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anexculturauni 511 TESIS SOBRE EL MARASMO Y LA DESARTICULACIÓN DE LAS ARTES Y LA CULTURA EN LA UNIVERSIDAD PÚBLICA DE NUEVO LEÓN

En octubre de 2009 en Revista Pantagruélica dedicamos un Dossier al tema de la autonomía universitaria donde se concluye que desde hace ya cuatro décadas en la Universidad de Nuevo León se vive un simulacro de democracia con todo lo que esto significa para la creación artística y científica, el debate de ideas y la libertad de expresión. En el texto de introducción al Dossier se lee: " Al ejercer la crítica pública sobre los asuntos relacionados con la institución de educación superior conocida como UANL, es preciso llamar a las cosas por su nombre, poner los puntos sobre las íes, colgarle el cascabel al tígre; y que suceda lo que tiene que suceder: una transformación estructural precedida por la investigación de sus 76 años de historia; la reflexión de su función en la sociedad contemporánea mediante un diagnóstico detallado y profundo sobre su situación actual (...) Revista Pantagruélica contribuye al diálogo y el debate entre estudiantes, profesores y trabajadores de distintas generaciones de las cuatro décadas, sobre lo que se necesita cambiar en la universidad pública de Nuevo León. Conocer su historia, sus momentos luminosos y sus etapas traumáticas, le permitirá superar los nudos de la represión, evitar el fatalismo y el colapso anunciado.

Se trata hacer de la universidad el espacio emblemático de la cultura democrática, del florecimiento del arte y la ciencia, el saber crítico y la praxis libertaria. Nada menos".

En este contexto de crisis propicio para iniciar los cambios impostergables, en la medida en que es la imagen pública (no mediática) de la universidad, hace falta abordar algunos aspectos históricos de su "política cultural" y el funcionamiento de lo que ahora se llama Secretaría de Extensión Cultural.

A continuación enumero 11 tesis sobre aspectos históricos, situación actual, crítica y propuestas en torno al tema:

1.- La universidad de Nuevo León padece una crisis estructural.

La crisis se profundiza en la falta de identidad como institución pública cuyo reflejo es la ostentación de una autonomía que en realidad no existe. En su Campus se toman verticalmente las decisiones académico-administrativas y se elaboran proyectos estratégicos donde domina una visión gerencial acorde a las necesidades del mercado dominado por el dogma tecnocrático de la globalización neoliberal. Su modelo de educación superior imita el que define al Tecnológico de Monterrey que cumple coherentemente con esa visión empresarial del mundo en la medida que la educación de carácter privado atiende a la formación de profesionales y técnicos que cumplan con las expectativas de una sociedad donde el individualismo, la competencia, el respeto acrítico a los dogmas del libre mercado, la propiedad privada por sobre la propiedad pública, la acumulación de capital, son los ejes de su visión del mundo.

Así, el arte, la ciencia y la tecnología se definen como praxis "apolítica" y conocimiento instrumental que aíslan su sentido de los conflictos históricos, de la formación política y axiológica de los estudiantes y profesores donde el humanismo y la crítica de los poderes despóticos (fácticos e institucionales) buscan la solución a los graves desigualdades económico-sociales, la injusticia, la alienación social e individual propiciada por los medios masivos que endiosan la propiedad privada y la competencia irracional y denostan la preservación de los espacios públicos y la solidaridad en los movimientos culturales, políticos, sociales.

En el contexto de la crisis que experimenta hoy el modelo neoliberal que sacude las instituciones republicanas, la economía, la política y el tejido social nacional y nuevoleonés, degradadas por el autoritarismo, la ineficacia y la impunidad, es necesario, urgente, indagar sobre el estado pedagógico de facultades y preparatorias, los programas de investigación científica, el enfoque de la inserción de sus egresados en el mercado de trabajo y el estudio de los conflictos estructurales que estrechan el mismo.

En esta realidad que ningún imaginario fantasioso o grandilocuente (Ejem: hacer de la UNL la mejor universidad de latinoamérica en el 2012) puede ignorar surge la pregunta sobre la política cultural que se desarrolla intra - extramuros de la institución.

De entrada digo que esa política cultural no existe, nunca ha existido, como tal, es decir: con principios, programas, estrategias y definición de su función en la "comunidad universitaria" y en la sociedad nuevoleonesa.

