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México elecciones 2012 ¿Qué hacer?

¿Hacia el 2012 o hacia el México Nuevo?

¡México sufre su descomposición como nación y como pueblo! ¡La encrucijada histórica le exige cambiar su rumbo!

Hoy se oyen a diario los gritos de desesperación clamando por seguridad, protección a las personas y bienes ycontra el régimen policiaco: el PRI culpa al gobierno de FCH y olvida ladestrucción neoliberal de sus gobiernos durante 1982-2000, el PAN sigue justificando su nula respuesta a los problemas y vive del resentimiento contra el régimen de 70 años atrás, el "gobierno legítimo" de LO acrecienta su populismo recogiendo las cáscaras de los programas que el PRI tiró hace tres décadas, la vieja izquierda, disfrazada de oposición en el PRD, se debate en la contraposición entre lo que dice creer y lo que realmente hace.

Mientras tanto, los partidos electorales se aprestan a seleccionar sus candidatos y organizar sus campañas donde lo importante es ganar.

Todos usan a los niños, los ancianos y los pobres como señuelos para hacer prosélitos. Hoy agregan a los jóvenes de los que nunca se han ocupado, buscando cooptarlos para impedir su reclutamiento por el crimen organizado. Lo cual evidencia la debilidad de la mentalidad y el comportamiento adolescente y exhibe el fracaso de la vida social actual. Todos prometen dar empleo como si eso dependiera de un gobierno, ignorando los efectos contrarios de la tecnología actual, la débil propensión a invertir propia de los empresarios mexicanos y la posesión de las principales ramas productivas por el capital supranacional. Todos dicen tener la llave secreta para acabar con la violencia, el crimen y la inseguridad.

Y todos parecen, por debajo de banda, seguir la máxima desesperada de los pasajeros de un barco que se hunde: "sálvese el que pueda", resguardándose para no estar en "el lugar y el momento equivocado", para no morir acribillado en un callejón, no ser secuestrado o no ser desocupado. (Sobre todo cuando se tiene un cargo público con guardaespaldas, pago salarial puntual y elevado).

Pero, como lo sabe todo aquel que haya estado en circunstancias difíciles: el pánico, la furia egoísta, el espíritu de facción, no son lo más recomendable ante los problemas de la nación mexicana. Al contrario, la posición de principios, de alcance futuro y de responsabilidad nacional y social, es la base para encontrar amanecer de la noche histórica que vivimos.

La desnacionalización y la descomposición social de México.Recordemos. Durante los últimos 34 años nuestro país ha recibido serios ataques, internos y externos, a su integridad como nación y sociedad. Cada vez se han oído los gritos de los intereses privados que, al acecho, tras las crisis han canalizado las cosas a su favor.

1976: LEA, la crisis monetaria y del sistema emergido de la Revolución Mexicana; 1982: JLP, la crisis económica general y la subordinación al FMI con su mandato privatizador; 1987: MLH y la descomposición de la estructura económica nacional; 1988-94: CSG y el privatizador golpe de estado económico; 1994-95: EZP,la economía el estado al servicio de la banca privada; 2008: crisis mundial y del gobierno panista.

Se trata, pues, de una escalada creciente de crisis que ha destruido la estructura económica, política y social de México.

En esa escalada el sistema político ha cambiado sus actores, pero no su esencia: la crisis del PRI como partido único oficial y el agotamiento de la plataforma de la Revolución Mexicana desde los 70's, el avance del neoliberalismo contra la democracia civil y política en los 80's, la crisis del PRI en 1988 de donde emergió el PRD, el avance del PAN hasta llegar al poder en el 2000.

La fórmula usada para resolver temporalmente las crisis ha sido la imposición de medidas para salvar y reforzar el poderdel capital con el pretexto de "proteger la inversión, el empleo y la paz social". Lo cual ha significado, por tanto: reforzar las condiciones para el lucro económico, contener los estallidos sociales, impedir la intervención del pueblo en la política, e ir destruyendo las bases de la democracia hasta llegar al estado policiaco y el virtual estado de sitio de hoy.

No es extraño lo anterior: la rutina del poder no ha cambiado. Luego del impacto desfavorable que tuvo el golpe del estado contra Chile en 1973, la técnica de asalto al estado no se ha transformado. Ha sido tomar el poder a espaldas de la organización autónoma del pueblo: la intervención financiera vía BM y FMI desde el gobierno de Reagan en 1980, el asalto privatizador neoliberal mundial, el avance de los partidos y gobiernos ultracapitalistas como el de CSG (llamados de "derecha" o "conservadores"). E incluso los partidos de "izquierda", los sindicalistas y los ligados a las clases medias en los países dependientes, aspiran a llegar con una propuesta y consumar un golpe imponiendo su verdadero interés "desde arriba". (Brasil, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, AMLO...).

Junto con ello, diversos grupos reclaman un nuevo "modelo" nacional con inversión, seguridad, salud, educación y empleo. Reclamo que queda como un grito en el desierto ante el disimulo partidario y gubernamental.

Dichas voces eluden la responsabilidad ante la nueva condición histórica, desvían la atención hacia los paliativos y respuestas eventuales y, sobre todo, no hacen el menor esfuerzo por señalar, organizar y trazar la estrategia de lucha de las nuevas fuerzas que deben conducir a México a su destino soberano, libre y democrático.

Se comportan como minorías que buscan llegar el poder y dominar la mayoría, sostenidas en el principio de autoridad, no sobre la soberanía social, nacional y popular. (Los datos lo ilustran: durante la democracia neoliberal de partidos subsidiados, México es y ha sido gobernado por la quinta parte de los votantes, o sea, alrededor de 15 millones respecto a 75 del padrón electoral en 2006. Lo mismo ha sucedido con el PRI y el PAN, y así sucedería si gobernara LO).

México da la impresión de ser presa de rapiña de quienes aspiran a ocupar el poder sin aportar nada al engrandecimiento nacional y social.

En el remolino de la descomposición nacional. La escalada de descomposición nacional y social caracteriza, pues, a la vida de México en las últimas décadas y abre una nueva condición. La comprensión de ésta es cardinal para saber qué hacer en beneficio de México y los mexicanos.

Hace unas décadas podía discutirse algún problema de México y buscar soluciones parciales. Hoy todo remite a todo, las soluciones parciales son parches que ocultan la verdadera solución y refuerzan la dominación existente.Lo económico, lo político, lo civil, lo educativo, la salud, la seguridad, el empleo, etc., remiten a un sólo centro: la descomposición nacional y social.

• En lo político, un estado con estructura del siglo XVIII. Con un ejecutivo tambaleante, un legislativo errático y un judicial sesgado, se debilita; adelgazado en sus funciones entra en crisis ante el poder de las corporaciones planetarias y la fuerza imperial absorbente que integra bloques mundiales.

Es centro de atracción de los partidos parasitarios que viven del subsidio público y no tienen obligación ni responsabilidad con la nación y la sociedad.Después de perder su carácter "rector" de la economía, la impunidad con la que se violan las leyes y se cometen delitos, y el fracaso en su función de proteger las personas y sus bienes, es el síntoma de muerte del viejo estado liberal.

Su verdadero fondo: la falta de representación nacional y popular del estado actual y su renuncia a ser garante de la democracia civil y la soberanía popular.

• En lo económico, la diferencia entre pobres y ricos, en un país donde reside uno de los hombres más ricos del mundo como C. Slim y la mitad de la población es pobre, es la expresión de la esencia del capital: generar desigualdades de manera permanente, hacer brotar la miseria como resultado propio deltrabajo subordinado al capital, no por la improductividad o la ineficacia.

El mercado interior, entendido comúnmente como un asunto de consumo entre la población y los comerciantes, es en realidad la derivación del mercado productivo cuyo centro reside en la fabricación de materiales, bienes intermedios, maquinaria y equipos tecnológicos cuyo monopolio lo tienen los grandes países, en tanto los dependientes producen los medios de consumo para alimentar la circulación del capital. (Un dato: el 84% de las empresas de México trabaja con insumos extranjeros). Pregonar, pues, la libertad del mercado es ocultar esa doble esencia del mismo: su dependencia de los medios de producción y del capital corporativo supranacional.

La vida campesina, vista como asunto de mercado agrícola, como la "migración modernizadora" del campo a la ciudad, es la quiebra del esquema agrario mexicano y la urgencia de reconstruir la vida del campo, asegurar la soberanía alimentaria (y no la "seguridad alimentaria" que significa la sumisión al abastecimiento extranjero), liberar al campesino de su atadura al comercio y su subordinación política y social.

Ante el insuficienteempleo, oferta electoral preferida para ganar el voto, visto como mero efecto de la inversión,los partidos sugieren el autoempleo, la changarrización, las inversiones extranjeras, la obra pública eventual, el envío de migrantes a Estados Unidos. Política laboral que se inscribe el escenario de la descomposición social, el mercado informal, el mercado negro de dinero, el reclutamiento criminal, las remesas de los migrantes y la marginación creciente. Dar empleo, permanente, justo y digno,tiene como condición dar respuesta a estos problemas.

El verdadero fondo de la falta de ocupación: la descapitalización permanente vía utilidades del capital extranjero que ha invadido todas las áreas de producción, comercio y servicios bancarios. En lo interior, el carácter parasitario del capital nacional que, desde el nacimiento del México independiente ha medrado a la sombra del capital exterior, de los subsidios y la protección del estado, de sus grandes cuotas de utilidad y su falta de compromiso con el interés público, nacional y social.

O lo que es lo mismo. El fracaso de la política de empleo es el fracaso de la economía privada y del capitalismo de estado ante la justicia histórica: quienes trabajan no reciben los frutos, quienes no trabajan se apropian del valor producido.

• La educación, el discurso preferido por el progresismo durante dos siglos de vida independiente, se contenta con elevar la escolaridad. Todo parece resolverse con más profesores, más presupuesto y más cuotas para un sindicato controlado por un mando vitalicio que paradójicamente es un símbolo del avance de la democracia neoliberal. La reprobación dela SEP en el cumplimento de su tarea de educar a las nuevas generaciones es ostensible, su fracaso ante la falta de empleo de los egresados es su signo contundente.

Su verdadero fondo: la conversión de la educación en una inversión redituable, la falta de compromiso de la autoridad, del profesor y del estudiante con los intereses de México y los mexicanos.

•La vida personal se envenena en el envilecimiento, la miseria espiritual, la furia egoísta, la sustitución del derecho por la dádiva, el favor y la componenda, la corrupción y la impunidad en la que salen perdiendo más los más desvalidos. Coexiste con la conciencia cínica, la falta de compromiso y el interés grupal de las clases medias, la indiferencia de las clases altas y la simulación del estado.

Su verdadero fondo: la privatización de la vida en general, el ataque a los derechos colectivos, nacionales y públicos ha penetrado en las convicciones íntimas de muchos mexicanos y ha socavado su humanidad. El espíritu nacional y público debe renacer y debe ser el eje en torno al cual constelen los individuos e instituciones.

•Elderecho, base normada de la convivencia personal, civil y política moderna, en los países supradesarrollados y en los más atrasados va dejando su lugar al régimen de fuerza.A falta de soluciones verdaderas y permanentes al incremento de la delincuencia, se monta el estado policiaco. Tras la crisis se benefician los especuladores financieros, tras la descomposición civil y política se agazapan los partidarios del régimen basado en la violencia como medio para ordenar la sociedad.

Su verdadero fondo: las grandes transformaciones tecnológicas, culturales, la descomposición de las viejas estructuras económicas basadas en el poder del capital, las nuevas formas de convivencia personal y civil, la desnacionalización y la ruptura de las fronteras, exigen una nueva base jurídica que garantice la realización cabal de los derechos de cada ser humano, los colectivos y los públicos.

***

En síntesis: el supuesto círculo virtuoso del productivismo y el modernismo se plasma hoy en el círculo vicioso de la dependencia nacional y las cadenas productivas dejan su lugar a la instalación de cadenas destructivas.

Lo que había de ser una base productiva que fomentara el trabajo, la justa remuneración, la solución de las necesidades sociales y el interés nacional, es un fermento de descomposición que estrangula a las naciones débiles como México.

