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La Náusea

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No. No es la Náusea que describe Jean-Paul Sartre en su célebre novela donde el personaje Roquentín se enfrenta con la angustia existencial, el acoso del delirio y la amenaza siniestra de la nada: se trata de la Náusea que flota en nuestro tiempo, que se introduce en los pliegues del ser, en los discursos y en los laberintos de las instituciones que ha construido el capitalismo y que hoy se derrumban como castillos de arena.

En la sociedad de la globalización donde todo se mercadea, todo se falsifica en nombre de una democracia vacía y unos valores en decadencia, un nuevo fantasma recorre el mundo, asustando a los señores del dinero, sus aliados y sus apologistas, abriendo nuevos caminos para la rebelión de los condenados de la tierra. Y es que –como decía el profeta Marx– todo lo sólido se desvanece en el aire.

Demos un vistazo al derrumbe desde lo global a lo local: el poder del Imperio norteamericano entra en su hora postrera, su economía se tambalea, en Irak sufre ya otra derrota peor aún que la sufrida en Vietnam; el Vaticano enseña los dientes y contradice flagrantemente las enseñanzas del fundador de la religión que lleva su nombre, se sacude con la crisis geopolítica en torno a la globalización neoliberal que el papado del polaco Juan Pablo II ayudó a construir durante los últimos años de la Guerra Fría, en tanto que el escándalo de los sacerdotes pederastas cunde por todo el planeta.

En México algunos curas católicos no cantan mal las rancheras en asuntos de pederastia y compiten con el Gober Precioso (¿por qué no lo echan los priistas-panistas?) cuando se trata de vejar y violar niños y niñas. El público sensible que sigue la información de los actos y los juicios del gobernante poblano y sus amigos, siente un hervor de sangre, un golpe en el estomago y ganas de vomitar. Tratándose del juego democrático y el respeto por la diferencia, hemos visto las acciones de la Santa Alianza de los Barones del dinero, los políticos del sistema, la burocracia del clero y los señores de las grandes empresas del entretenimiento y la información masiva. Se hacen transacciones económicas fraudulentas, se miente a sabiendas, se manipula, se organizan elecciones tramposas: en el sacrosanto nombre del mercado, la democracia, la fe y una falsa libertad de expresión que no se creen ni los chicos de escuela.

El sistema capitalista pierde así rápidamente sus pilares de cohesión social, consenso ideológico y control político. En Nuevo León, modelo de acumulación y desarrollo capitalista en Latinoamérica, el derrumbe se hace evidente porque el poder político ha mantenido y magnificado mitos y valores donde empresarios, políticos derechistas, orden eclesiástico, instituciones educativas conservadoras y empresas mediáticas, han operado cohesionadas y sin grandes contradicciones. Eso se acabó. Hoy, se ven las costuras de un ideología derechista en declive y los otrora intocables reyes y reinas regiomontanos (hasta para edificar su exclusivo Valle de Reyes, batallan, tienen la sociedad en contra) que salen retratados en la revista Chic, van desnudos y los plebeyos se divierten, ríen y subvierten el orden como en los carnavales del medioevo.

Es un asunto de proyección nacional, pero tal vez aquí , en el reino del cabrito, la cerveza y el Cerro de la Silla, es donde crece desmesuradamente el desasosiego, la angustia, el terror que en los últimos años han producido los cárteles del narcotráfico que noche tras noche y a pleno sol nos anuncian que “hay un olor a tumbas frescas patrullando las calles” –como dice en su poema mi amigo Rogelio Flores de la Luz. La gente intuye y se pregunta: ¿Hay personajes prominentes de la empresa y la política vinculados a los cárteles en guerra por el territorio y el mercado? ¿Hay alianzas inconfesables y personajes innombrables?

