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11 tesis sobre el marasmo pedagógico, la desarticulación de las artes y la errática promoción cultural en la universidad pública de Nuevo León.
1.- La crisis estructural de la universidad de Nuevo León.
2.- En los 77 años de historia de la universidad.
3.- En la perspectiva histórica
4.- En el sexenio del dispendio y la impunidad.
5.- El prestigio de Colegio Civil (cuna de la universidad) como santuario cultural.
6.- En el teatro del Campus universitario, ejemplo paradigmático.
7.- Más sobre la crisis del teatro en la sociedad del espectáculo.
8.- Anexo sobre teatreros, feudos y autohomenajes a la carta.
9.- El concurso Señorita U(A)NL como espejo y maquillaje de la cultura universitaria.
10.-Por supuesto: el diagnóstico y diseño de una política cultural de la U(A)NL.
11.-Parafraseando al autor de Das Kapital y la tesis 11 sobre Ludwig Andreas von Feuberbach.
En el número anterior de Revista Pantagruélica, dedicamos un Dossier al tema de la autonomía universitaria donde se concluye que desde hace ya cuatro décadas, en la Universidad de Nuevo León se vive un simulacro de democracia con todo lo que esto significa para la creación artística y científica, el debate de ideas y la libertad de expresión. En el texto de introducción al dossier se lee:
"Al ejercer la crítica pública sobre los asuntos relacionados con la institución de educación superior falsamente conocida como UANL, es preciso llamar a las cosas por su nombre, poner los puntos sobre las íes, colgarle el cascabel al tígre; y que suceda lo que tiene que suceder: una transformación estructural precedida por la investigación de sus 76 años de historia; la reflexión de su función en la sociedad contemporánea mediante un diagnóstico detallado y profundo sobre su situación actual (...) Revista Pantagruélica contribuye al diálogo y el debate entre estudiantes, profesores y trabajadores de distintas generaciones de las cuatro décadas, sobre lo que se necesita cambiar en la universidad pública de Nuevo León. Conocer su historia, sus momentos luminosos y sus etapas traumáticas, le permitirá superar los nudos de la represión, evitar el fatalismo y el colapso anunciado.
Se trata hacer de la universidad el espacio emblemático de la cultura democrática, del florecimiento del arte y la ciencia, el saber crítico y la praxis libertaria. Nada menos".
En este contexto de crisis propicio para iniciar los cambios impostergables, en la medida en que se trata de la realidad y la imagen pública (no mediática) de la universidad, hace falta abordar algunos aspectos históricos de su "política cultural" y el funcionamiento de lo que ahora se llama Secretaría de Extensión y Cultura.
A continuación enumero y desarrollo 11 tesis sobre aspectos históricos, situación actual, crítica y propuestas en torno al tema:
1.- La crisis estructural de la universidad de Nuevo León
se profundiza en la falta de identidad como institución pública cuyo reflejo es la ostentación de una autonomía que en realidad no existe. En su Campus se toman verticalmente las decisiones académico-administrativas y se elaboran proyectos estratégicos donde domina una visión gerencial acorde a las necesidades del mercado dominado por el dogma tecnocrático de la globalización neoliberal. Su modelo de educación superior imita al que define al Tecnológico de Monterrey que cumple coherentemente con esa visión empresarial del mundo en la medida que la educación de carácter privado atiende a la formación de profesionales y técnicos que cumplan con las expectativas de un mercado donde el individualismo, la competencia, el respeto acrítico a los dogmas del libre mercado, la propiedad privada por sobre la propiedad pública, la acumulación de capital, son los ejes de su visión del mundo.
Así, el arte, la ciencia y la tecnología se definen como praxis "apolítica" y conocimiento instrumental que aíslan su sentido de los conflictos históricos, de la formación política y axiológica de los estudiantes y profesores donde el humanismo y la crítica de los poderes despóticos (fácticos e institucionales) buscan la solución a los graves desigualdades económico-sociales, la injusticia, la alienación social e individual propiciada por los medios masivos que endiosan la propiedad privada, la competencia irracional, denostan la preservación de los espacios públicos y la solidaridad en los movimientos culturales, políticos, sociales.
En el contexto de la crisis del modelo neoliberal que sacude las instituciones republicanas (degradadas por el autoritarismo, la ineficacia, la impunidad), la economía, la política y el tejido social nacional; es necesario, urgente, indagar sobre el estado pedagógico de facultades y preparatorias, los programas de investigación científica, el enfoque de la inserción de sus egresados en el mercado de trabajo y el estudio de los conflictos estructurales que estrechan el mismo.
