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*(Esta carta abierta a Octavio Paz se publicó en la revista regiomontana Coloquio, en el año 1993. Hay textos que al paso del tiempo cobran vigencia por las ideas que palpitan en su entramado y sus efectos en los nuevos contextos: este es uno de ellos. Si ya entonces, en el apogeo del abstracto discurso liberal-democrático que soslayaba la lógica y el dogma triunfalista del neoliberalismo depredador (hoy en la debacle) era urgente un debate sobre la realidad cultural, política, económica y social mexicana e internacional, ahora el contexto de emergencia global en que vivimos exige de los intelectuales y escritores un diálogo, debate de ideas abierto, sin dogmas y prejuicios. En esos años noventa Octavio Paz era el poeta e intelectual mexicano con mayor proyección internacional, cabeza del grupo de escritores e intelectuales agrupados en la revista Vuelta de la que él fue director fundador. En el turbulento México de "estos días como frutas podridas, días enturbiados por salvajes mentiras, días incendiarios en que padecen las curiosas estatuas y los monumentos son más estériles que nunca" -dice el poeta Efraín Huerta- los fieles discípulos de Paz que le rinden tributo constantemente, con el ensayista Enrique Krauze, director de la revista Letras Libres, como su heredero y promotor principal, se han enfrascado en una polémica con las izquierdas (que ellos en paquete envuelto Fast Track, definen como estalinistas, arcaicas, no modernas), con la corriente política electoral antagónica al PRI y al PAN, que desde el año 2006 representa Andrés Manuel López Obrador y el movimiento MORENA, y recientemente con directivos y articulistas del periódico La Jornada y la revista Proceso. Krauze, en este "tiempo nublado" -diría su maestro Paz- del 2012 ha matizado su definición de AMLO como Mesías Tropical, título de su célebre ensayo publicado en Letras Libres (2006), reeditado, glosado, reenviado vía internet y celebrado Ad Nauseaum por intelectuales, periodistas, políticos y la Nomenklatura del poder económico y eclesial cargados a la derecha liberal y la ultraderecha fascista (el título "Mesías Tropical" sólo fue rebasado en intensidad propagandística por el goebbelesiano "AMLO, peligro para México") anuncia una autocrítica y la intensión de darle su voto en la elección presidencial de julio próximo. Enrique Krauze tiende la mano y llama constantemente al diálogo, al debate y la concordia entre los intelectuales mexicanos, llamado con el que coincidimos en Revista Pantagruélica que tiene vocación de izquierda no neoestalinista, menos arcaica, tampoco modernólatra y light, pero sí moderna y libertaria. De ahí esta carta rescatada del polvo de los archivos. Concluyo esta introducción parafraseando el dicho conocido: Se la escribí a Octavio Paz para que la leyeran los presuntos implicados en aquella última década del siglo XX, y, ahora reeditada, la lean los/las contemporáneos que siguen vivos: ciudadanos de izquierdas, derechas y del imposible y ficticio centro ideológico-político).

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Me convertí entonces en el teatro de muchos debates interiores que no tardaron en volverse discusiones públicas. O.P

Estimado Octavio Paz:

Le diré lo que pienso, sin rodeos.

Desde hace mucho tiempo usted es un hombre reconocido, apreciado y leído en el campo de las letras mexicanas y en los ámbitos literarios, académicos e intelectuales de otros países, como un poeta notable, un ensayista agudo y polémico, a veces abierto, a veces intolerante, muchas veces generoso, frecuentemente dogmático, pero siempre dispuesto al debate intelectual, al diálogo con los otros.

Aun con el apellido que lleva (ironías de la vida), usted es un guerrero, un luchador, un combatiente por unas ideas que cree válidas y adecuadas para este mundo que se derrumba en una crisis de efectos incalculables. Sí, se acabó el imperio fundado en el mal llamado socialismo real, que de realidad despótica tenía mucho y de socialismo poco, por no decir nada.

En varios ensayos usted ha tocado el tema. En algunas páginas se autoadjudica cierta clarividencia, cierta primogenitura de ideas que termina en un dogmatismo liberal, intransigente, ninguneador, excluyente. Según usted, en las izquierdas nunca hubo críticos del estalinismo, de sus efectos reales y sus fantasías autoritarias. La realidad es que muchos hombres y mujeres mexicanos, latinoamericanos y de otros países (entre los que me incluyo), jamás aceptaron el credo del padrecito Josef Stalin, pero tampoco han hecho la apología del capitalismo salvaje o del capitalismo tecnócrata edulcurándolos con esa engañosa abstracción que es, a veces, el discurso y la democracia realmente existente.

