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angelexterminador 3La Universidad pública de México, la UANL en particular, supone hoy en día que inicia un nuevo proceso enmarcado en el escenario de la democratización y modernización de sus funciones y obligaciones en cuanto al valor de una autonomía real, inmersa en la necesidad de cambio social tan solicitado por los grupos sociales que representan a las grandes mayorías. Dicha premisa se ve estancada por intereses del poder político central y local, porque recordemos que durante el sexenio foxista la discusión de elevar la educación superior a secretaría de Estado se vio obstaculizada por el mismo gabinete del Sr. Fox y por su secretario de Educación, Reyes Tamez, quien ni se despeinó porque sus intereses se han visto crecer al máximo. El hecho de que hayan surgido universidades privadas como changarros de hamburguesas por todo el país, y más en la ciudad de Monterrey, evidencia que existe un proyecto para acabar con la educación superior pública y convertirla en una universidad con tintes y maquillaje privados. El proceso de privatización de la universidad pública se ha puesto en marcha.

La autonomía de las universidades en los últimos treinta años, sólo fue una gran pesadilla para la gran mayoría de los diversos sectores sociales que buscaron participar en ella haciendo propuestas concretas de cambio en las dinámicas de toma de decisiones, sobre todo, previendo que se estancaran los mismos grupos que las han llevado a la ruina con complicidades de los gobiernos en turno. Siempre ha sido conocido que las universidades públicas del país han sido solo el botín en la lucha entre los grupos que la disputan. La Universidad Autónoma de Nuevo León no escapa a esa historia siniestra de autoritarismo, represión, oscurantismo y burocratismo, que dejó entrever una autonomía maldita, tejida por intereses de políticos y familiares de los mismos, aunado a la gran compañía que ha sido la corrupción en todos los rincones de nuestra Alma Mater.

A pesar de que se reconozcan esfuerzos por presentar un sistema ordenado de facultades, centros armónicos, trabajadores y estudiantes bien domesticados y bien diferenciados, no pasa de ser sólo una promesa que intenta recuperar una autonomía universitaria que legitima las actividades que heredó de los remedios caseros de gobierno, surgidos de la antidemocracia que prevaleció durante el periodo del ex rector Dr. Alfredo Piñeyro, y que se extiende hasta nuestros días. En el periodo del ex rector Reyes tamez, tomó su segundo aire en términos de imagen y semejanza a su homólogo.

Pese a la evidente "transición democrática" exigida tanto por los gobernantes actuales en el país, el clima general, específicamente el de la UANL, es la existencia de un gran abismo en las relaciones de coherencia entre lo que se dice y lo que ocurre al interior de cada una de las facultades, por no decir del desánimo de una pasividad y falta de interés o rechazo de muchas cosas, entre la más importante: la de participar democráticamente, y no en el autoengaño de una democracia dirigida según las creencias del grupo de turno en el poder.

Los procesos electorales en la UANL, suelen condensar tanto simbólicamente como materialmente este clima, basta observar y recordar los procesos electorales en las facultades, así como las condiciones que facilitaron para constituirse como rector a Reyes Tamez, quien le imprimió a las facultades los caminos que habían que seguir respecto a la construcción de normas perversas; es sabido que el hecho de haber logrado que todo el Consejo Universitario lo apoyaran en sus diabólicas decisiones para desestabilizar al ex rector Manuel Silos, hace que dicha práctica haya sido única en su género en la historia moderna de la misma, pues nunca se había visto que esto ocurriera en la historia de la UANL, salvo en sus orígenes y en la lucha de los grupos por poseer la gran afamada autonomía. Existen otros factores de análisis, pero el más importante es la habilidad de persuasión que existió para controlar a los miembros del consejo, para corromper y así evitar una oposición que cuestionara activamente no sólo las amenazas de represión sino el atraso al que estaba llevando la academia y su compromiso social, pilares del quehacer de la universidad.

En este sentido, también el Consejo Universitario como cómplice debería rendir cuentas a la sociedad. Los directores, ex miembros del Consejo Universitario tanto del episodio negro como del actual agujero negro, están obligados moralmente y socialmente a decir la verdad donde están las evidencias que tanto han costado a la UANL: estar en la tapadera y en el deterioro de sus relaciones con sus gobernados, no porque no participen las comunidades universitarias quiera decir que tengan credibilidad las autoridades universitarias.

