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Me han invitado a hablar acerca del "periodismo cultural en Nuevo León". El problema es que yo no creo ya en eso de "periodismo cultural". Hace tiempo que me parece un término obsoleto, caduco, viejo. Es más: hace buen rato que ni lo mencionaba, ni siquiera pensaba en él. Es un concepto momificado, rancio, lleno de telarañas. Creo que el "periodismo cultural" no tiene futuro, y lo peor es que tampoco tiene presente, casi.
Sinceramente, yo no veo que vaya a seguir existiendo un periodismo que cada día le interesa a menos personas. Yo no veo que pueda existir un periodismo que cada vez cuenta con menos páginas, con menos espacios en los medios en general. No considero que vaya a continuar vivo un periodismo que no tiene público, un periodismo al cual se le está acabando el público día tras día.
Sé que estas palabras que digo son anatema, aquí, en este espacio. Qué atrevimiento, venir al Gargantúa a decir que el periodismo cultural está muerto o a punto de morir.
Pero supongamos que voy a cualquier otro sitio, por ejemplo al Barrio Antiguo, a una universidad, a un parque, y tomo un micrófono y empiezo a decir lo mismo... Nadie va a protestar, nadie me va a mirar feo. Y no porque estén de acuerdo conmigo, sino porque simplemente no les interesa el asunto. A nadie, a casi nadie le interesa ya eso de "periodismo cultural en Nuevo León". A los estudiantes, a la gente de la calle, a los profesores, les da igual si se practica o no el periodismo cultural en Nuevo León.
Lo peor es que esta indiferencia no sólo la veríamos en el Barrio Antiguo y demás lugares inundados por gente común. Si vamos a las redacciones de los diarios y de las televisoras, probablemente sucedería igual. Me da la impresión que allí tampoco les importa gran cosa el llamado "periodismo cultural".
A lo mejor los únicos a los que interesa e importa el periodismo cultural, son las personas que se tomaron el tiempo de venir hoy a esta reunión. Unos cuantos, ¿no?, casi nadie en realidad. Creo que si yo estuviera errado en lo que dije hace un momento, habría aquí 300 o 400 individuos ansiosos de escucharnos.
Habría que preguntarnos cómo es que llegamos a la situación actual, tan triste y desolada, si es que nos dejamos llevar por la nostalgia.
Recordemos rápidamente, a manera de contexto, que hace 20 años aún existía la sección cultural en el periódico El Norte (donde yo trabajaba por cierto), y salía cada domingo el legendario suplemento Aquí Vamos en el periódico El Porvenir, el cual también contaba con su sección especializada en cultura (allí trabajaba Gerardo López Moya).
Son pruebas de que en esos tiempos el periodismo cultural era mucho más importante que hoy. Yo no sé, ignoro, el verdadero impacto que tenían esas publicaciones en el lector promedio. Quizá era igual que hoy, es decir, tal vez poca gente leía las secciones culturales de El Norte y El Porvenir, y menos el Aquí Vamos.
Pero no hay duda que los dos periódicos principales de Monterrey en ese entonces, le concedían relevancia al periodismo cultural, tal cual.
Ya no es así.
Ya no existe el Aquí Vamos. La sección cultural de El Norte ya sabemos que se transmutó en la sección Vida, y la sección cultural de El Porvenir sólo tiene uno o dos reporteros, igual que sucede en Milenio.
Claro que resulta muy fácil culpar de la debacle del periodismo cultural a los grandes medios de comunicación. Los podemos satanizar de inmediato diciendo que "No quieren invertir en la cultura".
Y no voy a defender a los dueños de los medios corporativos, pero cualquiera sabe que si no hay público, a la larga no se puede sobrevivir, porque sin lectores o televidentes tampoco hay ingresos por publicidad. En La Rocka, el periódico que me toca dirigir, seguimos ese criterio, que más bien es una regla, una ley imposible de romper si es que uno desea continuar publicando. En el caso de La Rocka, por ejemplo, mucho de lo que hacemos se determina en base al número de lectores y al número de anunciantes que tenemos. Espero que no se malinterprete lo anterior. Lo que digo, lo que quiero advertir, es que un medio como La Rocka no puede gastar más de lo que gana.
El tiraje, la renta de la oficina, el número de páginas de cada edición, los sueldos... muchas decisiones de índole financiera se toman en función del público, que a su vez determina cuántos anunciantes podemos conseguir.
Y es muy fácil de entender: Si el "periodismo cultural" no le interesa a la gente, entonces no va a haber anunciantes. Y por eso me parece perfectamente normal que eventualmente los medios recorten páginas y espacios, despidan reporteros y dejen de cubrir las ruedas de prensa de Conarte, las presentaciones de libros, etcétera.
A largo plazo no hay otro camino, los medios no pueden resistir, no lograrán subsidiar al periodismo cultural. Y menos si los dueños tienen como objetivo prioritario ganar mucho dinero.
Ahora bien, ¿por qué el periodismo cultural ya no es importante? Hay que reconocer, o mejor dicho hay que aceptar, que con el paso del tiempo todo se va transformando. A veces los cambios nos asombran, pero, cuidado, pueden también movernos el tapete y hacernos perder el equilibrio.