En esta realidad ningún funcionario fantasioso o grandilocuente (Ejem: hacer de la UNL la mejor universidad de latinoamérica en el 2012) puede ignorar la pregunta sobre la política cultural que se desarrolla intra-extramuros de la institución.
De entrada digo que esa política cultural no existe, nunca ha existido, como tal, es decir: con principios, programas, estrategias y definición de su función en la "comunidad universitaria" y en la sociedad nuevoleonesa.
2.- En los 77 años de historia de la universidad
lo que se entiende como difusión cultural ha sido marcado por el "estilo", iniciativas, filias y fobias, caprichos y hasta ingnorancia de quienes han estado al frente de lo que se ha llamado Difusión Cultural o Secretaria de Extensión y Cultura. En una época estas instancias formales desaparecieron del panorama universitario como reflejo del proyecto de universidad autoritaria que se fue gestando después de la etapa que inicia en los años sesenta (ejem. el movimiento contra Agustín Bassave-ideólogo de la derecha en la facultad de filosofía), se repliega durante los movimientos del 68 y los años turbulentos de la autonomía y la reforma académica y finalmente se impone mediante el golpe despótico de Martínez Domínguez-Bata Blanca-Alfredo Piñeyro.
3.- En la perspectiva histórica
bosquejada en mi artículo Armas y Letras en la U(A)NL publicado el 2004 en Internet (recientemente en Revista Pantagruélica) a propósito de la celebración de los supuestos 60 años de la revista, escribí sobre la importancia y el proceso de lo que se entiende por cultura universitaria. Reproduzco, in extenso, parte del texto:
"Los actuales funcionarios de la cultura universitaria dicen, publicitan, que este año están de fiesta, con manteles largos y toda la utilería usada en las celebraciones, porque la revista Armas y Letras fundada por Raúl Rangel Frías, cumple 60.
Pero en esta celebración hay oquedad en la lectura política, un error de perspectiva, de fechas que se hunden en un pantano histórico y cultural.
Si la revista nació en 1944, en cuna modesta pero intelectualmente vigorosa, creció con brío y desafíos anticlericales, de tiempo en tiempo ha tenido sus caídas y recaídas (entre 1970-1973 no se editó la revista), convalecencias y recuperaciones. También ha estado en situación comatosa, diría que embalsamada durante ¡19 años!, es decir: fuera de circulación, sin vida universitaria y editorial en los largos años transcurridos de 1977 a 1996.
Hay dos preguntas sencillas que el equipo editorial de la revista, los intelectuales lúcidos y atentos (hijos del Alma Mater o no); los actuales funcionarios de la UANL (con el Rector a la cabeza), el Gobernador del Estado y su Staff educativo, y la ciudadanía toda (dado que la UANL funciona con presupuesto del erario) debemos hacernos. Son éstas: ¿Cuáles funcionarios de la universidad, y por qué, decretaron de 1977 a 1996 la suspensión de la revista Armas y Letras? ¿Qué visión de la universidad, cuál práctica política y qué ideas de extensión cultural, intra y extramuros, imperaron en esas casi dos décadas? Son preguntas necesarias. Preguntas urgentes para saber en realidad lo que ha sido, es y será la universidad en el futuro próximo que ya aletea sobre nuestras cabezas. Si nos hacemos los distraídos o ingenuos y evadimos estas preguntas sólo veremos el espectáculo (por cierto desangelado) de la nostalgia, el regodeo y la autocomplacencia.
La realidad es terca. El hueco de 19 años ahí está. El silencio lo agranda, lo hace evidente, y por más amnesia histórica que se fomente la memoria y la vivencia recorren la imaginación individual y colectiva. No hay ruido celebratorio, ni espectáculo de Circo y Pan, ni nostalgia de lo que fue la gloria de Armas y Letras, que borre, soslaye, oculte, ese tiempo de abyección universitaria que apagó la flama de la verdad, amenazó y expulsó a los disidentes y a los críticos e impuso el silencio de los sepulcros.
A escala local y con los ingredientes autóctonos empezó, metafóricamente, la noche de los cristales rotos y de los cuchillos largos. La UANL se hundió en la opacidad intelectual, la persecución política y el desprestigio. Han sido pocos los intelectuales, académicos y estudiantes que no se sometieron al método del Garrote y la Zanahoria. Unos, otrora liberales y militantes de las izquierdas, de plano se conviritieron al espíritu medieval y siguieron cultivando sus pequeños privilegios en los feudos en que se transformaron preparatorias , facultades y espacios culturales. Otros, la mayoría, guardaron silencio, se autocensuraron para no peder el empleo y evitar la espada de Damocles sobre sus cabezas.
