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LA RELIGIÓN
Las conceptualizaciones, experiencias y vivencias religiosas en su dimensión colectiva se incorporan a las pautas de vida, y gradualmente adquieren una forma definida en valores y normas a las que se ajusta la actividad. Así, se formula un sector de la cultura, que en este caso se denomina religión.
En el curso de la historia, la religión ha evolucionado y pueden distinguirse varias etapas: a) la religión primitiva del mundo mítico, en el cual la acción religiosa es participación; esto es, el humano no se halla aún configurado como individuo y se siente parte de la realidad objetal del mundo sin distinguirse de ésta. Ahí, las normas religiosas forman parte de los sistemas sociales, b) la religión arcaica de cultos, con dioses, sacerdotes, rituales, etc. en la que se concibe una cosmología jerárquicamente estructurada, c) la religión histórica en la que la acción va orientada a la salvación, y d) la religión contemporánea en la que no hay relación jerárquica entre este mundo y el otro; y lo religioso se concibe como la relación del individuo con una entidad trascendente (1).
El hombre proyecta en la naturaleza los contenidos de su mente; primero en las fuerzas naturales como el rayo o el trueno, luego en las fuerzas animadas, los animales, a los que atribuye poderes que desea tener para sí; y posteriormente, configura un Dios antropomórfico, en el cual proyecta su propia conformación personal. De acuerdo a lo anterior, la religiosidad teológica es una expresión del antropomorfismo; esto es, la atribución de características humanas a entidades naturales o sobrenaturales. Lo que es el antecedente de la actitud antropocéntrica en la religión, al ignorar la realidad del cosmos y concebir al humano como único, y hasta preferido del proceso evolutivo. Para propósitos de ejemplificación, se presentan brevemente algunos análisis de la religión que han expuesto pensadores del siglo XIX y XX.
Ludwig Feuerbach
Ludwig Feuerbach en una obra editada inicialmente en 1841, La Esencia del Cristianismo hace un análisis crítico de la religión, y considera los siguientes elementos: (2)
a) El ser humano: lo esencial de éste es la conciencia, que establece la diferencia con el animal y que hacia el interior de sí mismo es la relación con la propia esencia; y como el individuo en su naturaleza es limitado, transfiere dicha limitación a su esencia, y así, la religión es la conciencia de lo infinito y del ser absoluto (Dios) que es su esencia. b) Dios: el fundamento de la religión es el sentimiento; y Dios es sentimiento puro, por lo que en el sujeto religioso coincide la conciencia con la autoconciencia. "Dios es el interior revelado del hombre...no debemos entender como si el hombre religioso fuera directamente consciente de que su conciencia de Dios es la autoconciencia de su esencia, pues la carencia de esta conciencia constituye justamente la esencia de la religión." (3) Lo que significa que en la religión el hombre se aliena y busca su esencia fuera de sí. De esta manera "se atribuye a Dios lo que se tiene en sí mismo", con lo que " la religión es la relación del hombre consigo mismo". c) La religión: históricamente la religión pide al humano ser niño, para que los dogmas sean aceptables, con lo que configura una concepción infantil del mundo. En consecuencia, "la religión es la esencia infantil de la humanidad". Como sector cultural "abarca todos los objetos del mundo, y todo lo que existe es objeto de veneración religiosa; en la esencia y conciencia de la religión no hay sino lo que se encuentra en general en la esencia y en la conciencia que el hombre tiene de sí mismo y del mundo. La religión no tiene ningún contenido propio y esencial."(4) Por lo que, los predicados religiosos son antropomórficos; son representaciones humanas.
Afirma Feuerbach: "La religión pone de nuevo inconscientemente en Dios lo que ha negado de manera consciente; supuesto naturalmente que lo que niega sea algo verdadero, esencial, y, por consiguiente, algo que no deba ser negado." Por lo que cuando el hombre ha dado valor a Dios lo sustrae de su persona; y así "el hombre renuncia a su persona, pero, precisamente por eso, Dios es para él el ser omnipotente, ilimitado, el ser personal; niega el honor del hombre, el yo humano, por eso mismo Dios es para él un ser que vive para sí, egoísta, que busca en todo solamente su envidioso; Dios es el placer mismo del egoísmo."(5)
En tanto es un ente singular y no tiene principio de existencia fuera de sí, en Dios se deposita lo que el humano niega en sí mismo; y en la medida que practica una moral altruista niega su propio yo y lo deposita en Dios. "El hombre, --éste es el misterio de la religión- objetiva su esencia y se convierte a su vez en objeto de este ser objetivo, transformándose en un sujeto (antropomorfizado), en una persona; él se piensa como objeto, pero como objeto de un objeto, como objeto de otro ser."(6) En el proceso de alienación "cuanto más subjetivo y humano es Dios, tanto más enajena el hombre su propia subjetividad, su propia humanidad, porque Dios es, en y por sí, su yo alienado que se recupera de nuevo simultáneamente.....En la sístole religiosa se despoja el hombre de su propia esencia, se repudia y condena a sí mismo; en la diástole religiosa acepta nuevamente su esencia repudiada en su corazón."(7).
Feuerbach continúa, "la inteligencia sólo juzga según el rigor de la ley; el corazón en cambio, se acomoda, es benigno, benévolo, considerado y humano. A la ley, que sólo representa la perfección moral, nadie puede satisfacerla; pero, por eso mismo, no basta la ley para el hombre, para el corazón. La ley condena, pero el corazón se apiada del corazón, la ley sólo me afirma como ser abstracto, el corazón como ser real. El corazón, me da la conciencia de que soy hombre; la ley, sólo la conciencia de que soy pecador, de que soy nada. La ley somete al hombre bajo su dominio; el amor lo hace libre." (8)
Mientras, el ateísmo requiere de la conciencia genérica del hombre; esto es, en tanto especie, la consideración del individuo frente a la entidad llamada Dios, lo coloca siempre en desventaja, débil, desvalido, como una nada, como una insignificancia. "Conocer a Dios y no ser Dios uno mismo, conocer la felicidad sin gozar de ella, representa una ruptura, una desgracia."(9) Individualmente, el hombre se quita todo valor ante la figura de Dios; mientras colectivamente puede ejercer su voluntad y asumir el valor que le corresponde como ente generador de la realidad cultural, ya que ésta no tiene un origen individual sino genérico. Ahí, se aprecia lo humano en su magnitud. Un punto clave para entender esto es la consideración del hombre como un ente con voluntad, con disposición de los propios motivos, con la capacidad de obrar sobre la realidad, decidir o decir la última palabra; lo que es expresión de su voluntad de poder, que le permite estar sobre la realidad y tener dominio de sí.