2.- Los 76 años de historia de la universidad.

Lo que se entiende como difusión cultural ha sido marcado por el "estilo", iniciativas, caprichos y hasta ingnorancia de quienes han estado al frente de lo que se ha llamado Difusión Cultural o Secretaria de Extensión y Cultura. En una época estas instancias formales desaparecieron del panorama universitario, como reflejo del proyecto de universidad autoritaria que se fue gestando después de la etapa que inicia en los años sesenta (ejem. el movimiento contra Agustín Bassave-ideólogo de la derecha en la facultad de filosofía), se repliega durante los movimientos del 68 y los años turbulentos de la Autonomía y se impone mediante el golpe despótico de Martínez Domínguez-Bata Blanca-Alfredo Piñeyro.

3.- La perspectiva histórica.

En mi ensayo Armas y Letras en la U(A)NL difundido en el 2004 por Internet (verlo completo en el Dossier de Revista Pantagruélica sobre los 40 años del movimiento de autonomía de la universidad) a propósito de la celebración de los supuestos 60 años de la revista Armas y Letras, escribí sobre la importancia y el proceso de lo que se entiende por cultura universitaria. Reproduzco aquí fragmentos :

" (...) Los actuales funcionarios de la cultura universitaria dicen, publicitan, que este año están de fiesta, con manteles largos y toda la utilería usada en las celebraciones, porque la revista Armas y Letras fundada por Raúl Rangel Frías, cumple 60.

Pero en esta celebración hay oquedad en la lectura política, un error de perspectiva, de fechas que se hunden en un pantano histórico y cultural.

Si la revista nació en 1944, en cuna modesta pero intelectualmente vigorosa, y creció con brío y desafíos anticlericales, de tiempo en tiempo ha tenido sus caídas y recaídas (entre 1970-1973 no se editó la revista), convalecencias y recuperaciones. También ha estado en situación comatosa, diría que embalsamada durante ¡19 años!, es decir: fuera de circulación, sin vida universitaria y editorial en los largos años transcurridos de 1977 a 1996.

Hay dos preguntas sencillas que el equipo editorial de la revista, los intelectuales lúcidos y atentos (hijos del Alma Mater o no); los actuales funcionarios de la UANL (con el Rector a la cabeza), el gobernador del Estado y su Staff educativo, y la ciudadanía toda (dado que la UANL funciona con el erario) debemos hacernos. Son éstas: ¿Cuáles funcionarios de la universidad, y por qué, decretaron de 1977 a 1996 la suspensión de la revista Armas y Letras? ¿Qué visión de la universidad, cuál práctica política y qué ideas de extensión cultural, intra-extramuros, imperaron en esas casi dos décadas? Son preguntas necesarias. Preguntas urgentes para saber en realidad lo que ha sido, es y será la universidad en el futuro próximo que ya aletea sobre nuestras cabezas. Si nos hacemos los distraídos o ingenuos y evadimos estas preguntas sólo veremos el espectáculo (por cierto desangelado) de la nostalgia, el regodeo y la autocomplacencia.

La realidad es terca. El hueco de 19 años ahí está. El silencio lo agranda, lo hace evidente, y por más amnesia histórica que se fomente la memoria y la vivencia recorren la imaginación individual y colectiva. No hay ruido celebratorio, ni espectáculo de Circo y Pan, ni nostalgia de lo que fue la gloria de Armas y Letras, que borre, soslaye, oculte, ese tiempo de abyección universitaria que apagó la flama de la verdad, amenazó y expulsó a los disidentes y a los críticos e impuso el silencio de los sepulcros.

A escala local y con los ingredientes autóctonos empezó, metafóricamente, la noche de los cristales rotos y de los cuchillos largos. La UANL se hundió en la opacidad intelectual, la persecución política y el desprestigio. Han sido pocos los intelectuales, académicos y estudiantes que no se sometieron al método del Garrote y la Zanahoria. Unos, otrora liberales y militantes de las izquierdas, de plano se conviritieron al espíritu medieval y siguieron cultivando sus pequeños privilegios en los feudos en que se transformaron preparatorias , facultades y espacios culturales. Otros, la mayoría, reprimieron sus ideas críticas y guardaron silencio, se autocensuraron para evitar la espada de Damocles sobre sus cabezas, evitar la expulsión de sus escuelas y no perder el empleo.

