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Aquellos que no saben soñar lo imposible no alcanzan y tampoco obtienen aquello que es posible obtener.
Antonio Labriola ,filósofo político italiano.
Una de las muchas cualidades de la Revista Pantagruélica es la de reconsiderar la cuestión: Pensar la cultura, pensar la Realidad.
No siempre ha estado claro que se entiende por cultura y realidad, especie de confusión no exclusiva de ciudadanos en nuestra ciudad, al menos en muchas otras partes del mundo tendrán sus perspectivas diferentes unas abiertas y otras estrechas en menor o mayor grado.
La iniciativa Pantagruélica al recuperar este horizonte de visibilidad intenta socializar un conocimiento de formas de pensar claves para una nueva reorientacion de la cultura y de la intervención en la realidad. Así se ha evitado caer en el consabido cliché propagandístico tan común en los discursos oficiales de los promotores culturales como también en el pronunciamiento sobre abjuraciones nunca comprendidas en el medio cultural oficioso tradicionalista pero que son adoptadas sin menoscabo.
Sin embargo, con el fin de superar discusiones bizantinas hemos querido recuperar la cultura como la realidad-irrealidad misma, es decir: ambas expresan observaciones criticas serias y signos fundamentales y una expectativa de cultura abierta que se manifiesta como una fuerza productiva gigantesca y de la cual se reconocen muchas cualidades positivas en términos de una lectura multiparadigmática de sus expresiones. Entre ellas lo que se define cultura y sus formas variadas de contribución al encuentro de la sensibilidad social y al enfrentamiento de las ideas y de las culturas mismas, esta panorámica está representada no por lo que se diga de ambos conceptos sino por sus opciones políticas concretas que para los individuos de una determinada sociedad, como la nuestra, hace falta realizarlas.
Plantear así la cultura es señalar su importancia en las formas diversas de influir en la realidad en nuestra ciudad y en el país y por supuesto hacer que miles de personas logren ser protagonistas y dirigentes en la construcción de sus realidades en vez de ser sólo objetos de la historia de sus entornos socioculturales.
Por lo tanto subrayar la contribución que los trabajadores intelectuales han dado a la historia y a la cultura de ninguna manera significa rechazar la continua reflexión crítica del pasado aun cuando ésta reflexión signifique sobre todo mantener la memoria histórica y ser conscientes de la historicidad de lo real, esto es decisivo para establecer las coordenadas del presente y para continuar con más decisión en la renovación y el avance de los conocimientos científicos, culturales y sociopolíticos. Requerimientos necesarios en el avance del desarrollo y transformación cultural del devenir social.
Antes que nada es necesario estimular a las generaciones hacia el conocimiento y la actualización de los mayores resultados de las ciencias naturales, sociales y del hombre. Aunque los estatutos de las ciencias humanas, como se advierten por sus cultores más iluminados, están en continua transformación y aunque nos encontremos frente a una sobreabundancia de teorías, haber subvaluado y subvaluar el sentido general de estos estudios fue en el pasado y sería hoy una forma de ceguera para los fines de la elaboración política y de la investigación científica.
En efecto, se observa que grandes movimientos culturales de masas, como también expresiones de grupos culturales y científicos, han encontrado elementos significativos de agregación democrática partiendo precisamente de algunas elaboraciones provenientes de esta área del saber, la cual ha demostrado así en la realidad social su efectividad a la hora de sacar a la luz problemas ignorados u ocultos, de manera de constituirse como forma teórica inspiradora de acción social de lucha. Pensemos en la cuestión femenina y en la contribución que ha dado al movimiento de las mujeres sobre la reflexión de la separación entre la esfera de lo que aparecía completamente aislable como hecho individual y social o la esfera de lo que parecía separable como perteneciente a lo público y a lo privado y no solamente el caso de la lucha de las mujeres sino también la lucha de las minorías: indígenas, inmigrantes, homosexuales, enfermos, ancianos, y otros grupos sociales que han aportado signos de formas culturales de su presencia en la sociedad.
