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La literatura española es una de las más impresionantes de todos los tiempos. Desde las primeras manifestaciones del castellano ya como lengua durante la Edad media, España ha sido cuna de grandes escritores que han dado solidez a la literatura escrita en la lengua de Cervantes. En el caso concreto de la poesía, España contiene infinidad de voces, diversidad de tonalidades, pero en conjunto conforman una de las literaturas más importantes del mundo: desde Garcilaso de la Vega, Francisco de Quevedo, Luis de Góngora y Argote, Gustavo A. Bécquer, hasta los contemporáneos como Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca, Rafael Alberti, entre otros.

Es consabido que el afán prioritario de la poesía es despertar placer estético en el hombre mediante su lectura. Es el deleite literario, la pasión de la palabra que entra por los ojos para perfumar la sangre. Sin embargo, resulta interesante ir más allá de la palabra hasta encontrar la raíz, el motivo, la libertad dentro del parámetro del verso; y esto se logra al emprender un análisis e interpretación del texto poético.

El Dr. José L. Varela–Ibarra, citando la perspectiva del crítico literario Ricardo Gullón, propone algunos elementos clave que pueden ser considerados en el análisis de textos poéticos. Entre ellos me permito mencionar al tiempo, el espacio y la distancia. Todos estos elementos, de algún modo, nos acercan a la intención primaria que invade al poeta. El Dr. Varela–Ibarra dice:

"El problema del tiempo en la literatura es, al decir de Henry James, el más difícil con que el escritor tiene que luchar. [...] No hay, de alguna forma, estructura poética que no sea estructura temporal." (1)

El tiempo es, para el poeta, lo que él quiere que sea. Es su voluntad o su capricho durante la creación de imágenes. Es el tiempo como barro que el poeta modela a su antojo creando figuras diversas y giros sintácticos originales. De esa ideología surge la potente voz del chileno Vicente Huidobro para apoyar en su "Arte poética" la idea de que "El poeta es un pequeño Dios." (2)

Porque el poeta es un creador. Y todos los elementos de que se vale son reconstruidos una y otra vez para crear lo increado, para rehacer lo deshecho. En ocasiones, el tiempo es más que tiempo: es destiempo, contratiempo, algo atemporal. Es el tiempo, además un verdadero pretexto, un vocablo lúdico para pequeños dioses como el poeta mexicano Renato Leduc:

"Sabia virtud de conocer el tiempo;

a tiempo amar y desatarse a tiempo;

como dice el refrán: dar tiempo al tiempo

que de amor y dolor alivia el tiempo." (3)

Considero interesante explorar el manejo del tiempo en la poesía del último exponente de la Generación del 27 acaecido recientemente, Rafael Alberti (nacido en Cádiz, 1902–1999). El enfoque de este análisis es sobre el manejo del vocablo "tiempo" y sus múltiples variantes: siempre, nunca, hoy, ahora, miércoles, siglos, etc. Es notorio que cada pieza poética –poema– se ubica en un ciclo, en un ambiente temporal, pero la intención personal es el análisis de la palabra que nos ocupa en el marco poético albertiano.

Para Rafael Alberti lo que no fue en tiempos pretéritos, será factible en tiempos futuros. Y de esta forma lo manifiesta en el poema "Marinero en tierra", poema 8:

Pirata de mar y cielo,

si no fui ya, lo seré.

Si no robé la aurora de los mares,

si no la robé,

ya la robaré.

(Antología poética, p. 19)

El tiempo pasa y si el hombre no ha conseguido lo que busca, el tesón le dará el triunfo. Lo importante es no declinar vez alguna. Declina el día, declina el perdedor, pero nunca aquel que busca el triunfo por encima y debajo de las cosas con el objeto de conseguir lo que ambiciona. En el mismo poema –apartado 29–, Alberti aborda la perspectiva del tiempo que reserva o depara un suceso determinante en la vida:

Si mi voz muriera en tierra,

llevadla al nivel del mar

y dejadla en la ribera.