El humanismo auténtico y el ejercicio político liberal, tolerante y democrático de Alfonso Reyes, Raúl Rangel Frías, José Alvarado , Alfonso Reyes Aurrecochea, y de tantos otros que combatieron la mochería y la estulticia de los poderes del estado; en los años 60 se cruza (en sus profundas contradicciones y limitaciones) con las izquierdas que ya influían en el campo de la cultura y las artes, las luchas partidarias y la movilización social, sobre todo después de la experiencia rebelde y festiva que terminó trágicamente en la noche de Tlatelolco aquel 2 de Octubre de 1968, que no se olvida. Izquierdas y demócrata-liberales encabezaron el movimiento estudiantil-magisterial en los años conflictivos de la Autonomía y el acoso brutal del conservadurismo que abrió el camino al golpe del dueto Martínez Domínguez-Alfredo Piñeyro. Liberales e izquierdas fueron derrotados por la derecha conservadora.
La U(A)NL fue el laboratorio de la política del poder estatal: triunfaron las armas de la intolerancia y la represión: se suspendió el diálogo, la polémica intelectual y las letras críticas quedaron bajo severa vigilancia. Los porros y sus jefes se convirtieron en personajes destacados de la tragicomedia.
Ahí empezó la debacle.
La cultura universitaria y el nivel académico (salvo áreas privilegiadas por la razón tecnocrático-empresarial) se devaluaron. La libertad de expresión, fundamento de toda universidad que se precia de moderna y se opone Urbi et Orbi al "sano espíritu feudal", se canceló en la UANL dejando paso al conformismo, la apatía, la demagogia. Sobre las ideas, el lenguaje, la imaginación, el debate, la rebeldía, el consenso y el disenso entre los diversos en una comunidad plural en esencia -cultural y políticamente-, la ultraderecha impuso la retórica vacía, la exclusión, la censura y la autocensura, el despotismo no precisamente ilustrado.
Llegó el control burocrático, la amenaza a los disidentes, la caricatura de la democracia:
El Big Brother instaló su casa en el Campus universitario y su Bunker de guerra en la Torre de Rectoría.
Las poderosas armas de la derecha (el dinero, la intolerancia, la represión), en sus versiones tradicional y neoliberal, dieron un golpe mortal a las letras de los liberales orgullosos de la revista que fundaron cuando la universidad andaba en pantalones cortos; orgullosos y conscientes de su papel histórico en la política cultural y el impulso creativo que en las décadas del 40 y 50 cambiaron el gesto parroquial y provinciano de Nuevo León. La derecha casi exterminó el movimiento cultural en ascenso que, desde el pensamiento crítico y la acción política de las izquierdas, empezaba a colorear el tejido social hasta entonces teñido con los tonos azul-grises del panismo, el priísmo, la ideología empresarial fundada en el confesionario, la obediencia, el orden familiar, el individualismo, la tecnología y el culto a la plusvalía y su pareja histórica: el trabajo explotado.
Así, a partir de los años 80 los responsables de la cultura han tenido el perfil adecuado a una institución vigilada, acotada por la la burocratización esterilizante y la represión".
4.- En el sexenio del dispendio y la impunidad
en la U(A)NL se hace propaganda del pluralismo que no es, la libertad de expresión que no existe. La coyuntura del llamado Forum Universal de las culturas y el delirio sexenal de la "ciudad del conocimiento" propiciarán el resurgimiento del venerable edificio Colegio Civil como Meca de la expesión cultural universitaria que al no existir un diagnóstico sobre la universidad y su función en la sociedad nuevoleonesa, nacional y global; la acumulación de eventos, programas y ediciones ha sido la fachada de lo que se llama Secretaría de Extensión y Cultura de la universidad. Hasta ahora no se sabe bien a bien si la universidad se extiende culturalmente hacia adentro (en el Campus) o hacia afuera (la sociedad), en la medida en que no hay estrategias propias de una política universitaria en asuntos de cultura entendida más allá del academicismo y el dominio de lo que el esteticismo decimonónico llama las "bellas Artes" (música, pintura, literatura , teatro, danza, cine).