Sin embargo, se trata de comprender a tiempo las modificaciones que suceden en la sociedad con el pasar de las generaciones, conocer el camino rápido de la composición y recomposición de clase, saber qué cosa está cambiando en los gustos, en las costumbres, en las maneras de pensar, en los sentimientos de la gente, qué factores culturales determinan a los grupos sociales que se orienten en una dirección y no otra.
En este esfuerzo partimos hoy día en posiciones nuevas. El subrayar los aspectos laicos y libertarios (como muchos lectores han observado en los artículos publicados en Pantagruélica y han sido ellos quienes nos han puesto dicha referencia) que contemporizan con una multiplicidad de posiciones como siempre ha sucedido; lo nuevo es la separación más amplia de posiciones de búsqueda de comparaciones teóricas y culturales, de investigaciones y análisis sobre el mundo en el cual vivimos y sobre las categorías del pensamiento que hemos usado y usamos.
La recuperación de las formas culturales laicas y libertarias no significa de ninguna manera agnosticismo o indiferencia por las ideas. Por el contrario, significa la recuperación de formas de abordaje distintas hasta hoy empleadas por el discurso oficialista de la cultura deformada por las vanidades que brinda el poder.
La dimensión multiparadigmática conceptual de la cultura y de la realidad no pueden entenderse sino a través del comportamiento y la lectura de las variables del desarrollo social y económico como de su expresión democrática alcanzada por sus ciudadanos, donde la nuestra no es la sociedad avanzada y tampoco la que apenas inicia. De ahí que el activismo está en una posición intermedia entre la órbita positivista y los naturalistas.
Evitar que la revista se constituya en cátedra de verdad implica que continuamente nos midamos con la complejidad de la elababoracion que viene producida por los más diversos espacios de producción cultural y de posiciones políticas. Esto implica pasión por las ideas, una confrontación cultural y política amplia y franca y también mayor tensión ideal moral de la necesaria si se suponen acríticas las certezas absolutas.
Lo peor que le puede suceder a un nicho que pretende constituirse como cátedra de generación de conocimientos culturales y de investigación científica es precisamente la falsificación y el maquillaje forzado sobre pedido de información que no corresponde a los marcos de referencia del consenso de los agentes sociales que intervienen en los procesos culturales y de investigación de la realidad.
Así, lo mediático fomentado por la decisión vertical de quienes se ostentan como representantes de la cultura se convierten en otro muro más de contención política, en bloque de ataduras mentales, en gehtto de parálisis cultural.
De ahí el interés entre quienes estén interesados en abrir un capitulo nuevo en la historia de nuestra ciudad y por lo tanto también del país. Sin embargo, hay que avanzar sobre la base de contenidos y propuestas por las cuales valga la pena batirse y que toquen el saneamiento de la vida pública, la renovación y la transformación de la sociedad y el Estado, el tipo y la finalidad del desarrollo. Queda claro que la alternativa democrática no puede ser el resultado de la obra de un solo partido y menos de los afanes de una revista como pantagruélica.
Desde el punto de vista de las ideas, el sobrevenir de la crisis cíclicas, el fin del mito de un desarrollo ininterrumpido y lineal, las profundas dificultades del Estado en todas sus versiones de siniestralidad, el descubrimiento de los limites físicos de los recursos y de los que han sido llamados "límites sociales" del desarrollo han determinado consecuencias contradictorias: pero de ellas llama la atención, en primer lugar, el resurgimiento de las ideologías conservadoras siempre agazapadas detrás de sus títeres.
El espantapájaros vuelve a resurgir de sus cenizas.
En efecto, nos encontramos frente a un intento de soluciones, no solamente moderadas, sino precisamente conservadoras y restauradoras que se presentan con una fuerte ambición de hegemonía cultural. Estas posiciones no se proponen como una corrección interna al modelo neoliberal hasta ahora aceptado en términos generales. Ellas quieren expresar la necesidad dinámica implícita en una amplia restauración capitalista reprochándole a las fuerzas progresistas y de izquierda su falta de "seriedad" dando un vuelco en las posiciones tradicionales: no al dinamismo y la innovación, sino a la estética del conservadurismo alrededor de una cultura vieja e inadecuada que reclama su lugar en una sociedad cambiante y que les provoca incertidumbres en sus bolsillos y en el reconocimiento social e ideológico de sus productos culturales.
