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En La "Jornada" del 10 de diciembre apareció una crónica bien hecha sobre un encuentro en el CEIICH de la UNAM, en que participaron estudiosos mexicanos y de otros países precisamente sobre la actualidad de Marx.

Desafortunadamente mi precaria condición motora me impidió asistir al evento, y entonces redacto unas líneas sobre el tema (más que sobre el reporte de La Jornada), exponiendo algunas ideas que me suscita la cuestión, seguramente algunas de ellas ya expuestas en el encuentro, lo que resulta secundario dada la importancia decisiva del tema.

En diferentes ocasiones de la historia se ha dado por terminada la vigencia de Marx —se ha dado por "muerto" el marxismo—argumentando que sus diagnósticos habían errado esencialmente y que no había ninguna indicación que nos hiciera pensar en su actualidad teórica y política. El triunfo del capitalismo en las dos guerras mundiales le otorgaban al sistema un poder no visto en todo la historia humana, aún cuando la URSS, el gran país socialista del momento, se halló también del lado de los triunfadores en la Segunda Guerra y desempeñó después la contraparte del poderío de Estados Unidos, durante los años de la guerra fría.

Por lo demás el surgimiento de la enorme China Comunista pareció otorgarle al llamado campo socialista una superioridad difícil de romper.

En aquellos años, no obstante la capacidad de las potencias, ambas sufrieron altas y bajas que parecían poner en entredicho su solidez. Seré brevísimo: las oposiciones a la autoridad del Kremlin que hubiera querido ser omnímoda (Berlínn, Budapest, Praga, Pekín) y tal vez, sobre todo, la conversión del régimen en una gerontocracia sin imaginación (con la excepción de Gorvachov) y en lo teórico su cambio a un dogmatismo estrecho que convirtió las sofisticadas elaboraciones teóricas de Marx en una serie de principios elementales incapaces de dar cuenta de las transformaciones del mundo.

Aunque debe precisarse que el marxismo doctrinario tuvo su principal origen en el estalinismo, y que fue uno de los fundamentos del totalitarismo en la Unión Soviética, de la conversión de sistema en una dictadura despiadada.

La ausencia de democracia en el régimen soviético, sumada a los factores mencionados antes, condujeron a una crisispolítica de tal magnitud que, a la postre, dio lugar a la caída del muro de Berlín y después del conjunto de los países del "socialismo realmente existente".

El desarrollo del capitalismo, no obstante su poderío incontestable al finalizar la Segunda Guerra, y en buena medida por las contradicciones internas ya señaladas por Marx y los marxistas desde el siglo XVIII, se presentó como un régimen político y económico inestable y condenado a pasar por graves situaciones autodestructivas. Las guerras mundiales y las guerras coloniales, y sobretodo las crisis que condujeron a fabulosas pérdidas económicas, con el severo empobrecimiento de amplias capas de la población mundial, son algunas de sus consecuencias más arrasadoras de tales crisis.

La crisis de 1929 y la Segunda Guerra mundial, y después las guerras de Vietnam y otras conflagraciones armadas, son consecuencias directas de esas crisis, que han golpeado duramente los fundamentos del capitalismo hasta llegar, para ser breves, a la crisis financiera mundial de los años

2008-2009, que lo mismo se ha expresado en Estados Unidos que en Europa y que ha afectará, por largo tiempo, a la mayoría de la población de la tierra.

Vale la pena insistir en que la matriz de tales crisis se encuentra en la especulación financiera, en la que son los pocos, precisamente el puñado de gentes (corporaciones y empresas bancarias), que manejan las finanzas en las economías más fuertes, que encuentran las condiciones precisamente para especular y ganar abusivamente y que, sin importar las consecuencias generales, han convertido a la economía capitalista en una economía de casino y especulación como mejor forma de hacer riqueza, empobreciendo a las mayorías y hundiéndolas en la miseria. El capitalismo de casino ha sido una

de las consecuencias más negras de este capitalismo sin freno, desregulado y en manos de los especuladores que realizan sus ganancias al margen de la producción de bienes y servicios.

En esta situación, prevista por Marx y sus seguidores, nada más natural que el fantasma de Marx 'vuelva a recorrer el mundo". La explicación teórica del comportamiento del capitalismo hoy se encuentra en los análisis del marxismo, y su solución se aproxima a los planteamientos del propio sistema.

Con solución no en la mecánica de un partido político de profesionales o en la revolución armada (como quería Lenin), sino más en consonancia con las tesis de una revolución intelectual capaz de conquistar a las mayorías, como quería Gramsci, que haga posible una serie de transformaciones radicales con base en las nuevas hegemonías que comprendan a los intelectuales (revolucionarios) y a las mayorías populares afines.

¿Cómo se logran los cambios revolucionarios, se pregunta Gramsci? Cuando las hegemonías sociales se convierten en bloques históricos, y "el momento revolucionario" aparece, según Gramsci, a nivel de superestructura política, cultural, ideal, moral, y llega a su estructura económica, o sea comprendiendo a todo el bloque histórico (el conglomerado de la estructura y de la superestructura, las relaciones sociales de producción y sus reflejos ideológicos).

Aquí se abre un abanico de consideraciones que se alejan del marxismo dogmático y que confirmarían la vigencia y presencia del marxismo, como una vía del pensamiento y de la acción para superar las crisis por las que atraviesa la sociedad actual.

La Jornada.

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