|
Aventuro una hipótesis: el periodismo cultural lo hacen los periodistas y no los medios de comunicación. Hay una industria de la información en Monterrey, una industria que pasa por la radio, televisión, Internet y la prensa escrita. Aventuro otra hipótesis: existe periodismo cultural a pesar de los medios de comunicación. Tercera hipótesis: el periodismo cultural gravita porque se le ha querido asesinar. El viviente no tiene historia, el sobreviviente sí tiene historia.
El periodismo cultural nos viene de muy lejos y existen dos figuras emblemáticas. Por el lado de El Porvenir, Porfirio Barba-Jacob (Ricardo Arenales) y por el lado de El Norte, Celedonio Junco de la Vega, ambos poetas. Durante mucho tiempo se confundió el periodismo cultural con el periodismo de socialitos, de cócteles y tertulias. A finales de los sesenta don Panchito Cerda y Jorge Villegas difundieron algún suplemento cultural y la literatura en El Porvenir.
Años después, muchos avanzaron en organizar a retazos en los periódicos algún periodismo cultural. Ahí estaban el arquitecto Rodríguez Vizcarra, Alfredo Gracia Vicente, Alfonso Rangel Guerra, Felipe Díaz Garza, Roberto Escamilla, Luis Martín Garza y un grupo importante de la Universidad Autónoma de Nuevo León y otro más en el Tec.
Es hasta mediados de los ochenta cuando empieza el ascenso del periodismo cultural en Monterrey. La ciudad contaba con museos pujantes, como el desaparecido de Cervecería, las artes plásticas habían dejado el adocenamiento anterior del paisajismo y la vanguardia decadente (el Chato Cantú es un caso aparte), la fotografía empezaba realmente a gravitar, la música popular sonaba del lado de Celso Piña y en los bailes masivos de la Expo y de Factores Mutuos. Un puñado de escritores jóvenes daban a conocer sus textos. El teatro tenía también una historia sólida de profesionales y experimentales. Existía ya la cocina para empujar un periodismo cultural diferente.
La apuesta de El Porvenir desencadenó la espiral. La década más fructífera para el periodismo cultural se dio entre 1985 y 1995. Páginas y páginas de cultura y animadores culturales de la talla de Jorge Cantú de la Garza, Xavier Moyssén, Gabriel Contreras, Gerardo López Moya, José Celso Garza, Rosy Villarreal, María Belmonte, Óscar Efraín Herrera, Sergio Cordero, Fernando Patiño, Blanca Cecilia Treviño, Hernando Garza, Xavier Araiza, Javier Treviño, Sergio Cárdenas Heiras, Mario Núñez, Genaro Huacal, Ángel Sánchez Borges, Guadalupe Cruz, Dulce María González, Nazario Sepúlveda, Ricardo Elizondo Elizondo, Margarito Cuéllar, Cris Villarreal Navarro, Humberto, Leticia y Horacio Salazar Herrera, José González Quijano, ... todos con una vocación de guerreros, todos con una vocación de zahorí.
Jamás en la historia del periodismo cultural en Monterrey existieron tantos y tantos tan buenos. El periodismo cultural cambió el cóctel por la investigación; la opinión por el artículo de fondo. Era imposible no aceptar la competencia y la competitividad. En esos días, el periodismo fue un pan nuestro y los periodistas culturales contaminaron de pasión a los demás periodistas. Cualquier periódico que no contara con una sección cultural decente era un periódico inviable. Hasta la televisión tuvo que aportar notas de periodismo cultural.
Después de esta década contradictoria y fructífera, el declive fue trágico, caída libre, libre sí, pero fatal también. Los periódicos olvidaron al periodismo y se convirtieron en simples empresas. Ya no importó el periodismo sino la ganancia, la utilidad. Hay una diferencia cardinal entre ser una empresa periodística y ser una empresa de información. Al acabar con los periodistas críticos, las empresas de información olvidaron la inclusión, la apertura y la democracia.