La conciencia surgida de la relación objetal sensible es separada de la conciencia de sí, "pero en el caso del objeto religioso coincide inmediatamente la conciencia con la autoconciencia. El objeto sensible es exterior al hombre, el objeto religioso está en él, le es interior"(10) , por lo que "la religión, por lo menos la cristiana, es la relación del hombre consigo mismo, o, mejor dicho, con su esencia, pero considerada como una esencia extraña. La esencia divina es la esencia humana, o mejor, la esencia del hombre prescindiendo de los límites de lo individual, es decir, del hombre real y corporal, objetivado, contemplado y venerado, como un ser extraño y diferente de sí mismo."(11) En relación al proceso cognitivo "la certeza es para el hombre el poder supremo; aquello de lo que tiene certeza es para él lo existente y divino." "La fe no es más que la certeza confiada de la realidad, es decir, validez y verdad incondicional de lo subjetivo en oposición a los límites, es decir, a las leyes de la naturaleza y de la razón. El objeto característico de la fe es, por tanto, el milagro. Fe es fe en milagros, fe y milagros son absolutamente inseparables....El milagro es la cara exterior de la fe."(12) De esta manera, la fe es objetivación de la omnipotencia de los sentimientos y deseos humanos, pues "para lo fe lo subjetivo en y por sí mismo es lo objetivo, lo absoluto mismo." En lugar del espíritu de la cultura, el cristianismo colocó "la subjetividad ilimitada, desmesurada, trascendente y sobrenatural."(13) Al obrar de acuerdo al deseo en el milagro, el individuo se halla guiado por lo inconsciente, con ausencia de límites, incondicionalidad, atemporalidad, con tolerancia a la contradicción, guiado por la fantasía, etc. A lo que se agrega que la actividad milagrosa es teleológica, sin reparar en los medios.
Feuerbach reivindica la naturalidad, la materialidad, la sensibilidad humana, en tanto el alejamiento de ésta ha conducido a la creación de una realidad fantasiosa. "Cuanto más el hombre se aleja de la naturaleza, tanto más subjetiva se hace su percepción,...El hombre subjetivo convierte sus sentimientos en regla de lo que debe ser..; el hombre subjetivo no se rige por las aburridas leyes de la lógica y de la física, sino por la arbitrariedad de su imaginación; elimina lo desagradable de una cosa, y mantiene lo agradable."(14) Acerca de la naturaleza de Dios afirma, "Dios no es un ser fisiológico o cósmico, sino psicológico."(15) En tanto lo psicológico es lo referente al sentimiento, la imaginación, la subjetividad; por lo que, "conferir a la naturaleza un significado teológico o teístico es dar al pan el significado de la carne, al vino el significado de la sangre. Convertir a la naturaleza en la obra, en la expresión de Dios, es sustraerle su sustancia para no dejarle más que los accidentes."(16)
Karl Marx
Marx afirma, la religión es una "conciencia del mundo invertida", que expresa la protesta contra la realidad; por lo que su superación es una exigencia para pasar de lo ilusorio a lo real. Lo que significa que la religión depende de las condiciones reales de existencia, en tanto su naturaleza es subjetiva o puramente imaginaria; por lo que intentar incidir sobre ésta, implica modificar las condiciones de existencia. En torno a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel de 1844 dice, "El hombre, que sólo ha encontrado en la realidad fantástica del cielo, donde buscaba un superhombre, el reflejo de sí mismo, no se sentirá ya inclinado a encontrar solamente la apariencia de sí mismo, el no-hombre, donde lo que busca y debe necesariamente buscar es su verdadera realidad. El fundamento de la crítica religiosa es: el hombre hace la religión; la religión no hace al hombre."(17)
La inversión de la conciencia a la que hace referencia Marx, tiene origen cuando primero aparece el creador fantaseado, y luego el mundo de la objetividad; lo que es extensión de lo que sucede en el curso del desarrollo de la mente, en lo que el individuo primero atribuye al objeto la realidad percibida y luego se da cuenta del mundo. Relacionada con esta inversión, se halla la proyección, al atribuirse a ese creador el origen de lo existente. En este caso, no importa cuál sea la "causa"; es mejor tener una, que no tener nada, pues el humano no tolera la carencia de causa; algo a lo cual atribuir lo que sucede. Al igual, no tolera el caos o la incertidumbre de lo existente. Como ejemplo, en el mundo del sentimiento, lo que extravía al humano ante la incertidumbre del amor es pretender la seguridad absoluta; fuera de eso el amor sería factible.
En la religión se halla contenida la alienación del hombre: éste crea al creador, que a su vez le formula un mundo para su consuelo; con tal que aliene su voluntad a dicho creador. Es el lado trágico de cualquier creación cultural; en la que el creador queda alienado a la obra y luego ésta domina sobre aquel; lo que lo conduce a la dependencia y dedica su fuerza a sostenerla. "La religión, dice Marx, es el suspiro de la criatura agobiada, el estado de ánimo de un mundo sin corazón, porque es el espíritu de los estados de cosas carentes de espíritu. La religión es el opio del pueblo."(18) El suspiro de una criatura agobiada, dice Marx, y se comprende que se necesita ser una criatura para buscar refugio en la religión; una criatura presa del sufrimiento y además carente de espíritu, eso es, pobre culturalmente. Así, la religión suple la carencia del espíritu-cultura que no tienen las grandes poblaciones.
Y continúa Marx, "La superación de la religión como la dicha ilusoria del pueblo es la exigencia de su dicha real. Exigir sobreponerse a las ilusiones acerca de un estado de cosas vale tanto como exigir que se abandone un estado de cosas que necesita de ilusiones; la crítica de la religión es, por tanto, en germen, la crítica del valle de lágrimas que la religión rodea de un halo de santidad... La crítica de la religión desengaña al hombre para que piense, para que actúe y organice su realidad como un hombre desengañado y que ha entrado en razón, para que gire en torno a sí mismo y a su sol real. La religión es solamente el sol ilusorio que gira en torno al hombre mientras éste no gira en torno a sí mismo. La misión de la historia consiste, pues, una vez que ha desaparecido el más allá de la verdad, en averiguar la verdad del más acá. Y, en primer término, la misión de la filosofía, que se halla al servicio de la historia, consiste, una vez que se ha desenmascarado la forma de santidad de la autoenajenación humana, en desenmascarar la autoenajenación en sus formas no santas."(19) En esta concepción, el problema de la religión se halla relacionado directamente con las condiciones de vida del hombre; de tal manera que la superación de las ilusiones requiere de la superación de las condiciones materiales en que se realiza la existencia. También, la enajenación requiere ser mostrada bajo la apariencia de la vida religiosa; esto es, como dice Marx, sustituir la realidad del "más allá" por la existencia real en el "más acá".