Para dar un ejemplo: la disminución de los gastos sociales no es solamente justificada con las dificultades de balance, sino con una argumentación de teoría y moral, es decir; que el exceso de subvenciones afloja el carácter, de ahí que el elitismo se reproduzca incestuosamente, la falta de voluntad y la pérdida de predisposición al trabajo se hayan convertido en una alergia al mismo, se rompe la jerarquía vertical del mando cultural como una forma de saldar cuentas con el mito de la laboriosidad, el acento se pone sobre la exasperación de una ética individualista sectaria y maniqueista de grupos en el poder.
Ya se ven algunas consecuencias negativas del elitismo y falsa conciencia de los grupos culturales oficiales sin dar soluciones para los males económicos, tanto que inflación y recesión, desocupación y déficit publico se presentan juntos y enlazados. Es como el automóvil descompuesto y oculto en el garaje de atrás de la casa. Así, esas formas culturales de extracción vertical aparecen contradictorias por no decir agónicas.
En general, es necesario recordar que sería absurdo pensar en una reproducción mecánica de situaciones y actitudes mentales del pasado, esto porque cuando se hace por quienes buscan opciones de desarrollo cultural y social se equivocan en la toma de dirección horizontal y por supuesto también práctica y políticamente: porque la elevación desproporcionada de los hábitos de consumo y sus marcas comerciales que brindan un estatus social deformado, la dilatación de los conocimientos oportunos para el avance social, la difusión de la conciencia de los propios derechos, el constante cambio en las tecnologías, el impacto de las migraciones nacionales e internacionales, en todo caso han operado modificaciones radicales y positivas que exigen una validación consensual por parte de los grupos que representan la comunidad cultural y científica.
Sin embargo, el conjunto de estas realidades conviven con los fenómenos de fragmentación y disgregación social, determinadas por la manera de ser de la sociedad y del Estado, por las contradicciones no resueltas y por los signos negativos que provienen precisamente de quien dirige la Cosa Pública. La extensión de la violencia llega a ser ideología difundida e inconsciente y se presenta con los lenguajes y comportamientos cotidianos más impensables. La violencia de todo orden y tipo se asoma en los más variados aspectos y manifestaciones del vivir individual y social, a veces motivada por intereses mezquinos, a veces causada por ocasiones fútiles, a veces solamente en si misma.
La intensidad de las contradicciones sociales y culturales de las crisis económicas determinan oscilaciones en todas las áreas culturales, científicas y políticas frenando sus posibles desarrollos. Frente a las incertidumbres y a los descorazonamientos del presente, como primer punto es preciso mantener una cultura de paz, fundada en el conocimiento de la realidad y en la dramaticidad de los peligros, pero también en la conciencia histórica y en un sólido convencimiento moral.
Muchos correos que llegaron a mi persona como a la Revista Pantagruélica misma decían que los contenidos de todos los que escribimos en ella reflejan una posición crítica y a ellos les contestaba que no sólo era eso sino también nos considerábamos críticos y académicos libres -un concepto inusual nada común en una comunidad cultural y académica que cambia de piel como si cambiara de zapatos-, que no éramos de las izquierdas tradicionales sino de la izquierda libertaria y que no íbamos a detenernos en señalar los mecanismos de opresión social y cultural de las autoridades, de las instituciones que fuesen. Por ese camino que confirman nuestros lectores resulta que hemos llegado a una comprensión de nuestros objetivos: hacer una propuesta de critica a toda manifestación del Pensamiento Único, además de observaciones criticas a las intromisiones del Estado en el sentido de impedir la realización de proyectos que vayan encaminados a la protección de la vida. Estas no son opiniones sino posiciones. Así lo señalan los artículos publicados en Pantagruélica y recuperados tanto por revistas nacionales y extranjeras como también por asociaciones civiles en general.
