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El cronista-novelista que nos ha dado las Noticias del Imperio ha sido reconocido con el premio Juan Rulfo. Conocedor de la historia, los gestos, las aventuras, las corrupciones, las ignominias y las infamias del poder, ha dicho –refrendado lo que anunció el año pasado recién consumado el fraude electoral del 2 de julio– a los medios de comunicación (La Jornada. Nov/26/2007), y a quienes quieran oírlo: “...acudo a la definición de fraude en las enciclopedias: fraude es falacia, mentira, engaño, abuso de confianza, y todo eso lo hubo antes de la elección... creo que es muy posible que Calderón haya ganado por 500 mil votos, pero esos votos se los arrebataron a López Obrador muy a la mala, en una de las campañas más sucias que he visto yo en mi vida en México; una campaña de infamias, de calumnias, verdaderamente y absolutamente vergonzosa... a eso contribuyó la interrelación del ex presidente Vicente Fox al haberse metido de lleno a la campaña para desprestigiar también a López Obrador... que hubiera cerca de un millón de correos electrónicos enviados desde oficinas públicas difamando a López Obrador, y contribuyó el empresariado que abiertamente lanzó mensajes contra López Obrador. De modo que el fraude, para mí, se hizo antes”.

No hay rodeos retóricos, las palabras son contundentes, llevan la dinamita del coraje y el escalpelo de la inteligencia. Fernando del Paso deja en claro que no es un súbdito del Imperio y escribe y habla con la visión del mundo de un escritor comprometido con la ética y los derechos de los ciudadanos; él, además, de un extraordinario artista de lo literario, también un ciudadano. Fernando del Paso es de otra estirpe distinta a los intelectuales y artistas salchichitas que gritan desaforados “Ha muerto el rey, viva el rey”; atentos a los diktats y los gestos de los nuevos mandatarios, así sean ineptos y fraudulentos.

Es obvio el contraste entre la posición y el compromiso asumido por Fernando del Paso con la perorata nerviosa y transparentemente oportunista de Carlos Fuentes (extraordinario novelista, sin duda) llamando a olvidar el fraude para dejar que Calderón se la pase bien y gobierne sin sobresaltos en el sexenio. Incluso, en el desfiladero del cinismo el autor de Las buenas conciencias llama a los operadores y los aliados en el fraude a no presionar, a no cobrar facturas, a que se den por bien pagados con el “triunfo” de su candidato .

Dos escritores, dos posiciones, dos éticas, dos compromisos: uno, con la libertad del escritor frente al Príncipe; otro, atento a las órdenes del Príncipe, a los designios del poder. Ambos son ejemplo de la profunda división existente en el ámbito cultural, después del fraude electoral del 2006. Por supuesto, las cajas de resonancia de lo que escribirán y dirán unos y otros no serán las mismas. La mediocracia (sobre todo la electrónica) que contribuyó al fraude le dará alas y vuelo a las palabras de los escritores e intelectuales salchichitas. Los críticos, los que saben que el país se juega el futuro en estos años por venir, encontrarán eco y lectores en los ciudadanos para quienes las palabras democracia, justicia, libertad no son meros recursos demagógicos.

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