En los últimos años y en pleno apogeo del eslogan "ciudad del conocimiento" (¿seguirá la fantasía en el sexenio de Rodrigo Medina?) abanderada mayestáticamente por el exgobernador Natividad González Parás, a la universidad se le encomendó, se le ordenó, la reconstrucción (por cierto, un buen trabajo del arquitecto Juan Casas y sus colaboradores) de un edificio de abolengo académico-cultural y políticamente simbólico en la historia de la universidad: Colegio Civil. Se hicieron inversiones importantes (luego del torpe cálculo y gasto inútil del sube-baja del estacionamiento subterráneo en el rectorado de Reyes Tamez) que definieron el espacio como el "ágora" de la universidad. Intelectuales y artistas universitarios y no, despistados, acríticos, anonadados por el efecto mediático sobre Colegio Civil, han festinado la labor que ahí se ha hecho en los tres últimos años que, por supuesto, tiene aspectos positivos pero también funciona como pantalla que oculta el desierto cultural en el Campus universitario (salvo algunos espacios que se mueven con inercia cultural propia: medicina, filosofía ...).
5.- El prestigio de Colegio Civil (cuna de la universidad) como santuario cultural
no puede ocultar la carencia de una política cultural destinada a los casi 150 mil universitarios que integran estudiantes, profesores y trabajadores. Menos la falta de estrategias y programas de aportación cultural a la sociedad nuevoleonesa. Sin embargo, la reapetura del espacio real y simbólico que es Colegio Civil (en los años 60 ahí floreció la modernidad crítica de la cultura y la política nuevoleonesa) propiciada por la imagen mediática y la participación de la universidad en el Forum, ha dejado en claro la contradicción entre la potencialidad creativa y la miseria cultural burocrática en el trabajo de dos de sus principales funcionarios: José Celso Garza y Rogelio Villarreal.
José ha sido, sin duda, el estratega y ejecutor del programa que, en las condiciones de crisis estructural y ficción democrática, ha dado vida a Colegio Civil. Es un hombre joven, periodista culto y sensible que ha definido programas literarios y editoriales como no se había hecho antes en la universidad. En la crítica pública debemos reconocimiento público a quien lo merece. Rogelio Villarreal es un director de teatro formado en la escena universitaria de los años 70 que devino burócrata destacado en los tiempos grises de Reyes Taméz (luego su empleado en la SEP). Se graduó en la escuela pragmática del caciquismo universitario asumiendo el papel de director perenne (tras bambalinas le llaman "El dueño") de la facultad de Artes Escénicas que, en sus relaciones laberínticas con el poder universitario piñeyriano y post, fomentó la división y el aislamiento de la escuela de teatro de la Facultad de Filosofía y Letras ("la escuelita"), contribuyendo así a mantener el status absurdo de dos entidades de formación teatral de las cuales en su nivel medio no se sabe cuál de las dos tiene mejor nivel pedagógico.
Así, Rogelio Villarreal se convirtió en el teatrero en el poder que fomenta la subordinación, el amiguismo, el clientelismo, el nepotismo, el conformismo escénico. Y como siempre sucede, a pesar del nivel medio (no me refiero a títulos, hablo de calidad académica) en las escuelas teatrales han salido de sus aulas y están ahí, algunos profesores valiosos y alumnos con talento que no quieren ser estrellas de la tele o glamorosos del Star System.
Habría que analizar cómo las dos escuelas han influido, para bien y negativamente, en la situación de la cultura teatral nuevoleonesa
6.- En el teatro del Campus, ejemplo paradigmático
de las inconsistencias en materia cultural que imperan en la universidad es la existencia de dos espacios para la formación de actores : La "escuelita" (así le dicen como premio de consolación) de filosofía y Letras que dirige Sergio García; y la Faculta de Artes Escénicas que formalmente dirige Karina Ezquivel. En su origen ésta anomalía estuvo marcada por la política de feudos y el afán de mantener cotos de poder sin que mediaran razones académicas, estéticas y presupuestales de peso. Por derecho, tradición, prestigio escénico e historia, la que debería llamarse facultad o escuela de teatro es la institución pedagógica que fundó Sergio García, en la Facultad de Filosofía que dirigía Tomás González de Luna en aquel ya lejano 1974 - época del rectorado de Luis Todd (astuto negociador y divisionista de las izquierdas con su ensayo de cotos feudales que luego perfeccionaría su compadre Alfredo Piñeyro).
El rector Todd, dicharachero, maquiavélico de bolsillo y amigo de todos, concede a Miguel Covarrubias (otrora aliado político de Tomás Gonzáles de Luna) la estructuración del Instituto de Artes, en cuyo seno, bajo la dirección de Julián Guajardo, inicia el grupo teatral (en su fundación sesionaba en la antiguo edificio de la policía judicial) que nació en el conflicto con la escuelita de filosofía.
