Pantagruélica: Pensar la cultura, Pensar nuestra realidad* Imprimir E-mail
Escrito por Severo Iglesias   
Sábado, 14 de Noviembre de 2009 11:18

Cuando nació Pantagruel, le impuso su
padre el nombre porque
panta, en griego, quiere decir todo, y gruel, en lengua agarena, significa sediento. Queriendo decir con esto que en la hora de su nacimiento todo el mundo estaría seco y sediento, y profetizando que un día él sería supremo señor y soberano.
Rabelais, F. Gargantúa y Pantagruel. I,
2. 1532. [Nota: "Lengua agarena" hablada por Agar, la esclava egipcia de Abraham, con quien concibió a
Ismael, ante la esterilidad de Saray, prometiendo dios a Abraham una larga descendencia. Su carácter simbólico es, por tanto, patente.]

1. Pantagruel en nuestro tiempo.

Es cierto, un espíritu todo sediento no se basta con saber lo que ha sido y lo que es, busca saber lo que aún no es. Al moverse en el campo negativo, aprende a transitar en el futuro y apuesta a la profecía. Lo demás es el rudo realismo, hipnotizado por los efluvios expedidos por las masas.

En este personaje Rabelais (1494-1553) expresa la tonalidad de la época. (1494-1553). En ella vive Leonardo (1452-1519), quien hace profecía con las técnicas; y Nostradamus (1503-1566), el gran maestro de este arte. Es el tiempo del Elogio de la locura de Erasmo (1511), de la Utopía de Moro (1516) y del estallido protestante de Lutero (1518). Pero también es la época en la que Europa aplasta los pueblos de América: Tenochtitlan, nuestra patria original, cae en 1521.

Benedictino secularizado, Rabelais atraviesa por varias universidades, La Sorbona condena sus escritos, igual que el Papa. Caminando su pensamiento entre lo popular y lo erudito, la crónica y la invención, destila la corrosión de lo burlesco y participa del utopismo que facilita ver el ahora desde la perspectiva del porvenir, la cárcel del presente desde el campo abierto de lo posible.

Hoy no es muy distinta la situación del mundo. El nacimiento de Pantagruélica es buen augurio, ante la esterilidad civilizatoria. Bien por Xavier Araiza.

2. Una revista desde dentro. Claro. Una revista no es un diario. No se limita a decir lo que sucede día a día y no se puede hacer sin recursos. A la altura del progreso social, la prensa ha de ingresar en el sistema de inversiones, es un negocio o no es. El desenlace de su contenido es lo efímero, atrapado en el "aquí y ahora", en la consigna del consumismo, en el vacío afán de novedades, según dirían Hegel y Kierkegaard. Su norma: "la imagen o la noticia más reciente desplaza a las anteriores".

Una re-vista, en cambio, es volver la mirada al objeto; es re-cuerdo, pone orden en la experiencia; es re-flexión, la vuelta a sí mismo. Su norma: el mutuo reconocimiento del asunto y la vida del lector.

Enlaza, pues, al objeto y al sujeto; propicia, por tanto, la crítica.

Ahora bien, se cree que la crítica es la impugnación que lanza palabras de salva con calificativos que sustituyen al concepto y al objeto sustantivo, y muchas veces contribuyen a reforzar lo que rechazan. Pues su lógica es la misma que la del dogmatismo: disparar a ciegas.

Pero desde Kant es un acto que no puede ejercerse sin el conocimiento de condiciones de posibilidad del mundo, esto es, de la raíz de lo que sucede. Y no puede suplirse por antinomias u oposiciones externas, sino que ha de asumir la contradicción que brota del mismo núcleo del objeto.

No es casual: crítica viene del griego krinein, que quiere decir, juzgar o "mantener unido y distinguir lo que está separado", esto es, como en la balanza, que es su expresión perceptiva, sólo se puede determinar el peso de algo viendo simultáneamente los platos opuestos.

Mas una revista no es sólo el giro doble que asume al objeto y al sujeto. También es el golpe del acto de visión. Aunque es ostensible que, cuando los medios han pervertido la visión de la e-videncia por la tele-visión y la visión vicaria que sólo dan un simulacro de realidad, han llevado a cabo un brutal acto de ocultamiento. Han oscurecido al significado real de las cosas para darnos la figura de la frivolidad, de la respuesta "fácil" a la solicitud o insinuación que les hacen el poder y las circunstancias, sin autodeterminar su posición.