Los eslabones de tal círculo son: 1) la dependencia económica que impide la autonomía para producir materiales, equipos y maquinaria o tecnología propia; 2) la falta de una política económica que impulse la inversión en empresas mexicanas y la justificación del parasitismo del capital mexicano; 3) la deforme estructura de la actual economía mexicana, a la que se subordina la educación media y superior, no demanda capacidad profesional superior y el aparato educativo prepara técnicos y profesionistas para tareas secundarias; 4) la débil planta productiva que no absorbe la oferta laboral paga bajos salarios; 5) los bajos ingresos no impulsan el consumo general y el incentivo para invertir y producir en mayor proporción (debilidad suplida por la invasión de mercaderías extranjeras desde la firma del TLC); 6)el bajo consumo no genera mayores oportunidades de negocios y no promueve la inversión; 7) la baja inversión no eleva la demanda de empleo; 8) se trata desuplir el estancamiento con inversiones extranjeras; 9) se incrementa la dependencia y 10) se repite la cadena de la dependencia, pero en una escala cada vez mayor que profundiza la desnacionalización.

¿Qué es la desnacionalización? Perder la condición real de vida, de espíritu, de aspiraciones, de unidad e identidad como miembros de la comunidad mexicana, y moverse en el vacío sin saber quiénes somos, cuál es nuestro destino y nuestra misión en el planeta.

De tal manera, la situación insostenible del México actual puede caracterizarse como la de un país hundido en una crisis de alta destructividad: el poder económico y estatal no tiene la fuerza suficiente para reordenar el país ni para frenar la ola delictiva, y el poder destructivo no tiene la fuerza suficiente para subordinar el estado a sus designios. Ante esa neutralización de fuerzas de ambos lados se fomenta la destrucción y la nación y la sociedad salen perdiendo.Es la misma situación por la que atraviesan la guerrilla y el terrorismo en su lucha contra el estado.

La respuesta cabal está fuera de ambas fuerzas, como la historia se puso de manifiesto en las grandes revoluciones modernas: la francesa de 1789, la mexicana de 1910 y la soviética de 1917.

México y la ola globalizadora. Pero dar respuesta a nuestra crisis nacional exige reacomodar la posición de México en el contexto internacional. Es importante revisar tal situación.

El torbellino asolador del capital corporativo y supranacional que destruye las fronteras nacionales e invade todos los rincones del planeta, se presenta por sus propagandistas como algo fatal e irrefrenable que debe ser aplaudido y al cual no se puede resistir. Se pasa por alto que el mundo está globalizado desde finales del siglo XV, cuando Europa se apoderó del resto del mundo. Y, sobre todo, que en ese escenario globalizado fue posible liberar las naciones, como la nuestra, que se abrieron paso entre el colonialismo en descomposición.

En contra de la subordinación, el reclamo de soberanía nacional es una propuesta permanente de nuestros países y condición de su sobrevivencia futura. Su autonomía no riñe con la interrelación, sólo implica la independencia para establecer las conexiones internacionales que a nuestro país convengan. Por eso dicho reclamo de soberanía tiene y tendrá plena vigencia y validez.

Y es importante deslindar propuestas: conquistar la posición de México en el plano de las naciones no es sólo ejercer la competencia económica, como lo presentan los neoliberales. Es construir la condición de la marcha nacional de la nación hacia el porvenir y, por lo tanto, debe ser la base imprescindible para avanzar en su estrategia de liberación.

Al respecto, la solución de los problemas de México ha de considerar el impacto que tienen sobre su vida como nación los siguientes factores:

*La expansión del poder del capital imperial con la formación delas redes de corporaciones que segmentan la vida de los países, apoderándosede sus materias, su mercado, su planta productiva, su fuerza de trabajo y hasta su publicidad.

Por eso se exige poner orden con una estructura económica con bases y fines nacionales.

*La aparición de la clase supranacional que desplaza capitales sin conexión con la situación y el interés nacional o social, genera inestabilidad en los países.

Por eso la riqueza productiva, comercial y financiera debe servir a México.

*La revolución cibertécnica repercute en la automatización de las actividades, eleva la productividad y disminuye el nivel de empleo.

Por eso se requiere la soberanía tecnológica que significa contar con la completa secuencia productiva nacional: desde los materiales y medios de producción, hasta su consumo final. La cual eleva la demanda de más y mejores empleos.

*La formación de bloques imperiales que se reparten el dominio del mundo: Estados Unidos, Europa, Rusia, China y Japón que van tomando posiciones para la futura guerra del siglo XXI.

Las agresiones de Estados Unidos a Irak, Afganistán y Libia, por no mencionar sino a las más recientes, apoyadas por todos los países dominantes, enseña que el crimen, la agresión y la injusticia brotan de la civilización del capital actual.

Igual que hace un milenio, las migraciones de africanos y europeos del este hacia Europa, así como las de latinoamericanos a Estados Unidos, son indicadores del derrumbe del esquema de dominio internacional y expresan la decadencia de los bloques.

Por eso se requiere fundar un nuevo orden internacional, que sustituya el dominio y la dependencia por las relaciones soberanas basadas en la igualdad, el respeto y la cooperación entre las naciones.

*La catástrofe del socialismo de control ha enseñado que es posible fundar una nueva sociedad en el trabajo y desaparecer el dominio del capital, pero se requiere instaurar la soberanía social sin condicionamientos de partido o estado.

La conversión de los anteriores burócratas del partido y los tecnócratas del socialismo en las mafias que suplantan a las relaciones de clases en la Rusia blanca de hoy, es un espejo donde algunos países, incluso capitalistas, pueden ver la imagen de su futuro.

Por eso el destino del trabajo y del socialismo se encuentran en su vida autónoma.

*La destrucción de la vida sobre el planeta pone en evidencia el carácter depredador de la civilización basada en el principio de dominio y la urgencia de reconstruir toda la infraestructura energética planetaria, desapareciendo el uso de los hidrocarburos y la producción de materiales tóxicos y no biodegradables, a través de un cambio en la base privada de la propiedad productiva a la propiedad pública responsable. La dependencia de México de su recurso petrolífero, una de las grandes limitaciones del estado, muestra los límites de esta situación.

***

Debido a esta condición de destrucción, de dominio económico, militar, ideológico y político, de invasión cultural y comunicatoria, la agresión y el crimen parecen ser la regla. Son males de México derivados de la destrucción de su estructura económica, de la decadencia de su sistema político y de la descomposición social, pero también son resultado de la ola destructiva imperial que asola al planeta entero. En el mismo Estados Unidos, con su gran desarrollo, priva el crimen, el miedo, el terror y la violación a las garantías individuales.

Se trata, por tanto, de una crisis mundial histórica de grandes e incalculables proporciones, en la cual no sólo importa dar respuesta a los problemas parciales de los grupos o las personas, sino cambiar las condiciones generales para instaurar una nueva época que beneficie al trabajo y la totalidad social y nacional.

Esta es la envergadura de las luchas que ahora se libran. De no considerar su alcance, como lo han señalado algunos estrategas políticos de Estados Unidos, muchas naciones, México entre ellas, estarían en riesgo de ser absorbidas por el imperio y desaparecer.

Al respecto, no debe olvidarse una lección de nuestra historia nacional: por una sabia intuición, México abrió paso a su Independencia aprovechando la crisis del imperio español invadido por Napoleón; por el nacionalismo y el civilismo de una generación encabezada por Juárez, la Reforma aprovechó la guerra civil de Estados Unidos y las contradicciones entre los poderes europeos para consumar cambios en la vida nacional y expulsar al invasor francés; e igual lo hizo la Revolución de l910-17 para avanzar a su constitución nacional en medio de la primera guerra mundial.

¿Podrá estar México a la altura de su oportunidad en la crisis histórica de hoy? Es la pregunta a la que debe responder nuestra responsabilidad política.

Las respuestas canceladas.Ante esta situación inédita, las repuestas provenientes de los actores que creen tener el monopolio de la opinión y de la acción política, se conforman con eludir el problema central y revelan que el panorama histórico les queda grande.

Unos se limitan a provechar las situaciones para medrar a su favor en el repartimiento del poder. Otros rechazan todo planteamiento de fondo parapetados en "lo concreto", lo "práctico", lo viable, y acusando de utopismo a todo lo que no se acomoda a sus limitados alcances ideológicos. Otros más no tienen luz para entender los problemas nacionales y sociales generales y se limitan al "aquí y ahora" del comer, beber, vestir y habitar.

Como quiera, están de acuerdo en que "algo debe hacerse", pero no miran que "todo debe hacerse", pues lo que sucede no es un desajuste eventual ni un contagio de la crisis de Estados Unidos. La catástrofe actual surge del corazón mismo de nuestra condición nacional y social. Pero al eludir considerarla, la disposición a actuar se convierte en anestésico a través de los actos rutinarios que repiten los viejos mecanismos y rituales de los 60's, que hoy comienzan a hacerse presentes ante las elecciones del 2012.

En todo caso, sin ideología propia, sin fines nacionales, sin compromisos sociales, la gran mayoría de las fuerzas partidarias no tienen impedimento para decir una cosa y hacer otra, para engañar a su clientela social. Todo con el afán de ganar el poder estatal convertido en botín.

Hoy es necesario sobreponerse al engaño y al estupor histórico. Mientras las minorías políticas subsidiadas corren en pos del espejismo del 2012, la responsabilidad y la sensatez ante la vida nacional exigen la honestidad, la valentía y la confianza en el pueblo y la patria mexicana. Lo importante no es ganar batallas efímeras sino poner nuestro esfuerzo en favor de la marcha futura de un México nuevo, justo, libre y democrático. No hay prisa, el compromiso no es para mañana. Lo importante no es correr sino asegurar que caminamos por la vía correcta.

El populismo de las dádivas civiles es un engaño que le quita unos para dar a otros, pero no asegura el derecho de los desvalidos y los trabajadores; el democratismo burgués del "estado benefactor" es trabajo para contener las fuerzas de transformación; el caudillismo suplanta la organización y la dirección que deben ser propias del pueblo. Todos ellos giran en torno a la circulación del capital que, en la larga crisis de México, se halla congestionada.

El único camino de México. El único camino que México puede seguir para reorientar el rumbo de su marcha histórica, que puede colocarlo en una posición de dignidad en el concierto de las naciones y asegurar la justicia y el bienestar para los mexicanos, es emprender la organización de un movimiento por el socialismo nuevo.

Su justificación depende de un principio: si la producción, la vida, el derecho, como se sabe, dependen de las condiciones generales de la nación y la sociedad, sólo transformando dichas condiciones y poniendo la producción, la riqueza y el poder al servicio de los trabajadores, puede cambiar la vida del país.

Las líneas generales son: conquistar la soberanía nacional política, productiva, tecnológica y cultural, constituir la soberanía social y popular e instalar un estado al servicio de la nación y el trabajo.

Los cuatro principios que orientan la posición del socialismo nuevo son:

Obrerista. Porque no tendrá por centro y fuerza principal a la burocracia partidaria o estatal, sino al constructor del mundo: a todos los sectores organizados de trabajadores de la industria, la agricultura, los servicios, los estudiantes y los jubilados que contribuyen a la obra social y que tendrán derecho a intervenir en todas las instancias de ella. Sin privilegio alguno, incluirá a los profesionales de la ciencia, la técnica, la educación, el arte y la cultura.

¡Contra la burocracia y la subordinación, la autogestión social con normatividad pública!

Democrático. Porque se regirá por la soberanía democrática de los consejos populares, por la democracia institucional con injerencia de los trabajadores normada jurídicamente, la democracia económica con participación de los trabajadores en la organización y dirección de las unidades de producción, la democracia política con el libre ejercicio ciudadano, la democracia como forma de vida y como representación social.

¡Contra el fascismo, contra la democracia atomizada de número y contra el socialismo de control, la soberanía social!

Moderno. Porque será ajeno al estatismo, al populismo, al clientelismo y al parasitismo social, con base tecnológica contemporánea y planta laboral tecnificada y profesionalizada, dotada de medios modernos para elevar la eficiencia, la productividad y que sea compatible con la justicia social para solventar las necesidades civiles, nacionales y públicas, así como generar la condición para el surgimiento de necesidades humanizadas.

¡Contra el socialismo de miseria y la ineficiencia social, la solución integral de las necesidades personales, civiles y ciudadanas y el trabajo de alta productividad!

Humanista. Porque tendrá por guía el cumplimiento de los altos fines de la especie humana: la dignidad, la justicia y la libertad, no la posesión o el poder. No la simple libertad abstracta, sino la praxis constitutiva del mundo nuevo; no la igualdad formal sino la dignidad de todos y cada quien dando garantías a los derechos humanos; no la fraternidad natural sino las capacidades universales del género humano. Su orientación será tratar al hombre como un fin con validez en sí mismo, que impregne la vida social con los valores estéticos, morales, éticos, intelectuales y cívicos.

