social, la solución integral de las necesidades personales, civiles y ciudadanas y el trabajo de alta productividad!

Humanista. Porque tendrá por guía el cumplimiento de los altos fines de la especie humana: la dignidad, la justicia y la libertad, no la posesión o el poder. No la simple libertad abstracta, sino la praxis constitutiva del mundo nuevo; no la igualdad formal sino la dignidad de todos y cada quien dando garantías a los derechos humanos; no la fraternidad natural sino las capacidades universales del género humano. Su orientación será tratar al hombre como un fin con validez en sí mismo, que impregne la vida social con los valores estéticos, morales, éticos, intelectuales y cívicos.

¡Contra el control y la ingeniería social y psicológica de los tecnócratas, el ejercicio de los derechos del hombre, la justicia civil y la libertad política dotadas de garantías y medios!

Llamamiento

A las vastas minorías que comprenden y se hacen responsables ante la situación de México: poner su acción para organizar el movimiento o el partido comprometido con la liberación del trabajo y la soberanía nacional.

A los pobres y trabajadores: a que, sin abandonar la lucha por su sobrevivencia, se incorporen a la batalla por la liberación organizativa, ideológica y política de la clase trabajadora, rechazando las dádivas y limosnas que envilecen su existencia, acabando con el paternalismo, el control y el clientelismo de su vida persona, civil y política.

A todos los participantes en la política, que hagan consciente la verdad de todos los tiempos: la libertad no se regala, se conquista con el propio esfuerzo y no hay otro camino para alcanzarla.

Sólo así, reorganizando a México podrá la nación liberarse de la dependencia, del crimen y la falta de oportunidades que hoy la asolan.

¡POR UN MEXICO NUEVO!

¡POR UN SOCIALISMO OBRERO, DEMOCRATICO, HUMANISTA Y MODERNO!

México 2011.

Consejo Popular / Socialismo Nuevo

La Mueca / Organización mexicana de  arte, cultura y pensamiento

(Imagen tomada de Internet / Derechos reservados por el autor)

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