Al paso de los años, en la era del apogeo del sano espíritu feudal , recibiría todo el apoyo burocrático para convertirla luego en lo que es hoy la facultad de Artes Escénicas. En el conflicto que duró varios rectorados se intentó desaparecer la escuelita pero hubo resistencia de alumnos, profesores y de la misma administración de filosofía. Un dato del humor y estilo de sainete al que llegó el conflicto interescuadras teatrales: en aquellos años 80, una maestra de secundaria (Hortensia Camacho) sin relación alguna con el teatro, fue directora interina de la escuelita.
Como se ve, los dos espacios pedagógico-teatrales existen hasta la fecha por razones de política revanchista y agravios personales que tienen una larga historia, no como estrategia universitaria para la formación de actores con parámetros de rigor estético. Así, se explica la falta de asiseros estéticos éticos idológicos para situar en la realidad a los estudiantes que ingresan a sus aulas con la obsesión narcisista de usar el teatro para ser famosos, glamorosos. En esta atmósfera ambas escuelas propician el vacío y la improvisación donde alumnos y egresados, apenas pisan un escenario se creen divos (as) dignos de colocar su nombre al lado de Marlon Brando y Brad Pitt (ellos), de Greta Garbo y Angelina Jolie (ellas).
El estancamiento, la improvisación, la carencia de proyectos confrontados con el mundo real y los diversos públicos, propician el pragmatismo y la inercia que ignora teorías, técnicas y poéticas del arte teatral.
En los escenarios ya no se representan historias: se muestran histerias.
Ya lo dicen sabiamente los proverbios populares: en la ciudad de los ciegos, el tuerto es rey; en la oscuridad de la noche todos los gatos son pardos. En la ignorancia de la historia y los saberes del fenómeno teatral, todos dicen ¡eureka! pensando que, en su texto y puestas en escena, cada día descubren el hilo negro. Sin crítica y autocrítica, florece el autismo estético, al público se le ofrece gato por liebre y todo mundo es genial.
El debate pendiente sobre la situación de las dos escuelas en la universidad plantea también el diagnóstico sobre la atmósfera general de la cultura teatral en Nuevo León que se concentra en el área metropolitana de Monterrey, repitiendo el centralismo arrogante que se les critica a los chilangos en su relación con los estados de la República.
Por lo que esa devastación significa, se trata de conocer (y buscar la forma de reparar la infamia) cómo en 40 años fueron muriendo paulatinamente los pequeños teatros que había en el centro de la ciudad cuyos ejemplo de aberración e insensibilidad cultural han sido los pequeños teatros La República, La Azotea, el Teatro Mayo que peretenecieron a la universidad. Esos tres espacios fundamentales para la historia teatral neuvoleonesa se convirtieron en una mediocre fuente pública y una sucursal de Banamex. Antes, habían desaparecido del panorama urbano los teatros Grillo y Arlequín (calles Juárez y Zaragoza); después, La Bodega (en la colonia independencia), Luba (en la calle Tapia), y recientemente, asfixiado en la noche de su nacimiento, La Bodega de Dionisios en el corazón del centro de Monterrey.
Los teatreros nuevoleoneses vieron morir sus espacios sin inmutarse, sin ejercer la crítica, la protesta organizada solidaria y contundente, la demanda de reparar ese daño al teatro exigiendo a los funcionarios culturales de la administración pública la construcción de espacios sustitutos. Como ejemplo reciente, es inconcebible que el Teatro Calderón, importantísimo en el proceso teatral-cultural de Monterrey y el área conurbada, haya sufrido total abandono en la administración del alcalde maderito. Salvo la leve (más mediática que real) protesta pública de algunos teatreros, no se realizaron medidas contundentes para exigirle al alcalde que dedicara presupuesto y atención a la remodelación y progamación del teatro. En otras pequeñas ciudades, con tetatreros menos pasivos, menos espectadores de las aberraciones sociales-urbanísticas y más actores en los asuntos públicos, la comunidad teatrera se habría poesionado del teatro Calderón organizando un programa cultural y puestas en escena solidarias entre comunidad teatral y público hasta que la administración municipal tomara cartas en el asunto.
