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Solsticio
Al poeta Guillermo Meléndez, en correspondencia poética y hemisférica.
Es veintiuno de junio y como el perfecto necio que soy siento obligación de hablar sobre el invierno.
Aunque las alegorías son recursos miserables no puedo prescindir de la niebla y del león chileno que hambriento desciende desde los escarchados montes de los Andes.
El vino tinto es el lirio que alguna vez vio Rimbaud flotar río abajo como una lúgubre señal de Ofelia (amor de poetas y hoy, de cuatreros y narcotraficantes) y que la triste criada Anselma no advirtió por razones puramente interpretativas.
El colibrí es un helicóptero y la flor invernal del alóe una sureña taberna al aire libre en sus alas brillan diminutos espejos con los que encandila a gatos y ocelotes -la naturaleza no trampea- reflexiono mientras en la Patagonia los extinguidos onas en vez de consultar psicoanalistas practicaron levirato.
En el tendedero nada ondea porque nada se seca.
La madera aún guarda en su memoria los sentimientos de los árboles en el bosque y crujen y se lamentan por los cambios en su materia.
Golpe de Estado o el arte por el arte
Todos miraban hacia las copas de los árboles cuando el viento mecía las más altas que hacia el sur se inclinaban por naturaleza.
Las inteligencias militares ordenaban el mando -estentóreas voces en las dunas cercanas al océano- ¡Pútridos poetas al servicio de la imaginación! gritaban ¡Vayan a trabajar! ¡Vagos de mierda! ¡Están rodeados por la marina del puerto! ¡A ustedes, miserables, les digo, a los que están como ratas escondidas en los cerros de la bahía, que hoy firmaré bandos que deben estrictamente obedecerse a fuerza de artillería, rendición inmediata o muerte!
Una polvareda en los áridos caminos de la pólvora del polvo de la tropa con las mismas putas del puerto que como pesadas anclas los llamaban a ser héroes momentáneos de una historia torpe y siniestra donde aun hay sangre seca sobre las rocas del sacrificio espíritus del norte chico que al amanecer se lamentan de los dolores de un pueblo al cual nada ni nadie salvaría del gran miedo estupefacto y asumido que inspiraban los servicios secretos nacionales.
Entonces los más inteligentes optaron por las políticas del arte por el arte renunciando al fracaso de verse destituidos prefiriendo ser arrastrados por las aguas de los ríos que abruptamente van a la mar y que como todos aquellos cauces originarios del Olvido se diluyen y tristemente pierden la memoria.
Entre pestañas y la noche que amanece
Entre pestañas y la noche que amanece Van quedando para el laboratorio del fotógrafo Escenas difusas del día anterior Instantes recapturados en la memoria del lente Rollos de negativos sumergidos en líquidos amnióticos Como en Blow up la reconstitución del crimen El fotógrafo Los ojos a través de la ventana Imágenes de un parque centenario Bandadas de aves atravesando el cielo hacia el sur Entre las difusas escenas del día anterior.
Doctor Stranz
La idea es neutra y en ella proyecto mis fantasmas y sus demencias. Impuro soy, lejos del sol, así camino por el frío sendero de la lógica a la epilepsia que tiembla en el corazón. Sangrienta farsa ésta de idolatrarme por instinto, soñando un cruel desfile de falsos absolutos, vil espíritu mío y también tuyo desgraciado lector. Aferrado a todas las religiones, simulacros de dioses, me prosterno ante lo improbable otorgando certeza al mito y la leyenda. Entonces, sin pasado ni futuro, incrédulo y perdido de oriente, con el dolor original tomando por asalto el tórax, cuando el aire apenas entra a los pulmones, llamo al doctor Stranz para que de urgencia me sane con la clara luz de Emile Cioran.
Paul Celan
La leche negra, las calles, el río En la dolorosa y trastornada ciudad de las luces De ciegos golpeando contra el suelo Metálicos bastones de grasa fría París fue la ribera alcanzada desde la inconsolable orilla del este Miseria, y vitrinas abarrotadas de porquerías El aire silba y penetra a los pulmones Mientras el ojo abierto de los días duerme Muy cerca de la negra cabellera.
Nunca más seremos los mismos.
Al pintor Bruno Tardito.
Nunca más seremos los mismos Que ayer bostezaban bajo los árboles de la vía dolorosa Boquiabiertos ante el sol que se marchaba a alumbrar el Oriente de los sueños dorados Los golpes crueles del destino Bajo la sombra de un ombú En el bosque de los encantos Encantos como el de la flor de lis deshojada por los silfos O la luz arriba atravesando el follaje oro verde De las copas vacías de bacanales fiestas y alegrías Con una carga de delirio original En el revertido bosque de los espantos En una tela que es una ventana abierta A los hechos simbólicos de estar vivos Con ojos que se abren y se vuelven paisajes De la tierra que secretamente nos vio nacer Allá en las antípodas del buen año 1953.
Ojo negro
La noche se fue con otro así me quedé a orillas del mar que es de plata brillante sonora cuando lejos está el sol.