El humanismo auténtico y el ejercicio político liberal, tolerante y democrático de Alfonso Reyes, de Raúl Rangel Frías, José Alvarado , Alfonso Reyes Aurrecochea, y de tantos otros que combatieron la mochería y la estulticia de los poderes del estado; en los años 60 se cruza (en sus profundas contradicciones y limitaciones) con la izquierda que ya influía en el campo de la cultura y las artes, las luchas partidarias y la movilización social, sobre todo después de la experiencia rebelde y festiva que terminó trágicamente en la noche de Tlatelolco aquel 2 de Octubre de 1968, que no se olvida. Izquierdas y demócrata-liberales encabezaron el movimiento estudiantil-magisterial en los años conflictivos de la Autonomía y el acoso brutal del conservadurismo que abrió el camino al golpe del dueto Martínez Domínguez-Alfredo Piñeyro. Liberales e izquierdas fueron derrotados por la derecha conservadora.

La U(A)NL fue el laboratorio de la política del poder estatal: triunfaron las armas de la intolerancia y la represión: se suspendió el diálogo y la polémica intelectual, y las letras críticas quedaron bajo severa vigilancia. Los porros y sus jefes se convirtieron en personajes destacados de la tragicomedia.

Ahí empezó la debacle. La cultura universitaria y el nivel académico (salvo áreas privilegiadas por la razón tecnocrático-empresarial) se devaluaron. La libertad de expresión, fundamento de toda universidad que se precia de moderna y se opone Urbi et Orbi al "sano espíritu feudal", se canceló en la UANL dejando paso al conformismo, la apatía, la demagogia. Sobre las ideas, el lenguaje, la imaginación, el debate, la rebeldía, el consenso y el disenso entre los diversos en una comunidad plural en esencia -cultural y políticamente-, la ultraderecha impuso la retórica vacía, la exclusión, la censura y la autocensura, el despotismo no precisamente ilustrado. Llegó el control burocrático, la amenaza a los disidentes, la caricatura de la democracia:

El Big Brother instaló su casa en el campus universitario y su Bunker de guerra en la Torre de Rectoría.

Las poderosas armas de la derecha (el dinero, la intolerancia política, la represión institucional), en sus versiones tradicional y neoliberal, dieron un golpe mortal a las letras de los liberales orgullosos de la revista que fundaron cuando la universidad andaba en pantalones cortos; orgullosos y conscientes de su papel histórico en la política cultural y el impulso creativo que en las décadas del 40 y 50 cambiaron el gesto parroquial y provinciano de Nuevo León. La derecha casi exterminó el movimiento cultural en ascenso que, desde el pensamiento crítico y la acción política de las izquierdas, empezaba a colorear el tejido social hasta entonces teñido con los tonos azul-grises del panismo, el desteñido tricolor del priísmo y la ideología empresarial fundada en el confesionario, la obediencia, el orden familiar, el individualismo, la tecnología y el culto a la plusvalía y su pareja histórica: el trabajo explotado (...)".

Así, a partir de los años 80 los responsables de la cultura han tenido el perfil adecuado a una institución vigilada, acotada por la la burocratización esterilizante y la represión.

4.- En el sexenio del dispendio y la impunidad.

En la U(A)NL se hace propaganda del pluralismo que no es, la libertad de expresión que no existe. La coyuntura del Forum y el delirio sexenal de la "ciudad del conocimiento" propiciarán el resurgimiento de Colegio civil como Meca de la expesión cultural universitaria. En el fondo, dado que no existe un diagnóstico sobre la universidad y su función en la sociedad nuevoleonesa, nacional y global, la acumulación de eventos, programas y ediciones ha sido la fachada de lo que se llama Extensión Cultural que no se sabe bien si es hacia adentro (en el Campus) o hacia fuera (la sociedad), en la medida en que no hay estrategias propias de una política en asuntos de cultura entendida más allá de lo que el esteticismo decimonónico llama las "bellas Artes" (música, pintura, literatura , teatro, danza, cine).