Por supuesto: no se trata de cerrar una escuela para preservar la otra. Académicamente no hay mucha diferencia entre una y otra, pero por razón instrumental y lógica burocrática la escuelita perdería la partida. Este panorama puede revertirse con la desaparición simultánea de la escuelita de Filosofía y Letras y la Facultad de Artes Escénicas, para iniciar un proceso de diagnóstico y reestructuración pedagocico-adeministrativa. En la síntesis nacería una nueva escuela que debe irradiar y reencauzar la cultura teatral con producciones artísticamente exigentes, menos burocratismo y conformismo, más riesgo y sintonía con las graves contradicciones y conflictos que genera constantemente la sociedad del espectáculo fundada en la confusión entre realidad y ficción, la violencia real y simbólica, la depredación, el despotismo, la explotación y el consumo enloquecido.
La imagen del actor en busca de la fama del cine y la televisión que reproduce el glamour del Star System global y la obsesión Fashion del canal de las estrellas, debe desaparecer de la universidad. Es lamentable que el teatro universitario (aquí se incluye al Tec, la UDEM, la UR...) siga produciendo puestas en escena para consumo interno y tres fines de semana con la idea de engordar el currículum de directores y actores y las estadísticas que presumen los funcionarios.
Hace falta calidad y permanencia en temporadas que pongan a prueba el talento (o su carencia) de dramaturgos, directores y actores, la formación de públicos sensibles que rechazan el teatro culinario que no apuesta estéticamente, repite ad infinitum los mismos gestos y clichés y está más preocupado por el business en la taquilla que por efecto poético en el escenario.
Es cuestión de ver la cartelera para detectar la distorsión y la pobreza de la cultura teatral que domina en el panorama nuevoleonés. Esto no se resolverá con autocomplacencias y homenajes a los veteranos (as) del teatro en cada festival teatral. ¿Cuando termine el listado, seguirán con la siguiente generación?
En este pantanoso panorama no es de extrañar que la cultura teatral esté dominada por montajes de tipo comercial que reproducen la ideología del poder, donde no hay riesgo estético, se refritea la comedia previsible y conservadora en el culto a las personalidades (el público todavía suspende la acción para aplaudir la entrada de las estrellas) y la explotación de caras conocidas en la televisión. Al joven llamado Sibidibidi canal 12 lo lanzó al estrellato, lo explotó inmisericordemente en programas banales, pretendió convertirlo en actor y de él hizo mofa hasta el cansancio.
En contrapartida, el endeble desarrollo estético y efecto social de puestas universitarias que, salvo excepciones, se mantienen en escena dos o tres fines de semana, entre familiares y amigos y para aumentar el curriculum y las cifras de "eventos" en las estadísticas de las instituciones. Así, ¿qué arte pueden desarrollar dramaturgos, directores, actores en constante diálogo con distintos públicos? Si no se ejercita, el talento se embota.
Un ejemplo nítido de estos dos extremos (teatro comercial y universitario) ha quedado en la historia de los proyectos fallidos en años recientes (2005-2006): El montaje de El Gesticulador del dramaturgo Rodolfo Usigli, que tuvo debut y despedida en la noche de su estreno publicitado -con bombo y platillos- por los funcionarios del municipio de Allende; y el montaje de la célebre y polémica pieza Cúcara Mácara de Oscar Liera, dirigido por David Gómez con caras conocidas de Multimedios en el reparto. A David Gómez, con larga experiencia en el teatro universitario, lo sedujo el canto del éxito taquillero que define a la oferta teatral de Multimedios donde la Nena Delgado es cacique y reina de la escena.
Otra carencia que ha pauperizado la cultura teatral de los productores, las instituciones y los públicos es la desaparición (salvo excepciones) de la crítica teatral en los periódicos. Lo que se lee ahora son reseñas apresuradas, generalmente laudatorias, escritas por encargo a reporteros que desconocen a fondo el fenómeno teatral.
Para remontar este proceso que degrada la cultura teatral y estandariza los publicos, los teatreros universitarios debe asumir su responsabilidad y tomar cartas en el asunto.
Si la burocracia tiende a la inercia y a la defensa de sus cotos de poder y sus privilegios, la iniciativa para hacer un diagnóstico y proponer la fundación de una nueva institución teatral, deben encabezarla -unidos en el diagnóstico, el diálogo y las propuestas- los alumnos y profesores de la escuelita y la facultad de artes escénicas de la U(A)NL.
7.- Más sobre la crisis del teatro en la sociedad del espectáculo
en lo que en el principio fue una anomalía, hoy un sinsentido y de seguir las cosas como están pronto será una aberración: la existencia de dos escuelas de teatro. Esto se hace más evidente en la crisis estructural que padece la universidad, la carencia de una política cultural y la tendencia a la baja del presupuesto que genera la crisis económica que sacude al modelo neoliberal, modelo que en Nuevo León ha sido sacralizado hasta el Delirium Tremens.