En la concepción de Marx, la esencia del hombre es el propio hombre, su esencia no es divina ni tampoco solamente animal; por lo que llama a echar por tierra las relaciones que mantienen al hombre humillado, sojuzgado o desvalorizado. Lo que conduce a plantear la base de su concepción de lo que se conoce como materialismo histórico y que se expresa de la siguiente manera: "La primera premisa de toda historia humana es, naturalmente, la existencia de individuos humanos vivientes... Pero el hombre mismo se diferencia de los animales a partir del momento en que comienza a producir sus medios de vida,...El modo como los hombres producen sus medios de vida depende, ante todo, de la naturaleza misma de los medios de vida con que se encuentran y que se trata de reproducir...un determinado modo de manifestar su vida, un determinado modo de vida de las mismos. Tal y como los individuos manifiestan su vida, así son. Lo que son coincide, por consiguiente, con su producción, tanto con lo que producen como con el modo cómo producen. Lo que los individuos son depende, ante todo, de las condiciones materiales de su producción." (20)
Agrega, "los enemigos del progreso fuera de la masa son, precisamente, los productos sustantivados y dotados de un cuerpo propio, de la autohumillación, de la autoreprobación, de la autoexteriorización de la masa." Dicha autohumillación impuesta por la religión de la culpa, se hace a nombre del amor de Dios, en lo que la antítesis espíritu y materia es equivalente a la de Dios/mundo; Dios es seminal, el mundo es material. Sin embargo, no basta que la masa combata esto con fantasmagorías que le den consuelo o protección contra aquellas fuerzas, sino que " tiene que combatirlos también exteriormente. No puede considerar estos productos de su autohumillación en modo alguno, sencillamente como fantasmagorías ideales, como simples exteriorizaciones de la autoconciencia y querer destruir la enajenación material solamente mediante una acción espiritualista interior....para ponerse en pié, no basta con erguirse mentalmente, dejando que sobre la cabeza real y sensible flote el yugo real y sensible, que no podemos hacer desaparecer por ensalmo a fuerza de ideas." (21)
Dios es todo lo que no es el hombre, dice Marx; y "el solitario Dios aspira a superar en la Sagrada Familia su aburrida separación de toda sociedad."(22) Y hace una explicación ontológica para el entendimiento de la figura de Dios y dice: "Un ser no-objetivo es un no-ser. Supóngase un ser que ni sea de por sí objeto ni tenga un objeto. En primer lugar, un ser así sería el único ser, no existiría ningún otro fuera de él; existirá él solitario y sólo. Pero tan pronto como existen objetos fuera de mí, tan pronto como yo no soy sólo, soy otros, soy otra realidad que el objeto fuera de mí. Para este tercer objeto, soy, por tanto, otra realidad que él, es decir, su objeto. Un ser que no es objeto de otro ser presupone, por tanto, que no existe ningún ser objetivo. Tan pronto como tengo un objeto, este objeto me tiene por objeto a mí. Ahora bien, un ser sin objeto es un ente irreal, no sensible, puramente pensado, es decir, puramente imaginario, un ente de la abstracción."(23) Esta explicación permite entender la naturaleza irreal de la figura de Dios, un ente de la abstracción, un ente metafísico. Dicha concepción surge en virtud del proceso de alienación; por el que el hombre que es material en su naturaleza original, crea un ser con una naturaleza diferente (psíquica, mental, espiritual), en el que deposita su voluntad y se aniquila a sí mismo.
Friedrich Nietzsche
Nietzsche hace una crítica de la religión; la que en sus afanes metafísicos ha introducido al hombre a un mundo de ficción que niega la vida, por lo que pide atender el llamado de la tierra. En El Anticristo Nieztsche dice "no" a la intención de desacreditar al mundo, a colocar lo espiritual como opuesto a lo natural y llevar lo espiritual al cielo; donde estarán las almas que se han separado y han abandonado el cuerpo. En la religión, la vida terrena, real, biológica, la propia de lo que está hecho el mundo material no es válida, es transitoria, no tiene sentido, por lo que se busca lo trascendente en el otro mundo, en el "más allá". El mundo del "más acá" por tanto, no es el de la vida sino de la muerte; y la vida verdadera, la eterna, está en el más allá, en el cielo. En ésta no hay el lastre del cuerpo, el deseo, el instinto, la necesidad; no hay placer ni dolor, sólo paz y dicha que nada perturba. Como prueba de lo divino se tiene al milagro, que niega los principios de la existencia de lo natural y del orden material de las cosas. En la religión la razón y el sentido común son sustituidos por la creencia, la fe, la convicción; de una manera repetitiva en el ritual se forma una pantalla que impide la permeabilidad (razonabilidad) ante el mundo externo o interno (deseos, fantasías, concepciones y pautas de conducta).
Para el siglo XIX Dios ya no es una hipótesis causal que explique lo existente. Desde Galileo (la tierra no es el centro del universo), Darwin (el hombre ya no es el centro de la creación como se contiene en el Génesis), Marx (las fuerzas que rigen el curso de la historia son de naturaleza económica), Von Hartmann, Nietzsche, Freud (las fuerzas que rigen la conducta humana son inconscientes, no es la pretensión consciente la que domina, sino la voluntad de poder inconsciente). Dios muere cuando deja de ser considerado causa, origen o explicación de lo existente; y al morir deja de buscarse en la metafísica, en el más allá, para buscarse en el más acá, en la tierra. Esto último es el devenir de la realidad (cosmología, teoría de la evolución, teoría celular, origen de la vida, lo inconsciente como origen de lo conciente, lo económico como origen de las formas culturales, etc.)
En Más allá del Bien y del Mal dice, "La creencia básica de los metafísicos es la creencia en la antítesis de los valores." Se refiere a las virtudes como expresión de la lucha consigo mismo; que se conforman en la acción de la moral contra el instinto. Así, la moral aparece como contranaturalaza; igual, que la conciencia o la razón. La conciencia tiene un fondo instintivo que le proporciona fuerza; y lo que hace el procedimiento lógico es evitar que el instinto intrusione en el proceso de conciencia. Nietzsche afirma que "es un signo de alta cultura saber soportar la contradicción...Pero saber contradecir el sentimiento de la buena conciencia en la hostilidad contra lo que es habitual, tradicional y sagrado, eso, más que otra cosa, es lo que nuestra cultura posee de verdaderamente grande, nuevo y de sorprendente, es el progreso por excelencia de todos los espíritus libres."(24)
A la crítica que hace Nietzsche de la moral, colocándola como contranaturaleza y al cristianismo como la maldición de Occidente, agrega la agudeza de su interpretación cuando se refiere a "la muerte de Dios" como causa o explicación de lo existente y el derrumbe de Dios, que es el de los valores clásicos de la metafísica de Occidente. "Después de la muerte de Buda, se mostró durante siglos su sombra, en una caverna: una sombra enorme y espantosa. Dios ha muerto; pero, de la manera cómo están hechos los hombres, habrá todavía quizá durante miles de años cavernas en las que se mostrará su sombra."(25) Lo que significa que, una entidad que había sido considerada como existente por miles de años, se halla en lo inconsciente de la mente y la personalidad humanas, y gradualmente va a desaparecer pasando por la fase de fantasma o recuerdo, hasta quedar como una anécdota. Posteriormente plantea la muerte de Dios en la figura del loco, que va en búsqueda de Dios, los demás ríen, y luego exclama "¡nosotros lo hemos matado, vosotros y yo! ¡Todos nosotros somos unos asesinos!" Como consecuencia, aparece la confusión, el vacío, la oscuridad. Al final pregunta ¿No estamos forzados a convertirnos en dioses, al menos para parecer dignos de los dioses? Y, comprendiendo que los demás no entiendan el acontecimiento dice "no es mi tiempo aún. Este acontecimiento enorme está en camino, marcha, todavía no ha llegado hasta los oídos de los hombres."(26)
En el Gay Saber afirma, "El más importante de los acontecimientos recientes-el hecho de que ‘Dios ha muerto' y la fe en el Dios cristiano ha sido aniquilada-comienza ya a proyectar sobre Europa sus primeras sombras...En efecto, nosotros, filósofos y ‘espíritus libres', al saber que el antiguo ‘Dios ha muerto' nos sentimos iluminados por una nueva aurora; nuestro corazón desborda de agradecimiento, de asombro, de aprehensión y de esperanza; por último, el horizonte nos parece libre de nuevo, aún admitiendo que no esté claro, y en fin, nuestros barcos pueden darse a la vela, bogar ante el peligro; todos los acasos del que busca el conocimiento son lícitos de nuevo; el mar, 'nuestra' pleamar, se abre de nuevo ante nosotros, y quizá no ha habido nunca una mar tan ‘plena'."(27) La fe de Platón en la verdad divina va siendo sustituida por el surgimiento de una nueva perspectiva que corresponde a la del mar; esto es, la perspectiva de lo inconsciente, en la que el conocimiento no es eterno y petrificado, es sólo la posibilidad que proporciona la perspectiva. Al morir Dios aparece el mar como símbolo del origen de todo, de lo inconsciente, donde están los quizás del conocimiento.