Así, en los últimos años y en pleno apogeo de la fantasía "ciudad del conocimiento" (que parece perdura desangeladamente en este sexenio) abanderada mayestáticamente por el exgobernador Natividad González Parás, a la universidad se le encomendó, se le ordenó, la reconstrucción (por cierto, un buen trabajo del arquitecto Juan Casas y sus colaboradores) del edificio de abolengo académico-cultural y políticamente simbólico en la historia de la universidad: Colegio Civil . Se hicieron inversiones importantes (luego del torpe cálculo y gasto inútil del subeybaja del estacionamiento subterráneo en el rectorado de Reyes Tamez) que terminaron definiendo el espacio como el "ágora" de la universidad. Intelectuales y artistas universitarios y no, despistados, acríticos, anonadados por el efecto mediático sobre Colegio Civil, han festinado la labor que ahí se ha hecho en los tres últimos años que, por supuesto, tiene un ángulo positivo pero también funciona como pantalla que oculta el desierto cultural en el Campus universitario (salvo algunos espacios que se mueven, mal que bien, con una dinámica cultural propia: medicina, filosofía ...).

5.- Colegio Civil, ¿ágora de la cultura universitaria?.

El edificio emblemático de la cultura en la UANL no puede ocultar la carencia de una política cultural destinada a los casi 150 mil universitarios que integran estudiantes, profesores y trabajadores. Los espacios y los símbolos históricos y arquitectónicos no bastan para una estrategia de aportación cultural a la sociedad nuevoleonesa. Sin embargo, la reapetura del Colegio civil propiciada por la imagen mediática y la participación de la universidad en el Forum, ha dejado en claro la contradicción entre la potencialidad creativa y la miseria cultural burocrática en el trabajo de dos de sus principales funcionarios: José Celso Garza y Rogelio Villarreal. José ha sido, sin duda, el estratega y ejecutor del programa que, en las condiciones de crisis estructural y ficción democrática, ha dado vida a Colegio Civil. Es un hombre joven, culto y sensible que ha definido programas literarios y editoriales como no se habían realizado antes en la universidad. En la crítica pública debemos reconocimiento público a quien lo merece.

El descompuesto aparato institucional de educación superior que es la U(A)NL ya no funciona y requiere reparación general, pero algunos son resactables porque simplemente funcionan bien, no merecen ir al cementerio de lo que no funciona. Rogelio Villarreal, por el contrario, es un director de teatro formado en la escena universitaria de los años 70 que devino burócrata destacado en los tiempos grises de Reyes Taméz (luego su empleado en la SEP) Así, se graduó en la escuela pragmática del caciquismo universitario, en director perenne (tras bambalinas) de la facultad de Artes Escénicas que, en sus relaciones laberínticas con el poder universitario piñeyriano y post, fomentó la división y el aislamiento de la escuela de teatro de la Facultad de Filosofía y Letras, contribuyendo así a mantener el status absurdo de dos entidades de formación teatral de las cuales en su nivel medio no se sabe cuál es más eficiente academicamente que la otra. Rogelio Villarreal se convirtió en el teatrero en el poder que fomenta la subordinación, el amiguismo, el clientelismo, el nepotismo, el conformismo teatral, el conservadurismo estético.

Y como siempre sucede, a pesar del nivel medio (no me refiero a títulos, hablo de calidad académica) en las escuelas teatrales han salido de sus aulas y enseñan ahí, algunos profesores valiosos y alumnos con talento que no quieren ser estrellas de la tele o glamorosos del Star System. Habría que analizar cómo las dos escuelas han influido, para bien y negativamente, en la situación actual de la cultura teatral nuevoleonesa.

6.- Lo que sucede en el campo de lo teatral universitario.