El ver, no obstante, lleva oculta su profundidad. En la superficie, como decía Locke, los ojos tienen la capacidad de ver, pero no de verse a sí mismos, salvo que se use un artificio. Su palabra, con todo, es superior a mil imágenes: su noción contiene la totalidad de posibilidades del acto vidente, no el mero registro de sensaciones.

Así, ver se dice en griego theasthai, de donde viene teatro, que es el espacio donde todo debe ser colocado para ser sometido a la vista pública.

Theasthai, el acto de ver, tiene centro en el theorós, el magistrado griego cuya presencia daba a las fiestas el carácter de validez, reconocimiento, fundamento y principio de legitimidad. Allí radica el origen del término que en los 60's espantaba a las viejas izquierdas y derechas: la teoría.

Dicho agente se colocaba en un punto desde donde contemplaba todo lo que sucedía en el teatro y abarcaba con su mirada total lo que nadie podía ver desde su perspectiva particular.

Igual que los principios no radican en los hechos, en los datos, en los objetos aislados, en la suma de las partes, sino en la unidad universal que se abre paso por sí misma; igual que la fuerza de un pueblo y una nación, igual que una pasión y un valor, la verdadera teoría, no la generalidad barata, la fórmula muerta o el dogma doctrinario, se abre paso en la conciencia.

Como el theorós del teatro, toda re-vista que sea fiel a su noción, para conquistar un lugar legítimo en el devenir de un país ha de tener una teoría sin la cual es un mero acontecer.

Por supuesto, el modo de ver universal de la teoría, dado que es cuestión de principios, nunca coincide completamente con lo particular de los temas. Estos pueden deambular en la mirada rota de la discontinuidad. Pero, como en las buenas películas de episodios, y hasta en la Fenomenología del espíritu de Hegel, si una revista capta la esencia de un momento, su certeza radica en el siguiente capítulo y la verdad del todo sólo reside en el devenir de su totalidad.

En cualquier caso, la teoría no es un instrumento de aplicación, como se hizo con el marxismo, el keynesianismo y hoy se hace con el neoliberalismo.

La validez de la teoría radica en dar luz sobre los problemas del mundo. Después, de todo, cualquier suplantación que se haga de las fuerzas históricas estará condenada al fracaso. Y serán los pueblos, los trabajadores y las naciones los que se reserven la capacidad de trazar su destino. La luz ayuda a ver y orientarse.

3. Pantagruélica y el presente.

Toda revista, además de su posición, también expresa a su tiempo.

Siempre y Política expresaban el México desarrollista, Vuelta y Nexos a la época declinante de la revolución mexicana, Proceso al declive de las viejas izquierdas. Las de hoy son mercancía informativa o disparos de impugnación y denuncia sin un horizonte histórico claro.

Hace 50 años, vale la pena recordarlo, fundábamos una revista por tener "qué" decir, por querer "informar", para "dar" conciencia. Nacía, sobre todo, del voluntarismo y el ánimo de cambiar la sociedad.

Hoy esos propósitos navegan en la aguas de la ingenuidad y la alienación: queriendo acabar con el neoliberalismo contribuyen a reforzarlo, queriendo dar luz en la calle oscurecen la casa. (La defensa de derechos segmentados erosiona la base jurídica nacional, la lucha por demandas inmediatas retrasa los combates históricos, etc.).

Hoy el problema ya no es sólo la vida social. La crisis de la vida sobre el planeta, la descomposición nacional, el poder supranacional y la catástrofe del socialismo de control, el impacto tecnológico sobre la desocupación y la mentalidad, la crisis poblacional y la inminente hambre general, la crisis de la democracia diluida en el ejercicio del voto, indican que las bases generales del mundo histórico deben cambiarse.

En tal caso, el dicho, el texto, la revista, si no contienen la crítica y los fundamentos de raíz para anunciar el advenir de un mundo nuevo, corren el riesgo de ser parte de la ornamentística neoliberal, al volverse moneda de curso corriente que circula en el mercado de las opiniones. Un ejemplo: el cambio de estructuras propugnado desde los 60's se ha dado, pero no en favor de la sociedad y la nación, sino del globalismo destructivo.