En variados lugares de su obra aparece el comentario acerca de la figura de Dios. En la parte segunda, de Así Habló Zaratustra en la sección De los Misericordiosos dice, "un día el diablo me dijo: "También tiene Dios un infierno, y es: su amor a los hombres. Y ha poco que le oí decir: "Dios ha muerto; la compasión hacia los hombres ha matado a Dios". Y, en la cuarta parte, en la sección La Fiesta del Asno, el más feo de los hombres ha resucitado al dios y dice "el que quiere matar fundamentalmente se echa a reír. ¡No es con la cólera, sino con la risa, con lo que se mata". En la sección De Sentencias y Dardos se pregunta "¿Cómo? ¿El hombre será solamente un error de Dios? ¿O Dios será solamente un error del hombre?" También, Dios aparece como la más grande mentira; y "si Dios mismo se afirmase como nuestra más larga mentira?"
Martin Heidegger analiza la frase de Nietzsche "Dios ha muerto" contenida en El Gay Saber y en otros pasajes de su obra. Puntualiza que Dios es una representación del mundo "suprasensible", "Dios es el nombre para el ámbito de las ideas y los ideales."(28) Dios ha muerto, significa que lo suprasensible ha muerto, la metafísica ha llegado a su final, y que ya no hay una guía; lo que significa la emergencia de la actitud nihilista como algo propio del suceder histórico. Aquellos valores, expresión de la metafísica, como origen y causa de lo existente (verdad, belleza, bondad), dejan de tener validez y significado para Occidente; lo que deja paso al nihilismo que "es el movimiento fundamental de la historia de Occidente."(29) El que se halla asociado al progreso histórico que se basa predominantemente en el avance científico y tecnológico.
El nihilismo reside básicamente en la desvalorización de los valores supremos mencionados, lo que se expresa como decadencia de las formas culturales de Occidente en los diversos ámbitos (religión, ciencia, arte, política, derecho, etc.). Nietzsche propone la transvaloración al incidir en la "inversión de la manera y modo de valorar."(30) Se trata entonces de la formulación de un nuevo modo de valorar como sustitución de los principios de la metafísica; de la formulación de los valores en términos de la voluntad de dominio, lo que significa en función del esfuerzo realizado. Esta es la formulación del valor en la realidad del mundo, por el individuo humano real y concreto. Ahí, se considera al valor como las formas que persisten al devenir; por lo que la atribución de valor las conserva y las hace resistentes a las influencias de las variables de la realidad. Dichas formas están animadas por un movimiento que busca más y mejor; y así, lo que tiene sentido es lo que sirve al sistema de formas (biológicas, psicológicas, intelectivas, culturales en general). En esa perspectiva se busca el valor que surge de la vida real y aspira hacia lo espiritual; no es la quimera de la entidad abstracta, universal, que tiene una expresión celestial y se impone sobre la realidad humana de fuera a adentro; es la idea en función de la vida real.
La religión plantea un mundo ideal, opuesto a la realidad de la existencia, bajo el argumento de que ésta última es principio del sufrimiento; y es cierto, que es fuente de malestar y dolor, pero también de bienestar, satisfacción y plenitud si se tiene disposición para hacer frente a la realidad y ejercer la voluntad sobre la misma. Nietzsche afirma que "se ha quitado su valor a la realidad, se le ha quitado su sentido, su veracidad, en la medida en que se ha inventado un falso mundo ideal...La mentira del ideal ha sido hasta ahora la maldición que cae sobre la realidad."(31) Lo que significa que como consecuencia de la evasión de la realidad material se recurre a las formaciones metafísicas, que representan entidades idealizadoras que se imponen en la formulación de la realidad humana. En el proceso de aprendizaje esto se asimila, y se tiene una realidad que responde a lo eterno de la idea abstracta, universal e inmutable.
El nihilismo, el sentimiento de no-valor, coincide en lo psicológico con la depresión; que es quitar valor al objeto cuando se ha separado del sujeto. Se llega a no darle valor para evitar sufrir de nuevo la pérdida, por lo que es un principio para rescatar el valor de sí mismo; lo que significa tenerlo consigo mismo, libre para depositarlo en otra realidad. "La más extrema forma del nihilismo sería la creencia de que toda fe, todo tener por verdad algo, es necesariamente falso, porque un verdadero mundo no existe ¿En qué medida podría ser el nihilismo, como negación de todo verdadero mundo, de todo ser, una manera divina de pensar?"(32) Esta pregunta responde al desprecio de la religión por la realidad, la que se manifiesta de manera persistente en la idea del milagro; en el que se niegan los principios que rigen la realidad objetal. Se formula la pregunta sobre el quién, presuponiendo que es una entidad personal la que genera el orden del mundo. "La pregunta del nihilismo ¿para qué? Tiene su origen en la costumbre corriente hasta aquí, en virtud de la cual el fin parecía fijado, dado, exigido desde fuera, es decir, por una "autoridad suprahumana."(33) Esta teleología rechazada por Nietzsche es consecuencia de la inversión cronológica, según la cual primero se percibe el efecto de la realidad sobre el individuo y luego se atribuye la causa. El nihilismo como estado psicológico, aparece cuando hay "la decepción ante un pretendido fin del devenir, ya se refiera esta decepción a un fin completamente determinado, ya sea que, de una manera general se advierta que todas las hipótesis de un fin sustentadas hasta hoy con respecto a la ‘evolución en su conjunto 'son insuficientes... cuando se haya logrado una totalidad, una sistematización, o también una organización de todo lo que sucede, de suerte que el alma sedienta de respeto y admiración nade en la idea de un dominio y de un gobierno superiores...Ahora bien no existe semejante totalidad. En el fondo, el hombre ha perdido la fe en su valor,...que por el devenir nada puede ser realizado y que el devenir no está regido por una gran unidad en la que el individuo pueda perderse enteramente como en un elemento de valor superior: queda el subterfugio de condenar este mundo del devenir todo entero, considerándole como ilusión, el inventar un mundo que se encuentre más allá, detrás de este, un mundo que fuera el mundo-verdad."(34)
Nietzsche concibe dos formas de nihilismo: una es el nihilismo activo: que "alcanza su máximum de fuerza relativa como fuerza violenta de destrucción" y el nihilismo pasivo, en el que "la actividad del espíritu puede estar fatigada, ‘agotada', de suerte que los fines y los valores preconizados hasta entonces parezcan impropios y no encuentren ya crédito, de suerte que la síntesis de los valores y de los bienes fines (piedra sobre al que reposa toda cultura sólida) se decomponga, y los diferentes valores se hagan la guerra: una ‘disgregación'...entonces todo lo que alivia, todo lo que cura, todo lo que tranquiliza pasa a primer plano bajo diferentes disfraces, religiosos o morales, políticos o estéticos, etcétera."(35) Lo que queda en lugar de Dios y la religión no es el hombre sino el devenir. Dice Nietzche " ¡Imprimamos el sello de la eternidad en nuestra vida! Este pensamiento contiene más que todas las religiones que deprecian la vida como pasajera y hacen mirar hacia otra vida incierta."(36) Y agrega, "No viváis contemplativamente esperando bienaventuranzas y gracias desconocidas, sino de modo que quisiérais vivir otra vez y vivir del mismo modo eternamente."(37) Solo queda el eterno retorno, por el que las cosas siempre vuelven a sus principios en un proceso constante de destrucción y generación. Todo lo que existe sucumbirá y se destruirá un día y volverá a aparecer en otro tiempo y lugar. Así, Dios era la causa y origen de lo existente; por lo que al morir deja de buscarse en la metafísica, en el más allá, para buscarse en el más acá, en la tierra, que es el devenir de la realidad. El problema es que el hombre no tolera el devenir; por lo que, como medios para soportar el pensamiento del eterno retorno, Nietzsche propone la transmutación de todos los valores: "no ya el gusto por la seguridad, sino el de la incertidumbre; no ya ‘causa y efecto', sino la creación continua; no ya la voluntad de conservación sino de potencia; no ya la humilde expresión ‘todo es solamente subjetivo', sino ‘¡es también obra nuestra!' "(38) Lo que se sintetiza en renovarse eternamente.