Ejemplo paradigmático de las inconsistencias en materia cultural que imperan en la Uni es la existencia de los dos espacios para la formación de actores : La "escuelita" (así le dicen como premio de consolación) de Filosofía y Letras que dirige Sergio García; y la Faculta de Artes Escénicas que formalmente dirige Karina Ezquivel y tras bambalinas dirige Rogelio Villarreal. En su origen esta anomalía estuvo marcada por la politica de feudos iniciada  en el afán de mantener cotos de poder sin que mediaran razones académicas, estéticas y presupuestales de peso. La que por derecho, tradición e historia debería llamarse Facultad o Escuela de Teatro es la "escuelita" que fundó Sergio García, en la Facultad de Filosofía que dirigía Tomás González de Luna en aquel ya lejano 1974 - época del rectorado del médico Luis Todd (astuto negociador y divisionista de las izquierdas con su ensayo de cotos feudales que luego perfeccionaría su compadre, también exrector, Herrr Alfredo Piñeyro. El rector Todd, dicharachero, maquiavélico de bolsillo y amigo de todos, concede a Miguel Covarrubias (otrora aliado político de Tomás Gonzáles de Luna en una de las corrientes de la izquierda universitaria) la estructuración y dirección del Instituto de Artes, en cuyo seno inicia el grupo teatral  (en sus pininos sesionaba en la antiguo edificio que fue de la policía judicial) que nació en el conflicto con la "escuelita". Al paso de los años recibiría todo el apoyo burocrático para convertirla luego en lo que es hoy la facultad de Artes Escénicas.

En el conflicto que duró varios años se intentó desaparecer la "escuelita" pero hubo resistencia de alumnos, profesores y la misma administración de la facultad de filosofía. En aquellos nada fabulosos años 80, una maestra de secundaria (Hortensia Camacho) sin ninguna relación con el teatro, fue directora interina de la escuelita.

Como se ve, los dos espacios pedagógico-teatrales existen por razones de política revanchista y agravios personales, no como estrategia de saber-enseñanza universitaria para la formación de actores con parámetros de rigor estético (para principiantes y artistas de alto nivel) que sitúen en la realidad a los estudiantes con el delirio de usar el teatro para ser famosos, glamorosos, cultores del narcisismo y lo peor: esa carencia que ya dura casi cuatro décadas ha propiciando el vacío y la improvisación de generaciones de alumnos egresados que en su primera actuación o dirección de escena se creen divos (as) dignos de colocar su nombre al lado de Marlon Brando, Greta Garbo, Brad Pritt, Angelina Jolie, Peter Brook y Jerzy Grotowski. El estancamiento, la improvisación, la carencia de proyectos confrontados con el mundo real y los diversos públicos, propician el pragmatismo y la inercia que ignora teorías, técnicas y  poéticas del arte teatral. Así, en los escenarios ya no se representan historias: se muestran histerias.

En este pantanoso panorama no es de extrañar que la cultura teatral nuevoleonesa esté dominada por montajes de tipo comercial, donde no hay riesgo estético, se refritea la peor comedia, previsible y conservadora en el culto a las personalidades (el público todavía suspende la acción para aplaudir la entrada de las estrellas) y la explotación de caras conocidas en la televisión. Ejemplo patético: A un joven llamado Sibidibidi pretendieron convertirlo en actor teatral (Multivisión lo lanzó al estrellato en programas de entretenimiento, lo explotó inmisericordemente y de él hizo mofa hasta el cansancio).

En contrapartida al teatro de entretenimiento comercial se evidencia el endeble desarrollo estético y efecto social de puestas universitarias que, salvo excepciones, se mantienen en escena dos o tres fines de semana, entre familiares y amigos y para engordar el curriculum y las cifras de "eventos" en las estadísticas de las instituciones. Así, ¿qué arte pueden desarrollar dramaturgos, directores, actores en constante diálogo con distintos públicos? Si no se ejercita, el talento se embota, se estanca.

Un ejemplo de estos dos extremos (el teatro comercial y el universitario) ha quedado en la historia de los proyectos fallidos en años recientes (2005-2006): El montaje de El Gesticulador , que tuvo debut y despedida en la noche de su estreno publicitado -con bombo y platillos- por el municipio de Allende; y el montaje de la célebre pieza Cúcara Mácara de Oscar Liera, dirigido por David Gómez con caras conocidas de Multimedios Televisión en el reparto. A David Gómez, con larga experiencia en el teatro universitario, lo sedujo el canto del éxito taquillero que define a la oferta teatral de Multimedios donde la Nena Delgado es cacique y reina de la escena.

7.- Si desde el principio fue una anomalía, hoy es un sinsentido.