En este panorama desolador que pone en alta tensión a los ciudadanos, sus formas de representación y sus movimientos sociales, hay sin embargo una apuesta por la creación, por la justicia y la libertad, por la convivencia social democrática. Como sucede en los individuos, sucede también en las sociedades: las grandes crisis ponen en juego el combate de Eros contra Thánatos, el instinto vital contra la pulsión de muerte. En la crisis terminal del capitalismo que pone en riesgo la vida en el planeta , hay fuerzas que están luchando por un mundo distinto, una manera de distribuir la riqueza social, de proteger la naturaleza y organizar un nuevo pacto fundado no en la ganancia y la acumulación de dinero a toda costa, sino en un tipo de socialismo libertario y democrático, que combine formas privadas y justas de propiedad con formas de propiedad pública que generen y protejan el trabajo, la alimentación, la salud, el entorno natural, la educación, la ciencia y la cultura.

Esa es la utopía necesaria, el mundo posible. Lo demás es el suicidio colectivo: la decadencia de las ciudades, la muerte lenta de los individuos, la guerra social, el mundo que Stanley Kubrick retrató magistralmente en su película “La Naranja Mecánica”. Mientras esa utopía de mundo se hace realidad, crece y se expande, a veces imperceptiblemente, a veces abiertamente, un nauseabundo olor a podrido que nos asfixia, una sensación de delirio colectivo producidos por unos poderes que se derrumban y arrastran a las sociedades en su caída. Es la Náusea.

Cuando Padece la Curiosa Estatua de Vidaurri

Vidaurri

Dice el gran poeta Efraín Huerta en uno de sus célebres poemas:

Estos días como frutas podridas / Días en que padecen las curiosas estatuas / Y los monumentos son más estériles que nunca.

El poeta anunciaba lo que serían los días de nuestra época, donde las frutas cultivadas en el huerto histórico y cultural de la derecha conservadora nacen podridas porque los árboles están podridos desde la raíz.

En un mundo de falsedades agitadas como principios morales y revisiones de la historia para justificar el sometimiento al nuevo poder imperial, los hombres del dinero y sus gerentes (sean de empresa, historiadores, promotores culturales o funcionarios públicos) sacan sus esqueletos del armario, se crean nuevos ídolos que duran lo que dura la sobreexplotación mediática del rating, y maquillan instituciones con bonitas fachadas pero que se resquebrajan desde los cimientos.

Así, la derecha mundial (en sus distintas modalidades nacionales y locales) se pierde cada vez más en su laberinto simbólico, en un vacío creativo que llena con declaraciones grandilocuentes y gestos que rozan lo tragicómico y lo grotesco. Donde sólo impera el poder político y económico como visión del mundo, donde reinan el despojo, la explotación, la represión y la impunidad, características del capitalismo salvaje del siglo XXI (¡Qué paradoja, qué contradicción, qué esquizofrenia: a la vez salvaje y modernísimo!), hasta los santos y los clérigos parecen comediantes de carpa.

Hay vasos comunicantes entre los discursos, las acciones y los gestos de W. Bush, el cardenal Norberto Rivera, Elba Esther Gordillo, la esposa de Vicente Fox, El Gober Precioso, el dictadorzuelo que gobierna Oaxaca y el gobernador de Jalisco. Sus falsos ropajes de altos dignatarios, de damas y caballeros honorables y de buenas costumbres están hechos jirones y andan moralmente desnudos por el mundo. De nada les sirve cacarear sus principios religiosos y políticos, defender instituciones que requieren de campañas mediáticas para ocultar su decadencia. Sí, digo decadencia.

Cuando una sociedad está al borde del abismo y se privilegia la vigilancia del Big-Brother con la coartada de la seguridad pública por sobre el combate al desempleo y la pobreza; cuando se privilegia a los soldados y a los policías por sobre los médicos y la salud, los profesores competentes y la educación, los artistas y la cultura, estamos entrando a la decadencia del sistema de producción económica, de la organización política y las instituciones públicas. Lo que sigue es la realidad copiada de las novelas 1984 y El Mundo Feliz de Huxley, la sociedad que desde los años setenta presagiaba la película La Naranja Mecánica.