Sigmund Freud
Freud comenta en el Malestar en la Cultura lo que sería la fuente última de la religiosidad. Reseña una comunicación con Romain Rolland, con la que no está de acuerdo, y en la que menciona el "sentimiento oceánico" de la vida, como base fundamental del sentimiento religioso: un sentimiento de "eternidad", de algo sin límites o barreras, por el cual un individuo "podría considerarse religioso, aunque se rechazara toda fe y toda ilusión." "Trataríase, pues, de un sentimiento de indisoluble comunión, de inseparable pertenencia a la totalidad del mundo exterior."(39) Se puede interpretar que el "sentimiento oceánico" se corresponde con la participación de la comunidad arcaica; que como se ha dicho, sucede en una etapa en la que no hay aún entidades humanas individuadas, y consiste en que el humano es parte de los demás seres y éstos forman parte de él configurando una totalidad que proporciona sentido a la existencia de las diversas entidades.
En la concepción de Freud se toma el principio del placer como punto de partida para explicar la búsqueda de la felicidad en el hombre. En tanto individuo, cada quien tiene una diversa constitución psicofísica; lo que a su vez se traduce en una diferente concepción de lo que para cada quien es la felicidad. Corresponde a la religión uniformizar los criterios para que se obre como una generalidad. "Su técnica consiste en reducir el valor de la vida y en deformar delirantemente la imagen del mundo real, medida que tiene por condición previa la intimidación de la inteligencia."(40) En este sentido Freud considera la religión como un delirio colectivo; y al referirse a las "necesidades religiosas" dice, "considero irrefutable su derivación del desamparo infantil y de la nostalgia por el padre que aquel suscita...me sería imposible indicar ninguna necesidad infantil tan poderosa como la del amparo paterno." (41)
En El Porvenir de una Ilusión, señala la hostilidad del hombre contra la cultura por las limitaciones que le impone, por lo que, la alternativa es suprimir la civilización; lo que llevaría a un estado de naturaleza que deja expuesto al humano a los riesgos de ser suprimido por la misma condición. Freud afirma que "la función capital de la cultura, su verdadera razón de ser, es defendernos contra la naturaleza."(42) Considera también que hay daños que genera la naturaleza, como igual el Destino; y se pregunta cómo se defiende el hombre ante la naturaleza y la amenaza del destino. Igual, con la construcción de la cultura. "Esta función toma ahora un doble aspecto: el hombre, gravemente amenazado, demanda consuelo, pide que el mundo y la vida queden libres de espantos; pero, al mismo tiempo, su ansia de saber, impulsada, desde luego, por decisivos intereses prácticos, exige una repuesta." Para lo primero, el hombre humaniza la naturaleza. "A las fuerzas impersonales, al Destino, es imposible aproximarse; permanecen eternamente incógnitas. Pero si en los elementos rugen las mismas pasiones que en el alma del hombre, si la muerte misma no es algo espontáneo, sino el crimen de una voluntad perversa; si la naturaleza está poblada de seres como aquellos con los que convivimos, respiraremos aliviados, nos sentiremos más tranquilos en medio de lo inquietante y podemos elaborar psíquicamente nuestra angustia."(43) Ahí el hombre esgrime defensas contra estos seres para "intentar conjurarlos, apaciguarlos y sobornarlos, despojándoles así de una parte de su poderío." Lo que en la dimensión del saber es la sustitución de la ciencia natural por la psicología.
El proceso anterior sucede en la infancia, que es un periodo de indefensión respecto al padre; que genera temor y al mismo tiempo la sensación de protección ante los peligros. De igual manera, "el hombre no transforma sencillamente las fuerzas de la naturaleza en seres humanos, a los que puede tratar de igual a igual, sino que las reviste de un carácter paternal y las convierte en dioses, conforma un prototipo infantil, y también... un prototipo filogénico", donde los dioses cumplen la función de "espantar los terrores de la naturaleza, conciliar al hombre con la crueldad del Destino, especialmente tal y como se manifiesta en la muerte, y compensarle de los dolores y las privaciones que la vida civilizada en común le impone." Así, "se crea un acervo de representaciones, nacido de la necesidad de hacer tolerable la indefensión humana, y formado con el material extraído del recuerdo de la indefensión de nuestra propia infancia individual, y de la infancia de la Humanidad."(44) En la concepción de Freud, las ideas religiosas son ilusiones; y el secreto de su fuerza radica en la intensidad de los deseos: para la neurosis es el deseo sexual, para la religión los afanes del ego.(45) De estas ilusiones, algunas son tan indemostrables que toman las características de las ideas delirantes y presentan al hombre como pequeño e impotente; lo que oculta la voluntad de poder depositada en Dios. Se crea a Dios como una forma de disponer de poder, pero de manera alienada. En sus prácticas y rituales, afirma Freud categóricamente, la conducta religiosa toma las formas de lo que se denomina rasgos obsesivo-compulsivos de la personalidad.(46)
El Dios futuro de Rilke
En la literatura, la figura de Dios aparece en muchos autores y circunstancias; como ejemplo se señala a Rainer María Rilke, quien en el texto Cartas a un Joven Poeta, en su carta sexta le plantea a Kappuz el destinatario de la misma, su idea de Dios. Al referirse a la infancia en la que Dios está presente "en toda ella", " Porqué no piensa que Él es el Venidero, el que desde la eternidad está por llegar; que es lo futuro, el fruto último de un árbol cuyas hojas somos? ...Si él es el más perfecto ¿no debe preexistir algo inferior para que Él pueda escoger entre la plenitud y la profusión? ¿No debe ser el Último para abarcarlo todo en sí; y qué sentido tendríamos nosotros si Aquel a quien anhelamos ya hubiese existido?" Aquí Dios aparece como el heredero, esto es como el hijo, y no el padre, por lo que "Somos los ancestros de un Dios."(47)
El Dios ordinario al que se hace referencia es el del pasado; que desde el origen domina lo existente. En cambio, Rilke lo ubica en el futuro para ser creado por el hombre. Clara recuerda una ocasión en la que llega a su casa al doctor Lasemann. Esperaban a un personaje "mi padre esperaba una visita, a un pariente lejano y rico" todo estaba abierto y preparado para su llegada "temblábamos pensando que no pudiera llegar el visitante, sin alcanzar el último retazo de esplendor que se abreviaba en cada minuto de retrazo. No temíamos que dejara de venir. Vendría, sí, pero debíamos darle tiempo de parecer grande y poderoso."(48) Y, cuando se refiere a Dios, "Ahora pienso a veces: El será."(49) No es, será y será creado por el hombre: el Buen Dios.