En consecuencia, los problemas han de examinarse en el escenario de la política como acción humana por excelencia, acto constitutivo que funda a los grandes hechos de la historia. Acto donde radica la esperanza de transformación del mundo con dirección favorable al trabajo. Acción que nadie puede eludir, pues se está en la política por omisión o por comisión, como bien se dice desde siempre.

4. Ante todo: pensar el pensar.

Bien. La divisa es Pensar la cultura, pensar nuestra realidad. Aunque para ello, como para cosechar, primero haya que sembrar. Si el pensar es el resorte de esta acción, entonces habrá de puntualizar su contenido.
En medio de las imprecisiones del lenguaje habitual y académico, el pensar (la noesis) es un acto teorizador.

Es, por tanto, observar con principios, mientras la ciencia es sistema de conceptos. Y si la ciencia es tesis demostrada, el pensar es evidencia mostrada; porta la gravedad de lo que es de suyo verdadero. No es, pues, neta inteligencia que procesa objetos, hechos y datos, sino fuente de validez que articula, unifica y da alcance universal a las cosas.

Recordemos. Su capacidad teorizadora le viene al pensar por varias raíces.

Es "lo que puede verse a sí mismo" (Platón), mientras las fuerzas subjetivas particulares, como los ojos, no pueden hacerlo; es el modo de existencia propio del ser humano (Aristóteles), pues todo lo que el ser humano hace ha de ser mediado a su través; es lo que subsiste por sí mismo, en medio de la duda, el engaño, la fantasía, etc. (Descartes); es negación (Hegel), puede captar lo que no "es" (como lo imposible) y es ideación que convierte a lo concreto en las formas universales susceptibles de construir al mundo entero en la interioridad, referirse y actuar sobre él en ausencia. Es totalización con validez, frente a la captación angular de otras fuerzas atrapadas en la opinión, que es particular por definición.

Para entenderlo hay que pensar el pensar, es obvio. Entonces, hay que transmutar al objeto y al sujeto para volverlos unidad contradictoria que gira sobre sí misma. A dicha unidad, desde la antigüedad griega, se le llama espíritu. Es, en consecuencia, la forma subjetiva que se basta a sí misma.

Siguiendo ese camino, el pensamiento llega al valor. Mas a diferencia del valor instrumental que ahora se usa, el verdadero valor nunca es un medio, sino un fin. Es el único fin que gira sobre sí mismo: tal como la dignidad, el honor, la justicia, la libertad. Nietzsche y Heidegger no pudieron llegar hasta allá, se enredaron en los medios.

Pensar la cultura y pensar la realidad, por ende, significarán su captación como totalidad de principios que descubran la validez de ellos en sí mismos, en su evidencia objetiva.

5. Pensar la cultura.

Lo más difícil ha sido salvado. Lo demás parece sencillo, pero desde que en los 50's Foster localizó alrededor de 150 acepciones diferentes de cultura, su concepto perdió toda solidez.
Entre su acepción comercial proveniente de la industria cultural que hace negocio con la producción y la reproducción de obras de arte, la cultura de los medios masivos, el culturalismo burocrático de CONACULTA y el uso de las fuerzas culturales como fuente de valor económico por el neoliberalismo imperial (Fukuyama), la prostitución de su significado obliga a perder la inocencia conceptual.

Hoy, como se oye a diario, la palabra "cultura" es usada como sustituto light de la quemante palabra "ideología" (que ha sido abandonada incluso en los ámbitos políticos), y como un rótulo del conductismo social en la búsqueda de una nueva "cultura" jurídica, escolar, valorativa y corporativa, cuya misión es introyectar policías en la conciencia.

Sin embargo, lo secreto se oculta más fácil situándose frente a nosotros. La misma palabra lo descubre. La usa Cicerón por vez primera. Colo, colere, significa cultivar, rotar, preparar la tierra para sembrar. (En indoeuropeo es kwel, mover alrededor; en sánscrito es cárati, dar vuelta, surco. Pasa en latín a cultum, adornar, prometer, habitar la ciudad, venerar).

En efecto, en el cultivo humano de nuestra naturaleza homínida radica la fuente de toda cultura. Allí, en nuestros impulsos, sentidos y necesidades, cubiertos con formas, significados y actos y aspiraciones superiores, está dicha fuente.