Esta constatación es más amplia, este motivo sucede en la cultura contemporánea que desde disciplinas diferentes y también desde partes muy distanciadas entre ellas, la conciencia científica de la realidad lleva al redescubrimiento y al enriquecimiento de criticas a los movimientos sociales orientados hacia los modelos culturales de las sociedades capitalistas. Sin embargo, signo, sobre todo del hecho que de una cultura de la realidad y no inversa nace la necesidad de la transformación la precisión de sus caracteres como el de la cuestión de la democracia política en todo sus ámbitos: democracia del trabajo, democracia económica, democracia y justicia y no solo el plano tardío de la expresión electoralera para posicionar políticos que una vez logrado sus objetivos se desatienden de lo más elemental: los derechos ciudadanos.
Un cierto desprendimiento de las instituciones nace también del hecho de que la idea de la política aparece a veces en parte envejecida y contaminada de normas perversas limitadas al tratamiento de problemas de los que nos sentimos en parte excluidos en parte lejanos porque existe un problema de extensión de la política como un bien común y social, de la cultura y del saber entre los ciudadanos para una participación verdadera, pero existe también el problema de un mejor conocimiento de los problemas reales de la vida asociada y de las relaciones entre las personas; esto pide el desarrollo de una capacidad proyectual y programática articulada y precisa, a esto también Pantagruélica aspira salir al encuentro de otros grupos sociales con ideas afines y sobre todo con el compromiso de una identidad compartida.
Al respecto, nuestro proyecto tiene dos líneas de desarrollo: una línea vertical que se comprende como el mejoramiento propio de la revista así como de su financiamiento apoyado en el asociacionismo cultural y de investigación; y otra línea horizontal como una forma de exploración de temáticas informativas y de análisis que requieren el complemento de nuestros lectores a través de cursos, círculos de estudio, asesorías, estudios sociales, mesas redondas, en fin todo lo que implique una mayor profundización en la construcción de juicios rigurosos al referirnos a la realidad actual y sus irrealidades. En concreto contribuir con aquellos aspectos que son evadidos por instituciones y universidades.
La revista abre una discusión entre trabajadores y ciudadanos en torno a los operadores culturales y quisiéramos ampliarla ir mas allá porque también los técnicos y especialistas deben de ser considerados sobre una plataforma en conjunto de programas y propuestas para llegar a la formulación de una estrategia cultural abierta, económica y social, la idea es rechazar la planificación centralizada e imperativa de las jerarquías que obstaculizan su avance, mas no significa negar toda forma de proyectualidad, superar la subalternidad a un desarrollo determinado por un modelo productivo que muestra sus límites que no significa negar la existencia del mercado sino reconocer que el mercado mismo es el resultado de operaciones múltiples y complejas y no de pura espontaneidad. Muchísimas de estas operaciones son de carácter cultural. Es por esto, que también aspiramos a crear una corriente de opinión y de posiciones críticas a ese tipo de ideologización de la cientificidad y de la cultura que es amparada bajo el esquema neoconservador, este punto se vuelve importante a desarrollar porque en el mercado de las ideas no es posible crecer mientras se continúe simulando opiniones y defendiendo instituciones y a sus administradores que en el mayor de los casos sólo hacen el juego perverso a la corrupción dando lugar al oscurantismo de opiniones disfrazadas de un supuesto ejercicio intelectual.
Tal es el caso de los que alientan la flama de la vela perpetua.
No obstante, también esto requiere una reconceptualización del rol del saber por parte nuestra y de las fuerzas democráticas y de izquierda. El hecho que aparezca ilusoria y puramente ideológica la solución de un regreso al caos del mercado implica más que nunca una necesidad de conciencia científica y técnica, una capacidad de dialogo con los especialistas y líderes de los grupos culturales que ostentan una producción cultural en todas sus expresiones. No puede continuar ocurriendo que el Estado y sus representantes finjan que no se dan cuenta de lo que sucede en los diversos ámbitos sociales y culturales, de cosas que se sabían mucho antes de haber ocurrido como los actos jurídicos simulados; les corresponde a las instituciones democráticas como a los grupos que aspiran a una democracia legitima la decisión: el proceso que la precede tiene que estar cada vez mas nutrido de conocimiento científico y por supuesto del aval cultural de sus participantes.
Una petición nada del otro mundo.