Rilke decía que, "si la maternidad es la religión de la mujer y la creación la del artista, el hombre que no es artista debe tener una religión, aunque más no sea una religión histórica y común. El ateo sería un bárbaro. La religión es el arte de los que nada crean. En la plegaria se vuelven productivos, dan una forma a su amor, a su reconocimiento, a su nostalgia, y así se liberan."(50) Por su parte, Lepp afirma que "desde el punto de vista psicológico, el gran mérito del cristianismo consiste en haber situado en el futuro el ideal al que deben tender todos los seres humanos."(51) La religión cristiana, dice, no es una religión de nostalgia sino de esperanza; no se halla atada al pasado sino al futuro. A distinción de la judía que es la de los abuelos y los padres, en la respuesta que da Yahvé a Moisés.
Síntesis:
En la historia de la cultura, la vida del hombre se desenvuelve entre dos tendencias que se disputan su voluntad: Dios y el Diablo, la materia y el espíritu, la mente y el cuerpo, la virtud y el pecado, lo bueno y lo malo, el todo y la nada, la tierra y el cielo, el ser y el no-ser, etc. En la filosofía esto se conoce como dualismo psicofísico; que se hace extensivo a las diversas dimensiones del existente, y se manifiesta en la mentalidad ordinaria. En el pensamiento lógico-racional no se tolera la contradicción, y se opta por uno de los extremos que niega al otro; tal es la conciencia que niega lo inconsciente. Así, la realidad es o no es; lo que significa inmovilizarla, pues el devenir es el estar-siendo. Se busca una realidad estable como manera de lograr un equilibrio, y disponer de una defensa contra el caos, la incertidumbre, la angustia que acompaña a dicha condición del devenir. Lo anterior se asocia al rechazo del cuerpo en favor de lo puro del espíritu, como modelo introducido en la infancia y reforzado por la cultura, en la que aparecen las dicotomías: lo propio/lo extraño, el querer/el deber, el deseo/la prohibición, amor/odio, etc. Lo que significa que la realidad cultural aparente que se vive oculta otra realidad que está subyacente, que ha sido negada previamente y que posteriormente emergerá oponiéndose. Socialmente, se trata de una realidad impuesta por los que ejercen un dominio, y la fuerza es lo que proporciona validez a su criterio. Cuando las fuerzas que mantienen una cultura se han agotado, dan paso a lo oculto; que ahora es lo nuevo y se expresa violentamente. Es el "mal" que está contra lo "santificado" por las fuerzas que impusieron una realidad y se han convertido en fuerzas petrificadoras.
La religión es un hecho social y cultural que tiene sus valoraciones y normas, y se expresa institucionalmente como el resto de los sectores de la cultura. Al igual, es vivida por el individuo en su vida cotidiana como expresión de la personalidad. La religión se refiere al sentido de la existencia, apreciada como una totalidad; tal cual era al principio, en el que abarcaba la totalidad de la vida de la cultura y englobaba a los otros sectores. La religión parte de la pregunta ¿Cuál es la medida de todas las cosas? Y, se refiere a la totalidad de lo existente; totalidad supuesta o fantaseada, pues el individuo no puede conocerla, es una inferencia; es un constructo teórico para propósitos de análisis. "Toda religión se basa en el reconocimiento de una realidad sobrehumana de la cual el hombre es en cierto modo consciente y hacia la cual debe en alguna forma orientar su vida. La existencia de la tremenda realidad trascendente que llamamos Dios es el fundamento de toda religión, en todas las épocas y en todos los pueblos." (52) El objetivo es generar la creencia en una realidad que supere las deficiencias de la realidad existente; se trata de una realidad no material, fantástica, que anula la necesidad orgánica y del cuerpo. Es una realidad perfecta, que supera con mucho a la realidad real, la que queda en desventaja y no es comparable; es una realidad ideal, eterna, infinita, no modificable. En cambio, lo material es temporal y perecedero; se considera origen del mal, de corrupción y muerte, causa de sufrimiento, dolor y amenazas. Es lo animal, lo instintual, lo bajo; es caótico, se rige por el modelo trágico, exige mucha fuerza y resistencia.
En la vida ordinaria es indiferente si es Dios o el Diablo; ambos se disputan el alma del hombre, y a cambio ofrecen la salvación y el poder respectivamente. En este criterio, ser salvo es anularse a sí mismo y quitarse todo poder y fuerza. El lema es: el que quiera el dominio del hombre tendrá que apoderarse de su alma. Lo que se plantea en el Fausto de Goethe como la pretensión de Mefistófeles. Posteriormente, Tolstoi reivindica la libertad y enfatiza que se puede encadenar el cuerpo pero no el alma de los individuos. Aún la acción del Estado sobre el delincuente tiene como objetivo rehabilitarlo o al menos deteriorar su mente y personalidad para que sea incapaz de volver a delinquir; lo que implica el dominio y sujeción de la mente y la personalidad. Como estrategias se usan: demeritar al cuerpo, el instinto, el sexo, etc. Como procedimientos para el dominio del alma: la prohibición, la amenaza, el castigo, el cultivo de lo espiritual, etc. Y como recompensa se ofrece la redención, la vida eterna, la santidad y el mundo del amor. La religión busca lo eterno, conservarlo como está, fijo, inmóvil; como expresión de la resistencia al movimiento, al cambio, la transformación. Hay entonces la necesidad de mantener la realidad inmóvil, lo que no exige ajustes adaptativos entre la realidad exterior que sigue su propia dinámica y la realidad interior del individuo. Esto es, en la dinámica de la mente, la fuente de cambio es la realidad objetiva en constante transformación; y la búsqueda de una realidad eterna es una objetivación de la condición interior, en la cual cada parte se halla rígidamente colocada, tal como sucede en la mente del religioso.
El creyente proyecta en el mundo los pecados capitales, por lo que la realidad es fuente de maldad; mientras la pureza está fuera del mundo y negar a éste es la vía para lograrla. Ahí, se mantiene la propia realidad interior como única existente. También, al negarse la realidad y concebirse sólo la propia, el individuo se encamina hacia el delirio. La personalidad se hace impermeable a la realidad objetiva y busca imponer sobre ésta la propia realidad. Lo que puede ser una respuesta a la ansiedad asociada a la sensación de inseguridad producida por el azar de los acontecimientos. En consecuencia, la religión busca las verdades eternas y las quiere afirmar para el resto del tiempo. Lo que sea cambio o transformación, aparece como mortal; y de hecho, la muerte aparece como símbolo de transformación en el cristianismo. Dice Nietzsche, que lo nuevo "es siempre el ‘mal', porque es lo que conquista y quiere derribar los antiguos muros y las piedades antiguas; y sólo lo antiguo puede ser el bien."(53) Así, la religión es la portadora del "bien", lo sostiene y lo defiende. Lo que supone apego a una realidad que se busca mantener inmutable; y en lo que todo cambio es visto como desapego, traición o desamor.
