Pensar la cultura: la promoción cultural* Imprimir E-mail
Escrito por Clara Eugenia Flores   
Domingo, 15 de Noviembre de 2009 12:17

"Propuso proyectos. Fueron aceptados". BB


Quiero dedicar esta pequeña intervención a la lucha que ya está tomando tintes violentos, del Sindicato Mexicano de Electricistas. Podremos discutir mucho sobre las bondades o maldades de dicha causa, pero por lo pronto expresamos solidaridad, desde esta tribuna, con los trabajadores del SME. Hasta la victoria siempre.

El 9 de noviembre de 1989 cayó el muro de Berlín. Probablemente también haya caído el comunismo, o como le llamamos nosotros el "Socialismo Real". Para algunos fue la validación del capitalismo como único sistema viable para la convivencia humana, aunque muchos tengamos la seguridad de que ello no es así. Lo que sí es importante señalar es la certeza de que la construcción de otro mundo posible nos corresponde a todos en la actualidad. El señor Raúl Vera nos menciona que en estos momentos no podemos circunscribirnos a una sola lucha, a una sola trinchera, debemos abarcar todas las luchas, todas las trincheras. Para nosotros, que somos ajonjolíes de todos los moles, eso no nos es ajeno, aunque sí un tanto cuanto desgastante, si no existieran esas pequeñas perlas que nos dan el ánimo de continuar en esta lucha interminable.

Pero, ¿esto qué tiene que ver con la promoción cultural? Si tomamos el término cultura como todo aquello que es transformado por el ser humano, la sociedad misma y todas las manifestaciones humanas (en el sentido más amplio de la expresión) deben ser tomadas como parte de la cultura.

Sin embargo, fiel a mis amados maestros, me gustaría un poco especificar el ámbito de análisis en lo relativo al arte, tomando mis referencias del arte teatral, específicamente de mi amado Bertolt Brecht en su "Pequeño Órganon para el teatro". Nos dice Brecht:

"La tarea del teatro, como la de las otras artes, ha consistido siempre en divertir a la gente. Esta tarea le confiere siempre su especial dignidad. No precisa de otro requerimiento que el de divertir. Pero, desde luego, éste le es absolutamente imprescindible". "Incluso cuando se habla de una manera elevada y una manera vulgar de divertir, se considera el arte como algo impenetrable, pues el arte desea moverse hacia arriba y hacia abajo y que se le deje en paz si con ello divierte a la gente".

Tenemos que la gran mayoría de las personas buscan una manera de divertirse; si es a través del arte, qué mejor. Sin embargo, el mismo Brecht reflexiona en torno a esta cuestión, manifestando:

"(...) hay diversiones débiles (simples) y fuertes (complejas) que el teatro es capaz de ofrecer. Estas últimas, con las cuales nos encontramos en el gran arte dramático, alcanzan su elevación algo así como la alcanza el amor en la cohabitación: son mucho más complicadas, más ricas en aspectos, más contradictorias y preñadas de consecuencias".

Todo trabajador, después de su ardua jornada, desea llegar a uno de esos estados, y recurre a la búsqueda de la diversión a través de diversas manifestaciones. Me parece que, en todo caso, el promotor cultural tiene la función de hacer que esa búsqueda de diversión que observamos muy necesaria en las personas, sea hacia las grandes manifestaciones, es decir, hacia las formas más complejas, ya que, ¿a quién no le gustaría tener una elevación similar a la que se alcanza con el amor en la cohabitación?

Pero he aquí que Brecht, nos habla de que:

"Según la clase de diversión, hecha posible y necesaria por la forma contemporánea de convivencia humana, se tenían que construir otras situaciones y otras perspectivas, y los personajes, con unas proporciones diferentes. Las historias han de contarse de modos bien diferentes si se trata de divertir a aquellos griegos con la inexorabilidad de las leyes divinas, cuyo desconocimiento no les libra del castigo, o a estos franceses con su airoso autodominio exigido por el código palatino de los deberes impuestos a los grandes de la tierra, o a los ingleses de la época isabelina con su autoconciencia del nuevo individualismo desatado".

"Si constatamos ahora nuestra capacidad para divertirnos con representaciones de épocas tan diversas, lo que seguramente les fue imposible a los hombres de aquellos tiempos poderosos, ¿no nos invita esto a sospechar que todavía no hemos descubierto las diversiones especiales y los entretenimientos específicos de nuestra propia época?"

Esto implica que la promotoría cultural debe estar muy conectada con las aspiraciones, los sentimientos, pero también la idiosincrasia y el entorno social en el que se vive, y muy atenta a las diversiones especiales y a los entretenimientos específicos de nuestra época.