¡Contra el control y la ingeniería social y psicológica de los tecnócratas, el ejercicio de los derechos del hombre, la justicia civil y la libertad política dotadas de garantías y medios!

Llamamiento

A las vastas minorías que comprenden y se hacen responsables ante la situación de México: poner su acción para organizar el movimiento o el partido comprometido con la liberación del trabajo y la soberanía nacional.

A los pobres y trabajadores: a que, sin abandonar la lucha por su sobrevivencia, se incorporen a la batalla por la liberación organizativa, ideológica y política de la clase trabajadora, rechazando las dádivas y limosnas que envilecen su existencia, acabando con el paternalismo, el control y el clientelismo de su vida persona, civil y política.

A todos los participantes en la política, que hagan consciente la verdad de todos los tiempos: la libertad no se regala, se conquista con el propio esfuerzo y no hay otro camino para alcanzarla.

Sólo así, reorganizando a México podrá la nación liberarse de la dependencia, del crimen y la falta de oportunidades que hoy la asolan.

¡POR UN MEXICO NUEVO!

¡POR UN SOCIALISMO OBRERO, DEMOCRATICO, HUMANISTA Y MODERNO!

México 2011.

Consejo Popular / Socialismo Nuevo

La Mueca / Organización mexicana de  arte, cultura y pensamiento

(Imagen tomada de Internet / Derechos reservados por el autor)

México Elecciones 2012 ¿Qué Hacer?

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El debate de ideas y la crítica al estado en que se encuentra el país en el actual proceso electoral, caliente y explosivo, no han sido privilegiados (salvo contadas excepciones) por los intelectuales, los medios informativos, los partidos políticos y los ciudadanos. Reina en México una mezcla de temor por la violencia desatada que se vive en el presente y la incertidumbre por lo que viene a corto y mediano plazos.

En este contexto, sin duda histórico, se definen franjas electorales a favor de los candidatos/as, emerge una caótica confusión de ciudadanos formadas ideológica y políticamente por varias décadas de espectáculo mediático y marketing político, que privilegian el culto a la personalidad, minimizan los proyectos de nación y los programas de gobierno en disputa entre los candidatos a la presidencia de la República. A esto se agrega el pragmatismo y la vendimia de siglas y oferta de candidaturas al mejor postor, en que han incurrido, en la era de la religión del mercado libre, todos los partidos políticos, desdibujando así sus diferencias históricas, sus principios ideológicos, sus programas de gobierno.

La estrategia geopolítica del Imperio vecino al otro lado del río Bravo, los poderes fácticos del gran capital nacional y las instituciones de gobierno bajo su influencia, apuestan por la continuidad de la política autoritaria y su economía depredadora mediante el recambio del PAN que ha gobernado en dos sexenios llevando a México al desastre.

Así, lanzan al ruedo electoral a Enrique Peña Nieto, el joven e improvisado político (que responde pavlovianamente a todos los viejos timbres viciosos y corruptos de su partido) creado por los espots, la propaganda desmesurada y la manipulación de encuestas patrocinadas por las televisoras.

Ante su debacle política, moral y de credibilidad democrática, el panismo en el gobierno federal  pretende resucitar con la figura de Josefina Vázquez Mota, candidata autora del libro de superación personal ¡Dios Mío, Házme Viuda!, que predica la misma vulgata económica-política-cultural que viene oyéndose, hasta la náusea, desde los tiempos de Carlos Salinas de Gortari.

Del ilustre desconocido Gabriel Quadri, el reciente candidato "ciudadano, ecologista y sin partido" que ha puesto en circulación el PANAL, no hay mucho que decir: es la muestra contundente de la corrupción extrema de la mayoría de los políticos que han gobernado México durante 84 años, uno de cuyos personajes emblemáticos es la profesora Elba Esther Gordillo, dueña y señora en la compra-venta de voluntades políticas que negocia en las oficinas del mejor cliente de la temporada. Para posicionar a sus aliados en puestos públicos y moverse en los corredores de Palacio Nacional y los Pinos con la mayor impunidad, la profesora tiene su tienda de votos en el sindicato nacional de maestros y la Secretaría de Educación Pública.

En otro espacio discursivo y político articulado por diversas corrientes de izquierdas, ciudadanos progresistas ¡Hasta la Madre! con la violencia y la corrupción que han sembrado los gobiernos del PRI-PAN, se encuentra el candidato Andrés Manuel López Obrador. La derecha partidaria, cultural, mediática, que intentó eliminarlo a la mala en aquel fársico desafuero de 2005 (paradójicamente, lo catapultó a la candidatura a la presidencia en el 2006), es la misma que le escamoteó el triunfo electoral mediante el ya histórico eslogan mentiroso "AMLO: peligro para México", y con el 0.56 % de diferencia en los votos que para la mitad del electorado significó un fraude electoral. Ya con el decretado y pírrico "triunfo" de Felipe Calderón, la derecha fraudulenta impidió el recurso legal y ético  del recuento voto por voto, casilla por casilla.

Hoy, el horno no está para bollos.

A la tensión producida por la radicalización electoral de los tres candidatos y la candidata a la presidencia se suma la confusión entre ciudadanos que se autodeclaran independientes, apartidistas y hasta "apolíticos", que en el hartazgo de la crisis y la corrupción llaman a no votar o anular el voto en la casilla como protesta contra la partidocracia. No queda claro qué proponen más allá de la negación.

Entre estos ciudadanos conocidos ya como anulistas del voto los hay apartidistas de la derecha y ultraderecha, de izquierdas doctrinarias e inspiración anarquista que niegan toda otra opción real que no sea las de sus organizaciones.

En el discurso de los anulistas  en el terrreno de la derecha y en los discursos de hombres y mujeres de izquierdas y progresistas, no se plantean matices ideológicos, descontextualizan las contradicciones en el terreno de lo real y la correlación de fuerzas, no distinguen entre los proyectos en disputa; para ellos "todos los partidos y los políticos son iguales" ignorando que también hay políticos fuera de las siglas partidarias, que sus propias organizaciones ciudadanas hacen política. Con una arrogancia que toca el puritanismo ideológico, el individualismo y el espíritu de secta, los anulistas no conciben que los militantes de los partidos, los empresarios, los sindicalistas, los intelectuales, los religiosos también son ciudadanos que tienen una visión del mundo, un bagaje ideológico y una praxis política.

En esa óptica no se sabe distinguir cuales son las contradicciones entre los militantes de los partidos (que las hay aunque se ignoren), la lucha de los partidos entre si (¿entonces por qué tanto empeño en sacar del juego a AMLO?), la contradicción entre los ciudadanos sin partido. ¿Es igual, ideológica y políticamente hablando, el ciudadano sin partido que ha sido nombrado candidato a la presidencia por el PANAL, que el ciudadano Javier Sicilia o la ciudadana Elena Poniatowska o el ciudadano Subcomandanate Marcos ?.

Asi, olímpicamente, se ignora cómo se manifiesta, en esta fase de la historia de México y del panorama internacional, la contradicción mayor entre las clases sociales, contradicción que dinamiza y abre las puertas a la teoría que no se ciñe a dogmas y busca su vínculo con la praxis política. La profunda crisis global del capitalismo neoliberal ha puesto en cuestión todos los dogmas, incluido el  nuevo de la idealización y puereza de un ciudadano vacío de ideología y compromiso político-social.

Ante la falta de reflexión y debate que tensa y enrarece el panorama electoral, Revista Pantagruélica inicia la Sección-Dossier MEXICO ELECCIONES 2012 ¿QUÉ HACER?

Con esta iniciativa editorial pretendemos encauzar el debate con aquellos ciudadanos/as de partido o sin partido, de izquierdas y liberales progresistas que buscan un cambio, una salida a la debacle ya en marcha que se detendrá si se reforma lo que es reformable y plantea la lucha política, cultural y social en otro terreno que no sea el del Big Brother televisivo y sus patrocinadores.

Esta reforma es posible si sale adelante el candidato de las izquierdas, o se cancelará si la maquinaria del poder priista-panista impone al candidato de la derecha. La revolución anticapitalista urgente en el panorama global no está en el proceso electoral y social de México, por ahora: tendrán que surgir y madurar los sujetos históricos diversos (lo cual plantea abrir nuevos espacios culturales, políticos, sociales) para que sea una realidad, no un esquema teórico o una fuga imaginaria hacia adelante.

El espacio de la revista está abierto hasta la elección del próximo 1 de julio para que fluyan las ideas y las propuestas. Una regla única orientará la edición de los textos: no publicaremos escritos que con lenguaje escatológico, tono inquisitorial o de izquierda seudoradical insulten y agredan a diestra y siniestra. No es nuestro estilo ni los polemistas y lectores merecen andanadas delirantes, textos de baja calidad sintáctica y sin ideas. Pensamos que sin esta regla sencilla, no hay debate y, por ende, no se llega a consensos y disensos claros que permitan jugar sin agresiones personales, dados cargados o cartas marcadas bajo la mesa.

Bienvenidos/as a la reflexión, al diálogo, al debate. Revista Pantagruélica les abre la puerta.

¿Ciudadanos independientes?

Lo he escrito muchas veces: no existen, aunque así se presenten, las candidaturas ciudadanas, por la sencilla razón de que todos los mexicanos mayores de 18 años somos ciudadanos, igual despachen en Los Pinos que en las calles como "viene viene"" o militen en un partido político. Es una falacia tratar de hacer creer que los que no pertenecen a los partidos ni a las esferas de la representación política son mejores que los militantes, los políticos o los gobernantes, que los primeros son ciudadanos y los segundos gente marcada por el ""maligno y corrupto"" sello de la política.

Tan corrupto puede ser un ciudadano común y corriente como un empresario o un político. Lo mismo se puede decir de su contrario: tan honrado puede ser un político o un empresario como un ciudadano común y corriente. No hay reglas ni pueden establecerse en función del papel y el lugar que ocupa cada quien.

En esta misma lógica de las generalizaciones de moda tampoco se puede decir que quien milita en un partido supuestamente de izquierda es por fuerza de esta corriente o que quien no milita en ningún lado no puede ser de izquierda. A la izquierda pertenece quien así se considere, con independencia absoluta de si milita o no en un partido ad hoc. No es el partido de izquierda el que hace izquierdistas a sus afiliados, sino sólo el que ofrece un espacio, auténtico o no, para que se agrupen quienes se consideran de esta filiación. Nuestra legislación electoral establece que quienes aspiran a un cargo de representación política deben ser propuestos por los partidos políticos registrados y reconocidos legalmente. No se dice que los candidatos requieran militancia en los partidos, ni siquiera que deban estar afiliados a ellos. Si los candidatos de los partidos surgen de sus filas o de ningún partido, es irrelevante. Vuelvo a decirlo: no son más ciudadanos quienes no militan en un partido que quienes sí lo hacen.

Cuando un ciudadano sin partido aspira a un cargo de elección popular requiere, aunque no lo reconozca ni lo asuma como una realidad evidente, de una organización y de recursos para dar a conocer su candidatura, su programa y sus buenos o malos deseos. Si es pobre está frito, a menos que alguien lo apoye económicamente. Si es rico puede ser que arriesgue parte de su fortuna para promoverse políticamente (tal vez pensando que con lo que gane más allá de su sueldo lo repondrá de lo invertido: la política también es negocio si se falta a la ética). Dicha organización y tales recursos, suponiendo que la legislación permitiera candidaturas al margen de los partidos, constituyen un nuevo partido, aunque éste sea el partido de un candidato que desdeña y hasta rechaza a los partidos. Ya ocurrió y ha pasado en México y en otros países: Juan Andrew Almazán fue primero aspirante a la Presidencia y luego, obligado por la ley, formó su Partido Revolucionario de Unificación Nacional. En Estados Unidos Ross Perot también tuvo que fundar (en 1995) su propio partido al estar en contra del Republicano y del Demócrata: el Reform Party. Fue el caso del ""independiente"" Ralph Nader también, quien al no ser apoyado por el Green Party aceptó ser postulado en 2004 por el partido fundado por Perot, con presencia sólo en algunos estados. Según Alejandro Chanona, en un amplio estudio sobre el tema, hay 81 países que aceptan candidaturas llamadas independientes en elecciones para el Ejecutivo y el Legislativo, pero incluso en éstos los candidatos tienen que ajustarse a ciertas reglas que no son muy diferentes de las que tienen que cumplir los partidos. En una palabra, la organización de un candidato llamado independiente o ciudadano (""sin partido"") es, en sentido lato, un partido aunque no se reconozca como tal: está organizado, tiene una cierta disciplina, presenta un programa, hace propaganda y aspira al poder, requisitos todos que tienen que cumplir los partidos políticos formales.