En la resistencia al cambio tiene origen la actitud conservadora; esto es, mantener una realidad, reforzar los rasgos que la sostienen e impedir los nuevos. El individuo busca detener el curso de la realidad; y al hacerla eterna la sustrae del tiempo y la pasa a niveles inconscientes. Así, el individuo se evade de la realidad objetiva y busca ajustar todo a su propio criterio de realidad; esto es, anula el problema de la relación con la realidad, niega el movimiento y prefiere quedarse en niveles infantiles del funcionamiento mental. La religión es básicamente conservadora: a) hay resistencia al cambio, temor a lo nuevo y apego al pasado (tradición, religión), búsqueda de lo eterno, lo inmutable, la sacralización de la realidad, b) hay temor a perder intereses en la realidad que son expresión del poder ejercido efectivamente; temor a no tener poder y dejar de ejercer la voluntad sobre la realidad, c) hay resistencia a cambiar marcos de referencia que se expresan como convicciones; en las que no se necesita revisar nada, no se discute nada, la palabra de la autoridad es infalible, d) se ejerce poder contra las fuerzas que promueven el cambio (el movimiento), e) la realidad (lo que fluye) angustia y se tiene dificultad para modificar los criterios en función de los " argumentos " que la realidad ofrece, f) la concepción religiosa es sagrada, inmutable, eterna y trasciende lo individual (es metafísica), g) está cerca del delirio, que es la resistencia a ajustar la interioridad de acuerdo a la realidad objetiva, h) busca castigar, no remediar; lo que significaría un cambio de la realidad, y eso es lo que se quiere evitar, i) se ven siempre fines, que corresponden a los "valores trascendentes."
La religión en conjunto es una manera colectiva de hacer frente al temor, es protección ante la desventura, el abandono y el desamparo; proviene de la necesidad de confianza y seguridad del débil y protege de la muerte como desintegración, ante la posibilidad de ya no existir. La religión es una respuesta a las condiciones reales de la existencia humana que se antojan intolerables: ante el sufrimiento y el dolor está la otra vida que es felicidad y dicha. La necesidad de dar un sentido a la existencia, proveniente del sinsentido de la misma, dada por el lado trágico que no es tolerable por el hombre; y el temor al caos y la incertidumbre llevan a la configuración del orden celestial. De ahí se inventa la figura de Dios como el que ordena todo. Es una forma de animismo en el que hay voluntad, poder, intención y conciencia absoluta. La religión representa la tendencia inconsciente del deseo de satisfacción, de convertir la realidad en algo eterno y disfrutar de ello; a diferencia de la realidad que transcurre, es efímera y es constante cambio. La otra vida es eterna (fuera del tiempo y el espacio), inconsciente y fantástica. En relación a la cultura, la religión se apoya en la ignorancia, el oscurantismo y la tradición; induce a sacrificar la vida a favor de una quimera y contiene una idea gratuita del pecado. Se es pecador por haber nacido, y de ahí la necesidad de Dios para reincorporarse a él (religión), y la necesidad de expiar la culpa sacrificando la vida y buscando la otra. Atribuye al individuo una responsabilidad por la conducta de los padres, por lo que se atan las generaciones en la tradición. Es la historia encadenada al pecado; se condena la vida entera a la pena, el sufrimiento, la ascesis (mortificación) y el trabajo es vivido como pena-castigo. El individuo va en búsqueda del castigo, y la vía para lograr eso es volver a pecar. Así, el pecado aparece como destino; lo que exige el castigo y el arrepentimiento. La religión cristiana critica las religiones indígenas por lo bárbaro y sanguinario ¿Acaso no es la crucifixión de Jesús lo mismo? Una manera de aplacar la ira de Dios Padre. Por otro lado, se fija un curso estableciendo fines; mismos que son invariables. Cuando la vida muestra la fragilidad, se necesita de alguien que proporcione seguridad.
En relación a la personalidad, conduce a una concepción delirante de la realidad, lleva a la desintegración y repetición de las pautas de conducta en las generaciones; se anula en el humano la voluntad y se impide el esfuerzo por conseguir una realidad que responda a las expectativas del individuo; obstaculiza la expresión de la voluntad humana, en el uso del propio esfuerzo y criterio; estimula la dependencia y lleva a una forma de autoengaño, en el que el individuo defiende la situación a pesar de que ésta va contra sí mismo. Hay temor a la libertad, a bastarse a sí mismo y se busca paz y armonía en un mundo infantil. El individuo no busca la seguridad en sí mismo sino en "alguien" o en "algo"; antropomorfiza la necesidad. En síntesis: la religión se opone al devenir.
* NOTA.-Editorial Anthropos de Barcelona en coedición con Esc. Preparatoria Gral. Emiliano Zapata. Monterrey, N.L. México. El libro se distribuye en Librerías Gandhi y se solicita envío en los teléfonos: 8371-4673 y 8373-0626. Para información y envío de comentarios vea la página editorial www.clubantigona.com
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS
1.-Bellah, Robert N. Religious Evolution. En Sociology of Religion.. Norman Birnbaum, Gertrud Lenze. USA. Prentice-Hall, 1969. 2.- Feuerbach, Ludwig. La Esencia del Cristianismo. Madrid. Trotta, 1995. 3.- Ibid. p.65. 4.- Ibid. p.73. 5.- Ibid. p.78. 6.- Ibid. p.80. 7.- Ibid. p. 81. 8.- Ibid. p.p.98-99. 9.- Ibid. p. 69. 10.- Ibid. p. 64. 11.- Ibid. p. 66. 12.- Ibid. p. 174. 13.- Ibid. p. 179. 14.- Ibid. p. 182. 15.- Ibid. p. 329. 16.- Ibid. p. 330. 17.- Marx, Karl. Engels, Friedrich. La Sagrada Familia. México. Grijalbo, 1958, p. 3. "Y la religión es, bien entendido, la autoconciencia y el autosentimiento del hombre que aún no se ha adquirido a sí mismo o ya ha vuelto a perderse. Pero el hombre no es un ser abstracto, agazapado fuera del mundo. El hombre es el mundo de los hombres, el Estado, la sociedad. Este Estado, esta sociedad producen la religión, una conciencia del mundo invertida, porque ellos son un mundo invertido. La religión es la teoría general de este mundo, su compendio enciclopédico, su lógica bajo forma popular, su pundonor espiritualista, su entusiasmo, su sanción moral, su solemne complemento, su razón general de consolación y justificación. Es la fantástica realización de la esencia humana, porque la esencia humana carece de verdadera realidad. La lucha contra la religión es, por tanto, indirectamente, la lucha contra aquel mundo que tiene en la religión su aroma espiritual." 18.- Ibid. p. 3. 19.- Ibid. p.p. 4-5. 20.- Marx, Karl. Engels, Friedrich. La Ideología Alemana. Uruguay. Pueblos Unidos, 1958, p. 19. 21.- Marx, Karl. Engels, Friedrich. La Sagrada Familia. México. Grijalbo, 1958, p.148. 22.- Ibid. p.p. 225-226. 23.- Ibid. p. 59. 24.- Nietzsche, Friedrich. El Gay Saber. Af. 297. Obras Completas. T. III. Ed. Cit. 25.- Ibid. Af. 108. 26.