La actualidad nos ha permitido tener acceso a grandes cantidades de información, a maneras muy diversas de conocer actividades, manifestaciones artísticas realizadas para las que de una manera regular no seríamos convocados (como por supuesto, podemos tener conocimiento de grandes montajes escénicos en nuestra ciudad, sin la capacidad monetaria para tener acceso a ellos: Slava's snowshow, por ejemplo).

Por una parte, la promotoría cultural puede ser un eslabón que permita a las grandes mayorías acceder a manifestaciones artísticas realizadas con esa intencionalidad de divertir. Por otra, y ésta para mí la más importante, podría ser el procurar la atención de la población en lo que toca a las manifestaciones emergentes que provocan placer y diversión a quienes se identifican con ellas. El bailarín de "colombiano" que empeña su alma para resistir la fuerte demanda física que requiere su danza. El grafitero que ve en cualquier barda (especialmente pintada de blanco) un lienzo para sus pinturas. El artista popular que canta con su guitarra en los camiones, a veces sus propias canciones. Pero los artistas populares surgen y divierten a las clases subalternas sin necesidad de una promoción cultural. Esto se da de acuerdo a las necesidades manifiestas de dichas clases subalternas.

Quiero abrir aquí un paréntesis para incluir en esto de las manifestaciones emergentes el concepto que el maestro Javier Serna, gran ausente en esta mesa, ha estudiado a profundidad: la performance. Me refiero a las campañas de Greenpeace que son creativas, inteligentes, divertidas, militantes. Lo mismo esto que los cacerolazos de una manifestación o las diversas maneras de expresarse que actualmente tienen los jóvenes, quienes utilizan sin vacilar las nuevas tecnologías.

Ahora comentaré brevemente mi propia experiencia en este ámbito. Aunque propiamente mi práctica se reduce al teatro callejero, dentro de esta actividad hubo momentos en los cuales participamos en proyectos de promoción cultural, siempre con el objetivo de "elevar las aspiraciones del pueblo en relación a su goce estético". Sin embargo, al final de cuentas nos encontramos disfrutando del arte popular en todos sus términos, precisamente y en muchas ocasiones, elevando nuestro goce estético gracias a esa concordancia entre lo expresado y su actualidad.

Por una parte, los muchachos que con su pintura y su reto a las autoridades demostraron que el muralismo es algo más que Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, los músicos que alentaron a los jóvenes de las colonias a reinventar la música vallenata, generando diferencia respecto a la de su tierra de origen, los grupos que, al emigrar a la ciudad, traen su representación de pastorela, la que inevitablemente será transformada por el nuevo contexto y las nuevas generaciones.

En algunos lugares y destinos, el teatro popular que hacíamos fue considerado digno de ser apoyado, y ahí estuvimos mientras pudimos. Nuestra ausencia simplemente fue sustituida por otra forma de diversión.

Nuestro interés en ese momento era buscar que, a partir de los elementos populares tomados del mismo pueblo, o de otros pueblos, el espectador lograra divertirse a través de un arte que también le permitiera ver lo que no ve en la cotidianidad. A través de eso, percatarse de lo extraño en lo cotidiano y ver si esa cotidianidad es susceptible de ser cambiada. Y todo ello con alegría y diversión, y quisiera agregar, con el corazón. Para nosotros, eso también era una forma de promotoría cultural, enfocada precisamente en lo que a nosotros nos gustaba hacer y que también nos divertía un montón: teatro popular.

Por último, pienso que la promotoría cultural hoy, tomada únicamente en términos de la cultura popular, tendría que mostrar acompañamiento a las formas artísticas emergentes, a aquéllas manifestaciones que enriquecen el hoy y que de una u otra manera se vinculan con el ayer, porque los temas pueden ser los mismos, pero diferente la manera de abordarlos. Tenemos entonces espectáculos multimedia basados en obras maestras de Shakespeare, Goethe, Brecht.

Pienso que en la actualidad el promotor cultural está etiquetado en las diversas instituciones y los programas culturales. Su labor es muy buena, buenísima. Se vale de todos los mecanismos existentes para hacerla. Tal vez lo que falte es esa intencionalidad de acercarse a las inquietudes de las clases populares, más allá de los eventos masivos del Museo de Historia Mexicana (muy padres, por cierto), más allá del desprecio a las manifestaciones emergentes de la cultura.

El muro cayó, muchos muros han caído desde entonces.

* Texto leído en la mesa La promoción cultural del Ciclo de debates sobre el tema PENSAR LA CULTURA, PENSAR NUESTRA REALIDAD organizado por Revista Pantagruélica y Gargantúa Espacio cultural.

(Imagen tomada de Internet / Derechos reservados por el autor)

 

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