Para empezar el diagnóstico y el debate, en el futuro inmediato será necesario saber cómo se define cada una (la escuelita y la facultad), su nivel académico y estrategias en el contexto cultural-teatral. Será necesario instalar un foro abierto entre los teatreros universitarios con la idea de hacer de las dos escuelas que naufragan, una excelente-mediante la reestructuración de sus planes de estudio, la planta de maestros, el perfil de los alumnos y la optimización de recursos económicos.
En una acto verdaderamente democrático, un diagnóstico así debe surgir de una mesa de trabajo formada por profesores de teatro y alumnos representativos de las dos escuelas, con invitados externos (de la UNAM, Bellas artes, Argentina, España...) de sólida experiencia artística, pedagógica y administrativa. Este grupo de evaluación haría propuestas de reestructuración y el proyecto de una escuela única de teatro que recupere lo mejor de las dos escuelas existentes en la universidad. Claro, de entre los maestros capaces (mejor sería nombrar un director invitado ex profeso con experiencia en otras escuelas del país), por votación y consenso de alumnos y la planta docente de las dos escuelas, debe surgir el director de la escuela unificada, la nueva planta de maestros y el nuevo plan de estudios teatrales. Así se superarán los cotos de poder teatral, se ventilará el estado real de la cultura teatral universitaria y los proyectos a futuro. Esto, insisto, requiere de un foro teatral universitario donde todos los involucrados expresen sus pensamientos, proyectos y perspectivas de la función del teatro en Nuevo León.
8.- Anexo sobre teatreros, feudos y autohomenajes a la carta
Un acto que dibuja bien la atmósfera autoritaria dominante en la cultura universitaria, es el autoelogio-autohomenaje-autoconsagración que el actual director de la Secretaría de Extensión Cultural ha protagonizado al alentar y permitir que el espacio teatral de la facultad de artes escénicas haya sido bautizado con su nombre: Espacio Escénico Rogelio Villarreal.
Él, generoso, se puso a repartir glorias y pedestales a varios maestros que aceptaron (¿felices o contritos?) algunos de los salones de clase lleven su nombre. Un conocedor de leyes y reglamentos de la burocracia dice que la decisión contraviene una ley federal que impide a los funcionarios públicos en activo bautizar con su nombre espacios bajo su responsabilidad ¿Será vigente la ley?
Debe ser incómodo y penoso impartir clase y pisar el escenario que han sido bautizados con el nombre propio. Es como ver la propia estatua y el mausoleo antes de tiempo. El asunto es que nadie protesta públicamente, nadie dice: eso es grandilocuente y de mal gusto. El difunto Rectorrr Alfredo Piñeyro (fundador del método Big Brother en la Universidad) era transparente y coherente con su ideología del siglo XIII cuando decía que para imponer el orden, hacía falta establecer "el sano espíritu feudal". Al señor del feudo no se le contradice.
En desagravio, por salud mental y como gesto de consideración a los teatreros de la universidad, es necsario cambiar los nombres del espacio escénico y las aulas de los teatreros (as) vivientes que enseñan en artes escénicas, por los nombres de célebres fallecidos, digamos: Moliere, Stanislavski, Meyerhold, Brecht, Piscator, Jean Vilar, Georgio Strehler, Sergio Magaña, Emilio Carballido, Lola bravo, Clemente Monárrez...
Este signo de provincianismo y culto al funcionario no debe continuar, ya no se estila ni entre los grupos empresariales de aficionados al arte o en las sociedades culturales (donde dominan las señoras elegantes que escriben versos o pintan bodegones sin compararse con Gabriela Mistral o Frida Kahlo) que sobreviven en las pueblos pequeños que jamás se han planteado ser "ciudades del conocimiento" o "potencias medias de calidad mundial". A tal cultura en la universidad pública, tal atmósfera citadina nuevoleonesa.
9.- El concurso Señorita U(A)NL como espejo y maquillaje de la cultura universitaria
es degradante, irrisorio, grotesco. Saber cuando cómo por qué y en qué contexto surgió el concurso señorita UANL que parece ser el programa "cultural" más exitoso entre estudiantes y maestros de facultades y prepas, es el primer paso para evitar la extrema degradadación cultural y propiciar la participación estudiantil en los problemas universitarios. A menos que se quiera seguir imitando uno de los concursos más pedestres de la sociedad del espectáculo, ese concurso debe desaparecer cuanto antes como esencia de la declaración de principios éticos, críticos y democráticos de quienes conforman la comunidad universitaria.