Es una aberración que existan dos escuelas de teatro. Esto se hace más evidente en la crisis estructural que padece la universidad, la carencia de una política cultural y la tendencia a la baja del presupuesto que genera la crisis económica que sacude al modelo neoliberal, modelo que en Nuevo León ha sido sacralizado hasta el Delirium Tremens. En el futuro inmediato será necesario saber como se autodefine cada una (la Escuelita y la Facultad), su nivel académico y estrategias en el contexto cultural-teatral. Urge el inicio de un foro abierto para el debate, el diálogo, la reflexión, el diagnóstico entre los teatreros universitarios con la idea de hacer de las dos escuelas una-mediante la reestructuración de sus planes de estudio, la planta de maestros, el perfil de los alumnos y la optimización de recursos económicos.

En una acto verdaderamente democrático, un diagnóstico así debe surgir de una mesa de trabajo formada por profesores de teatro y alumnos representativos de las dos escuelas, pero sobre todo con invitados externos (de la UNAM, Bellas Artes, Argentina, España, Francia, USA...) de sólida experiencia artística, pedagógica y administrativa. Este grupo de evaluación haría propuestas de reestructuración y el proyecto de una escuela ÚNICA de teatro que unifique lo mejor de las dos escuelas existentes en la universidad. Claro, de entre los maestros capaces (mejor sería nombrar un director invitado ex profeso con experiencia en otras escuelas del país) por votación y consenso de alumnos y la planta docente de las dos escuelas, debe surgir el director de la escuela unificada, la nueva planta de maestros y el nuevo plan de estudios teatrales. Así se superarán los cotos de poder teatral, se ventilará el estado real de la cultura teatral universitaria y los proyectos a futuro. Esto, insisto, requiere de un foro teatral universitario donde todos los involucrados expresen sus pensamientos, proyectos y perspectivas de la función social-estética del teatro universitario.

8.- Cancelar el triste concurso Miss UANL.

Saber cuando cómo por qué y en qué contexto surgió el concurso señorita UANL que parece ser el programa "cultural" más exitoso entre estudiantes y maestros de facultades y prepas, es el primer paso para evitar la degradadación cultural y propiciar la participación estudiantil en los problemas universitarios. A menos que se quiera seguir imitando uno de los concursos más pedestres de la sociedad del espectáculo, ese concurso debe desaparecer cuanto antes. De seguir con su promoción anual entrará en franca contradicción con una atmósfera estudiantil creativa y será difícil que encaje en una política cultural crítica y democrática, ajena a la copia de los desprestigiados montajes del Show Business, reflejos patéticos de las revistas rosas el corazón libidinoso y, lo peor, terreno al que ha llegado el billete blanqueado del narcotráfico.

Si de concursos y algarabía juvenil se trata, el concurso Miss U(A)NL es posible sustituirlo por otro mas imaginativo, creativo, por ejemplo: uno de disfraces y sketches sobre maestros y funcionarios universitarios y de la fauna política estatal y nacional. Tal vez de entre los/as estudiantes de prepa surja otro Afred Jarry, un nuevo Chaplin, otros hermanos Marx. Casi cualquier programa puede ser más imaginativo que saber cual de las chicas de la Universidad tienen cara graciosa, tetas bonitas y piernas bien torneadas para coronarla reina universitaria. Ese programa "cultural"  de ingenuas y tristes reinas anuales que refuerza el "sano espíritu feudal", deberá transformarse en una fiesta del humor y el carnaval en la universidad. Seguro tendría éxito fuera de la Cortina de Hierro que rodea a la ciudad universitaria.

9.- Pero no sólo el concurso Miss UANL es degradante, irrisorio.

Un acto que dibuja bien la atmósfera autoritaria dominante en la cultura universitaria, es el autoelogio-autohomenaje-autoconsagración que el actual director de la Secretaría de Extensión y Cultura ha protagonizado al alentar y permitir que el espacio teatral de la facultad de artes escénicas haya sido bautizado con su nombre: Espacio Escénico Rogelio Villarreal. Él, generoso, se puso a repartir glorias y pedestales a varios maestros que aceptaron (¿felices o contritos?) algunos de los salones de clase lleven su nombre (un conocedor de leyes y reglamentos de la burocracia dijo por ahí que la decisión contraviene una ley federal que impide a los funcionarios públicos en activo bautizar con su nombre espacios bajo su responsabilidad ¿será vigente la ley?)