¿Para qué entonces perpetuar en bronce la figura y la memoria de Santiago Vidaurri , caudillo decimonónico, separatista, proimperialista, aliado de Maximiliano el Rubio y traidor a la política del digno presidente que fue Benito Juárez y a la madre patria? Si en esas andan los hombres y mujeres de la derecha conservadora (sería bueno que los liberales y la izquierda sacaran la cara y digan su palabra sobre el tema), ¿por qué entonces no reivindican y plantan una curiosa estatua de Santa Ana en la Macroplaza, una de Salinas de Gortari en la plaza Zaragoza, y otra a Vicente Fox y Doña Martha en la bonita plazuela de los enamorados?

Si en el siglo XIX Vidaurri estuvo al servicio del marido de Carlota la Enloquecida , sus nostálgicos e ilusos seguidores del siglo XXI desean que Monterrey sea como Houston y Nuevo León pertenezca a Texas, que todos sean güeritos y el inglés idioma oficial. Con esos pensamientos de colonizados los neovidaurristas seguramente harían alianza con el gobernante de la Casa Blanca y los halcones del Pentágono, en el momento en que pretendan invadir el país.

En lo que a mis valores cívicos respecta debo decir que me producen tedio los homenajes, los monumentos y las estatuas de los héroes de la patria: los prefiero en los libros de historia y en las novelas. Una estatua de Vidaurri me daría simplemente risa y sufriría de pena ajena, no de la estatua (ella qué culpa tiene), sino de la derecha desesperada y restauradora. Eso sí: un verdadero héroe que ganaría mi estimación, y hasta en promotor me convertiría para que en el Museo del Obispado se le construyera un pedestal, sería Cuauhtémoc Zamudio (recién inaugurado como activista contra la violencia), si en un rapto de lucidez, compromiso con el arte y la inteligencia le pone una bomba a su engendro, lo abandona en las vías del tren o lo hunde en el Golfo de México, allá por Matamoros , frente a la playa Bagdad. Como artesano y propietario de su talento escultórico que es, si devuelve la lana que le pagaron (¿o la mole la hizo por amor al arte y chovinismo regionalista?), no habrá delito qué perseguir. ¿Acaso no vivimos en el reino de la sagrada propiedad y de la simulación pública?, ¿acaso no es Nuevo León el paraíso de los vicios privados y las virtudes públicas?

¡Ay, estos días podridos, estos monumentos estériles , estos homenajes decadentes, estas curiosas estatuas!… ¡Cuánta razón tienes, querido Efraín, poeta-profeta!

Sobre CONARTE, El Fórum y otros temas (Carta abierta a Ángel Sánchez Borges)

fundidora_2007

Estimado Ángel :

