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La primera víctima de la autocensura es la verdad; la segunda, el periodista y la tercera, el ciudadano. El derecho a la información es bilateral, le pertenece a los mexicanos y a los periodistas. Ambos debemos defenderlo.
México vive una nueva era periodística, marcada por la violencia, la manipulación informativa y la censura. Hoy en día existen temas prohibidos y periodistas prohibidos. Las amenazas no vienen solo del ambiente generalizado de violencia que vivimos con más de 13.000 muertos en lo que va de sexenio. Los poderes institucionales o de facto, también controlan lo que se publica, coartando así el derecho a la libertad de prensa y a la libertad de expresión.
Nuestra profesión, la de informar, se ha convertido pues, en una actividad de alto riesgo y con un poco honroso segundo lugar a nivel mundial en número de periodistas asesinados y desaparecidos, 55 y 8 respectivamente, en los últimos nueve años. Más aún: Reporteros sin Fronteras, ha declarado en su último informe a México como el país "más peligroso" del continente americano para la libertad de prensa.
La estela de peligros para informar verazmente pasa por asesinatos, secuestros, amenazas de muerte y una auténtica persecución contra quienes ejercen el periodismo desde la independencia y el compromiso social con los lectores. Los temas amenazados de censura o autocensura que desaparecen de la agenda informativa, son siempre los mismos: el contubernio de autoridades con el crimen organizado, las corruptelas endémicas del sistema político mexicano, las violaciones de derechos humanos del ejército y las policías, la narcoviolencia, o hasta la pornografía infantil y la pederastia.
La impunidad es la constante. Matar, amenazar o difamar a un periodista en México sale barato. No hay castigo y la invitación a la repetición del delito es automática. La sospechosa pasividad de las autoridades, la negligencia y la franca inacción, han provocado la inhibición de la prensa. Es así, como la autocensura ha hecho su entrada triunfal a las redacciones de noticias. ¿Cómo criticar a compañeros que se autocensuran para salvaguardar su integridad física y la seguridad de su familia? ¿Cómo juzgar a quienes se autocensuran para conservar su empleo, su puesto de trabajo y su sueldo?
Las justificaciones para autocensurarse sobran, el problema es cuando esa autocensura se institucionaliza y convierte a la prensa, en una prensa arrodilla frente a los poderes fácticos. A nadie beneficia la prensa arrodillada, por el contrario, perjudica a los mismos profesionales de la comunicación, y daña severamente el derecho a la información de los ciudadanos.
Algunas empresas mediáticas o grandes grupos periodísticos, se han convertido en auténticos emporios empresariales. Sus dueños, la mayoría de ellos, no periodistas, se han enriquecido, muchas veces traficando con la información, ofreciéndola al mejor postor y a intereses inconfesables. El duopolio televisivo con su versión única, es una anomalía que atenta y vulnera nuestros derechos elementales.
¿Qué ha provocado este nuevo panorama informativo? Un peligroso déficit de noticias. Peligroso, porque un pueblo medianamente informado o desinformado claudica en su nivel de exigencia democrática. Y sin democracia no hay Estado. ¿Cómo combatir este déficit noticioso? Promoviendo, utilizando y produciendo medios alternativos como la Revista Pantagruélica, auténtica ágora de las ideas, espacio para el debate, lugar a favor de las tres libertades: la de prensa, la de información y la de expresión. Por eso, celebramos hoy con entusiasmo su primer aniversario.
La inquietud de Xavier Araiza, promotor cultural, librepensador regiomontano, de crear un espacio para y por la libertad, fue inicialmente recibida por un grupo de gente como una oportunidad para romper el cerco de silencio imperante en tantos temas que no encontraban cabida en los grandes medios establecidos. ¿Por qué tanto silencio? Nos preguntábamos algunos. El silencio nos hace cómplices, por tanto, quisimos deshacer ese manto invisible que convierte a los ciudadanos y a los periodistas en entes pasivos, receptores de telebasura, consumidores de periódicos arrodillados ante los poderes fácticos. Quisimos lanzar un grito de protesta, pero también de esperanza. ¡Un basta a la censura y la autocensura!.
La Revista Pantagruélica es eso: un medio lleno de ilusiones, utopías y realidades; creada por gente que cree en el irrestricto ejercicio libre del periodismo, en la defensa de los valores éticos centrados en la palabra sin ambages, sin matices que la desvirtúen de su verdad. Busca la complicidad de ustedes, de los lectores; de quienes piensan que un mundo diferente aún es posible, de quienes día a día se levantan por la mañana y se miran al espejo a gusto, contentos con la imagen que ven reflejada, aquellos que no han traicionado sus principios, sus luchas, sus anhelos, su compromiso con los débiles, con los más vulnerables, con los que buscan un espacio de libertad y no lo encuentran.
Celebremos pues a Pantagruel, aquí en Gargantúa. Francois Rabelais disfrutaría con nuestro humor, aventura y critica narrativa, frente a un país que se nos cae a pedazos e intentamos recomponerlo, con una dosis de optimismo, periodismo libre, literatura y mucho arte.
* Texto leído en la pesentación-celebración del primer aniversario de Revista Pantagruélica que inició el Ciclo de debates sobre el tema PENSAR LA CULTURA, PENSAR NUESTRA REALIDAD organizado en Gargantúa Espacio cultural.
(Imágenes tomadas de Internet / Derechos reservados por el autor)
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