La noche se fue con otro así me quedé entre hemisferios vagando por el Ecuador que divide la tierra y el cerebro de un norte izquierdo ígneo a un sur frío de lobos de mar.
La noche se fue con otro Así me quedé girando en torno a este eje imaginario Trasladando todas las rotaciones Hacia el vertedero ojo negro del salar Santo del vacío y de las estrellas apagadas En astronomía luz hacia el interior.
Set y match
0-15. Esto es un partido de tenis Yo soy el leit motiv del perdedor No registro los saques Porque todas las pelotas van a la malla.
0-30. Perdedor por lógica excelencia Un estiramiento hacia la derecha Hacia los cerros amarillentos Donde la concentración se pierde de un raquetazo.
0-40. De noche a mi izquierda Hay otras redes Entre este lado y el otro.
Punto-juego-set y match. Poderoso as al centro del rectángulo.
Margot María Stangel
Es un barco varado en las costas del puerto de Coquimbo Que cortó amarras una noche de marejadas Está levemente inclinado hacia el sur, a babor Vino de otros mares lejanos turquesas Con una voluminosa carga de arroz A un puerto cuyos habitantes observan desde lo alto El horizonte de sus propias vidas en el mar.
El Margot María Stangel es una embarcación que nunca tuvo amor Que navegó por todos los mares y océanos del mundo Y que cuando recién pausaba los sonidos del desembarco Ya desestibados los sacos ante Aduanas de Chile Cortó sus trenzas de acero cuando el cielo era negro Y el viento rasgaba con furia su bandera de popa Hacia un naufragio seguro en los hondos contrarios A las blancas crestas de las olas De un surazo recién surgido Entre nubes que fueron uñas en un paisaje de terror.
Tsunami
Es de noche y los perros ladran como si odiasen el mundo Estridentes, ásperos, agudos, en la más negra oscuridad, El hombre es culpable de todo lo que injurian Pestes, hambre, frivolidad, Con ladridos desequilibrantes que llegan al oído Medio Como un maremoto que inunda el centro del equilibrio O los límites propios de esta noche negra Que es la de vivir en las cercanías de la rompiente Y oír a los perros que ladran como si odiasen el mundo.
La peregrina ferviente
Vengo del interior del Elqui Soy la virgen Seca de los Cerros Los cactus de la pendiente El guijarro negro del río La espina del espino Las celdas de castigo La reciedumbre del sol Siempre al anochecer tendida Hacia el suave giro que otorga el fálico eje Que es el centro de la tierra y de los hombres.
Nuestra Señora de los Tajos
Nuestra Señora de los Tajos Es la virgen que un día alumbró mi pasado Devolviéndome la visión original De las praderas vacías En las que quise ver a los hombres que en ellas vivieron Y donde sólo hallé vestigios arqueológicos Y una vertiente cuyas aguas conducidas por un serpentino canal Atravesaba todos los estadios del hombre Para finalmente irrigar pantanosos jardines que habitaban los suicidas Ahora transformados en nudosos árboles llenos de sangre y espinas Espíritus que lamentaban no poder revestirse jamás Mientras fuesen reales todos los círculos del poeta medieval.
Despotismo
Una bandada de golondrinas ensombrece la tierra los cuatro horizontes levemente curvos son la redondez de la tierra y las fronteras de este reino derrocado. El rey ha muerto apuñalado. Desde las altas atalayas los centinelas otean el magnífico castillo las armas están en el suelo el sol las alumbra los súbditos bailan atraídos por la música los soldados liban en torno a las hogueras el rey ha sido asesinado y el reino celebra la conspiración.
Desde Los Espinos
He temblado de miedo sólo por situaciones económicas puntuales Monedas tiradas al aire Bajo exactas circunstancias cambiarias Moneditas medallas Regias en el viejo emporio a orillas del canal Sobre el eje Cisternas en La Serena Comprando ciboulette y un Grand Manier amanerado al amanecer Con el cierre eclair* del pene abierto y la infamia De tenerte cerca y lejos del corazón shelleyniano Que como un reloj del siglo diecinueve Marca el tiempo tembloroso Desde el muro del emporio donde sólo hallarás Ciboulette y un Grand Manier.
*Inmigrante francés que se dedicó en Chile a fabricar cierres metálicos para vestuario.
Poema colonial avecindado en Lima
Sí, yo soy la lavandera del virrey, lavo sus finos manteles de hilo y encaje y camino por la alameda de los descalzos a orillas del Rímac contemplando las bellas piezas de mármol tomando la brisa antes de que caiga la noche a la copa de mi señor en el salón voz y vino cuyo efecto me trastorna como el secreto mismo de esta pasión.
Así transcurren mis días en América llevando el digno honor de mi oficio la de ser lavandera del señor virrey por el cual callo por amor y juramento.
Nunca fui a ninguna parte
Nunca fui a ninguna parte Ni siquiera a la esquina Siempre me que dé en mi mismo Mirando lo que no existía Y así fui sumando los árboles De la arboleda Que eran apenas menos de cien.
(Imagen tomada de Internet / Derechos reservados por el autor)
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