No cabe duda que sus escritos, como los de otros intelectuales de izquierda, han contribuido a revalorar la democracia, la pluralidad surgida de las repúblicas parlamentarias. Entre otros complejos fenómenos económicos, políticos, culturales y tecnológicos, esas ideas contribuyeron al desmontaje del siniestro laberinto del orden burocrático y policiaco construido por Stalin y sus secuaces. También es cierto que muchos hombres y mujeres de izquierdas (que no han capitulado para subirse al carro ideológico del capitalismo aderezados con las salsas agrias del liberalismo o el neoliberalismo), hoy en minoría, contra la corriente, en una atmósfera triunfalista, grotesca, creada por los señores del capital, han decidido no zambullirse en lo que Marx llamó "las aguas heladas del cálculo egoísta" de un sistema basado en la explotación y la depredación, que está acabando con la dignidad humana, la libertad, la justicia y con el planeta donde (al fin terrícolas) asisitmos, azorados, al espectáculo donde "todo lo sólido se desvanece en el aire".

Usted, estimado Octavio, no ha sido radical, incisivo, contundente con la crítica al capitalismo, como lo ha sido contra el burocratismo seudosocialista: se queda en el análisis del raspón en la epidermis y no penetra, no explora los tumores cancerosos de un organismo al que usted diagnostica como esencialmente sano. Receta una pomada cuando ni la cirugía mayor puede remediar el mal que pudre todos los órganos vitales del cuerpo del Capital. Como al totalitarismo estaliniano, al capitalismo también le llegará la hora de su colapso. ¿Cuándo? Bueno, esa es materia para las fantasías de los profetas, los magos y los futurólogos que surgen y se multiplican cada fin de milenio. No creo equivocarme si digo que usted, con toda su sensibilidad e imaginación de poeta (debo decirle que desde mi adolescencia soy lector atento de su poesía y reconzoco que ha sido esencial en mi formación literaria), su amplia cultura y su pasión por la crítica, no va al centro de los problemas que afectan dramáticamente al nuevo orden (¿o desorden nuevo?) en el que dominan los barones del Dólar, del Marco y del Yen: se queda en la periferia, no va al fondo, su crítica es tan leve como leve era la preocupación por la guerra y el reclamo que –según Bertolt Brecht- hacía aquel tendero alemán a los militaristas hitlerianos: temía que en un momento dado las bombas de la aviación enemiga destrozaran los cristales de SU tienda. Lo demás: el fanatismo, los campos de concentración y exterminio, la locura asesina de los nazis, le tenían sin cuidado. Sin duda exagero con el símil (usted no tiene mentalidad de tendero y menos simpatiza con la ultraderecha), pero tenía ganas de decirle esto.

Publico estas líneas, don Octavio, porque he decidido asumir la responsabilidad del que provoca, ejerce y defiende la crítica, el debate de ideas. Soy consciente de ser un escritor incómodo que causa reacciones a diestra y siniestra, es decir: de las izquierdas dogmáticas y oportunistas (hundidos en la cultura priista, estatólatras, debido a un raro fenómeno ideológico y a la vez psicológico); y de las derechas, en sus versiones que van del Opus Dei y Provida, al panismo conservador y cínico que usted y el historiador Enrique Krauze consideran esencialmente democrático, al posmodernismo primermundista, hasta el priismo autoritario y dedólatra. Claro, no soy un curioso francotirador que se cree apolítico. No: me defino socialista, democrático, libertario, aderezado con yerbas anarquistas, condimentos iconoclastas y sabrosas salsas humorísticas. En suma: Soy un libertario convencido de que fue bueno el derrumbe del Imperio de la URSS, aunque debo decir que me dan risa Yeltsin y sus secuaces, demócratas y libremercadólogos de última hora. Estoy convencido, también, que el Imperio norteamericano y el capitalismo no tienen salida: sus contradicciones son insalvables. ¿Cuándo surgirá el Gorbachov del Imperio de la Mac Donalds, la Coca Cola y el dólar?. Qué fantasiosa y oportunista idea del "fin de la historia", el "fin de las ideologías", el triunfo del capitalismo hasta el final de los tiempos (¿se refiere al apocalipsis?), predicaba no hace muchos meses, Francis Fukuyama, el ideólogo del neoliberalismo capitalista, en su libelo precursor de la estandarización cultural y política del mundo a partir del American Way of Life. Tal vez surja –ojalá- un socialismo democrático, creativo, que respete la libertad del individuo, sensible a los graves problemas de las naciones y los ciudadanos del mundo, capaz de recuperar los enormes logros del capitalismo, y de poner en práctica la utopía marxiana. ¿Será cierto que en nuestra época –como han dicho Charles de Gaulle y Louis Althusser- "El futuro dura mucho tiempo"?