La ciudadanización de la política, como también está de moda decir, es, por lo mismo, una vacilada o una tomadura de pelo. La política se practica en un país desde cientos de trincheras distintas. Cuando en una escuela un grupo de niños elige a un presidente de clase es porque uno de los alumnos armó un grupo, hizo algún tipo de propaganda y, desde luego, dijo que quería ser candidato entre otros. Desde ahí en adelante se hace política, igual sea mediante partidos, planillas (en un sindicato, por ejemplo), grupos de apoyo (en dinero, en asesorías, etcétera). Y quien hace política, en la escuela, en un sindicato, en una organización empresarial, en un barrio o en una ciudad o un país, es un político por más que se presente como ciudadano y a veces como apolítico (que es otra falsedad).

Es necio, por lo tanto, seguir hablando de candidatos ciudadanos o independientes como diferentes de los candidatos llamados partidarios. Unos y otros son ciudadanos, y unos y otros son propuestos por un partido o forman el propio aunque no lo califiquen así. Finalmente, en el momento en que una persona aspira a un cargo por elección está haciendo política, es un político y busca un cierto grado de poder, por el gusto de tenerlo, por vocación de servicio o para enriquecerse.

La Jornada.

Patria México 2012 / Manifiesto Electoral

Contenido

I. La profecía imperial

¿Cómo se cumple? En la polvareda del derrumbe. Situación

y verdad central de hoy. Los palos de los ciegos.

II. El llamado electoral al 2012

La política transmutada en ritual. El mercado electoral.

El misterio de las elecciones. Candidatos independientes.

La política penetrada por la mentira. La abstención

activa. La verdad irrecusable.

III. Propuestas partidarias

Seguridad. Empleo. Ingreso. Educación. Empresa estatal.

Pequeña empresa. Reforma política. Vida social. Miseria.

Ecología.

IV. Significado de las propuestas

V. El socialismo nuevo y las elecciones

 

I. La profecía imperial

En los 90's del siglo XX algunos estrategas de EU profetizaron la Guerra del siglo XXI. Comercial pero no exenta de conflictos militares. En sus predicciones, algunas naciones serían arrasadas por el huracán globalizador."Las naciones se dividen, las regiones se unifican. Para que una economía global surta efecto es necesario renunciar a cierto grado de soberanía nacional" –anunciaban.

Los augures son profesores de Boston, allí donde se han educado algunos gobernantes de nuestro país. Como alumnos aprendieron a cumplir la profecía.

¿Cómo se cumple?

México sufre los presagios. Su sistema económico depende hoy de las grandes corporaciones planetarias, de la clase supranacional y sus finanzas, de las importaciones y exportaciones de las compañías que se han adueñado hasta de las carreteras. La misma educación va siendo una copia del modelo gringo.

Engullido por el imperio, es campo de batalla de los bloques económicos: sus filiales producen aquí vehículos automotrices, bienes electrónicos y de consumo, desaparecen ramas completas de la industria nacional, explotan el trabajo barato y la infraestructura que el gobierno construye para desplazar sus mercancías etiquetadas de "exportaciones mexicanas".

Su efecto sobre la sociedad se vive a diario. Desesperados, en la descomposición los mexicanos claman por seguridad personal, empleo y alimentación. La miseria, el crimen y la falta de oportunidades asolan la vida nacional. Aunque uno de los hombres más ricos del mundo amasa aquí grandes fortunas, eso es bien visto, incluso alguna gente de izquierda le guarda admiración. Mientras tanto, EU mete armas en nuestro territorio para acelerar el desorden y propicia la guerra del narcotráfico tolerando la drogadicción.

Una bandera se enarbola en las trincheras: la paz. Ya se ha hecho antes: en el porfiriato era la "paz social", luego de la revolución fue la "paz de clases", hoy es la "paz entre los delincuentes y el poder público", un día podría ser la paz de los sepulcros.

En la derrota, el tiempo pasado parece mejor. El frustrado, pensando en su hipocresía que todo lo merece, cierra los ojos a la explicación objetiva y sólo busca culpables: impugna al gobierno y su estrategia contra el crimen. Bajo el signo del resentimiento, los actores sociales siempre los encuentran. Desencantados con los gobiernos desde hace 30 años, acusan de todo al poder público. Y en el pánico nadie se preocupa por lo que verdaderamente sucede.

En la polvareda del derrumbe.

La figura serena de las causas de tal situación nacional no se perfila en el polvo levantado y quienes se atreven a plantear soluciones de fondo claman en el desierto.

Otros más, pseudointelectuales, desde su olimpo, esperan sentados ver pasar el cadáver del sistema, ellos siempre sabrán acomodarse; el brazo laico de la iglesia católica con discurso poético, y el infantilismo anarquista, recitan versos sobre un "estado fallido". Proclaman que "las soluciones pacíficas se están cancelando" y, como se decía hace un siglo, quieren asustar con "el petate del muerto".

El partido en el poder, por su parte, niega el derrumbe. En el estruendo del desastre dice que "todo va bien", pero las piedras hablan: la función básica del estado liberal es garantizar la vida y los bienes de las personas, cuando esto no se cumple su legitimidad social está en vilo.

¿Por qué sobrevive dicho estado? Porque el poder económico, las corporaciones planetarias, los especuladores de la bolsa y los partidos electorales, que son su verdadero puntal, lo siguen reconociendo. El pacto entre las clases populares y el estado de la Revolución de 1910 se lo llevó el viento del olvido. En 1987, en el estruendo de la crisis, se firmó un pacto corporativo entre los empresarios, el gobierno y los charros sindicales. Se ha cumplido a espaldas de la opinión.

Pero si los tres órganos del estado pierden pisada, el cuarto poder acude al rescate. A la hora de hablar quien tiene poder se sirve a discreción. Los publicistas hacen el discurso: "México es más grande que sus problemas" (no más poderoso), se toman medidas "sin precedentes" (aunque su inoperancia tenga muchos antecedentes) y, aconsejados por sus magos, como si conocieran el futuro, afirman que "si no hubiéramos actuado así, las cosas serían peor". Es elaborar frases nunca dichas.

Total, el discurso acaba por ser apología del error, del fracaso y el engaño. Después de todo, la conciencia común padece amnesia y olvida fácilmente. De ese mecanismo mental se nutre la televisión: su principio básico es que el mensaje más reciente borra los anteriores.

Recordemos. Los hechos están allí y la fantasía no desaparece la realidad. El viejo estado de la Revolución moría desde finales de los 60's, la política decrépita de Díaz Ordaz así lo traslucía, su separación de los sectores sociales hizo nacer el vacío a su alrededor. Se decía que faltaban organismos "intermedios", lo cual significaba que las instituciones nacionales ya no eran el puente de contacto con la población.

Desde los 70's se llena el vacío con "procuradurías" (del consumo, agraria, laboral, etc.) para subsanar la ineficiencia con un estado fantasmático "en paralelo".

Moribundo en los 80's, ataviado con la frivolidad de López Portillo, recibió el tiro de gracia con el salinismo. A partir del 88, es un aparato de complicidad con los poderes globales, con la plutocracia interior y con la sociedad en descomposición confundida con el humo de la "civilidad".

La política, antes monopolizada por el partido oficial y el estado, dejó su lugar a la administración, el mismo lenguaje público retrocedía: los temas de la reforma agraria, los derechos obreros y campesinos, la educación pública, etc., cedieron a la estadística, el civilismo, el mercado, la solidaridad, la oferta y la demanda.

Con la entrada en acción del panismo, resucitaron de entre los muertos los problemas superados en el siglo XIX: el conservadurismo, el liberalismo, el fanatismo, etc., y distraen la atención de los problemas nacionales y sociales. Del 2000 en adelante, la nota roja pasó a primer plano.

En la bruma, los medios cobran su factura por el bien ilusorio que producen. Son los beneficiados con 10 mil M de pesos del gasto público electoral.

Situación y verdad central de hoy.

Hoy todo falla: la seguridad, la educación, la producción, el empleo, la cultura. Quien estira el hilo de la crítica acaba revisando todos los aspectos de la vida nacional, uno conduce al otro y al terminar el tejido se deshilacha. Nada parece ser entendible sin traer a colación todos los aspectos de la vida actual.

Al final, como sucede con el asunto de los valores desde los 90's, sólo queda el vacío, el silencio, la esperanza, la buena intención, la espera... El fondo parece haber huido. La mente egoísta no ve sino la nada en el espejo de su cabeza.

El "tejido social", dicen los domésticos, debe ser recompuesto. En ello se equivocan de comienzo a fin, pues creen que basta "ponerle orden o paz"; omiten decir que el tejido anterior ya "pasó de moda", ya no "le queda" a los tiempos actuales. El verdadero problema es asegurar la validez del diseño nuevo: que, sobre otra base que no sea la explotación del trabajo, garantice una patria libre, el respeto a la naturaleza y una humanidad digna. No la moda de las intenciones solidarias, la depredación y la injusticia.

En el caso mejor, los inocentes intentos por cambiar confunden una crisis con una situación revolucionaria y en su confusión realizan su deseo en la imaginación. La crisis es un desajuste eventual del sistema económico, la situación revolucionaria es el desequilibrio esencial, la incapacidad del poder económico y político para sostener el estado de cosas prevaleciente y, sobre todo, la emergencia de una fuerza política capaz de cambiar las condiciones de vida y dirigir el rumbo hacia un mundo nuevo.

En esto último se oculta la verdad latente en las escaramuzas callejeras y las luchas sociales de México en el siglo XX: la ausencia de un organismo de vanguardia, pertrechado con la fuerza del número, con el pensamiento claro de su misión histórica y su responsabilidad con la nación y el pueblo mexicanos, capaz de organizar la fuerza de transformación histórica, que en el mundo moderno es el trabajador.

¡Su organización es la base para deshacer la profecía imperial!

Los palos de los ciegos.

Mientras grandes grupos se ocultan bajo la cama para no "estar en el lugar y el momento equivocados" cuando los criminales asaltan, otros marchan, protestan y reclaman; mientras unos aplauden la acción del ejército, otros la rechazan; mientras unos piden que EU o la ONU intervengan para restablecer el orden en el país, otros piden pactar con las mafias y legalizar el delito; mientras la patria se descompone, el legislativo, como máquina de fabricar leyes, produce derechos especiales para grupos y segmentos civiles, relegando los derechos colectivos y generales y modificando el texto constitucional al dictado de su ignorancia.

Como médicos empíricos, los gobernantes, ante el fracaso de la medicina neoliberal recomiendan: remendar el tejido social, distraer a los jóvenes con deporte, becas y valores, temerosos de que los reclute la delincuencia. Habiendo fracasado la policía en las calles, se busca introducirla en las cabezas con su "moral"; ante la falta de empleo para los egresados de la universidad se ofrece entretenerlos con "más educación"; la falta de inversiones mexicanas se suple con capital extranjero que se apodera incluso de servicios civiles municipales.

Del practicismo pasan a la mala fe. Sabiendo que, como los más recalcitrantes defensores del capital lo aceptan, este sistema genera desigualdad en todos espacios sociales, ocultan esta verdad y proclaman la igualdad de oportunidades.

Una enferma confusión entre lo imaginario y lo real se apodera de la mentalidad colectiva. Hasta en la muerte se sufre la desigualdad. Las autoridades, los medios de comunicación, los grupos sociales, la presidencia de la república y hasta las Naciones Unidas, condenaron la muerte de 52 personas de clase media en un casino de Monterrey, pero nada dijeron cuando decenas de mineros murieron en Coahuila o cuando más de 70 buscadores de empleo fueron asesinados en San Fernando Tamaulipas.

No es extraño, entonces, que las personas se desentiendan de la vida nacional y del sufrimiento de los demás, viviendo la fantasía de su felicidad. Para encontrar al final de su existencia que la vida los recompensa con lo contrario a lo que buscaban, que los fines perseguidos se invierten en su contra, que creyendo "hacer su vida" y ejercer su libre voluntad sólo siguen el destino que la realidad social y política les traza, muchas veces hasta en su vida íntima.

