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la_generacion_del_68

 

ASÍ NOS LO DIJERON: "Bajo los adoquines está la playa". Hace 30 años éramos la generación del 68, y no sólo en París o Nanterre, sino en Méjico, Plaza de las Tres Culturas, en China, en Alemania, en Madrid. Levantamos los adoquines y debajo había más adoquines. Tirábamos adoquines a los guardias, pero cada guardia era De Gaulle con silbato, cada guardia era Franco con escopeta nacional de fusilar. Haro-Tecglen lo ha llamado "las revoluciones imaginarias". La del 68 fue la última.

1968, la Gran Movida de aquellos años, Los Ejércitos de La Noche rodeando el Pentágono, en Washington, y Norman Mailer, borracho y levantisco, queriendo entrar a gritos en la geometría del Poder. Hacia mil novecientos sesenta y ocho las mocedades de Oriente y Occidente descubrimos una cosa sorprendente, mágica, estupefaciente, atroz, milagrosa y única: los jóvenes descubrimos la juventud. Eso era todo y había pasado siempre. Cada generación ha tenido sus derechos, sus eslóganes, sus pintadas, sus mártires, sus postas, sus novias, sus tesoros, sus adoquines. Luego los adoquines vuelven a su sitio, forman una calle y por ella desfila el Orden.

 


 

Fotografía de J. Niepce

En la imagen, un policía hace guardia ante varios adoquines, símbolo de las protestas estudiantiles.

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