Paso a otro asunto, don Octavio.

Me gusta el teatro. Me apasiona el teatro... pero en el escenario. He leído con placer los usos que usted hace de la metáfora teatral. En su libro Pequeña Crónica de Grandes Días, abundan. En primer lugar las líneas que dan pie al epígrafe de esta carta. Encontré también: "... como si se tratase de una tempestad de teatro...", "...teatro de propagandistas y demagogos...", "... la historia es un teatro fantástico: las derrotas se vuelven victorias...", "... nuestras conciencias son también el teatro de los conflictos y desastres de este fin de siglo...", "...el teatro de nuestros actos y pensamientos se desmorona continuamente...", "...desde la Independencia la América Latina ha sido el teatro de incontables experimentos políticos...".

De estas frases suyas retomo la del "teatro del propagandistas y demagogos", para decirle, simplemente, que es una pena que venga a Monterrey, casi secuestrado, en exclusiva para la Familia Tec (así se hacen llamar, en un arrebato propio del sentimentalismo Kitsch). Es dudoso que en la familia 2200 (es, aproximadamente, el número de butacas en la sala del Teatro Elizondo) de sus miembros estén realmente interesados en escuchar sus ideas en torno a El Laberinto de la Soledad, digo dudoso porque el vocero del Clan ha dicho que la Familia también la forman empleados, mozos, secretarias, y que ellos quieren acudir a su conferencia seguramente no para oír lo que usted dirá, don Octavio, sino a verlo, simplemente a verlo en persona para constatar si es parecido al que sale en la televisión. Seguro, que muchas personas que pertenecen a la Family Tec jamás han oído su nombre o no lo ubican como el gran escritor mexicano que es usted.

Pero eso no es todo. El arquitecto y poeta Alfonso Reyes Martínez, en un arrebato voyeurista y de amor por las multitudes, ha declarado a la prensa: "Octavio Paz no viene desde la Escuela de Verano de la Universidad en los años 50, creo que ahora que es un intelectual de primer orden debe verlo más gente". Para verlo a usted seguramente el poeta estaba pensando en el estadio de los Rayados del Monterrey, o en el estadio de los Tigres de la UNL. Tal vez en el parque de beisbol.

La verdad es que a pocos, muy pocos, les interesa escucharlo, intercambiar ideas o abrir un debate en torno a su libro, a las ideas que sobre México y los mexicanos sustentaba usted en 1950, y las que, al paso del tiempo que todo lo corroe y transforma, sustenta en este México de gobernantes autoritarios y gobernados rebeldes y contestones.

Es triste decirlo, pero a usted lo han traído a la celebración del Cincuentenario del Tecnológico para exhibirlo, no para escucharlo. Quieren que la Family lo vea en vivo y a todo color, y montan, con mucho humor involuntario y no pocas situaciones absurdas, un "teatro de propagandistas y demagogos". ¿No cree usted que estamos asistiendo, una vez más, (Televisa lo hace todos los días) a una obvia y burda manipulación de su imagen? ¿No cree usted que a la Family (salvo honrosísimas y no pocas excepciones, hay que decirlo) le vale gorro Ladera Este, Estación Violenta, Las trampas de la fe, El Ogro Filantrópico, y sus posiciones como intelectual crítico? Hay en todo esto un hecho evidente: usted es un famoso, un Premio Nobel, un personaje que hará lucir el Cincuentenario del Tecnológico de Monterrey.

Son las leyes del mercado capitalista y los usos de la cultura en la era de la imagen, de la cosificación, en la sociedad del espectáculo global. Importan las obras artísticas e intelectuales sólo en calidad de objetos para la compra-venta. Y lo peor: esta lógica implacable convierte a los artistas y los intelectuales en figurines despojados de su valor cultural y de la práctica política que como ciudadanos ejercen.