A veces somos muy ingenuos y pensamos que todo va a permanecer igual, cuando vivimos en medio de cambios frenéticos de toda clase.
A mí me parece que el llamado "periodismo cultural", como lo conocimos alguna vez, ya no funciona en la actualidad en Nuevo León. En parte, no funciona porque en el sistema económico en el que nos desenvolvemos, el capitalismo salvaje, como le dicen algunos, el quehacer cultural no sirve para generar utilidades. En pesos y centavos, el periodismo cultural vale muy poco; como que vale menos cada día.
Pero también hay otra razón, que me parece más digna de tomar en cuenta, sobre todo para quienes ya pasamos de los 40 de edad.
Sucede que el periodismo cultural en Nuevo León, en el formato que lo conocimos cuando éramos jóvenes, se volvió viejo. El periodismo cultural envejeció. Y no me refiero a que cumplió demasiados años; me refiero a que la forma, la práctica, la manera de trabajar, la manera de ser del periodismo cultural, se quedó rezagada.
Sabemos que al llegar el internet se produjeron cambios muy drásticos en el periodismo, en los periodistas, en los medios, y sobre todo en el público, en la audiencia.
No viene al caso hacer ahora un recuento de las transformaciones tan duras que nos ha tocado presenciar. Baste decir, y baste aceptar, que hay un abismo de diferencia entre los jóvenes de hoy y los jóvenes de hace 20 años. Ese abismo es el internet, y ese abismo es una desgracia para el periodismo cultural en Nuevo León, tan rezagado y obsoleto que ya casi no le interesa a los jóvenes.
En mi opinión, el periodismo cultural en Nuevo León no se adaptó, no se ha adaptado a las nuevas tecnologías de la información. O los periodistas encargados de esa área. Y en consecuencia, el desfase con los lectores, con el público, con la audiencia, ha significado su reducción a casi la nada.
Es en serio. Salgan a la calle, visiten una universidad, y verán que el periodismo cultural es una cosa de marcianos para la mayoría de los jóvenes.
Podemos hablar también de otros factores que inciden en la decadencia del periodismo cultural en Nuevo León. El nivel educativo del Estado, por ejemplo, no ayuda en nada. Tampoco el fanatismo de los aficionados al futbol, ni los programas de televisión locales, con las salvedades que ya conocemos. Pero todo eso no representa novedad alguna.
Lo que se necesita es buscar una alternativa a este proceso de muerte en el que se encuentra el llamado "periodismo cultural" en NL.
Sinceramente, creo que se requiere un rompimiento total con el modelo antiguo de periodismo cultural. Los suplementos culturales al estilo de Aquí Vamos, las secciones culturales como las de hace dos décadas, pueden matar de aburrimiento a los jóvenes de hoy. Eso no va a funcionar, por más que nos rasguemos el alma aquí esta noche.
Para revertir la tendencia, la única solución que yo veo es buscar estrategias de verdad diferentes. La solución empieza por aceptar que el público de hoy es muy diferente al de hace 20 años; aceptemos que en la actualidad el público tiene un poder descomunal sobre los periodistas porque prácticamente la audiencia es la que decide quién vive y quién muere.
En el caso de La Rocka -si de algo sirve examinar el caso de una publicación que aborda algunos temas culturales y que ha logrado subsistir más de seis años con un tiraje bastante elevado-, lo que hemos hecho es alejarnos del concepto tradicional de sumplemento de cultura.
A quienes trabajamos en La Rocka nos gustan los libros, el teatro, la historia, los museos, y todo eso, y nos agrada entrevistar escritores, músicos, personas creativas, "intelectuales". Pero nunca sentimos que estamos en el mismo canal de un suplemento cultural.
De veras, eso de "periodismo cultural" nunca lo hemos pronunciado en las oficinas de La Rocka. El término es muy solemne y la solemnidad no nos agrada, y tampoco a los lectores. No estoy sugiriendo que La Rocka haya encontrado la ruta del éxito en cuanto al futuro del periodismo cultural (o lo que queda de el). Es nada más un ejemplo de cómo se pueden intentar caminos diferentes tratando de adaptarse a las condiciones actuales. (Una especie de Darwinismo, supongo: somos una especie que se va adaptando a su entorno para sobrevivir).
Todo lo anterior sé que se puede rebatir, ya con críticas, ya con ataques a La Rocka, o bien, con ideas mejores. Y me parecería excelente si eso llega a ocurrir esta noche o posteriormente. Por un lado, nadie es perfecto. Por otro, evidentemente es una provocación. El propósito de una mesa redonda es generar la discusión, el intercambio de ideas, la reflexión; ojalá haya colaborado a eso.
* Texto leído en la mesa El periodismo cultural en Nuevo León del Ciclo de debates sobre el tema PENSAR LA CULTURA, PENSAR NUESTRA REALIDAD organizado por Revista Pantagruélica y Gargantúa Espacio cultural.
(Imágenes tomadas de Internet / Derechos reservados por el autor)
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