Ciegos, no ven a dónde van: una cosa quieren y otra consiguen, una cosa hacen y otra cosechan, una cosa tienen en su cabeza y otra en la realidad. Viven el "otro mundo" aquí en la tierra, donde el infierno ha tomado lugar.

En tanto, el gobierno panista en once años transita de la inoperancia foxista al estado policiaco calderonista; la presión social creciente, en los vaivenes de la frustración y la esperanza, minimiza sus demandas: va de la sobrevivencia social antes reclamada a la sobrevivencia física. En el naufragio, el reclamo de justicia se olvida, todo es la tabla de salvación.

Los ciegos, claro, no pueden caminar con seguridad, pero usan su bastón para golpear sin sentido.

¿Cómo deshacer entonces la profecía?

II. El llamado electoral al 2012

La política transmutada en ritual.

Muchas cosas están pendientes por hacer, los gobiernos han faltado a su palabra tantas veces. Desde 1976, México camina en el despeñadero de la descomposición nacional y social, instruida por el Fondo Monetario Internacional.

Lo que no se deja de hacer es repetir el ritual electoral. Parece ser un acto de culto. De manera estricta, se efectúa cada seis años. Convocados por una voz imperativa, a los partidos no importa el abstencionismo, acuden al llamado del 2012. ¡Algo quedará!

Despojados de la ideología clasista, son aparatos de número, alientan la fantasía social, hacen institución el engaño colectivo, anuncian que ésa es la vía para cambiar cuando un siglo de experiencia ha demostrado lo contrario.

Si eso fuera poco, la soberanía popular establecida en el artículo 39 de la Constitución se diluye con la atomización del electorado, mientras los partidos, el poder económico y el estado son grupos compactos.

Cada seis años, un pueblo con esperanzas revividas y grupos con ambiciones acrecidas, dicen adiós a gobiernos raspados, cuya administración consiste en ejercer el "gasto", mantener la burocracia y responder a las presiones del parasitismo. La frase común lo dice todo: ¡lo único que tienen de bueno esos gobiernos es que se acaban! Eso ayuda a que el elector aguante y "crea en algo", mientras espera que la muerte lo reclame.

Sin embargo, la visión simplistade la opinión común significa que eso sucede porque el mexicano aún es inmaduro, como decía el dictador Díaz. Su ignorancia explicaría todo y la educación sería la respuesta.

Pero la escuela nada tiene que ver aquí. En los tiempos actuales el saber de la vida se adquiere fuera del aula. Cualquier ciudadano, independientemente de su ilustración, sabe lo que sucede. Tanto es así que, con buen tino, muchos evaden su responsabilidad con las coartadas del temor, la astucia y la omisión cómplice. La conciencia efectiva vive en el cínico que, aferrado al egoísmo, se siente feliz por no ser la "próxima víctima", por no comer al día con diez pesos o por consumir como la clase media.

¿Cómo vencer la resistencia a ver de frente la verdad?

El mercado electoral.

En realidad, en esto hay una verdad simple que rige al mecanismo electoral: en las elecciones sucede lo mismo que en el mercado.

En éste, el comprador sólo tiene la opción de aceptar o rechazar el bien que el vendedor le ofrece, no puede producir ni determinar lo que desea consumir. Todo transcurre en un círculo de hierro cerrado por la necesidad, el dinero y el esfuerzo.

Resultado de su movimiento perpetuo, sólo queda la conservación: la vida del sujeto, el sistema económico y la sociedad vigente. Su ley es el consumo, su significado es destruir los bienes para conservar.

Igual, el mercado electoral no ofrece nuevas soluciones en favor del trabajador, el interés público y nacional. Sabe lo que espera la clientela consumista.

El misterio de las elecciones.

El malestar es patente. El creciente abstencionismo expresa la crisis de los organismos partidarios de número.

"Para no comprometerse", la sabiduría popular señala al fraude, a la "ingeniería" de urnas, a los desiguales gastos de campaña, etc. Todos tienen una excusa cuando pierden, pero hay un mal de fondo que va minando la salud pública. Su misterio lo explican los resultados de las casillas.

Como bien se dice, el modo más sencillo de ocultar algo es ponerlo a la vista. El secreto está en los números. A la "democracia" priista de monopolio, que estuvo vigente 70 años en México, le sucedió la democracia de oligopolio o "concentrada", donde el mercado es controlado por dos o tres partidos, rodeados de otros que aspiran a las cáscaras del festín presupuestal.

La democracia "liberal", impuesta por Estados Unidos al mundo, cuyo principio es representar la voluntad general o la mayoría del pueblo, se transfigura ante los mismos ojos del elector pero éste no puede ver el escamoteo, hipnotizado por el ritmo del ritual.

En efecto, esa democracia mercantil, supuesto soporte del gobierno de mayorías, es en realidad el puntal de gobiernos de minorías que se imponen contra la vida nacional. En nuestro caso: de 75 M de electores en 2006, el PAN gobierna con 15 M de votos, o sea, el 20% del total. Igual sería si estuviera en la presidencia el PRD. El verdadero fraude, pues, no está en los votos, sino en el sistema mismo. Lo demás es un pleito de protagonistas que disputan la "legitimidad".

Entre más participantes, menos votos se necesitan para triunfar. Bastan "unos cuantos". Se podría decir, como se afirmaba en la antigüedad, que la democracia, por su misma dinámica, se transforma en "aristocracia", si no fuera porque esta palabra significa "el gobierno de los mejores", y los que van quedando al mando de estos gobiernos son los peores.

La magia electoral, por tanto, hace desaparecer el objeto de la democracia ante los ojos del pueblo elector. Su efecto: la admiración por el truco en el espectáculo y la desazón a la hora de contar los votos.

Candidatos independientes.

Las llamadas candidaturas "independientes" (independientes del compromiso público, nacional y social), buscadas por personajes patrocinados por mafias y pequeñas sectas, creyendo tener una imagen atractiva en el mercado comunicatorio, germinan en la podredumbre. Significan un retroceso ante la socialidad colectiva que apareció en el siglo XX.

La corrupción, el abuso, la arbitrariedad y el crimen prohijados por Fujimori en Perú son un ejemplo de tal "independencia". ¡Triste opción entre partidos de mercado y ratas independientes!

La política penetrada por la mentira.

Así pues, entre la conducta anestesiante, la levedad del discurso, el ritual electoral y la ambición por el poder, todo cuaja en un efecto de superficie que oculta la verdadera realidad política de México.

¿Qué significa todo eso cuando no está en juego una ideología? Sólo el cambio de piel.

Desde la aparición del neoliberalismo a inicios de los 80's, las izquierdas buscaron "acercarse a las masas" y cometieron el error ya denunciado por Sorel en 1900: en su fantasía son marxistas, en su acción son burgueses. Los panistas no necesitaron siquiera recordar el personalismo de 1939, les bastó captar el resentimiento contra el PRI para llegar a la presidencia. El priismo ha avanzado desde 2006 tirando la piel de la ideología de la revolución mexicana. LO la recoge. Ninguno se preocupa por tener una imagen válida, sólo la que les conviene.

¿Cómo es esto posible? El mecanismo es simple: prometer, no cumplir; hablar sobre el momento, se olvidará mañana; aparecer en la televisión, despierta más interés que la realidad. Lo importante son los arreglos a trasmano entre partidos y poderes económicos, corporaciones sindicales, ong y mafias.

En lugar del compromiso ideológico y político de partidos emergidos del pueblo con los sectores sociales, rige el discurso: no lo que hará el pueblo, sino el gobierno; no llamar a la acción, sino a ver el medio de comunicación.

¡La mentira como discurso, enseñanza de Hitler, lección bien aprendida!

Por definición, la política, que es acción pública constituyente de formas de organización, de fines y líneas de actividad para establecer equilibrios y armonía sociales que propicien la vida justa, es suplantada por el arreglo y la componenda cupular.

La abstención activa.

Ahora bien, entre la rabia, el resentimiento y la impotencia, los partidarios del "voto nulo" juegan a las guerrillas y al internet con Marcos, enfrentados al "voto útil" oficial y al "voto duro" de los partidos. Giran también sobre el mismo sistema y animan el ambiente donde la promesa y el halago dan vida al discurso con el que se compra la conciencia de un electorado impermeable a la experiencia.

¡Se llama a no votar pero no se presentan opciones para hacer efectivo el poder del pueblo!

La verdad irrecusable.

En pocas palabras: la democracia, el régimen político cuyo significado es el ejercicio del poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo; esto es, que nace de la propia organización del pueblo, que se ejerce por sus propios órganos y para beneficio de él mismo, deviene re-presentación. Allí el pueblo desaparece, el gobernante y el legislador lo suplantan y lo resucitan cada seis años, convocándolo a legitimar un poder que en el acto mismo de votarlo se vuelve ajeno. La usurpación no desaparece si los partidos hacen alianzas o forman gobiernos de coalición. Lo importante no es cambiar de amo, sino liberar el trabajo cambiando las condiciones de vida de la nación y el pueblo mexicanos.

La democracia civil que, como dice el artículo 3º. Constitucional, es "la forma de vida basada en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo", queda fuera del horizonte electoral.

La democracia política, que es la gestión directa de los asuntos civiles y políticos a través de la intervención organizada del pueblo en el funcionamiento y la vida de los organismos públicos, en sus instituciones y su propia existencia, es declarada admirable pero "irrealizable".

¡He aquí la primera piedra de la antiprofecía!

III. Propuestas partidarias

Ahora, si de profecías se trata, es fácil adelantar lo que los partidos van a prometer. En el mercado, las demandas coinciden cuando el hambre y el miedo aprietan.

Seguridad. Bajo el signo del miedo, el reclamo de seguridad figura en primer lugar.

Todos dicen: la estrategia contra la delincuencia organizada fracasó, "más y mejor policía". La prevención social de antaño devino táctica de fuerza, la tolerancia neoliberal devino régimen policiaco.

Esa lógica es de protección. No la garantía constitucional, no la sociedad donde las personas pueden convivir, laborar, descansar, estudiar, pensar, sentir, transitar, manifestar, expresar con libertad y seguridad de que serán respetados sus personas y sus bienes. Tal como dicen los principios de la vida moderna.

Con lógica proteccionista habría que poner un policía a cada policía, como algunos grupos policiacos exigen a los gobiernos les den "protección contra los delincuentes". Y ya en la refriega policiaca, se pierde la confianza. Entonces la lógica del control se hunde en su propio torbellino: ¿quién controla al controlador? Una sociedad que en círculo vicioso genera el delito que la descompone por su propia descomposición, pasa al tobogán de la violencia sin fin.

La misma tecnología, usada por los gobiernos conduce a una sociedad donde el control, la delación, la supervigilancia en la calle, la casa y el trabajo, configuran la imagen del "gran hermano" que controla todo en aras del poder y el negocio. La venta de información del registro de electores a empresas policiacas extranjeras en 1999, lo hizo manifiesto.

Su desenlace: el despotismo. En lugar de la organización del pueblo para autogestionar su propia seguridad en sus comunidades y barrios, se anhela un líder "incorruptible", un jefe, un führer, un duce, un dictador. La monstruosidad histórica asoma en cada esquina.

• La descomposición del mercado de trabajo, de la vida civil, personal y familiar, de las normas de convivencia, del derecho, las ideologías y creencias, condición de la que se nutre el capital neoliberal, es lo que hay que cambiar. Una vida social y humanizada, educación para la autodeterminación personal y colectiva, mejores condiciones de convivencia y, sobre todo, modos de existencia dignos, reducen el problema de la seguridad a sus normales proporciones.

Empleo. Las letanías partidarias que acompañan al ritual prometen empleo: así comienza un sexenio, así acaba.

Por inocencia, por ignorancia o por cinismo, pasan por alto que, además de la débil propensión del capital mexicano a invertir (rasgo parasitario heredado de la colonia), y que el capital extranjero ha sido un obstáculo a nuestra soberanía, en nuestro tiempo los avances tecnológicos navegan contra la ocupación. Relegan la fuerza de trabajo, automatizan plantas de producción continua, sustituyen muchas operaciones laborales por máquinas informáticas.