En principio celebro tus dos artículos, Fórum 2007 : Un cadáver poco exquisito y Un futuro para Radio y TV Nuevo León, publicados en lostubos.com en días pasados. Como lo he sostenido y practicado hace ya treinta y tantos años, desde la época de estudiante en Filosofía y Letras de la UANL, sigo pensando que sin la circulación libre de ideas y propuestas, sin debate, toda organización social degenera, se congela, se burocratiza, finalmente se pudre. Digo de antemano que no tengo duda que el adversario de las ideas que contigo comparto y las que no, está en otra parte: en el campo de la clase política, en un sistema que, efectivamente, se pudre, localizado en los “gobiernos” del PAN, PRI y los poderes fácticos del gran capital que los sostienen como espantapájaros que zarandea el viento de los huracanes sociales y políticos que vienen en los próximos años. Pradójicamente, en tus dos textos te contradices. En el texto que le dedicas al Fórum confundes iniciativas, contradicciones, aciertos y errores de una institución pública que, mal que bien, hoy representa el único espacio en donde no se aceptan las cosas por Diktat, donde se discute a veces intensamente y se cuestionan presupuestos y programas. Me refiero obviamente a Conarte y a la función que ahí cumplimos los vocales electos, sí, por los gremios, es decir, por una parte organizada de la comunidad cultural que ha decidido salir del individualismo, romper con los trámites discrecionales que en la antiguas Secretarías de Cultura se daban entre amigos, correligionarios, recomendados, parientes y artistas prestigiosos (con la información que tienes tú debes saber que hay artistas e intelectuales prestigiosos a los que se les censura y excluye por obra y gracia de la Nomenklatura cultural). No voy a abundar en este tema que da para un ensayo en extensión y profundidad. Sólo te remito a la Carta Abierta a los Consejeros de Conarte que publiqué en este mismo espacio, y reafirmo que en el trabajo cultural autogestivo, independiente, me muevo como pez en el agua porque es en esa práctica social y cultural donde se pone a prueba la libertad y la imaginación creativa que no suelen cultivar las burocracias. Por lo pronto te digo que el poder de la representación, cuando es real y democrático, es decir, que no es espejo del estilo Yesman gerencial o levantadedos del priísmo, puede cuestionar programas “etiquetados “ y proponer presupuestos y programas fundados en la razón, el conocimiento y el efecto social justo y democrático. Puede, incluso, destituir funcionarios. Recordarás el Caso Rosa Loyola y el asunto del Encuentro Internacional de Escritores en el 2004, en el que estuvimos enfrentados tú, yo y un buen número de escritores. Afortunadamente la sangre no llegó, no podía llegar al río: amigos que entonces polemizamos violentamente, seguimos siéndolo y coincidiendo en la crítica del mundo, en la autocrítica de si mismos. Por más padrino poderoso (nada menos que el Gobernador) la señora tuvo que salir de la supersecretaría en Conarte que se la había asignado, gracias a que los vocales de los gremios no acepamos la imposición y la impunidad. ¿Es esto posible en alguna otra Secretaría u organismo descentralizado del gobierno estatal o de los municipios?. Esa, por supuesto, fue una batalla político-cultural en un sistema de gobierno, repito, que a tres años del suceso sigue desprestigiándose y haciendo aguas por todas partes. Sin embargo, hay dos temas importantes en los que coincidimos. Uno: el Fórum, que por cierto empecé a cuestionar desde que se publicitaron los primeros ditirambos oficiales y mediáticos, también allá por julio del 2004, y sobre el que he firmado varios textos, principalmente el titulado Los Escenarios del Fórum Universal de la Culturas, publicado hace un año. Dos: la maniobra burda, mentira flagrante e ilegalidad en que incurrieron los altos directivos, principalmente el presidente y abogado de Conarte, al “argumentar “que no se podía criticar ni modificar la partida del presupuesto de 2007, porque venía etiquetada (¿por decisión de quién?) ¡Para las instituciones obviamente vinculadas con la gran empresa privada! Claro, los consejeros que votaron a favor de esa falacia tienen su responsabilidad. Los vocales que argumentamos y votamos en contra de la etiqueta nos opusimos a que otros, quienes hayan sido, decidan sobre asuntos culturales y presupuesto del erario que, por cierto, no es propiedad ni sale de la cuenta bancaria de ningún funcionario. Nos opusimos a que Conarte se convierta en mera oficina de trámite de dinero comprometido por razones políticas y no por demandas y necesidades culturales públicas. ¿Qué quiero decir con esto?: que sin participación social, sin crítica, sin propuestas alternativas, modificación al status jurídico, no habrá cambios sustanciales en las instituciones públicas. Por ejemplo que Radio y TV de Nuevo León dejen de pertenecer al área de Comunicación del gobierno y se integren a un Conarte modernizado en su estructura, su ley y reglamentos, con una política cultural que, por supuesto, no imaginan ni promoverán por iniciativa propia el PRI, el PAN, el PRD, el PT, los grandes empresarios de la cultura y la comunicación. Algunos partidos y legisladores no tendrán más remedio que avalar una propuesta de esa dimensión… si somos capaces (tú, yo, la comunidad cultural e intelectual) de movilizar propuestas, debates, crítica y autocrítica, en los espacios, los medios y las calles de Nuevo León. De no hacerlo, Conarte, la democratización de la UANL (asignatura urgente y pendiente), la profesionalización del periodismo cultural en los medios comerciales, el Consejo que tú propones para reestructurar radio y televisión de Nuevo León, son y seguirán siendo –como tú dices- sueños guajiros.

