Cola de gallo (poemas de Alvaro Ruiz) Imprimir E-mail
Escrito por Alvaro Ruiz   
Jueves, 02 de Julio de 2009 19:39

 

Solsticio

Al poeta Guillermo Meléndez, en correspondencia poética y hemisférica.


Es veintiuno de junio
y como el perfecto necio que soy
siento obligación de hablar sobre el invierno.

Aunque las alegorías son recursos miserables
no puedo prescindir de la niebla y del león chileno
que hambriento desciende desde los escarchados montes de los Andes.

El vino tinto es el lirio que alguna vez vio Rimbaud
flotar río abajo como una lúgubre señal de Ofelia
(amor de poetas y hoy, de cuatreros y narcotraficantes)
y que la triste criada Anselma no advirtió
por razones puramente interpretativas.

El colibrí es un helicóptero y la flor invernal del alóe
una sureña taberna al aire libre
en sus alas brillan diminutos espejos
con los que encandila a gatos y ocelotes
-la naturaleza no trampea- reflexiono
mientras en la Patagonia los extinguidos onas
en vez de consultar psicoanalistas practicaron levirato.

En el tendedero nada ondea porque nada se seca.

La madera aún guarda en su memoria
los sentimientos de los árboles en el bosque
y crujen y se lamentan por los cambios en su materia.

 

Golpe de Estado o el arte por el arte


Todos miraban hacia las copas de los árboles
cuando el viento mecía las más altas
que hacia el sur se inclinaban por naturaleza.

Las inteligencias militares ordenaban el mando
-estentóreas voces en las dunas cercanas al océano-
¡Pútridos poetas al servicio de la imaginación! gritaban
¡Vayan a trabajar! ¡Vagos de mierda!
¡Están rodeados por la marina del puerto!
¡A ustedes, miserables, les digo,
a los que están como ratas escondidas en los cerros de la bahía,
que hoy firmaré bandos que deben estrictamente obedecerse
a fuerza de artillería, rendición inmediata o muerte!

Una polvareda en los áridos caminos de la pólvora
del polvo de la tropa con las mismas putas del puerto
que como pesadas anclas los llamaban a ser héroes momentáneos
de una historia torpe y siniestra
donde aun hay sangre seca sobre las rocas del sacrificio
espíritus del norte chico que al amanecer se lamentan
de los dolores de un pueblo al cual nada ni nadie salvaría
del gran miedo estupefacto y asumido
que inspiraban los servicios secretos nacionales.

Entonces los más inteligentes optaron
por las políticas del arte por el arte
renunciando al fracaso de verse destituidos
prefiriendo ser arrastrados por las aguas de los ríos que abruptamente van a la mar
y que como todos aquellos cauces originarios del Olvido
se diluyen y tristemente pierden la memoria.

 

Entre pestañas y la noche que amanece


Entre pestañas y la noche que amanece
Van quedando para el laboratorio del fotógrafo
Escenas difusas del día anterior
Instantes recapturados en la memoria del lente
Rollos de negativos sumergidos en líquidos amnióticos
Como en Blow up la reconstitución del crimen
El fotógrafo
Los ojos a través de la ventana
Imágenes de un parque centenario
Bandadas de aves atravesando el cielo hacia el sur
Entre las difusas escenas del día anterior.

 

Doctor Stranz


La idea es neutra
y en ella proyecto mis fantasmas y sus demencias.
Impuro soy, lejos del sol,
así camino por el frío sendero de la lógica
a la epilepsia que tiembla en el corazón.
Sangrienta farsa ésta de idolatrarme por instinto,
soñando un cruel desfile de falsos absolutos,
vil espíritu mío
y también tuyo desgraciado lector.
Aferrado a todas las religiones,
simulacros de dioses,
me prosterno ante lo improbable
otorgando certeza al mito y la leyenda.
Entonces, sin pasado ni futuro,
incrédulo y perdido de oriente,
con el dolor original tomando por asalto el tórax,
cuando el aire apenas entra a los pulmones,
llamo al doctor Stranz para que de urgencia me sane
con la clara luz de Emile Cioran.

 

Paul Celan


La leche negra, las calles, el río
En la dolorosa y trastornada ciudad de las luces
De ciegos golpeando contra el suelo
Metálicos bastones de grasa fría
París fue la ribera alcanzada desde la inconsolable orilla del este
Miseria, y vitrinas abarrotadas de porquerías
El aire silba y penetra a los pulmones
Mientras el ojo abierto de los días duerme
Muy cerca de la negra cabellera.

 

Nunca más seremos los mismos.

Al pintor Bruno Tardito.

Nunca más seremos los mismos
Que ayer bostezaban bajo los árboles de la vía dolorosa
Boquiabiertos ante el sol que se marchaba a alumbrar el
Oriente de los sueños dorados
Los golpes crueles del destino
Bajo la sombra de un ombú
En el bosque de los encantos
Encantos como el de la flor de lis deshojada por los silfos
O la luz arriba atravesando el follaje oro verde
De las copas vacías de bacanales fiestas y alegrías
Con una carga de delirio original
En el revertido bosque de los espantos
En una tela que es una ventana abierta
A los hechos simbólicos de estar vivos
Con ojos que se abren y se vuelven paisajes
De la tierra que secretamente nos vio nacer
Allá en las antípodas del buen año 1953.

 

Ojo negro


La noche se fue con otro
así me quedé a orillas del mar
que es de plata brillante sonora
cuando lejos está el sol.