Otra área de importancia que nos han comunicado nuestros lectores es apuntalar juicios rigurosos hacia la estrategia de neocolonización que ha traído el mundo de la información científica estandarizada: los famosos Journals revistas científicas académicas de universidades sobre todo de países desarrollados y de un porcentaje alto en idioma ingles, de metodologías sofisticadas y en muchas de las ocasiones un discurso sin ningún tipo de aval epistémico como base implícita de una determinada política científica y cultural y en más de las veces estudios de realidades nunca cercanas o mínimamente parecidas a las nuestras como es el caso de variables problematizadoras de la realidad, el caso concreto de las expresiones de la precariedad en todos los campos. Dicha estrategia de información científica aparece colonizando las estructuras curriculares de las universidades públicas señalando y justificando sus autoridades y representantes que es algo obligado para un mundo en proceso de globalizacion y expansión de los conocimientos. No obstante, dicha información estandarizada también ha ido creando una monotonía y una limitación en los enfoques conceptuales de cómo asumir la ciencia, el rol del científico y sobre cómo seleccionar las prioridades de qué investigar y para qué.
En este sentido nuestras universidades, tanto públicas como privadas, sólo han sido sostenidas como muros de contención, es decir; de control político y no de sus posibles contribuciones al desarrollo económico y cultural del país o más específicamente de nuestro entorno. Es en este apartado donde aparece el espectro del corporativo del empresario Carlos Slim que de acuerdo a un dato expresado por la periodista Denise Dresser él solo crea el 4% del producto interno bruto mientras que las universidades públicas no producen ni en sueños el 0.01%. Como vemos no sólo se trata de problemas de identidad entre buenos y malos sino precisamente esto hace referencia al modelo cautivador que reproducen muchos de nuestros científicos convertidos en políticos públicos y empresarios privados, lo cual no está mal, pero cuando los científicos sin escrúpulos tratan de aparentar que sus trabajos han sido aceptados para ser publicados en una de estas revistas porque han dado el visto bueno "la revision de colegas" aparece que solamente era parte de una negociación con revistas científicas para que sus resultados armados sobre pedido sean favorables a los fines comerciales de su productos. En esta área, por decir un ejemplo: es la industria farmacéutica entre otras uno de los mayores peligros donde la frontera de ciencia y empresa se borra, lo que queda claro que no siempre son revistas científicas sino de propaganda aunado a la cuestión de que la ambición de los políticos, publicistas y empresarios ponen en riesgo la calidad y confiabilidad de la ciencia como de su expresión cultural.
En una democracia legítima la transparencia es un signo de igualdad que lejos de debilitar a la ciencia y a la cultura la fortalece; una reflexión seria en torno al neocolonialismo científico cultural es lección que nunca debemos de olvidar.
Esto no significa caer en los cientificismos, sino concebir de nuevo la relación entre las varias formas de conocimiento y de intervención en la realidad comprendida la del proceder político. Se vuelve cada vez más esencial una política con fuerza creciente que subraye la expansión del conocimiento y la profundización del saber porque en ambos están los recursos fundamentales para un tipo de desarrollo cultural diferente y para el crecimiento de la democracia política y no solamente la democracia electoralera como único fin cultural. Así, la cuestión se vuelve de importancia, pues se plantea una tarea que requiere un gran esfuerzo de innovación, sea en la concepción del rol y de la función de los trabajadores intelectuales como grupos sociales específicos y concretos, sea en la relación con aquella distribución más reducida del trabajo intelectual como es la investigación de tipo científico poniendo mayor énfasis en los aspectos coyunturales que aportan una identidad al trabajador intelectual y una reciprocidad con los sectores sociales correspondientes.
Los trabajadores intelectuales están en constante desarrollo numérico en todos lados, ellos contribuyen con una parte decisiva e insustituible a los sectores productivos y hoy día son protagonistas esenciales de la obra de revolución científica y tecnológica en todos los campos, pero en nuestro medio hacen falta propuestas de reorientacion social de la misma. Ninguno duda en considerar un trabajo intelectual para el desarrollo de una obra determinada.
