Escrito por Guillermo Meléndez Martes 31 de Enero de 2012 12:46

NOSOTROS, LOS DE SIEMPRE
Cuando caiga la nieve en el país pulgarcito
de Roque Dalton, y en la patria pantagruel
de María Bethania los osos blancos
cohabiten con los pingüinos de Pernambuco.
Entonces, seré otra vez el pollito que después
de la curda quiere dormir y su catre se convierte
en velero a merced de la tormenta, y vomitaré
como castigo por exceder el límite de libaciones
que Dionisos impone a sus discípulos novatos.
Cuando vuelvan las oscuras golondrinas
que aprendieron el nombre de Bécquer y Julia
mientras gozaban del verano andaluz;
nosotros, los de entonces, contradiciendo a Neruda,
seremos los mismos: mis compañeros de salón
amarán a los Beatles, yo seré un estudiante gris
y la Rainha Chrisy, devota de Rosa de Luxemburgo,
como en el 68, otra vez, mentará la madre
a los espectadores que abucheando no la dejan
terminar el discurso con el que participa
en el torneo de oratoria de la Escuela de Leyes.
Cuando las Náyades agazapadas entre los matorrales
chisten a los viandantes que cruzan el Santa Catarina
y a Sarita Montiel le otorguen el Nobel de la Paz;
yo, el de siempre, un poco más pelícano,
un poco menos trucha, bailaré con Cenicienta el twist
que dejamos inconcluso cuando me dejó
en medio de la pista al darse cuenta que yo no era
el príncipe recomendado por su tía alcahueta.
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