La noche se fue con otro
así me quedé entre hemisferios
vagando por el Ecuador
que divide la tierra y el cerebro
de un norte izquierdo ígneo
a un sur frío de lobos de mar.

La noche se fue con otro
Así me quedé girando en torno a este eje imaginario
Trasladando todas las rotaciones
Hacia el vertedero ojo negro del salar
Santo del vacío y de las estrellas apagadas
En astronomía luz hacia el interior.

 

Set y match


0-15.
Esto es un partido de tenis
Yo soy el leit motiv del perdedor
No registro los saques
Porque todas las pelotas van a la malla.

0-30.
Perdedor por lógica excelencia
Un estiramiento hacia la derecha
Hacia los cerros amarillentos
Donde la concentración se pierde de un raquetazo.

0-40.
De noche a mi izquierda
Hay otras redes
Entre este lado y el otro.

Punto-juego-set y match.
Poderoso as al centro del rectángulo.

 

Margot María Stangel


Es un barco varado en las costas del puerto de Coquimbo
Que cortó amarras una noche de marejadas
Está levemente inclinado hacia el sur, a babor
Vino de otros mares lejanos turquesas
Con una voluminosa carga de arroz
A un puerto cuyos habitantes observan desde lo alto
El horizonte de sus propias vidas en el mar.

El Margot María Stangel es una embarcación que nunca tuvo amor
Que navegó por todos los mares y océanos del mundo
Y que cuando recién pausaba los sonidos del desembarco
Ya desestibados los sacos ante Aduanas de Chile
Cortó sus trenzas de acero cuando el cielo era negro
Y el viento rasgaba con furia su bandera de popa
Hacia un naufragio seguro en los hondos contrarios
A las blancas crestas de las olas
De un surazo recién surgido
Entre nubes que fueron uñas en un paisaje de terror.

 

Tsunami


Es de noche y los perros ladran como si odiasen el mundo
Estridentes, ásperos, agudos, en la más negra oscuridad,
El hombre es culpable de todo lo que injurian
Pestes, hambre, frivolidad,
Con ladridos desequilibrantes que llegan al oído
Medio
Como un maremoto que inunda el centro del equilibrio
O los límites propios de esta noche negra
Que es la de vivir en las cercanías de la rompiente
Y oír a los perros que ladran como si odiasen el mundo.

 

La peregrina ferviente


Vengo del interior del Elqui
Soy la virgen Seca de los Cerros
Los cactus de la pendiente
El guijarro negro del río
La espina del espino
Las celdas de castigo
La reciedumbre del sol
Siempre al anochecer tendida
Hacia el suave giro que otorga el fálico eje
Que es el centro de la tierra y de los hombres.

 

Nuestra Señora de los Tajos


Nuestra Señora de los Tajos
Es la virgen que un día alumbró mi pasado
Devolviéndome la visión original
De las praderas vacías
En las que quise ver a los hombres que en ellas vivieron
Y donde sólo hallé vestigios arqueológicos
Y una vertiente cuyas aguas conducidas por un serpentino canal
Atravesaba todos los estadios del hombre
Para finalmente irrigar pantanosos jardines que habitaban los suicidas
Ahora transformados en nudosos árboles llenos de sangre y espinas
Espíritus que lamentaban no poder revestirse jamás
Mientras fuesen reales todos los círculos del poeta medieval.

 

Despotismo


Una bandada de golondrinas ensombrece la tierra
los cuatro horizontes levemente curvos
son la redondez de la tierra
y las fronteras de este reino derrocado.
El rey ha muerto apuñalado.
Desde las altas atalayas
los centinelas otean el magnífico castillo
las armas están en el suelo
el sol las alumbra
los súbditos bailan atraídos por la música
los soldados liban en torno a las hogueras
el rey ha sido asesinado
y el reino celebra la conspiración.

 

Desde Los Espinos


He temblado de miedo sólo por situaciones económicas puntuales
Monedas tiradas al aire
Bajo exactas circunstancias cambiarias
Moneditas medallas
Regias en el viejo emporio a orillas del canal
Sobre el eje Cisternas en La Serena
Comprando ciboulette y un Grand Manier amanerado al amanecer
Con el cierre eclair* del pene abierto y la infamia
De tenerte cerca y lejos del corazón shelleyniano
Que como un reloj del siglo diecinueve
Marca el tiempo tembloroso
Desde el muro del emporio donde sólo hallarás
Ciboulette y un Grand Manier.

*Inmigrante francés que se dedicó en Chile a fabricar cierres metálicos para vestuario.

 

Poema colonial avecindado en Lima


Sí, yo soy la lavandera del virrey,
lavo sus finos manteles de hilo y encaje
y camino por la alameda de los descalzos
a orillas del Rímac
contemplando las bellas piezas de mármol
tomando la brisa antes de que caiga la noche
a la copa de mi señor en el salón
voz y vino cuyo efecto me trastorna
como el secreto mismo de esta pasión.

Así transcurren mis días en América
llevando el digno honor de mi oficio
la de ser lavandera del señor virrey
por el cual callo por amor y juramento.

 

Nunca fui a ninguna parte


Nunca fui a ninguna parte
Ni siquiera a la esquina
Siempre me que dé en mi mismo
Mirando lo que no existía
Y así fui sumando los árboles
De la arboleda
Que eran apenas menos de cien.

 

(Imagen tomada de Internet / Derechos reservados por el autor)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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