(Antología Poética, p. 19)

Porque el transcurso del tiempo hace presentir al hombre lo que está por venir. Es decir, el transcurso del tiempo permite al hombre vislumbrar las metas que puede alcanzar, los momentos cuya realización debe efectuarse o, simplemente, asumir lo inevitable.

El tiempo transcurre sin observar intereses personales, el tiempo carece de compasión y no regresa para enmendar errores. En el poema "Cita triste de Charlot" se comprueba:

Lo más triste, caballero, un reloj;

las 11, las 12, la 1, las 2.

A las tres en punto morirá un transeúnte.

(Antología Poética, p. 99)

Vivir atado al transcurso del tiempo. Estar limitado o regido por un par de manecillas es –para el poeta– lo más triste. ¿Es el reloj el tiempo? Pero la marcha del tiempo es imparable –a veces se detiene por instantes, pero sólo a veces– y cada momento morirá una fe, morirá una acción, porque a todos alcanza el rigor extremo del fin del tiempo.

Hay elementos cotidianos que son lo mismo a través del tiempo, sólo con distinta fecha: el mismo mar, el mismo cielo, las mismas sombras y los mismos poetas (4). Porque los años no logran cumplir la metamorfosis de algunas cosas y Alberti lo pregona en "Invitación al aire":

Te invito, sombra, al aire.

Sombra de veinte siglos,

a la verdad del aire,

del aire, aire, aire.

(Antología Poética, p. 116)

Sombra de veinte siglos, aquello que no cambia a pesar del flagelo de los años, de la evasión de siglos. Un tiempo perpetuo, interminable, un lapso eterno entre dos puntos que no terminan de conjugarse nunca: el tiempo que desconoce final para algunos elementos.

A veces no hay un tiempo que valga, que remedie la problemática del hombre. Es un tiempo que existe sin existir momentáneamente. En "El toro de la muerte" es posible confirmar lo anteriormente expuesto:

No hay reloj,

no hay ya tiempo,

no existe ya reloj que quiera darme tiempo a salir de la muerte.

(Antología Poética, p. 164)

En estos versos Alberti juega con las diversas connotaciones que puede sugerir el vocablo tiempo. El tiempo se agota. Y aquello que no se realizó en cierto momento quedará pospuesto para siempre en calidad de irrealizado, de nunca–germinado. Todo lo que ha de ocurrir, ocurrirá, porque el hombre siempre llega al momento de caducidad corporal.

Sin embargo el tiempo es benévolo en ciertos momentos en la vida del hombre. Cuando la juventud esplende en el ser humano, el entorno se percibe distinto, desde otra perspectiva más positiva:

Esta mañana, amor, tenemos veinte años.

(Antología Poética, p. 300)

La edad es consecuencia del tiempo. Y una edad temprana es símbolo de vigor, de potencia, de dominio y control. La sexualidad es de mayor frecuencia y rendimiento cuando Alberti presenta el verso anterior. Aquí la juventud es amiga del tiempo, pero éste es eterno mientras que aquélla no lo es. El tiempo le arrebatará algún día lo que hoy le entrega.

En "La soledad", poema compuesto de tres momentos en lenguaje cotidiano –pero no menos bello que el retórico–, el poeta presenta tres fases o manifestaciones del tiempo a manera de monólogo interior. De la primera, se extrae el siguiente fragmento:

Vendrá.

Vendrá.

Lo ha escrito.

La semana que viene.

(Antología Poética, p. 323)

Para el poeta, el tiempo crea en él confianza en lo que va a suceder, certeza en que ocurrirá, realizabilidad, devenir. Aunque una semana falta para reunirse con su amada amante –lo cual podría despertar impaciencia y arrebato–, el tiempo transcurrirá con la certeza de que se cumplirá lo prometido. Más adelante, en la misma parte del poema, puede apreciarse esa invariabilidad que la seguridad en sí mismo le proporciona:

Todo está preparado.