Así, los manipuladores de imágenes, sin pudor pero con mucha liviandad -diría nuestro querido amigo Carlos Monsiváis-, emparejan a los artistas e intelectuales con los astros del futbol, con las estrellas de la canción de moda, con los campeones del box, los políticos exitosos y carismáticos, los hombres más ricos del país, y en el descuido hasta con los célebres Capos del narcotráfico.

Creo, estimado Octavio, que eso es justamente lo que los imagólogos de la televisión privada han hecho con su figura y con sus ideas. No hay duda que la difusión de su conferencia a la Family Tec ha sido tratada con esa mentalidad. Ellos piensan: Octavio Paz es una personalidad, un escritor Premio Nobel conocido internacionalmente, crítico de las izquierdas, ergo: Octavio Paz es uno de los nuestros, una imagen que vende. Sobra decir que con ese formato cultural, la crítica, el diálogo, el debate, no existen; y cuando tratan de abrirse paso entra la multitud fascinada con el culto al Personaje, los moderadores: filtran, manipulan, censuran, es decir: atajan las palabras que empeñan la imagen; los movimientos y tonos que subvierten el orden; las ideas que provocan pensamientos y agitan a los presentes. Difunden profusamente los chismes y escaramuzas entre los escritores e intelectuales, pero no abren al debate y la información a la Familia y sus clientes, por ejemplo, a lo que dice usted en su libro Posdata y la razón moral y política de su renuncia a la embajada mexicana en la India los días posteriores a la matanza de estudiantes y ciudadanos en la plaza de Tlaltelolco el 2 de octubre. Los imagólogos del poder prefieren sociedades idólatras y desinformadas. Entonces, no es de extrañarse que deseen convertirlo en Ídolo Nacional de la Literatura y la Ideología, en el Presidente Eterno de la República de las Letras Mexicanas. Usted lo ha dicho: son "Grandes Especialistas en el Arte de la Beatificación y Momificación".

Carl Bernstein, el periodista que con Bob Woodward destapó el caño del Caso Watergate y publicó el libro All the President's Men, a propósito de los medios informativos estadounidenses (yo agregaría a las instituciones educativas y culturales) ha escrito en su ensayo La Cultura Idiota (Nexos no. 177. Sep-1992): "Cuando cubren la vida real, los medios -semanalmente, cada día y cada hora- abren nuevo terreno a la malinformación. La cobertura está alterada por el culto a la celebridad; por la reducción de las noticias en beneficio del chismorreo, que es la forma más baja de la noticia; por el sensacionalismo que es siempre un alejamiento del estado verdadero de una sociedad; y por un discurso político y social que nosotros –la prensa, los medios, los políticos y la gente- estamos convirtiendo en una cloaca (...) Estamos en vías de crear, en suma, lo que merece bautizarse como la cultura idiota. No una subcultura idiota, que bulle bajo la superficie de todas las sociedades y que proporciona una diversión inofensiva, sino la cultura misma. Por primera vez en nuestra historia, lo desaforado, lo estúpido y lo vulgar se están convirtiendo en nuestra norma cultural, incluso en nuestro ideal de cultura (...) Las fallas de la prensa han contribuido inmensamente al surgimiento de una nación de show dialogado en la que el discurso público se limita al desvarío, al delirio y a la pose (...) La realidad es que hoy los medios de comunicación son probablemente la más poderosa de todas nuestras instituciones; y están dilapidando su poder y haciendo a un lado su obligación. Ellos –más exactamente nosotros- hemos abdicado a nuestra responsabilidad y la consecuencia de nuestra abdicación es el espectáculo, y el triunfo, de la cultura idiota".

Salvando las diferencias (después de todo allá se dicen primermundistas), la crítica de Bernstein dice mucho acerca de la mayoría de nuestros medios de comunicación e instituciones de educación y cultura. Usted debe saber, don Octavio, que Monterrey es la ciudad latinoamericana que más imita a Gringolandia. Muchísimos de sus ciudadanos que les encanta llamarse Regios, de clase media para arriba, sueñan con que la otrora ciudad conocida como la Sultana del Norte se parezca a San Antonio, Houston o Dallas,Texas.