De seguir con su promoción anual entrará en franca contradicción con una atmósfera estudiantil creativa y será difícil que encaje en una política cultural crítica y democrática, ajena a la copia de los desprestigiados montajes del Show Business, reflejos patéticos de las revistas rosas del corazón libidinoso, del tráfico de cuerpos femeninos y, lo peor: terreno al que ha llegado el billete blanqueado del narcotráfico. Si de concursos y algarabía se trata, el concurso Miss U(A)NL es posible sustituirlo por otro mas imaginativo, creativo, por ejemplo uno de disfraces y sketches sobre maestros y funcionarios universitarios y de la fauna política estatal y nacional. Tal vez surja otro Afred Jarry, un nuevo Chaplin, otros hermanos Marx.
Casi cualquier programa puede ser más imaginativo que saber cual de las chicas de la universidad tienen cara graciosa, senos bonitos y piernas bien torneadas para coronarla reina universitaria.
Para contrarrestar y parodiar ese infamante concurso, los estudiantes lúdicos e irreverentes pueden también convocar a la coronación de la chica U(A)NL más fea en el Campus, como se hace en los carnavales populares.
10.- Por supuesto: el diagnóstico y diseño de una política cultural en la U(A)NL
además de la creación de una sola y profesional escuela de teatro y la definición de la vocación de sus espacios culturales, pasa por el análisis del funcionamiento y objetivos de las Facultades de Artes Visuales, de Música (con el debido trato profesional y contrato justo a los miembros de la orquesta de la universidad), de literatura y filosofía, la Capilla Alfonsina y la red de bibliotecas, la estructura y objetivos de la anunciada Casa del Libro y el Centro de investigaciones estéticas, el sentido académico y cultural de los doctorados Honoris Causa, el premio de las artes, la existencia o inexistencia de departamentos de difusión cultural en las facultades y preparatorias. Sin faltar la democratización-reestructuración-modernización de la radio y televisión universitarias cuyo funcionamiento debe inspirarse de televisión-radio UNAM, canal 11 del Politécnico, canal 22.
La revista Armas y Letras y el periódico Vida Universitaria, deben cambiar su estrategia editorial y ser reflejo del proceso crítico y el debate sobre la cultura universitaria, su función social y los grandes debates que la conectan con el mundo. Lo mismo se requiere de las publicaciones sobre ciencia y tecnología, sociología y otros temas: su saber específico no debe sustraerse al diagnóstico de la crisis global y la necesidad de un nueva civilización que no se someta a la dictadura cultural-mediática del neoliberalismo, al fetichismo del mercado y el uso de la ciencia y la tecnología para aplicarlos en la explotación, la alienación, la guerra.
Una política cultural en la universidad requiere de una red interinstitucional para potenciar la vocación y uso de espacios físicos; los proyectos, programas, promoción y difusión de las artes, la ciencia y la cultura hacia el interior y exterior del Campus (artes plásticas, diseño, cine, música, danza, teatro, promoción del libro y la lectura, uso de bibliotecas, investigaciones estéticas y científicas, programas de la historia artística de Nuevo León...)
11.- Parafraseando al autor de Das Kapital y la tesis 11 sobre Ludwig Andreas von Feuberbach
que sigue fantasmando por el mundo y asustando a las momias: no solamente hace falta diagnosticar, analizar, pensar, interpretar la Universidad de Nuevo León que ya cumple 77 años: también hace falta transformarla mediante la praxis que propicie el debate sobre sus malestares, sus aciertos y proyectos para una reestructuración democrática y profunda que le dé sentido a la A de la autonomía que perdió hace cuatro décadas.
Hace falta refundar a la universidad pública para que irradie, como alguna vez lo hizo, su saber y su cultura a la sociedad de la cual emana y a la cual se debe. Una política cultural democrática, crítica, moderna (no modernólatra), atenta a lo que sucede en el siglo de los crepúsculos puede ayudar a refundarla.
En fin, estas 11 tesis no son dogmas de fe: son reflexiones, información, ideas, bosquejo de proyecto a realizar.
No hay duda que con el diálogo y la participación colectiva se desarrollarán para convertirse en realidad.
Por lo pronto, es mi aportación para iniciar el debate sobre la situación actual y el futuro de una política cultural en la universidad pública de Nuevo León.
(Imágenes tomadas de Internet / Derechos reservados por el autor)
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