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La poesía de Federico García Lorca (1898–1936) se alimenta de la savia obtenida de la tradición del arte popular y de la increíble fantasía que tiene sus raíces en el espacio gitano, en la esencia gitana. Estos manantiales de tradición española en su total pureza son las columnas inamovibles que sostienen una obra poética caracterizada por la unicidad, la frescura, la brillantez y la profundidad, a través de la cual el Gran Genio de la pluma que canta y baila, refleja un auténtico amor por esa tierra de cuyas entrañas surge para coger estrellas, un amor fraterno por esa gente que al intentar callarlo lo inmortaliza en los espacios de la voz poética.

La poesía del García Lorca contiene una serie de elementos que aparecen con cierta frecuencia premeditada, -de ningún modo arbitraria-, creando un sistema rico y propicio para el análisis poético: el mar, la luna, la muerte, el gitano, el tiempo (abordado con frecuencia en horas específicas), entre otros.

De cada elemento, los artistas de la pluma del mundo y los que vienen, podrían crear obras suficientes heterogéneas entre sí, porque cada mente es diversa, porque cada hombre interpreta los secretos cosmogónicos desde su perspectiva personal de observación y senderos de experiencia.

Uno de los elementos de gran importancia por su efecto y por su constancia simbólica en la poética de García Lorca es la distancia. A lo largo y ancho de su producción poética, García Lorca aduce a la distancia desde distintos enfoques y momentos, lo cual me hace pensar en una distancia con diversos planos y múltiples presentaciones. El crítico Ricardo Gullón, define en concreción dos manifestaciones de distancia que él aprecia en los múltiples laberintos de la poesía:

La distancia es "la separación entre dos puntos u objetos situados en el espacio o en el tiempo; la palabra sirve también para indicar la actitud con que nos enfrentamos a lo que está fuera de nosotros –personas, objetos, fenómenos– y en este supuesto se refiere más a lo espiritual que a lo material." (1)

De esta apreciación, es posible (y factible por necesidad) determinar que la distancia poética –es decir, la distancia aludida en el género poético, en general y en el de García Lorca, en particular– puede ser distancia afectiva o distancia física. Sería prudente, por otra parte, afirmar que entre ambas distancias existe una intrínseca conjugación de pertenencia, de correspondencia indispensable, un lazo indisoluble que las lleva de la mano a una absoluta relación de causa–efecto. Algunos textos presentados a continuación confirman lo expuesto. En "La balada del agua del mar", el poeta nos dice:

El mar

sonríe a lo lejos.

Dientes de espuma,

labios de cielo. (2)

El mar está fuera de las manos del poeta. No está a su alcance. Es una distancia de kilómetros interpuestos, ya que la nostalgia de evocación justifica la afirmación sobre la existencia de distancia física. Esa distancia no permite al poeta palpar las aguas saladas del inmenso mar. Sin embargo, esa distancia física no le impide tener acceso a imágenes azules y pretéritas, presenciadas de manera ojos–frente–al–agua, no sólo aguas vistas sino tocadas con los ojos. Porque ese espíritu nostálgico de belleza representativa de ese mar que sonríe, que tiene dientes de espuma y labios de cielo está tiritando como luz intermitente en cada ángulo conocido o desconocido del poema.

En algunos poemas de su Romancero Gitano (1928) la distancia es también un elemento que sugiere un sistema; es un vaticinio, la distancia es augurio de lo que no está muy lejos y así se muestra en el "Romance de la luna, luna":

Cuando vengan los gitanos,

te encontrarán sobre el yunque

con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,

que ya siento sus caballos. (3)

Aquí la distancia física es deseo desesperado y desesperante, es afán perenne de realización, es búsqueda continua de libertad no sólo externa sino interna. En el poema, poner tierra de por medio es la solución a lo que está por venir, la distancia física es una necesidad urgente para escapar de la muerte. Para el poeta, la distancia no es sólo dolor y suplicio que provoca la ausencia, martirio o calvario que provoca la ausencia, sino un elemento efectivo y total de contundente seguridad y supervivencia que permiten al ser humano el encuentro con la paz.

El presagio no ya es un presagio. Es una realidad que se observa en cada detalle frente a los ojos del hombre. El trasfondo socio–político en algunos poemas de García Lorca es un grito colectivo donde la sed tremenda de justicia anhela ser saciada. Alguien debe ser el portavoz de ese grito colectivo. Mientras que en unos poemas la distancia física es un elemento que tiende a evadirse, evitarse a cualquier precio, en otros poemas es una necesidad de existencia. Cuando la distancia física toque las orlas de la caducidad, el suplicio será expulsado para que gobierne al mundo:

A lo lejos ya viene la gangrena

a las cinco de la tarde. (4)

En el poema "La cogida y la muerte", la reiteración es un recurso estilístico en donde la fuerza del poema se concentra, en donde la intención primaria del poeta radica:

A las cinco de la tarde.

¡Ay qué terribles cinco de la tarde! (5)

Por lo tanto, la distancia física no es el elemento más destacado. Sin embargo, esa convicción de denominar "gangrena" –lo indeseable, lo que debe extirparse para evitar la expansión del mal– a lo que está por venir nos da la firme impresión de que no es bien venido lo que venga. De esta manera, la distancia física es una solución absoluta para lo no deseado.

Es frecuente apreciar ambas distancias en una misma obra. Una distancia física que poco a poco se transforma en afectiva o una distancia afectiva que se transforma en física. A veces, distancias cogidas de la mano. Otras, distancia distante de otra. Siempre distancias que inician y terminan en puntos intangibles porque sólo las determina el poeta.

Compadre, vengo sangrando,

desde los puertos de Cabra. (...)