Pero desde los 80's dar empleo justifica todo: en lugar de industrias y unidades agrícolas, basta emplear en casinos y antros; en lugar del principio nacional, la entrada sin cortapisas del capital extranjero, pues "da empleo"; en lugar del trabajo bien remunerado que aporta valor a México, se ofrece el ingreso informal de sobrevivencia con los "mercados sobre ruedas" inaugurados por el echeverrismo o el autoempleo en "chagarros". En síntesis: comer a cambio de la esclavitud.

El mismo desempleo "ilustrado" o profesional indica que los centros de educación superior, que debieran saber lo que sucede en el mundo actual, cierran los ojos y adoptan una posición irresponsable ante la nación y la sociedad.

De hecho, gran parte de su educación es un fraude: poco a poco reducen su enseñanza a módulos de competencias para adaptarse a la producción segmentada de las corporaciones. La función profesional, con responsabilidad social y nacional, es suplida por el "puesto de trabajo"; se enseña sólo lo que es útil para entrar a la planta productiva, donde predomina la tecnología extranjera y basta aprender a operarla. Al salir de dicho puesto su educación queda sin efecto.

Más. A la desocupación inherente al capitalismo se agrega la generada por la dependencia económica de México, la subocupación y el empleo informal. Al 6% de desocupados sobre la PEA, se agregan 13 M de informales. (Dos de los cuales se gestaron en la crisis del 2009). Al respecto, el fracaso del régimen es incontestable, la incapacidad de los partidos es ostensible. Los emigrados son la conclusión.

• Está probado. La única respuesta al desempleo, que involucra la educación, la distribución del valor económico y el destino del capital, es construir nuestra propia ciencia y tecnología para procesar nuestros recursos naturales, conquistar nuestra soberanía alimentaria, producir nuestros medios de producción, equipos, instalaciones, nueva infraestructura energética, hidráulica, comunicativa y de transporte. Sólo así la producción puede elevar su necesidad de trabajadores.

Esto es: dar nuestras propias soluciones a nuestros propios problemas nacionales y sociales. De ese modo las nuevas generaciones podrán contar con las condiciones que hagan posible guiar su existencia hacia altos valores.

¡Las promesas de la empleomanía salen sobrando!

Ingreso. Viendo que el ingreso del trabajador se deteriora año con año, los partidos buscan convencer al empresario para que reparta un poco de su ganancia. Así, en su imaginación el asalariado podrá consumir más, el consumo incentivará la producción, la producción generará más ganancia, la ganancia más inversión, la inversión más empleo, el mayor empleo más gasto, más venta y más riqueza. Es el círculo virtuoso del "mercado interior" populista.

La economía de mercado, así lo han pregonado los ingenuos asesores de LO "con una pequeña ayuda de sus amigos los empresarios", revierte el régimen de ganancia privada en bienestar general. Su táctica es usar paliativos para generar empleo haciendo caminos, como el new deal de EU en los 30's. Salpicar a los pobres con chispas de gasto público.

Sin embargo, por dos lados falla esta concepción.

Por uno, periódicamente, sea por la función financiera, el monopolio productivo, el esquema crediticio, la concentración del capital reabsorbe el ingreso de la población y sobreviene la crisis. Vivimos en una.

Por otro, ese mercado es "de consumo" y depende de otro, el "mercado productivo": el primero rige entre el comerciante y el consumidor; el segundo entre la industria que produce bienes de capital (materias primas y secundarias, máquinas, equipos, tecnología) y la industria de transformación que produce los bienes de uso y consumo que llegan a nuestros hogares. (Vidrio, mueble, vestido, etc.).

El mercado se divide, pues, en dos mitades. Pero en las naciones dependientes cada semicírculo es poseído por manos distintas: uno por las corporaciones planetarias extranjeras, otro por laindustria mexicana, dependiente de aquellas.

Por tanto, recomponer el mercado interior implica tener la capacidad de integrarlas con autonomía y producir ciencia, tecnología, materias y alimentos propios para romper la dependencia. Requiere una segunda Independencia o una verdadera Soberanía nacional.

Allí estaba la falla del desarrollismo: México avanzó en la construcción del mercado interior de consumo pero creció su necesidad de bienes de capital extranjeros. Así, cuanto más producía, más dependiente se volvía. Era el esquema de fines de los 60's.

Por eso, pretender elevar consistentemente el ingreso del trabajador en un régimen de producción y circulación privado es generar el círculo del engaño: un giro eleva el ingreso, otro lo pierde; una cara eleva el salario, otra la ganancia.

• La verdadera respuesta radica en cambiar el régimen de propiedad de los medios de producción y establecer un régimen de distribución que conduzca el valor producido por el trabajo a engrandecer la vida nacional, los servicios públicos y la solución plena de las necesidades de todos.

Educación. A falta de una economía propia, un estado fuerte, una sociedad evolucionada, un pueblo ilustrado, desde los días de la Independencia se afirmó que la solución era la educación. Los buscadores de empleo, los gobiernos ansiosos por gastar, los burócratas "sociales", la corporación sindical y la déspota que la controla, lo han repetido a coro. Enseñar es la profesión más "sagrada".

Lamentablemente, con un tercio de la población en la escuela, con el enorme gasto y el esfuerzo de un siglo, la SEP ha fracasado en su obligación de dar una educación científica, cultural, humanista y social que permita ocupar un lugar en la vida de México por derecho propio.

El bachillerato no tiene finalidad propia y los gobiernos panistas desean convertirlo en una etapa bárbara amputándole las humanidades.

La educación superior es rebasada por la nueva organización del trabajo, pero se deslumbra con la inflación académica y la fábrica de grados. (El fraude de la "carrera magisterial" es su peor experimento).

Tal educación tiene como función la destrucción social: despoja de su formacióna los hijos de obreros, campesinos y clases bajas y los transmuta en clase media, afanosa por dejar su origen e incrustarse en otro estrato. Por supuesto, los fines nacionales y sociales le han sido amputados y, disminuida, se limita a enseñar bagatelas en el aula.

¿Qué proponen los partidos al respecto? Nada. Sólo "más" educación de "calidad" y de negocio, pues las empresas educativas privadas militan en ellos. Quienes pugnan por la educación "pública" la confunden con "gratuita" y olvidan su carácter nacional, público y social.

Los politicastros saben bien que, para ser "autoridad" en la escuela superior se requiere ser leal a un antiprincipio: no comprender la juventud.

En los 50's no entendieron a la generación "rebelde", en los 60's se asustaron con la "revuelta" estudiantil, en los 70's impusieron el conservadurismo y la corrupción en las universidades, en los 80's se avergonzaron con la "generación x", cerraron los ojos ante el desempleo profesional que ya comenzaba, y en 2010 el gerente máximo de la UNAM se refiere con sorna a los "ninis".

Parece que nadie es responsable de nada. Cuando la frustración invade a los jóvenes, su voz no llega a los jefes ninis de las oficinas: "ni" a los cubículos de la burocracia académica, "ni" a la SEP. Estos "ni" entienden nada, "ni" merecen el respeto de nadie.

• Los partidos olvidan que desde los 60's los estudiantes hicieron la propuesta: una educación democrática, científica y humanista, con fines claros: contribuir a construir la soberanía nacional, servir a la sociedad mexicana y engrandecer la vida humana.

Empresa estatal. Los privatizadores y quienes pretenden mantenerla al mando del gobierno se equivocan en doble banda.

Un vicio acompañó a la empresa estatal: sustituyó el "poder de apropiación" de la empresa privada, en la cual el propietario puede hacer lo que desee con la producción y la propiedad, por el "poder de disposición" de los burócratas que, además de la corrupción sindical y el subsidio a la empresa privada, orienta recursos en beneficio particular.

Ese cambio tiene sus días contados. El mundo entero, si desea sobrevivir algún tiempo sobre la Tierra, deberá construir nuevos sistemas energéticos para preservar la vida.

Por su cardinal importancia, por tanto, no pueden dejarse en manos del capital privado cuyo interés, por definición, es ajeno a la sociedad y la nación. Pero tampoco se pueden mantener como empresas "estatales", o capitalismo de estado, que es su régimen disfrazado de empresa "nacional".

Pese a los discursos, el capitalismo de estado ha mantenido a PEMEX, CFE y otras empresas en la dependencia tecnológica, ha prohijado el burocratismo y la corrupción y ha sostenido al presupuesto vía exorbitantes impuestos. De ese modo ha eximido a la empresa privada de las obligaciones tributarias y no ha usado los recursos en bien de la nación. El valor producido por los trabajadores de ellas va a dar a manos privadas, además de los contratos de obra, a través de la circulación del capital con el ingreso de sus bienes y servicios al mercado.

Su carácter "nacional" fue suplantado por su manejo estatal al servicio del capital, su carácter "socialista" fue un espejismo de ilusos afanosos por halagar al estado mexicano.

• Hoy, la administración y la gestión públicas hacen posible que la sociedad trace fines y funciones nacionales a las empresas públicas, designe a los directores de tales organismos, asegure la transparencia y la responsabilidad y establezca un régimen justo y racional de distribución del valor producido.

Pequeña empresa. Todos saben de su ineficiencia en una economía dominada por grandes corporaciones. Las justifica el empleo que proporcionan. A salvo de sus restricciones, la gran empresa, mexicana o extranjera, tiene mejor tecnología, compite y determina el rumbo y las decisiones económicas.

Los créditos, las exenciones y otros recursos para mantenerlas con vida no cambian el régimen económico que las ahoga.

• Sólo con la formación de "unidades de producción asociada", que organicen a los pequeños productores de una rama, apoyados por una industria nacional de tecnología, que aseguren la eficiencia y la productividad, se podrá elevar la generación y la justa distribución del valor del trabajo entre sus miembros y defenderlas del poder de las grandes corporaciones. Naturalmente, su enlace con las necesidades nacionales y sociales les dará responsabilidad y una posición sólida en el sistema productivo.

Reforma política. A la farsa de querer hacer una reforma "del estado" sin plantear una reforma social, se ha sumado la "reforma política", alentada por las burocracias partidarias.

Sus planteamientos miran hacia atrás. La reelección de diputados, alcaldes, etc., retrocede hasta el porfiriato. El plebiscito y otras figuras "populares" expresan la demagogia de la opinión pública que suplanta a la verdadera democracia y busca legitimar el caudillismo y el protagonismo del gobernante con medios premodernos.

El servicio público de "carrera" es lance de burócratas de partido para conservar sus puestos y convertir el aparato en un régimen de castas. Es tanto como reservar las funciones del estado a una "clase política" cuya única virtud sería soportar más tiempo sentada en su escritorio.

La verdadera "reforma" (término que debe ser sustituido por la "constitución responsable" de una democracia del pueblo), no radica en esas bagatelas.

Esta democracia es intervención del pueblo organizado, a través de conductos normados públicamente, en todos los asuntos de la vida del estado, de sus instituciones y sus organismos civiles a través de la autogestión soberana.

•El nuevo estado que la corriente ideológica y política del socialismo nuevo propone debe superar las limitaciones del estado liberal fundado hace tres siglos.

Sus bases: el principio de la soberanía popular debe ser ejercido por una Asamblea Popular que vele por el derecho y la toma de decisiones por el pueblo trabajador; el principio de la soberanía nacional debe depositarse en una Asamblea Nacional que vele por la protección y el engrandecimiento del interés, la tecnología, la economía y la cultura en beneficio de México; el principio de la soberanía social debe ejercerse a través de la Asamblea Civil que norme, vigile y proteja la autogestión de los asuntos económicos directos, la formación cultural y la vida civil en general.

Vida social. La mayor parte de los miembros de los partidos están lejos de comprender lo que sucede en nuestra época. Oyen una frase periodística y la repiten como propia. Creen que, cerrando los ojos, desaparecen las clases sociales cuya existencia los había atormentado.

Nada ven de la basura social que sedimenta la pudrición del tejido social. Su ejemplo viene de Rusia. El socialismo de control de la URSS desembocó en las mafias que ahora reinan. Los burócratas comunistas que, al privatizar se apropiaron del valor generado por los obreros y campesinos, constituyen un poder de grupo, extralegal, de facto, como centros de fuerza que brindan favores y protección, sin responsabilidad social o nacional, en un país donde el derecho nunca tuvo mayor respeto.

A la "sociedad de la humanidad" que debía suceder a la sociedad de clases anunciada por la concepción de Marx, le sucedió la "sociedad de mafias". Por supuesto, algo falta en esta concepción cuya guiatura no pudo evitar en 1991 la restauración del capitalismo en el socialismo de control y la podredumbre social de su desenlace.