Es necesario recordar que se trata de una figura social que no coincide con ninguna otra y que tiene un rol creciente y determinante en cualquier sociedad: el tema de los trabajadores intelectuales lleva consigo la cuestión de los aparatos sociales de todo tipo y no solo de las instituciones culturales en sentido estrecho como la escuela, dependencias municipales y gubernamentales o la universidad - por cierto sin querer queriendo estos han sido los segmentos naturales donde Pantagruélica ha sido tomada en consideración por lectores, más de 75,000 visitas en un año, porque según nos han comunicado empiezan a ser trazadas las coordenadas que permitirían construir las coyunturas venideras a nivel local- sino de todos los aparatos a los cuales está confiada la reproducción de las relaciones sociales y culturales.
El tema que se plantea es el de un esfuerzo decisivo para la comprensión de los problemas de estos trabajadores, para una plena valorización y cualificación de su trabajo para el reconocimiento de su rol en la sociedad: algunas cosas se han hecho a menudo y no son bien conocidas o no tienen un apoyo adecuado, pero todavía hay que hacer casi todo. Sería necesario, con respecto a este problema, el mismo cambio de ruta que lleve a resultados duraderos, también desde el punto de vista de nuevas agregaciones democráticas.
De la misma manera, una nueva concepción debería operarse en la relación entre cultura política e investigación científica porque queda claro que hoy en día no todo se puede resumir en la figura de político que cada vez pierde credibilidad entre la ciudadanía.
La cantidad y la calidad de las competencias es tal que es preciso componer una relación de diálogo permanente con las especializaciones de cada campo del saber y con los sectores productivos con el fin de elaborar las políticas correspondientes del quehacer del trabajo de investigación científica y de la incorporación de las formas culturales que sustenten un mayor dinamismo como de innovación y creatividad de los productos y discursos culturales.
Una solicitud nada fuera de su tiempo concreto.
Sin embargo, otro problema es la relación con aquellos sectores de estudio, los cuales tienen al menos en gran medida su punto de llegada práctico en una reformulación de los problemas de la sociedad y el Estado y por lo tanto una proximidad particular con la política: la economía, el derecho, las disciplinas históricas, filosóficas y sociales. A opinión de nuestros lectores se quejan de manera interesante y nos solicitan hacer periodismo de coyuntura y de investigación, reconocemos su importancia así como los pormenores de construir coyunturas, pero ¿quien hace análisis de coyuntura hoy en día? Creo que sólo algunos partidos interesados en conocer las tendencias sociales y económicas, pero siempre de carácter partidista. En nuestra ciudad existan grandes emporios de la información y de la comunicación pero estos son reducidos a las ofertas que les hacen los grupos dominantes con el fin de continuar con la reproducción de "siempre lo mismo".
En el Consejo Editorial de Pantagruélica hay compañeros (as) que poseen una vasta experiencia en esta línea pero se reconoce la necesidad de contar con más infraestructura que permita dicho lanzamiento. En este sentido, la experiencia obtenida durante mi participación en la revista El Cotidiano del posgrado de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Azcapotzalco, se volvió todo un ejemplo en el manejo de metodologías en este ramo especifico. Ha sido la revista mas citada en los medios de comunicación críticos como fue el caso de La Jornada.
En efecto, El Cotidiano se volvió una referencia obligada para la prensa nacional y local como también para los académicos sensibles que estudiaban los sucesos sociales del país, pero el equipo que llevó dicha tarea contó siempre con el apoyo de la administración de una verdadera universidad preocupada por los problemas nacionales y acontecer internacional, al menos no tenían prejuicios a la hora de aceptar la autocrítica y por supuesto no había autocensura como: quita esas palabras, resalta tal o cual figura, cambia el tono para que nos sigan apoyando, toda esa porquería alimento de revistas oportunistas que dependen más del apoyo presupuestal universitario con fines de publicidad, al menos todo esto no exisitia cuando participé cercanamente en su época de lanzamiento y consolidación. Así que no es una tarea que descartamos poder realizar en un futuro; dentro de nuestras posibilidades está contemplada en el desarrollo horizontal del proyecto siempre y cuando nuestros lectores encuentren afinidades y discrepancias con quienes organizamos este trabajo de análisis de la realidad social como sus consecuencias de irrealidades que se desprenden de la atmósfera absurda que ha creado la estrategia del la globalizacion del capital.