Este acercamiento diagnóstico, ilustra sin menoscabo el rechazo fuerte de lo que hay sin que se haya configurado una universidad sólida, transparente y con compromiso social más allá del típico dogma de sus dirigentes. Por ejemplo, la existencia y anquilosamiento de los grupos burocratizados, las mafias al estilo Walt Disney, como fue el caso de otro ex rector Galán Wong, como también de directores de escuela, es la clara evidencia en impedir una transición democrática con horizontes de visibilidad con conexiones respecto a los sectores sociales que requieren la presencia real de la universidad y no su caricaturesca aparición cada vez que lo requiera el gobernante en turno a través de su junta de gobierno.

Se reconoce la necesidad de cambio porque en las condiciones actuales la distancia entre gobierno y gobernados se ve empañada por la utilización de caracterizaciones maniqueas para deslegitimar al contrario; la adopción, en suma, de las formas de la política general como formas de política universitaria sustentadas en la construcción de normas perversas.

Entre los muchos problemas actuales que datan desde su origen no sólo es la masificación, sino también el qué enseñar y para qué, cuáles son las expectativas del profesor, así como las del estudiante. La relación docente-alumno aparece como una falta de dirección en materia de investigación; la falta de vinculación estudiantil y profesoral con el mundo real hace improductivo el quehacer universitario; el envejecimiento y la falta de expectativas de los docentes, unido a un colapso de contratos de trabajos decentes, entre los más importantes, no es menor el de la forma y el estilo de gobernarla. Pues, entre más calladitos se ven más bonitos. Así, la perplejidad es una actitud que hace sabias a las personas. Muchos universitarios nadamos en estos tiempos en un auténtico océano de sabiduría.

En la universidad parece haber una sequía de propuestas, no sólo reformadoras especificas, sino también constructivas y arriesgadas, de verdaderas campañas contra las ilusiones de verse en la lupa privatizadora de quererse parecer al Tecnológico de Monterrey, pues esto si es una alucinación terrible. Ambas instituciones están compuestas y bien diferenciadas respecto a las políticas de evaluación y de los recursos financieros que las determinan. En este sentido, la formulación de propuestas cuando éstas se realizan hace que los agentes sociales que buscan el cambio al interior de la universidad se muevan generalmente entre el populismo y el posibilismo. Entre las grandes promesas de corte sindicalizado, que por cierto este va a la baja, o bien es inexistente en la UANL, en cuanto representación política de los trabajadores academicos-cientificos, pero para la obtención de más votos, y una vez conseguida la victoria, la reiteración de que sólo se puede hacer lo que se hace, sólo se puede negociar lo que se negocia, sólo se puede reclamar lo que se nos va dar. Por cierto sólo migajas, pero cómo provocan peleas entre los grupos que se pelean el gran botín.

Ha sido frecuente, en acontecimientos electorales universitarios, el candidato único y a veces el príncipe hereditario de la jerarquía autoritaria, aquél que como decía el clarividente florentino: "no tiene más que contemporizar con los acontecimientos". Característicos son también los actos electorales planteados como verdaderos plebiscitos, que harían de la victoria una patente de corso, y de la derrota, ya sea un simple voto de castigo según el derrotado o en la forma de rechazar el pasado sin tener alternativa frente a el. Es bien conocido que los directores, al menos un buen número de ellos, siempre buscan dejar en su lugar a una persona de su plena confianza, aunque no cumpla el perfil; en muchas veces no poseen ni experiencia académica, tampoco experiencia administrativa, mucho menos antigüedad en la institución, lo que provoca crisis y crítica a la institución, sobre todo por aquellos miembros de la institución que tienen más antigüedad y que nunca los han regularizado laboralmente. En este sentido, tanto el sindicato como el estanquillo jurídico de la UANL, por no decir el triste papel que realiza el antro de los recursos humanos de la rectoría, parecen más a un refugio de proxenetas que a verdaderos funcionarios.

Un análisis de la situación parece indicar que -frente a un cierto oscurantismo y a una cierta desgana de una parte de universitarios desilusionados por las actuales condiciones en términos de participación en las decisiones- la universidad se ha erigido en la arrogancia de otra que ha producido una política supuestamente irrefutable, incontestable, que ha hecho emerger toda una nomenclatura de gobierno de la universidad. Como en el resto de la sociedad, ha surgido una especie de pensamiento único dominante universitario, lo que se ha traducido en la creación de esos grupos que administran muchas universidades tanto públicas como privadas desde hace mucho tiempo, con efectos de contagio. además, a otros niveles de la promoción comercial académica. La vida universitaria, que en principio debe fomentar el dialogo, la critica, y el riesgo, se convierte en un agujero negro, estancada y conservadora. Falta política real en la universidad, mucha política verdadera, política transformadora de los discursos y condiciones sociales que limitan a los ciudadanos en sus posibilidades de crecimiento.