En el fondo, las mafias no son muy diferentes a las corporaciones planetarias que evaden la legislación y las regulaciones nacionales y operan en el lado oculto de la vida nacional y pública.

El sindicato mexicano es un antecedente. Sobre todo la fundación de centrales como la CTM y la CNC en 1936, usurparon la organización autónoma de la clase obrera para establecer la alineación corporativa al estado, con sus cuotas de poder y representación, y con la "protección" del trabajador en el empleo y los servicios sociales, a cambio de la sumisión a camarillas controladas por el partido oficial. Hoy, rota la capilaridad del poder hacia el estado, tal sistema sobrevive y contribuye a formar este modelo de organización social.

El capital parasitario es otro. Abandona el campo industrial y agrícola, se asocia al delito y promueve ellavado de dinero, el negocio casino, los antros, la prostitución, la venta de estupefacientes, y pretende suplir al estado en sus funciones de protección, captación de impuestos, subordinación, orden, etc. Su modo de acción es la violencia que se generaliza en México, su ideología es el miedo, su forma social es el vasallaje... La debilidad institucional de México las favorece.

Por supuesto, la guerra desatada toca la producción, la comercialización y el consumo de estupefacientes; pero no considera la condición básica que gesta la necesidad de tal consumo. Se destaca el uso de drogas por los niños y jóvenes, pero nada se dice del fracaso de la escuela y las viejas generaciones en la "enseñanza de los valores".

La sordidez de la vida, las falsas aspiraciones, la débil voluntad para renovar la vida colectiva y las instituciones, la injusticia general que paga mal el trabajo, el pragmatismo predominante que se harta en el interés individual, el raquitismo afectivo indiferente ante el prójimo, la inhumanidad que destila la producción, la mala enseñanza de la ciencia y el ejercicio del poder, son el caldo de cultivo que anestesia la conciencia, la razón y el espíritu.

En tal situación, se busca la autoidentificación, la desalienación y un lugar entre los seres humanos. Pero a falta de una vida que haga real esto, la droga los proporciona en los excitantes y las sensaciones enfermas.

• La verdadera solución está a la vista, pero exige reconocer culpas propias: constituir una nueva base social que propicie el trabajo colectivo, sólidas instituciones sociales de educación, salud, seguridad civil y personal, una vida pública de participación democrática que restablezca la confianza entre los mexicanos, una base cultural, estética y de vida interior que afiance el sentido humano de la existencia y la convivencia diaria.

Miseria. Desde el gobierno de JLP la "fábrica de pobres" se echó a andar. Para el régimen de CSG los "pobres en miseria extrema" pidieron un lugar en la mesa. (Según la ONU, "no tienen una ingesta de calorías suficiente para una vida útil". Son compatriotas que viven con diez pesos al día). La mitad de los mexicanos es pobre, casi el 20% es miserable.

La solución inventada por CSG fue la "solidaridad", imitada hoy por todos los partidos. Consiste en despensas básicas para evitar la muerte por inanición, programas eventuales de empleo en caso de catástrofes naturales, un cheque de compensación a los ancianos o una beca de capacitación al desocupado. Su fin es contener el estallido latente.

El esquema de transferencia hace patente la injusticia de tales medidas: al trasladar recursos públicos a los pobres, que provienen de impuestos pagados por los trabajadores, se exime a los empresarios de su obligación social. Allí radica el secreto de los subsidios a la población: con ellos se exime al empleador de pagar mejores salarios, seguridad social, pensiones, etc.

Su génesis reciente fueron los apoyos a "los marginados" en la época echeverrista. Tales limosnas, llamadas "economía de compensación", de autoconsumo, autoproducción, autoempleo, ocultan el fracaso del sistema y condenan a grandes grupos a vivir al borde de la miseria.

Son los restos del llamado "estado de bienestar", copiado por Cárdenas del "welfarestate" de EU. En México, los beneficios fueron otorgados como parte de la Revolución Mexicana y del derecho constitucional, hoy se dan como favor sin obligatoriedad pública, como dádivas a cambio del voto. Dar bienes sin impulsar su producción significa dilapidar la riqueza en el gasto improductivo.

El proteccionismo industrial, o "fábrica de empresarios", promueve el parasitismo del capital acostumbrado a tener grandes ganancias con ineficiencia. La infraestructura carretera, con la que se quiere dar empleo a los pobres, imita al porfiriato: construyó caminos, ferrocarriles, redes eléctricas, etc., para facilitar la extracción de nuestros recursos por el extranjero.

La pobreza, que se quiere hacer ver como resultado de las crisis o los "malos" gobiernos, es inherente al sistema del capital y la dependencia económica y tecnológica que padecen los países pobres. Surge en el mismo cumplimiento de sus normas jurídicas subordinadas a las condiciones de la economía regida por el capital y la ganancia privada, es un resultado forzoso de tal condición.

Se dice que, "queriendo hacer el bien", el inocente hace el mal. Así sucede con quienes se proponen cambiar las cosas sin tocar los poderes establecidos. En lugar de hacer brotar las fuerzas, la voluntad, la conciencia de un pueblo, se le envilece; se usurpa la libertad para construir un México por sí mismo, se reafirma el paternalismo del gobierno, en lugar de la capacidad productiva se impulsa el consumismo.

Y lo peor: si la visión se nubla en las clases poderosas, su ceguera es resarcida con la ganancia que llega a sus manos; pero el "bienestar" regalado que llega a manos de los pobres no sólo los engaña respecto a su verdadera existencia, les roba el alma y les arrebata su capacidad transformadora para volverlos siervos del capital.

• Una verdad fue probada en el siglo XIX: la miseria del trabajador sólo desaparece de modo permanente cambiando la base general del régimen de producción y estableciendo una base económica que, con intervención directa del trabajador, distribuya con justicia el valor producido por el trabajo y los medios de producción, rescatándolo de los capitalistas, las mafias y el derroche social.

Ecología. Es el tema preferido por los partidarios de la ideología blanca. Tiemblan cuando se tocan problemas que implican cambiar las bases del mundo establecido.

La simulación, la corrupción, la connivencia con los empresarios responsables de la descomposición de la tierra de México, caracterizan a las autoridades encargadas de ella.

Igual que en otras cosas, aun cuando muchas de sus acciones son acogidas de buena gana por la población, desvían el problema central que no es técnico sino político. Pues mientras el régimen de propiedad suponga "usar y abusar" de la producción, la sobrevivencia de la vida sobre la Tierra no será segura.

Este es un claro asunto donde las soluciones parciales nada valen sin cambiar el industrialismo, el consumismo de bienes y recursos, y sin considerar el equilibrio del mundo humano con la naturaleza. (Donde influye el incremento irracional de la población, el uso de sustancias que afectan la vida, la producción agrícola irracional, etc.). Y poner estos aspectos en su lugar corresponde a la acción política, no sólo de una nación sino del mundo entero.

• La ecología política sostiene que sólo emprendiendo acciones para restablecer, si es posible aún, el equilibrio en la capa protectora de ozono, el sobre calentamiento del planeta, el cambio climático, la deforestación y los sistemas energéticos a nivel planetario, que implica cambiar incluso hábitos de vida como el transporte individual, se protegerá verdaderamente la vida sobre la Tierra.

***

En estas propuestas comunes de los partidos residen las razones por las que México no avanza siguiendo la senda del mercado electoral. Parece que cada vez los resultados reportan menos beneficios a los mexicanos y la nación.

No se crea, sin embargo, que todo proviene de la mala fe de los partidos y los poderes. Si así fuera, todo sucedería como dicen algunos: por "una camarilla que se ha apropiado del gobierno". Lo cual haría fácil su derrocamiento.

Esta acusación tampoco es inocua: los ataques voluntaristas envenenan la conciencia, el resentimiento impide reflexionar y las emociones sustituyen al pensar objetivo y la verdad. Allí brota la luz para germinar soluciones permanentes y racionales.

Sin exculpar a las pandillas que se apropian del poder estatal, el cambio que México necesita es la transformación del sistema económico, civil y político, que es la base general de la vida social y el equilibrio con la naturaleza. Sin dicho cambio, las medidas parciales descomponen la nación, desorganizan el pueblo y facilitan al capital extranjero y nacional imponerse sobre el trabajo.

• Si es la totalidad de México la que se pudre, es la totalidad de México lo que hay que cambiar. Sólo queda de él nuestra historia, el trabajo que carga el peso de la opresión y la miseria, y el pensamiento de quienes aún son fieles a la vida nacional. Allí radica el punto de partida del México nuevo.

IV. Significado de las propuestas

Si bien los partidos esconden sus ideologías ante el elector, sus discursos cargan diversas posturas que hacen presencia en estos tiempos cuando un México muere y se anuncia el advenir de un México nuevo. Entre ellas:

*  El civilismo blanco. Los derechos concedidos a grupos civiles desarticulados huelen a privilegios feudales que disimulan el abandono de los derechos generales agrarios, laborales, educativos y políticos. Su promulgación ha sido pareja a la descomposición política, nacional y civil.

* El populismo. Aprovecha los miserables para mantenerlos en las redes del paternalismo y el caudillismo políticos.

* El burocratismo. Recluta profesionales frustrados, usufructúa el presupuesto público, aprovecha el poder de disposición y usa las oficinas para dar empleo a los afiliados.

* El personalismo. Centrado en la familia, en la práctica es el manejo discrecional de los asuntos públicos por encima del derecho y para enriquecimiento individual.

* El proteccionismo empresarial. Con el decreto de Cárdenas en 1939, se puso la primera piedra de la fábrica de empresarios: exenciones de impuestos, subsidios, etc. Hoy se extiende a la pequeña y mediana empresa. Es medida para detener la explosión de México, sin ella el desempleo desbordaría toda "paz" social.

* El gradualismo reformista. Desvía del camino hacia un México nuevo. Igual que en su tiempo se creyó que los derechos laborales y agrarios de 1917 eran un paso intermedio hacia una sociedad socialista (fantasía que proliferó en la época cardenista), igual que el "popular socialismo" creyó que las estatizaciones de empresas eran un paso hacia la colectivización, o la III Internacional se engañó al creer que los sindicatos eran vía hacia la organización socialista, así ahora se exageran las pequeñas conquistas y se cree lograr la libertad con sólo separarse del poder estatal.

* La democracia norteamericana impuesta a México no es la manera de responder a nuestras aspiraciones como pueblo y nación libres. Tampoco los partidos "instituciones", esto es, partes funcionales del sistema, quieren ni pueden luchar en favor de este fin.

Un electorado perverso y envilecido, que da su adhesión a quien le prometa responder a sus urgencias, es el señuelo. Es el cáncer que cancela toda validez a la democracia.

***

No es necesario hacer el examen completo de tales líneas. A diario exponen sus propósitos y cuando se abra el mercado electoral harán malabares para parecer "creíbles". Se olvida que cada parche debilita la fuerza unitaria de la prenda social y cada paso aislado saca del camino recto hacia el fin principal.

Por supuesto, más allá de sus afiliados y simpatizantes, sus nexos obedecen a sus propios intereses, no a los de México. Pero es innegable: el desencanto ha impregnado al electorado. Las grandes esperanzas de 1988 se han enfriado: la historia ha dado la oportunidad a la oposición y ésta no ha sabido responder a sus exigencias. El pasado reaparece y se restaura el conservadurismo que las transacciones nunca borraron de nuestra historia.

Como quiera, este des-concierto de líneas de acción hace ver la falta de la estrategia de los movimientos. Mientras el imperio traza su estrategia con profecías, los mexicanos disputan al coche el espacio callejero.

Se olvida. La marcha histórica, como la de cada existencia, no es la suma de pequeños trechos; las naciones y los pueblos tienen un orden propio que se debe seguir para alcanzar la liberación. El problema es encontrar dicho orden. La vida aislada de cada miembro de familia, como se sabe, equivale a la disolución de ésta.

El futuro está más allá de estos deseos...

V. El socialismo nuevo y las elecciones

Para la posición ideológica y política del socialismo nuevo ejercer la voluntad electoral no es depositar una papeleta en la urna, no es disolver el pueblo en una polvareda de átomos ciudadanos o una sombra de los poderes estatal y partidario.