Dicho esto, afirmo que estoy de acuerdo en casi la totalidad del diagnóstico que haces del radio y tv Nuevo León. Hacen falta medios públicos, no de los gobiernos en turno.

Termino está carta abierta que no sólo va dirigida a ti sino también a todos los integrantes del campo cultural, académico y político, afirmando que sigo convencido que sin apertura, inteligencia y libertad de expresión en los espacios públicos y en los medios de comunicación, difícilmente florecerán la diversidad cultural y la democracia. Creo que el ejemplo patético de la cerrazón, los privilegios y la impunidad lo es el Fórum que, como bien dices, antes de haber nacido ya es un Cadáver Poco Exquisito ¡Viva el surrealismo!

Saludos. Xavier Araiza

P.D. ¿Por qué no abrimos un debate público, organizado y convocado por las publicaciones y espacios culturales autogestivos? Pienso en la Rocka, Posdata, lostubos.com, La Quincena, Taller Abierto, Oficio, Nave, Comun-Comun, Revista Fórum, La Mancuspia, la Otra Orilla, Radio SomosUno; en los espacios Café Brasil, Gargantúas, Taller La Mecedora, la AIA. Dada la atmósfera y la opinión pública que ha generado el Fórum, unidos podemos iniciar un debate y concretar acciones que beneficien a todos los actores culturales de Nuevo León. Sin negar los proyectos específicos y los matices de cada publicación y espacio, creo que entre nosotros podemos articular un consenso y acciones que nos beneficien a todos.

La Autoviuda y La Chuky

elva_estherA las damas notables de la SEP y del SNTE estuve a punto de llamarlas Elbita Gordillo y Chepina Vázquez Mota, pero me di cuenta que así las llamo en el Mexican Power Circus, espacio literario-teatral publicado los martes aquí mismo en Los Tubos. Prefiero entonces llamarlas La Autoviuda y La Chuky. Una, la dama panista, porque en su deseo más profundo así lo solicitó al Altísimo en un libraco titulado“Dios mío hazme viuda”; y otra, la dama del panalito, porque verdaderamente asusta a chicos y grandes con el gesto ése con que sale en las fotos, y los movimientos gangsteriles con los que comanda su sindicato.

Pues sí, las dilectas representantes femeninas de las derechas (una del parque jurásico entrenada en el PRI, otra curtida en el confesionario y consagrada en la parroquia del PAN), andan de pleito casado. No se toleran y cada vez que pueden exhiben en público sus caritas fruncidas de mujeres dispuestas a la lucha por sus cotos de poder. Se trata de un combate estelar, de una lucha a tres caídas sin límite de tiempo donde una perderá la máscara y la otra el maquillaje y la cabellera. O sea que no todas las mujeres escapan a los usos machines y las costumbres autoritarias que durante milenios han definido el estilo, la cultura y la visión del mundo de los patriarcas.

Lo malo es que la empresa de luchas libres, embozadas y truculentas que se llama gobierno federal, no modula sus espectáculos, no controla las ansias locas de sus estrellas y estrellitas que se sienten inseguros e inseguras y se saben observadas por un público que ya no acepta gato (o gata) por liebre (a manera de ejemplo miren nomás el pleito que se traen el mismo Felipe Calderón con el tal Manuel Espino). Lo que sí alarma es la lucha entre la Funcionaria y la Lideresa.

Los pleitos entre mujeres suelen ser más enconados y devastadores que los pleitos entre los machos, sobre todo si las gladiadoras se saben moralmente no aptas y profesionalmente ineptas, que sólo están en el puesto gracias a controles corporativos, malas mañas electorales (tan comunes en la democracia sin adjetivos) y avaladas por el poder a secas. Como es el caso de La Autoviuda y de La Chuky que en su afán peleonero hundirán más y más la educación pública. Desdichados niños, desafortunados adolescentes que les toca estudiar en la era del conservadurismo de los panaderos, la debacle de los primitivos y la rebatiña de los perredetos.