- Ibid. Af. 125. "El Insensato. No habéis oído hablar de ese hombre loco, que, en pleno día, encendía una linterna y echaba a correr por la plaza pública, gritando sin cesar: ‘Busco a Dios, busco a Dios?' Como allí había muchos que no creían en Dios, su grito provocó hilaridad. ‘Qué, ¿se ha perdido Dios?', decía uno. ‘¿Se ha perdido, como un niño pequeño?', preguntaba otro, ‘¿O es que está escondido? ¿Tiene miedo de nosotros? ¿Se ha embarcado? ¿Ha emigrado?' Así gritaban y reían en confusión. El loco se precipitó en medio de ellos y los traspasó con su mirada. ‘¿Dónde se ha ido Dios? Yo os lo voy a decir', les gritó. ‘¡Nosotros lo hemos matado, vosotros y yo! ¡Todos nosotros somos unos asesinos! Pero ¿Cómo hemos podido obrar así? ¿Cómo hemos podido variar el mar? ¿Quién nos ha dado la esponja para borrar el horizonte? ¿Qué hemos hecho cuando hemos separado esta tierra de la cadena de su sol? ¿Adónde le conducen ahora sus movimientos? ¿ Lejos de todos los soles? ¿No caemos sin cesar? ¿Hacia adelante, hacia atrás, de lado, de todos lados? ¿Todavía hay un arriba y un abajo? ¡ No erramos como a través de una nada infinita? El vacío ¿No nos persigue con su hálito? ¿No hace más frío? ¿No véis oscurecer cada vez más, cada vez más? ¿No es necesario encender linternas en pleno mediodía? ¿No oímos todavía el ruido de los sepultureros, que entierran a Dios? ¿Nada sentimos aún de la descomposición divina? ¡También los dioses se descomponen! ¡Dios ha muerto! ¡Y somos nosotros quienes le hemos dado muerte! ¿Cómo nos consolaremos, nosotros, asesinos entre los asesinos? Lo que el mundo poseía de más sagrado y más poderoso ha pedido su sangre bajo nuestro cuchillo. ¿Quién borrará de nosotros esa sangre? ¿Con qué agua podremos purificarnos? ¿Qué expiaciones, qué juegos nos veremos forzados a inventar? ¿La grandeza de esta acto no es demasiado grande para nosotros? ¿No estamos forzados a convertirnos en dioses, al menos para parecer dignos de los dioses? No hubo en el mundo acto más grandioso, y las generaciones futuras pertenecerán, por virtud de esta acción, a una historia más elevada de lo que fue hasta el presente toda la historia.' Aquí calló el loco y miró de nuevo a sus oyentes; ellos también se callaron y le contemplaron con extrañeza. Por último arrojó al suelo la linterna, que se apagó y rompió en mil pedazos. ‘He llegado demasiado pronto', dijo: ‘no es mi tiempo aún. Este acontecimiento enorme está en camino, marcha, todavía no ha llegado hasta los oídos de los hombres. Es necesario dar tiempo al relámpago y al trueno, es necesario dar tiempo a la luz de los astros, tiempo a las acciones, cuando ya se han realizado, para ser vistas y oídas. Este acto está más lejos de los hombres que el acto más distante; y ‘sin embargo, ellos lo han realizado'. Se cuenta, además, de este loco que penetró un día en diferentes iglesias y entonó un ‘requiem eternam Deo'. Expulsado e interrogado, no cesó de responder siempre lo mismo: ‘¿De qué sirven estas iglesias, si no son las tumbas y los monumentos de Dios?' " 27.- Ibid. Af. 343. "En efecto, nosotros, filósofos y ‘espíritus libres', al saber que el antiguo ‘Dios ha muerto' nos sentimos iluminados por una nueva aurora; nuestro corazón desborda de agradecimiento, de asombro, de aprehensión y de esperanza; por último, el horizonte nos parece libre de nuevo, aún admitiendo que no esté claro, y en fin, nuestros barcos pueden darse a la vela, bogar ante el peligro; todos los acasos del que busca el conocimiento son lícitos de nuevo; el mar, 'nuestra' pleamar, se abre de nuevo ante nosotros, y quizá no ha habido nunca una mar tan ‘plena'." 28.- Heidegger, Martin. Caminos de Bosque. Madrid. Alianza Editorial, 2003, p.162. 29.- Ibid. p. 163. 30.- Ibid. p. 163. 31.- Nietzsche, Friedrich. Ecce Homo. Prólogo. Af. 2. Obras Completas. T IV. Ed. Cit. 32.- Ibid. Af. 15. 33.- Ibid. Af. 20. 34.- Nietzsche, Friedrich. La Voluntad de Dominio. Af. 12. Obras Completas. T IV. Ed. Cit. 35.- Ibid. Af. 23. 36.- Nietzsche, Friedrich. El Eterno Retorno. Af. 35. Obras Completas. T. III. Ed. Cit. 37.- Ibid. Af. 36. 38.- Nieztsche, Friedrich. Af. 1058. La Voluntad de Dominio. Obras Completas. T. IV. Ed. Cit. 39.- Freud, Sigmund. El Malestar de la Cultura. p. 2. Obras Completas. T III. Madrid. Biblioteca Nueva, 1968. 40.- Ibid. p.17. 41.- Ibid. p. 7. 42.- Freud, Sigmund. El Porvenir de una Ilusión. Obras Completas. T III. Ed. Cit. p. 78. 43.- Ibid. p. 79. 44.- Ibid. p. 80. "La vida en este mundo sirve a un fin más alto, nada fácil de adivinar desde luego, pero que significa seguramente un perfeccionamiento del ser humano. El objeto de esta superación y elevación ha de ser probablemente la parte espiritual del hombre, el alma, que tan lenta y rebeldemente se ha ido separando del cuerpo en el transcurso de los tiempos. Todo lo que en este mundo sucede, sucede en cumplimiento de los propósitos de una inteligencia superior, que, por caminos y rodeos difíciles de perseguir, lo conduce todo en definitiva hacia el bien; esto es, hacia lo más satisfactorio para el hombre. Sobre cada uno de nosotros vela una guarda bondadosa, sólo en apariencia severa, que nos preserva de ser juguete de las fuerzas naturales, prepotentes e inexorables. La muerte misma no es aniquilamiento, un retorno a lo inanimado inorgánico, sino el principio de una nueva existencia y el tránsito a una evolución superior. Por otro lado, las mismas leyes morales que nuestras civilizaciones han estatuido rigen también el suceder universal, guiadas por una suprema instancia justiciera, infinitamente más poderosa y consecuente. Todo lo bueno encuentra al fin su recompensa, y todo lo malo, su castigo, cuando no ya en esta vida, sí en las existencias ulteriores, que comienzan después de la muerte." 45.- Ibid. p. 86." tales ideas, que nos son presentadas como dogmas, no son precipitadas de la experiencia ni conclusiones del pensamiento: son ilusiones, realizaciones de los deseos más antiguos, intensos y apremiantes de la humanidad." 46.- Ibid. p. 92. "La religión sería la neurosis obsesiva de la colectividad humana, y lo mismo que la del niño, provendría del complejo de Edipo, en la relación con el padre." 47.- Rilke, Rainer. Cartas a un Joven Poeta. Argentina. Siglo Veinte, 1965, p.p. 79-81. 48.- Rilke, Reiner. Historias del Buen Dios. Argentina. López Crespo, 1977, p.p. 137-138. 49.- Ibid. p. 140. 50.- Rilke, Reiner. Das Florezer Tagebuch. En Rilke. J. F. Angelloz. Argentina. Sur, 1955, p. 56. 51.- Lepp, Ignace. Claridades y Tinieblas del Alma. Madrid. Fax, 1968, p. 275. 52.- Dawson, Christopher. Ob. Cit. p.33. 53.- Nietzsche, Friedrich. El Gay Saber. Af. 4 Obras Completas. T III. Ed. Cit. "Los espíritus más fuertes y los más malos son los que han hecho que la humanidad diese los más grandes pasos en el progreso; siempre encendieron las pasiones que se adormecían-toda sociedad organizada adormece las pasiones--, despertaron siempre de nuevo el sentido de la comparación, de la contradicción, el placer por lo nuevo y atrevido, por lo no experimentado; obligaron al hombre a oponer opinions a las opiniones, un tipo ideal a otro tipo ideal. Por la armas, por la destrucción de los límites fronterizos, por la violación de la fe, las más veces, pero también por nuevas religiones y nuevas morales....."
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