Otro asunto que no quiero pasar por alto es el que tiene relación con mi opinión sobre la polémica Vuelta-Nexos. Creo que esa polémica estuvo (y está, potencialmente) centrada en los intereses de intelectuales más o menos distantes, pero siempre en la órbita del poder: unos, bajo la mirada todopoderosa del Ojo Filantrópico del Príncipe; otros, bajo la tutela mercantilista del Ojo Electrónico y el dinero privado del Dueño. La cuestión es que ambos, en las condiciones actuales de México, representan, simbolizan, al Padre Padrone despótico.

Al respecto, recientemente, en abril de este mismo año, como lo hago con usted ahora, escribí una carta pública a Carlos Fuentes en la que le decía: "En estos días, en otro contexto internacional y otro México muy distintos, en otro panorama intelectual y literario (República de las Letras, diría José Agustín), sus críticos –Digamos Enrique Krauze, Octavio Paz y los escritores que se agrupan en la revista Vuelta- ¿respiran por la herida y sus críticas son chicas o miserablemente locales, como usted lo ha afirmado? Pienso que su posición, como las de los escritores que organizaron el Coloquio de Invierno, chocan con las del grupo Vuelta, difieren no sólo en torno a los conceptos democracia, neoliberalismo, libre mercado, justicia, identidad nacional, modernidad, sociedad civil, socialismo, libertad... Creo que es una batalla por el control de las instituciones oficiales de cultura, batalla que se define entre los Dueños y sus Gerentes (con el tigre Azcárraga a la cabeza) y los intereses del Estado-gobierno-priismo. Ambos poderes se mimetizan, se confunden tanto que hasta intercambian los papeles principales (como en las obras teatrales de Luigi Pirandello).

En fin. Pienso, Carlos, que aún con los matices, individualidades y diferencias que existen en ambos bandos (Nexos y Vuelta), en el fondo no es más que pleito de familia, una muestra clara de que los intelectuales mexicanos no se mueven con la libertad necesaria para enfrentar al Dueño y al Príncipe, en un solo movimiento y discurso crítico, es decir: a los intereses de los empresarios de la última cena (la de la charola para financiar las campañas del PRI), y a los intereses de sus amigos en el poder: los tecnócratas y los dinosaurios adoradores del ancestral Dios Dedo".

Como puede ver, don Octavio, aunque usted y yo no tenemos la misma visión sobre las izquierdas post Muro de Berlín y disolución de la URSS (reitero: no todas las izquierdas mexicanas, lationamericanas o internacionales fueron, o son, estalinistas, neoestalinistas o dogmáticas), sí coincidimos en la crítica radical al burocratismo autoritario seudomarxista que en nombre del socialismo real cometió crímenes y difundió mentiras injustificables. No coincidimos en la visión que tenemos del México actual, del neoliberalismo, la idea de democracia y el papel de los escritores e intelectuales en esta hora de definiciones y compromisos que anuncian un orden neoliberal peor que el que conocemos ahora, que va rumbo a la debacle planetaria.

Termino esta carta.

Un saludo afectuoso y ¡Bienvenido a Monterrey!

Agosto 23 de 1993. Monterrey, Nuevo León. México

P.D. ¿Tiene usted tiempo, y ganas, como para un encuentro, un diálogo abierto, con los escritores e intelectuales regiomontanos? Si acepta, sugiero a sus anfitriones lo organicen en un espacio público, propiedad de los ciudadanos nuevoleoneses. Puede ser la Sala Experimental del Teatro de la Ciudad, la Casa de la Cultura, la Biblioteca Central o un auditorio de la Universidad de Nuevo León. Sería un acto de diálogo, reflexión y debate, no un acto masivo y propaganístico.

NOTA: Esta carta la entregué para su publicación, primero, al periódico El Porvenir, donde soy colaborador desde 1986 a la fecha; No aceptaron publicarla. Luego, al periódico El Norte, donde fui colaborador con artículos, críticas teatrales y ensayos, de 1983 a 1986. Ambos periódicos la rechazaron con el socorrido argumento ¿Periodístico?: "Falta de espacio", "Exceso de anuncios publicitarios". La cruda verdad es que el Tecnológico de Monterrey es una institución propiedad de los grandes empresarios regiomontanos, intocable mediaticamente, que representa el conservadurismo educativo y cultural hegemónico en el estado de Nuevo León.

(Imagen tomada de Internet / Derechos reservados por el autor)

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