La foto que publicaron la mayoría de los periódicos es elocuente: la mandamás de la educación pública y la nomás-mis-chicharrones-truenan del sindicato de profesores (también “asesora” electoral del calderonismo), no se pueden ver ni en fotografía. Y es así: cuando dos reinas quieren el dominio de sus feudos y la obediencia de sus súbditos, se vuelven enemigas. Entonces suenan los tambores de la guerra medieval en los tiempos de la ¿moderna? globalización neoliberal.

Pero en el armagedón de las damas no sabe uno quién es la hereje y quién la santa: pertenecen a la misma iglesia, practican la misma religión del poder-a-costa de-lo-que-sea. ¿Quién ganará la contienda? ¿La Chuky o La Autoviuda? Cosas veremos en el oscuro sexenio que empieza.

Se apagan las cámaras de Bergman y Antonioni

antonioniCuando se van los verdaderos maestros del arte, queda una sensación de ausencia, un vacío que no se llenará nunca. Eso sí, sobreviven las obras que ocupan el espacio del goce y la memoria estética, el dato de una apuesta ganada por la creación artística. En un lapso de varias horas han muerto Ingmar Bergman y Michelangelo Antonioni, dos artistas del cine que bucearon con sus cámaras en el vacío, la soledad, la locura, la muerte, el sentido de la existencia. Hijos de la devastación y el absurdo de la Segunda Guerra Mundial, contemporáneos del apogeo de la filosofía de la existencia de Heidegger, Sartre, Jaspers, el sueco Bergman y el italiano Antonioni fueron los directores de cintas memorables como Gritos y Susurros, El Séptimo Sello, Fany y Alexander, Blow Up, El Grito, La Noche.

Entonces el mundo y el cine eran otros, los directores no tenían como Meca a Hollywood, el debate intelectual anidaba en los libros, los periódicos y las revistas, no existía el control mediático encabezado por la televisión, el cine y las artes no estaban acosados por la dictadura del mercado.

Recuerdo la noche de 1975 en el que se llamó cine Buñuel. Después de la sabatina reunión del taller literario, el grupo de amigos decidimos ir a ver la película Gritos y Susurros. Fue una experiencia surrealista donde las poderosas imágenes y diálogos de los personajes Bergmanianos hicieron corto circuito con un estado de ánimo depresivo y la alteración de los sentidos provocada por los estimulantes de la literatura, el tequila y la marihuana. Es quizá la experiencia cinematográfica en la que he rozado con los dedos la angustia existencial, el dolor y el sinsentido de la muerte. Eso me provocó el poderoso cine de Bergman.

En otro estilo, con otras imágenes y ritmos cinematográficos, Antonioni (poeta de la cámara, lo llama Martin Scorsese) ha sido el director de culto de varias generaciones que no se rinden al marketing de la industria que todo lo apuesta a la ganancia sacrificando el arte, sus ritmos y sus exigencias. Blow Up es un manifiesto cinematográfico filmado en 1967, en el apogeo de los Beatles con el revolucionario álbum Sargento Pimienta, un año antes de la revuelta estudiantil que sacudió al sistema capitalista. La Noche, con su ritmo lento y su blanco y negro, habla del vacío social, del sinsentido, de la fiesta que parece rutina atrapada en una mansión burguesa. Antonioni recupera las atmósferas y las relaciones humanas que Sartre y Camus escriben en La Náusea y El Extranjero.

Ahora recuerdo que recientemente, después de una función de A Puerta Cerrada, en el diálogo con el público dije que la pieza teatral de Sartre había influido en otras dramaturgias y en el cine de posguerra. No fue una casualidad que esa noche mencionara juntos a Bergman y Antonioni. Además de la memoria, el azar objetivo hizo de las suyas.

Han muerto los maestros Ingmar Bergman y Michelangelo Antonioni. Veamos una y otra vez sus películas.