Al contrario:

 La política democrática debe expresar la decisión del pueblo miserable y trabajador constituido en soberanía. Y por esa razón este pueblo no debe renunciar a la acción electoral. Debe participar en ella. No para ejercer el "voto útil" y llevar al poder un caudillo "menos peor", sino para manifestar ante los poderes y las naciones su ideología, su organización y su acción.

[Nota: La contraposición entre el acto de sufragar y el ejercicio de la democracia deja lugar a las confusiones y paradojas que acarrea el ejercicio electoral actual.

1). La acción de la representación democrática se cumple con el ejercicio del voto y significa el ejercicio de la voluntad política del ciudadano. "Votar" significa "manifestar una preferencia". Viene del latín vovere, que es prometer; del i.e. woguh-eyo, que es hablar solemnemente. Es decir, votar es la acción a través de la cual se adopta un compromiso público.

La democracia liberal moderna de la "voluntad general", necesariamente, hubo de fijar las maneras en que el pueblo se representa como república, nación y estado: por "estados generales" en el absolutismo, por representación de sectores sociales, etc.; y dicho acto es distinto en un régimen parlamentario, un estado monárquico o una república liberal. Pero no es sólo el trabajo de urnas.

2). En sentido estricto, "votar democrático" es organizar la representación de la ciudadanía ante los poderes nacionales internos y externos, e implica deliberar y tomar decisiones sobre los principios, la organización y la acción de la posición ideológica y política del pueblo.

"Sufragar" es meter una boleta en una urna; es optar, escoger una alternativa de las que ofrecen en la competencia partidaria. Votar es determinar la propia posición por el ciudadano o el pueblo. Sin la propia acción organizativa y políticamente educativa del pueblo, acudir a sufragar es un hecho vacío y legitimar la usurpación del derecho ciudadano por los partidos o los candidatos. El referendo y el plebiscito son, igualmente, tenazas que atrapan a la voluntad ciudadana en opciones manipulatorias eventuales y ajenas a su propia determinación.

3). Sin la organización del voto democrático señalado, la política desemboca en la "dictadura del proletariado" comunista, el "caudillaje populista" del guerrillerismo, el "protagonismo personal o partidario" de las tiranos que dan "golpes de timón" en los gobiernos.

En todos estos regímenes, la democracia, entendida como el ejercicio de la soberanía popular, es ahogada. Esto es lo que significa que, en México, aunque se ha estampado en sus Constituciones el principio de la soberanía popular, nada se ha hecho para hacerla efectiva y ha sido suplantada por el régimen de sufragio.

4) Por eso el pueblo no debe renunciar al acto de votar. De otro modo, abre el camino para la usurpación. Pero, lo repetimos: votar democráticamente no quiere decir dejarse atrapar en el esquema de la elección cerrada por los candidatos inscritos, como alternativa donde la libertad se ejerce entre lo "peor" (PRI, PAN, los verdes) y lo "menos peor" (PRD, PT, etc.).

De esto se concluye que "ir a las urnas o no ir" es lo mismo: pregonar el "abstencionismo" o el "voto útil", para no dejar que los burócratas de la política suplanten al ciudadano, son dos formas que giran sobre el sufragio, no sobre el voto democrático.

5). Las posiciones actuales se abren a las siguientes alternativas: a)Votar por el pueblo, esto es, que el pueblo organice su propia representación, ideología y acción política. Acción que, muy posiblemente, rebasaría el espacio y término de tiempo de las campañas electorales. b). Ir a las urnas para legitimar un gobierno ajeno al pueblo. Lo cual significa someterse a la usurpación partidaria actual. c). Abstenerse u omitir cualquier participación en las elecciones. Es enseñar a abandonar la acción política que el pueblo debe aprender a ejercer por sí mismo. d) Acudir a las urnas para mostrar el rechazo a la manipulación actual y estampar signo de la voluntad democrática anulando cada boleta con una cruz general. Aunque sin la acción para organizar la independencia ideológica y organizativa del pueblo, ese rechazo es un acto negativo que no construye nada, excepto la decepción.

El socialismo nuevo propugna por recuperar para el pueblo el ejercicio del voto democrático, que es organizar la propia acción representativa de la soberanía popular y hacer manifiesto su rechazo a la suplantación del sufragio.]

 A la campaña electoral comercial debe sobreponerse una jornada de organización propia, de definición de la ideología y de una plataforma para liberar a México y al trabajo. El voto maduro deberá ser la confirmación de la independencia ideológica y organizativa del pueblo.

 La nueva ciudadanía debe estar formada por obreros, campesinos, estudiantes, profesionistas y todo trabajador productivo que, fieles a su origen, son la base social donde se gesta la vanguardia para dar las batallas por la liberación de nuestra patria. No la ciudadanía abstracta, "territorial" o "demográfica".

Una ciudadanía que ejerza la acción oportuna atinada y permita fundar al México nuevo antes de que termine la vida sobre la Tierra, asolada por una producción, un aparato energético y hábitos consuntivos de la depredadora especie en la que se ha deformado la sociedad humana.

 La estrategiaa futuro es constituir la condición nacional de un pueblo soberano. Su base es organizar la fuerza histórica capaz de transformar a México y fundar una nación nueva, con una democracia donde el trabajador tenga garantizado intervenir en todos los aspectos institucionales y públicos, autogestionando sus asuntos y generando modos propios de vida.

 La liberación del trabajo está en juego. No debe olvidarse. Más allá de toda coartada, el mundo tiene su fuente en la naturaleza y el trabajo, de ellos salen todas las obras. Más allá de toda injusticia, la opresión que brota del trabajo mismo es la injusticia máxima. Por ello, sin liberarlo, lo demás será pasajero o ilusorio. Rescatarse del servilismo, del sometimiento a los medios de producción privados, de la opresión, debe ser la consigna principal.

 La nueva organización social no debe remedar al mercado, basado en fuerzas, medios y fines contrarios al interés público y nacional. Ha de sustentarse en el acuerdo racional de los sectores de trabajadores y en las armonías reales entre la producción y la distribución del valor en beneficio de la soberanía nacional y social.

 El pueblo mexicano debe votar por su propio interés histórico. No debe ceder su derecho a un gobierno, un partido, un personaje, un comité o cualquier figura que pretenda suplantar su libertad de decidir sobre su destino. Hoy su voto debe ser la manifestación de sus propósitos y la organización de sí mismo para liberarse por sí mismo.

***

Las campañas han de servir para destruir las trampas, las redes y los misterios del régimen electoral; para deshacer las apologías y justificaciones de la situación prevaleciente; para recuperar la confianza y la sabiduría del pueblo y emprender su marcha histórica. La manipulación partidaria, caudillista o corporativa deben dejar su lugar a la autonomía organizativa e ideológica del trabajo.

¡Tal es el modo de destruir la maldición de la profecía imperial!

Septiembre de 2011. Monterrey, Nuevo León. México.

(Imágenes tomadas de Internet / Derechos reservados por el autor)

Voto nulo y abstencionismo

Entre ciertos sectores de la llamada "sociedad civil"", que etimológicamente es también política (cîvîlis, cîvîle = ciudadano, político, público, según mi diccionario latín-español), se reproduce la idea de anular el voto en las próximas elecciones federales. El argumento más generalizado es que tanto los partidos como los candidatos no son creíbles o, por lo menos, no son lo que algunos quisieran. Otra consideración semejante, pero distinta en su esencia, es que la mal llamada ""clase política"" ha expropiado a la sociedad sus derechos civiles (en el sentido de ciudadanos), para usarlos a su favor en la esfera del poder, de un poder con el que no cuentan los ciudadanos comunes. Otro razonamiento, que viene fundamentalmente del anarquismo, es que todo poder y toda jerarquía son, por definición, autoritarismo e imposición de unos sobre otros (dominación).

Daré por buenas, sin estar de acuerdo, las anteriores justificaciones para querer anular el voto el próximo primero de julio. Pero destacaré un problema que ahí está pero no quieren ver ni los ""anulistas"" ni los abstencionistas: que voten o no, alguien ganará la Presidencia, el Senado y la Cámara de Diputados, aunque sea por un voto sobre sus competidores. Y no sólo esto, sino que mientras no se cambien la Constitución y las leyes que determinan y sustentan nuestro sistema político, habrá un gobernante, además de legisladores. Y esto será así porque en nuestra democracia, tan imperfecta como se la quiera ver, con un voto se gana. Bien lo dijo López Portillo cuando era el único candidato presidencial: si voto por mí, gano. Y tenía razón, pues no había alternativa: ciertamente era el único registrado como tal.

Algunos de los defensores del voto nulo o de la abstención (que en el contexto son casi sinónimos) sostienen también que si todos echaran a perder sus votos o se quedaran en su casa el día de la elección, se demostraría que ni los partidos ni sus candidatos tienen legitimidad. Pero toca el caso que esto nunca ocurrirá, por alguna de las siguientes razones: no todo mundo está de acuerdo en abstenerse o en votar nulo, entre otras cosas porque son militantes de partidos, porque les gustan uno o varios candidatos, porque pese a no ser una obligación votar, como en otros países, lo consideran un deber cívico y porque no hay autoridad ""moral"" suficiente entre los ""anulistas"" y abstencionistas para convencer a todos los mexicanos mayores de edad. Metafóricamente se ha hablado del ""partido de la abstención"", pero no existe como tal: no todos los que se abstienen lo hacen por rechazo; muchos lo hacen por apatía o porque el partido de futbol está muy interesante o porque ese día llovió y no quieren mojarse.

Estos defensores del voto nulo o de la abstención generalizados como supuesta lección para los políticos en realidad son víctimas del pensamiento ilusorio (en inglés wishful thinking), o de una suerte de voluntarismo, más que subjetivo, solipsista.

En la realidad concreta de cada país y de sus respectivas elecciones, los partidos existen porque no se ha encontrado mejor fórmula para proponer alternativas organizadas a lo existente (en el mejor de los casos), así como candidatos a gobernar y a representar (mal o bien) los deseos y necesidades de las sociedades complejas en que vivimos. Por lo mismo, los políticos y los gobernantes también existen; y tanto unos como otros son también ciudadanos, que hacen política como otros hacen comida, casas o música (aunque puede haber políticos que cocinen bien, o sean constructores o toquen el piano; no son actividades excluyentes).

Por lo tanto, les guste o no a muchos que ven feo a la política y a los políticos, éstos no dejarán de existir y la representación y el poder no serán eliminados por los buenos o malos deseos de sus detractores.

Lo mismo se puede decir de aquellos que se sienten tan puros en su ética y en su ideología que no encuentran, a la medida de su subjetividad, ningún partido ni candidato que les cuadre. ""No me siento representado en ninguno de ellos"", suelen decir, para añadir de inmediato: ""mejor no voto, o si voy a las urnas anulo mi boleta"". La gran paradoja de quienes así piensan es que con su voto nulo o su abstención le estarán tendiendo un puente de plata a quienes tienen la sartén por el mango o la fuerza suficiente para apoderarse de ella, es decir a quienes ya gobiernan o a quienes gozan de mayores apoyos de los poderes fácticos que controlan los medios de comunicación y concentran las mayores riquezas del país, de un país donde el voto se compra incluso con una despensa o con láminas de cartón enchapopotado. Estos ""puros"" e impolutos ciudadanos, henchidos de ética y a veces de ""moralina"", no quieren aceptar que con su posición favorecen a quienes tienen ya el poder o la fuerza suficiente para disputarlo en una realidad donde con un voto se gana.

Asumen, asimismo, que votar por el que ellos consideran ""menos malo"" no es ético ni mucho menos revolucionario (en el caso de que dichos ""puros"" sean revolucionarios), pero no toman en cuenta que ese que llaman ""menos malo"" puede significar cambios que millones de personas, sobre todo los menos favorecidos de la sociedad, quieren aunque sea por el famoso ""peor es nada"".

En mi lógica el a veces llamado ""menos malo"" es el bueno, incluso el mejor que podamos tener bajo ciertas circunstancias, reales y concretas. Que no es socialista, ¿importa? En el México de nuestros días muy poca gente aspira o lucha por el socialismo, y aun así no se ponen de acuerdo en su significado para un país como el nuestro. Es más lo que se sabe de lo que no se quiere que de lo que realmente se desea.

Una última reflexión: no les vaya a ocurrir a los ""anulistas"" y abstencionistas que por seguir sus sentimientos antipolíticos se desayunen con la novedad de que los gobierna quien, al final, resulte candidato del PRI o del PAN, es decir más de lo mismo, o peor.

La Jornada.