Debe ser incómodo y penoso impartir clase en salones y el escenario que ha sido bautizados con el propio nombre. Es como ver la propia estatua y el mausoleo antes de tiempo. El asunto alarma porque que nadie protesta públicamente, nadie se planta en la escena y dice un parlamento así: "Eso es grandilocuente y de mal gusto, maestro Rogelio Villarreal, no está bien que por sus pistolas le ponga su nombre a nuestro escenario teatral. Usted no ha muerto; cuando deje de ser funcionario y cacique de esta facultad, veremos, discutiremos si usted merece un homenaje así".

Cuando reina el temor o el aplauso de los súbditos, al señor feudal no se le contradice.

El difunto Rectorrr Alfredo Piñeyro (fundador del método Big Brother en la Uni) era transparente y coherente con su ideología cuando decía que para imponer el orden, hacía falta establecer "el sano espíritu feudal".

En desagravio, por salud mental y como gesto de consideración a los teatreros de la universidad, es posible cambiar los nombres del espacio escénico y las aulas de los teatreros (as) vivientes que enseñan en artes escénicas, por los de célebres fallecidos, digamos: Shakespeare, Moliere, Stanislavski, Meyerhold, Piscator, Brecht, Jean Vilar, Strehler, Lola bravo, Clemente Monárrez...

Este signo de provincianismo y culto al funcionario no debe continuar, ya no se estila ni entre los grupos empresariales de aficionados al arte o en las sociedades culturales (donde dominan las señoras elegantes que escriben versos o pintan bodegones sin compararse con Gabriela Mistral o Frida Kahlo) que sobreviven en las pueblos pequeños que jamás se han planteado ser "ciudades del conocimiento" o "potencias medias de calidad mundial".

A tal atmósfera cultural en la universidad pública, tal atmósfera citadina nuevoleonesa.

10.- El diseño de una política cultural en la U(A)NL.

La creación de una sola y profesional escuela de teatro y la definición de la vocación de sus espacios culturales, pasa por el análisis del funcionamiento y objetivos de las Facultades de Artes Visuales, de Música, la Capilla Alfonsina y la red de bibliotecas, la estructura y objetivos de la anunciada Casa del Libro y el Centro de investigaciones estéticas, el sentido académico y cultural de los doctorados Honoris Causa , el premio de las artes, la existencia o inexistencia de departamentos de difusión cultural en las facultades y preparatorias. Sin faltar la democratización- reestructuración-modernización de la radio y televisión universitarias cuyo funcionamiento puede inspirarse en televisión-radio UNAM, canal 11 del Politécnico, canal 22.

Una política cultural en la universidad requiere de una red interinstitucional para potenciar la vocación y uso de espacios físicos; los proyectos, programas, promoción y difusión de las artes y la cultura hacia el interior y exterior del Campus (artes plásticas, diseño, cine, música, danza, teatro, promoción del libro y la lectura, uso de bibliotecas, investigaciones estéticas-programas de la historia artística de Nuevo León).

11.- Parafraseando al clásico que sigue fantasmando por el mundo.

No solamente hace falta diagnosticar, analizar, sintetizar, pensar, interpretar la Universidad de Nuevo León: también hace falta transformarla mediante la praxis que propicie el debate sobre sus aciertos históricos, sus males actuales y proyectos para su reestructuración democrática y profunda que de sentido a la A de la autonomía que perdió hace cuatro décadas. Hace falta refundar a la universidad pública para que irradie, como alguna vez lo hizo, su saber y su cultura a la sociedad de la que emana y a la cual se debe. Una política cultural democrática, crítica, moderna, atenta a lo que sucede en el siglo de los crepúsculos puede ayudar a refundarla.

En fin, estas 11 tesis no son dogmas de fe: son reflexiones, información, ideas, proyecto a realizar. Con el diálogo y la participación colectiva se desarrollarán , modificarán o afinarán, para convertirse en realidad. Por lo pronto es mi aportación como universitario que fui (y soy, extramuros) para iniciar el debate sobre la situación actual y futuro de una política cultural en la universidad pública de Nuevo León.

(Imagen tomada de Internet / Derechos reservados por el autor)

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