En ese acto de cultivar, el impulso de nutrición de vuelve cocina y comedor, el de reproducción se vuelve erotismo y sentimiento, el sonido se hace música, la línea y el color pintura, la voz es canto, el aroma es perfume, etc.
Allí, en lo que es todavía natural pero que apunta a la humanización, se forma el plano de los hábitos o "modos de ser" perceptivos, de relación y acción.
Sobre éstos se levanta el plano de la estetización de la vida y los géneros artísticos. Son la negación libre que se sobrepone a la forzosidad de la necesidad.

En caso de impregnarse de la belleza, llegan al plano del valor separado de lo natural, hasta llegar a tomar como referente a lo espiritual.

Y algo muy importante. El plano de la cultura de base surge en la vida diaria de un pueblo, hoy ahogada por los medios y el comercio de sensaciones, emociones e imágenes.

Por eso, recuperar el sentido estricto de cultura es a la vez recuperar la fuente originaria que es un espacio de la soberanía popular y nacional.
Por eso, la praxis cultural no puede alegar neutralidad, pues pertenece al pueblo; no puede argüir como pretexto la destrucción de fronteras, pues su contenido lleva siempre un sello nacional; y no puede separarse del humanismo, pues nace en las fuentes universales de la vida humana, que son iguales para toda la especie.
Y, por eso, generar cultura histórica no es mera práctica, que es reiteración repetida de un acto. Tampoco es pro-ducción (conducción anticipada y calculada de un objeto puesto a disposición del dominio), que es asunto de la técnica. Es asunto de praxis, que es constitución de lo nuevo y necesario basado en principios.

6. Pensar nuestra realidad.

A la luz de lo planteado antes, pensar a México y al mundo actuales, en sentido estricto es ver las cosas desde los principios.

Hace ya décadas que los diversos grupos que giran sobre sus intereses particulares, incluidos los privados y los extranjeros, se cuelgan de las ramas nacionales buscando apropiarse de sus bienes. Su resultado es el espectro de un árbol que se vuelve estéril: no da frutos y parece no dar sombra a nadie.

En tal paisaje, las carencias parecen justificar todo. La nación se desarticula, el trabajador carece de organización e ideología, el mundo atraviesa por un cambio histórico cuyo horizonte futuro no es claro aún. La acción política en descomposición sigue al mercado: se rige por la oferta y la demanda de la clientela electoral.

En tal situación, pensar la realidad exige abandonar las elementales concepciones materialistas del mundo, que esperan ver en las crisis del capitalismo la oportunidad del cambio, como si la nueva vida llegara sola o fuera hija exclusiva de las estructuras o las cosas existentes. Pues sin nuevos actores que se hacen cargo responsable del mundo, éste no cambia verdaderamente, sólo cambia el timón.

Ya queda atrás también la concepción de una sociedad escindida en los planos estructural y supraestructural, donde el objeto y el sujeto aparecen contrapuestos. No hay objeto, primitivo o avanzado, que sea comprensible sin la conciencia que anticipó su forma, que guió su producción y que le imprimió el uso al que está destinado.

En breve: la realidad del mundo es impensable sin su contenido subjetivo.

Pero, igual, la díada objeto-sujeto es incomprensible sin la praxis, el tercer término que forma la columna vertebral de su constitución. Sin la obnubilación generada por el practicismo, la praxis es el establecimiento de los principios, de las formas de organización y de los fines del mundo habitado por el ser humano.

Estos tres contenidos, aislados y separados, expresan al desorden histórico, mediados en sus contradicciones, transmutados entre sí, gestan la base del mundo donde anidan las fuerzas de transformación.

Pensar el mundo es una obligación inexcusable, pero la conciencia sin la praxis es ineficaz; transformarlo es una necesidad, pero la acción sin la conciencia es ciega; asumir su realidad es un punto de partida, su punto de llegada da la medida de su finalidad.

Pensar, pues, la cultura y el mundo!

* Texto leído en la pesentación-celebración del primer aniversario de Revista Pantagruélica que inició el Ciclo de debates sobre el tema PENSAR LA CULTURA, PENSAR NUESTRA REALIDAD organizado en Gargantúa Espacio cultural.

(Imágenes tomadas de Internet / Derechos reservados por el autor)

 

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