El periodismo dejó de ser periodismo, es decir, desvelo: desvelamiento de lo que el poder oculta, inclusive los poderes culturales, que son poderes ideológicos, que son poderes de persuasión. Como asegura Jean Mouchon, situada dentro del movimiento general de la industrialización de la cultura, la información está más presionada por los imperativos económicos. Hay, de facto, una mercantilización de la información.
Alain Minc en su libro La borrachera democrática, asegura que los poderes tradicionales -legislativo, ejecutivo y judicial- habían sido sustituidos por otra tríada de poderes fácticos: la prensa, los jueces y la opinión pública (los sondeos).
"Es importante, por tanto, recalcar que el precio de la información depende de la demanda, del interés que suscita. Lo que prima es la venta. Una información será juzgada sin valor si no consigue interesar a un público amplio. Los periodistas idealistas, esos dulces soñadores en búsqueda de la verdad que antes dirigían los periódicos y los medios electrónicos, han sido reemplazados a menudo a la cabeza de las empresas por hombres de negocios. Desde que está consideraba como una mercancía, la información ha dejado de verse sometida a los criterios tradicionales de la verificación, la autenticidad o el error. Ahora se rige por las leyes del mercado."
Al convertirse la información en mercancía, la crítica deviene chisme y la reflexión se convierte en un ejercicio de catacumbas. "Divertirse, escapar del aburrimiento es la pasión universal", dice Mario Vargas Llosa. Y agrega: "Esa exaltación de la frivolidad en todos los campos, no ha dejado indemne al periodismo. El escándalo y el amarillismo son las consecuencias de esta especie de nueva dictadura, que ata la supervivencia de los medios a la satisfacción de un público cada vez más ávido de los contenidos de este tipo."
Ante la información como mercancía (que es el caso de El Norte y la disminución de sus páginas culturales) y ante la banalidad estereotipada de la realidad de la que nos habla Gianni Vattimo, sólo queda intentar la independencia crítica. La independencia crítica ya no tiene cabida en las páginas de la industria de la información. Reflexionemos con Jean Baudrillard.
"Es el gran síndrome de la menopausia social. Alergia a lo social, trastornos de la socialidad, final de la ovulación social. Alopausia: trastornos de la relación. Oniropausia: final de la ovulación de sueños. Efervescencia, ansiedad, vértigos, desherencia. Enervamiento. Todo comienza con el enervamiento, la forma más inofensiva. Pregunta: ¿Qué nos enerva? Tiempo atrás, habría sido: ¿Qué nos apasiona, qué nos repugna? Pero ahora ya nadie se siente apasionado, ni asqueado, sólo enervado."
Al menos 120 diarios de EU han cerrado desde enero de 2008 y cientos han recortado su periodicidad, difusión y plantilla, ahogados por el efecto de la recesión económica en la publicidad y el gasto de los consumidores, pero sobre todo por la crisis de un modelo de negocio que se tambalea. Las alarmas han saltado cuando los dos diarios más prestigiosos de EU, The New York Times y The Washington Post, han tenido que recortar sus plantillas, al igual que el Miami Herald, al tiempo que las editora del Chicago Tribune y de Los Ángeles Times se han declarado en bancarrota y Rocky Mountain News, la cabecera más antigua de Colorado, ha desaparecido, se informó en la página digital del periódico Excélsior.
La salida para el periodismo cultural, para esa hija de la modernidad que llamamos la crítica, está por ahora en Internet. Y yo no sé si sea lo mejor, lo que sí sé es que es nuestra única alternativa porque, hay que redefinirnos, el periodismo cultural es y será siendo si y sólo si apunta a su independencia crítica como antecedente de libertad.
* Texto leído en la mesa El periodismo cultural en Nuevo León del Ciclo de debates sobre el tema PENSAR LA CULTURA, PENSAR NUESTRA REALIDAD organizado por Revista Pantagruélica y Gargantúa Espacio cultural.
(Imagen tomada de Internet / Derechos reservados por el autor)
|