Vendrá. Pienso que el martes...

si no, a lo más tardar,

la mañana del miércoles...

o quizás en la noche...

(Antología Poética, p. 123)

En determinado momento, los puntos suspensivos pueden connotar cierta inseguridad o improbabilidad: titubeo, reticencia. Pero, por otra parte, sugieren también ansiedad para que se cumpla lo esperado, impaciencia para encontrarse con quien espera.

En la segunda parte del mismo poema (escena II), aquello que se esperaba con la certeza de realizabilidad parece no cumplirse:

Hoy es miércoles ya...

(Antología Poética, p. 123)

El poeta empieza a dudar de aquello que fue certeza. Aquella seguridad temprana empieza a declinar cuando el plazo predeterminado se cumple y aún no se encuentra aquello que se espera. Cierta melancolía empieza a deslizarse por las letras de los vocablos "hoy", "ya".

Y en la escena III del poema, empieza un conteo regresivo del tiempo. Todo a partir del miércoles es motivo de posibilidad. Más bien, desesperanza que refleja reminiscencias de lo que fue certeza:

¿Vendrá?

Puede que venga.

(Antología Poética, p. 123)

El tiempo y la distancia son elementos heterogéneos en un poema. Mas el pequeño dios se atreve a atisbar en ambos y encuentra que en ciertos momentos sus componentes se relacionan entre sí absolutamente. En el poema "Tú hiciste aquella obra" puede constatarse lo anteriormente afirmado:

Pero cuando después,

a casi veinte años de distancia,

fue tocado aquel toro,

el mismo que arremete por tus venas,

bajaste sin que nadie lo ordenara

a la mitad del ruedo,

al centro ensangrentado de la arena de España.

(Antología Poética, p. 336)

Extrañamente distancia equivale a tiempo. El tiempo nos puede sugerir –en este caso– ambivalencia entre kilómetro y tiempo, entre afecto y tiempo. Sin embargo, en este poema se habla de una distancia afectiva interpuesta entre dos puntos.

El tiempo desespera en ciertas ocasiones. El tiempo perdido es casi siempre causa de lamento y el poeta lamenta haber perdido el tiempo hace tiempo. En el poema "Así como sueña" es notorio:

La nieve sin tal vez puede ser buena para remontar los años.

[...]

El puto tiempo, ah, niños perdidos.

(Antología Poética, p. 349)

Existe cansancio –ah– de pensar en lo mismo y en lo mismo. El poeta lamenta no haber vivido al máximo tiempos pretéritos. Los espacios que lo invaden le exigen culparse por aquello que es imposible de enmienda. El tiempo es inexorable, transcurre sin detenerse entre los vivos. La agresión al tiempo muestra ese enfado hacia lo que pudo ser pero que no fue.

Hablar sobre el tiempo ha sido tarea de muchos grandes poetas de todos los tiempos. Pero es tan grande el universo, es tan maravillosa y tan única la creatividad del hombre, que pueden pasar los siglos y siempre habrá alguien que maneje el concepto tiempo desde diversos planos. Siempre habrá un tiempo sin tiempo. Siempre habrá en el tiempo poetas sin tiempo.

Notas

1. Varela–Ibarra, José L. La poesía de Alfonso Cortés, p. 7.

2. Montes de Oca, Francisco. Poesía Hispanoamericana, p. 293.

3. Garza Ramírez, María Estela. Español 3, p. 35. 4. León Felipe. Nueva antología rota, p. 23.

Bibliografía:

Alberti, Rafael. Antología Poética. Losada, S.A. Primera reimpresión 1998.

Varela–Ibarra, José L. La poesía de Alfonso Cortés. Universidad Autónoma de Nicaragua.

Garza Ramírez, María Estela, et al. Español 3. Editorial Santillana. México, 1998.

Camino, León Felipe. Nueva antología rota. Editores Mexicanos Unidos, S.A. Primera edición, 1983.

(Imagen tomada de Internet / Derechos reservados por el autor)

 

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