¿El por qué unos reglamentos tan absurdos han producidos efectos tan inesperados y distorsionantes? Porque la posibilidad de selección autónoma ha llevado a la endogamia; los mecanismos democráticos dirigidos a prácticas demagógicas para la captación de aliados fieles y el espíritu reglamentista de sello perverso a la burocracia agobiante? Hay una primera respuesta a esa búsqueda de razones en el hecho de que los hábitos en la forma de ejercer el poder, la manera de tomar acuerdos y de considerarse a uno mismo y a los otros, la degradación de la cultura política, en suma, no son aspectos del funcionamiento institucional que pueden regularse sólo con los grupos endogámicos, ni que se puedan cambiar de un día para otro. En segundo lugar, los mecanismos y el propio proceso de la "nueva forma" de dirigir la vida universitaria han sido contradictorios. En este punto, cabe señalar que si el actual rector Ing. José Antonio González mencionó en días pasados que la UANL es la número uno del país, habría que preguntarle en que área es la número uno, pues; se contradice con lo que promete para el año 2012, que es cuando se llegue a configurar o alcanzar en ser la UANL la número uno; habría que saber en que términos: ¿en corrupción, en publicaciones científicas, en patentes de investigación, en contratos de trabajos decentes, en nuevos perfiles de docentes, en eficiencia terminal? Y no sólo aceptarlo como dogma porque lo dice el gran gurú de la UANL. Ya se conocerá la verdad de la tapadera.

Ciertamente, un sistema funcional de profesores-amigos, y por tanto rígido que recrea cíclicamente los mismos problemas de atraso académico, de autoritarismo de directores de las facultades, rescisiones absurdas de contratos del profesorado inestable y escandalosamente mal retribuido, junto a unas titulaciones de tipo comercial pagar por tramitar el titulo sin nunca saber si el estudiante realmente aprendió algo por su paso por la UANL, son inadecuados para un mundo que requiere profesionales dotados de versatilidad. De manera similar, la aspiración a una universidad moderna, regulada por la aspiración de cooptar a los mejores, se ha visto fuertemente limitada por el surgimiento del localismo, la forma moderna del antiguo clientelismo y el repliegue sobre los propios amigos, discípulos y mercenarios, legitimados por la inestabilidad y baja retribución mencionadas.

Como en la sala del ángel exterminador, nadie puede salir de donde está y nadie sabe bien por qué no puede salir.

De modo que en rectoría se hacen políticas urbanísticas, de transporte y de circulación, de seguridad ciudadana al interior de la misma, y sobre todo se programan inversiones para edificios. Como en la vida urbana parece que construir sea siempre sinónimo de buena política y con tan poca inquietud por el continente como por el contenido. Todo esto estaría muy bien, salvo lo ultimo si no fuera porque todas estas decisiones nunca se toman en cuenta en términos reales a los que tienen que compartir el espacio urbano. Es lo mismo que sucede con las famosas campañas antidoping entre los jóvenes, nunca se les informa que hay detrás de dichas campañas, quiénes son los que se enriquecen, cuáles son los orígenes de dicha histeria y por qué tanto modelo policial como si las mochilas de los estudiantes trajeran armamento, si a lo mucho traen libros pesados que son cadáveres del conocimiento. Sí, hay más infraestructura pero menos presencia y participación social, mucho menos información real de los problemas de la realidad social.

Todo ello abona el terreno para la aparición de profesionales afines a un proyecto de universidad privada con fondos públicos, algo parecido a un estado de esquizofrenia social, y para el alejamiento de ésta y de otros muchos universitarios, empeñados en sacar adelante, esforzadamente investigación y docencia en una universidad publica pero que se encuentran decepcionados por un funcionamiento que muestra síntomas de asfixia democrática. Urge recuperar el diálogo y plantear ideas para la universidad. Se necesita que las autoridades académicas tengan modelos de universidad con respuesta social. Urge que la universidad recupere la política, la verdadera política universitaria.

(Imagen tomada de Internet / Derechos reservados por el autor)

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