Pero yo ya no soy yo.

Ni mi casa es ya mi casa. (6)

En "Romance Sonámbulo", del libro Romancero Gitano, la distancia física es utilizada por el poeta para expresar el sufrimiento padecido durante cierto tiempo. A veces los males se recrudecen por la distancia física y es aquí donde la distancia también se involucra con el tiempo, es aquí donde una distancia enorme equivale a un largo tiempo. Hay muchos kilómetros en el trayecto recorrido, es una distancia considerable; y durante el traslado de un punto a otro el sufrimiento es intenso (vengo sangrando...). Por otra parte, la distancia afectiva se manifiesta en el poema: Pero yo ya no soy yo./ Ni mi casa es ya mi casa. (Su cuerpo no forma parte ya de su yo existencial.) Esa pérdida de identidad engendra una distancia tremenda entre dos puntos que al pie de la letra están juntos. Se puede hablar de una distancia enorme entre España y México. Pero es posible afirmar que al hablar de ausencia de identidad, la distancia física entre dos continentes no es superior a la distancia afectiva que se manifiesta en "Romance Sonámbulo." En algunos casos, una distancia lleva a la otra, como en el caso de "Aire de nocturno":

Te puse collares

con gemas de aurora.

¿Por qué me abandonas

en este camino?

Si te vas muy lejos,

mi pájaro llora

y la verde viña

no dará su vino. (7)

La distancia física para "él" –quien habla– es una consecuencia inexorable de la distancia afectiva que se manifiesta en "ella" –a quien se le habla–. Se aduce al abandono tras momentos sutiles de amor (en "él") y de erotismo pero en ningún instante se aprecia correspondencia (en "ella"). Se habla de interponer distancia física porque la afectiva ya existía en "ella".

La distancia afectiva predomina en "Poeta en Nueva York". La nostalgia, la noche, el recuerdo, la cavilación son elementos frecuentes y todos ellos relacionados con la distancia afectiva. En "Balada triste", la remembranza de los días lejanos logra superar barreras que construyen la distancia física o tal vez el tiempo. Aquí podríamos hablar de una cercanía afectiva:

¡Qué tristeza tan seria me da sombra!

Niños buenos del prado,

cómo recuerda dulce el corazón

los días ya lejanos...

¿Quién será la que corta los claveles

y las rosas de mayo? (8)

El recuerdo es la herramienta que puede utilizarse para acercar los elementos lejanos y las experiencias ya idas. Y a pesar de que algunas dudas lo asaltan (¿Quién será la que corta los claveles / y las rosas de mayo?) debido a la distancia física entre el poeta y el espacio evocado, la cercanía afectiva es más poderosa.

Para García Lorca, poner distancia física como posible solución al problema no logra más que la creación de una cercanía afectiva. Es decir, el temor florece en aquel que huye del temor.

Huyendo del sonido

eres sonido mismo,

espectro de armonía,

humo de grito y canto. (9)

En "Elegía del silencio", el poeta le habla al silencio. ¿Es posible que el silencio presuma de sonido? El poeta lo afirma, y enuncia que deseando el silencio interponer distancia física ante el sonido, no se logra otra cosa más que la fusión total de ambos. Hay ocasiones en que el hombre intenta poner distancia física entre él y sus temores –que son como fauces que buscan el momento oportuno para morder. Sin embargo, el huir de ellos sólo conduce a fortalecer los lazos entre ambos elementos. Y aquí se comprueba aquello de que una distancia lleva a otra que insiste en no ser.

En el poema "Romance Sonámbulo", la distancia afectiva que "ella" muestra es involuntaria. García Lorca propone la existencia de tal distancia en ocasiones no planeada, no premeditada. Y esta distancia es negativa, porque daña el estado anímico de la persona. Sin embargo, diversas circunstancias –como pérdida de un ser querido, abandono, fin de una relación amorosa– postran al ser humano ante una situación en donde la distancia afectiva deja crecer sus raíces:

Verde que te quiero verde.

Bajo la luna gitana,

las cosas la están mirando

y ella no puede mirarlas. (10)

En ciertas ocasiones, la distancia física es posible solución a la problemática planteada en el poema. Asimismo, la distancia afectiva puede también funcionar de tal manera, es decir, como remedio. En "La casada infiel", el poeta considera a la mentira como causa, como punto de origen para emprender una distancia afectiva –y física– y, de esta manera, evadirse del grave problema, logrando de este modo libertarse de peligrosas inminencias –el enamoramiento, por ejemplo– que conducen hacia praderas de la nada:

Le regalé un costurero

grande de raso pajizo,

y no quise enamorarme

porque teniendo marido

me dijo que era mozuela

cuando la llevaba al río. (11)

Ambas distancias –física y afectiva– poseen características propias, ciertos elementos independientes que las distinguen entre sí. Sin embargo, la función de una sobre la otra en la poesía es tan paralela que por momentos podría pensarse que ambas distancias son homogéneas.

Notas

1. Gullón, Ricardo. Una poética para Antonio Machado, p. 183.

2. García Lorca, Federico. Poesías Completas, p. 93.

3. Idem, pág. 317.

4. Idem, pág. 459.

5, Idem, pág. 459.

6. Idem, pág. 322.

7. Idem, pág. 116.

8. Idem, pág. 25.

9. Idem, pág. 53.10. Idem, pág. 322.

10. Idem, pág. 326.

11. Idem, pág. 326.

Bibliografía:

García Lorca, Federico. Poesías Completas. Editores Mexicanos Unidos. México, 1999.

Varela–Ibarra, José L. Dr. La Poesía de Alfonso Cortés. Universidad Autónoma de Nicar

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