La necesidad de la sal de la tierra.
En estos, como en todos los demás campos, la autonomía de la investigación esta fuera de discusión: una investigación precondicionada en los resultados y en el discurso es un sin sentido. Sin embargo, la plena autonomía y libertad de la investigación no quiere decir la instauración de una indiferencia de las ideas que tengan otros grupos culturales y de investigación. Existe un problema que concierne al conjunto de los colectivos productores de cultura y de conocimientos e ideas propositivas, en primer lugar a sus representantes, entendido en el sentido mas amplio. Es preciso trabajar por un nuevo nexo que tal vez podría ser definido de reciprocidad: capacidad reciproca de plantear preguntas y escuchar respuestas, en una relación sin preeminencias preconstituidas entre investigación, cultura y política, pero al mismo tiempo con una necesaria y util distinción funcional. Si no es así estamos una vez más en el umbral de ser vulnerables a la expresión patética de la cultura dominante que se niega a dar espacios confiables a los grupos que si tienen discurso y mucho qué decir en estos asuntos de la producción cultural.
Tumbling dice: dados cargados.
La globalizacion económica, la administración neoliberal de la Cosa Pública suponen para millones de personas precariedad, degradación moral y miedo. Sin embargo, la resistencia social y cultural a estos procesos es casi invisible. Más aun, elección tras elección y encuesta tras encuesta, se constata que nuestra servidumbre es "voluntaria" y que, entre todos, construimos "libremente" un infierno a la medida de nuestros deseos.
Estos fenómenos paradójicos tienen su explicación en la debilidad del pensamiento critico y la falta de expresión política de las multitudes excluidas.
Partiendo de esta convicción, llevamos un año trabajando en la constitución de un espacio para la práctica teórica de los militantes como también para los académicos libres. Un lugar desde donde se pueda estudiar la naturaleza actual del capitalismo y su civilización por parte de quienes luchan contra él. Un foro donde el lenguaje sirva para poner nombres a la realidad social y a las fuerzas que la constituyen. Una espacio de lucha en la que se unan el pensamiento, la reflexión y la voluntad de acción.
Revista Pantagruélica es un proyecto independiente y autofinanciado presidido por la finalidad de democratizar el pensamiento critico y generar fuerza para una oposición real. Para ello es necesario un espacio de encuentro entre hombres y mujeres que valoran con optimismo la necesidad del trabajo teórico colectivo y las formas de pensar que analizan el momento histórico actual y quieren organizarse para luchar contra el absolutismo: el Pensamiento Único.
No es fácil. Las urgencias de los académicos libres, de los militantes, nuestra fatiga, nuestra falta de hábito en el trabajo teórico, se suman al exilio interior y la desesperanza de las y los intelectuales que todavía miran la realidad a través de su razón y no de sus intereses.
Más allá de la complicidad de la mayoría de la izquierda, del bloqueo de la vía institucional, de la política ficción del progreso y de la estética de la duda, como de las dificultades de lenguaje y comunicación que nos permita nombrar y organizar el inmenso conflicto social que sufren los jóvenes desperdiciando sus talentos en universidades que nunca les compensarán sus esfuerzos realizados, las mujeres, las minorías y los millones de desempleados y excluidos. Está todo por hacer.
Por ultimo: muchos de nosotros tanto del Consejo Editorial de Pantagruélica como colaboradores hemos cultivado campos profesionales distintos, sectores de conocimiento diferentes pero consideramos que nos hemos reencontrado en un espacio mucho más fresco y maduro tal y como son las exigencias contemporáneas. Es por ello que queremos ser una correa de transmisión de conocimientos y experiencias a las generaciones venideras, una ventana abierta a la reciprocidad de comunicaciones con nuestros lectores.
* Texto leído en la pesentación-celebración del primer aniversario de Revista Pantagruélica que inició el Ciclo de debates sobre el tema PENSAR LA CULTURA, PENSAR NUESTRA REALIDAD organizado en Gargantúa Espacio cultural.
(Imágenes tomadas de Internet / Derechos reservados por el autor)
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