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Como todo recuerdo, John Lennon está compuesto por memoria y olvido. Extraer fragmentos de memoria de Lennon le corresponde al recuerdo de mí hace más de diez años. Olvidarlo me sucede con frecuencia; no siempre relaciono su nombre con frases, canciones y actitudes que mi generación, a pesar de haber nacido después de su muerte, ha hecho suyas.

Hoy, quizá no hoy, sino en pocos mañanas, el 8 de diciembre, alguien más sea asesinado y, quizá también, algún desconcertado diga "¿guerra vs narco?", y enseguida pronuncie entre labios "la guerra ha terminado-si tú así lo quieres". No servirá de mucho, pero aquel que lo pronuncie tendrá una razón suficiente para llegar y poner una canción de Lennon, en lugar de ver las noticias del México ensangrentado. Guardando proporciones, pero así le sucede a uno a los 15 años. Ya comienzan a menguar los valores de la sociedad, entonces uno va por otros... Y ahí están los íconos de izquierda en política, en religión, en la música, etc. Todo fluye entonces, en diferente orden, pero no tarda en llegar la mítica figura del Che de las manos de dos jóvenes que portan en una manta, el negativo de la foto tomada por Korda, en las marchas en México del 68, ese mismo año en el mayo francés, o en la primavera de Praga.

La mariguana cada vez más cerca, y entonces Bob, el buen Bob Marley, y todo comienza a desbordarse, a des-hacerse lo viejo, a bordarse el nuevo discurso, a darse todos y contra todos, en cristales de THC, o de LSD. Y en bandada llega: Pink Floyd, los Rolling's, Bob Dylan, Silvo Rodríguez, Rockdrigo... Y por supuesto John Lennon, sin o con los Beatles, sin o con Yoko. Pero llega él y Julia y Lucy... Y comienzan las frases de lugares no tan comunes, y los monolingües no nos rezagamos pues nos basta con poder traducir Let it be, medio cantar Give peace a chance, o que uno que otro acepte, como yo, que es un jealous gay. Poco a poco, de más que cenizas brotan los 60's y el Lennon de los 70's. Décadas y personajes que en un primer momento pretendemos emular.

Es así como entra John en la vida de un paria por "elección" y contingencia. Porque en el caso de algunos buenos amigos, Lennon entra desde la casa y en su infancia, en casettes o acetatos, y es ahí donde encuentran su referente. O bien, y de forma líquida, está el caso de Abi quien tiende su puente con John a través de su padre Don Carlos Plascencia, desde el hecho mismo de que su apa', llora la muerte de Lennon el 8 de diciembre de 1980...

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No puedo, por obvias razones, detallar la escena de mi padre llorando al enterarse de la trágica noticia de la muerte de John Lennon, aunque la imagino con cierta nitidez, porque años después fui la niña que por las mañanas, tardes o noches, según el momento clave de mi padre, oía las dulces, catárticas, surrealistas, psicodélicas y románticas canciones de los Beatles o de John, y entonces sí, me gustaba clavarme con la interesada y apasionada imagen de mi padre leyendo o escribiendo acerca de él, o simplemente bordeando la emoción que le producía escucharlo y conocerlo cada vez más. Durante algún tiempo, en las mañanas de trayecto a la primaria y acompañados por la tradicional torta de tamal, escuchábamos la hora de los Beatles en la radio, o mejor aún, conocí el lado humano de John Lennon en voz de mi padre, a partir de las anécdotas que me contaba acerca de John como hijo de padres separados, como adolescente sufriendo la pérdida de su madre, como músico famoso gritando help!, como John padre, como John hombre... Y cuando habíamos llegado a la escuela y había que bajarse del carro, no quería hacerlo porque me quedaba picadísima, pero mi padre siempre terminaba con su frase "esta historia continuará...". Este fue el preludio de mi acercamiento a John Winston Lennon, antes de conocer su lado creativo, activista, sensible, humanista y hasta diría yo, de terapeuta.

En la juventud mi interés por conocerlo creció. Analizaba sus letras, pero sobretodo, dejaba que el ritmo de la música me fuera sumergiendo en una atmósfera de comprensión y goce de su singular historia. Y desde ese entonces sentí rabia hacia la policía al enterarme de la razón de muerte de Julia Stanley, madre y mejor amiga de John, y lloraba al escuchar Julia, o gritaba junto con él en la canción de mother siguiendo las sugerencias que psicoanalistas le dieron; flotaba en los cielos de mermelada con lucy in the sky with diamonds; cuestionaba lo que me rodeaba con working class hero, sentía los escalofríos de cold turkey, o la emoción dulce de Just like starting over, o ya de plano comenzaba a sentir la efervescencia para actuar socialmente a la voz de War is over o Give me some truth.

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El tiempo incorregible, e incorregible él. Cuánto te debemos John todos aquellos que hoy vemos a Paul, el beatle rosa, al que le gusta que le llamen Sir Paul y que se la pasa de pasarela en pasarela. Creemos ahora que tú ibas a paso firme. Sabemos que a pesar de asesinado hace 30 años, nos aportas más que Sir Paul vivo a sus 70 años.

Para mí el sueño sigue, y lo persigo en muchos lados, no en la India, pero si en Wirikuta; no en un mahareshi, pero si en algún curandero; no en Elvis, pero sí en mis amigos, no en un mantra, pero sí, como Don Carlos, en mi hija. Y así uno va soñando y cambiando de piel camaleónicamente. Si uno se cansa de alguien, porque simplemente no halla en él o en ella la CONSISTENCIA ÉTICA necesaria para llegar a la madurez como un hombre o mujer de PALABRA, nos quedará como a John, creer en nosotros mismos.

Y a pesar de ello mi generación vuelve a creer en algo más que en el simple concepto de INDIVIDUO. Creemos nuevamente en la comunidad, en los pueblos, en el poder de la sociedad, no sólo en gurús. Si después de ello aún sentimos momentos de insatisfacción o frustración, nos queda todavía el consuelo de tener al iconoclasta mayor que dejó de creer en todos, el mismo que nos ha dicho que dios es un concepto para medir el dolor. Y entonces sí, a todos y a todo le pasaremos lista en orden alfabético, y todo aquel que nos haya fallado lo enunciaremos sólo para medir nuestro dolor.

Al final, sólo me quedará creer en mí, en Abi, en Valeria y en mí.

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Las composiciones sincopadas, su ideología con un sentido humanista, pero sobre todo sus actos congruentes, impregnan la realidad de toda época, incluyendo por supuesto a mi generación. Aunque como todo personaje puede tornarse en un simple ídolo de moda, John Lennon puede verse actualmente en las manos de jóvenes saliendo de los tianguis culturales, con la verdadera convicción de que se están acercando a un ser auténtico.

En mi caso, cuando siento que esta vorágine citadina está distrayendo mi andar, una buena rola de John, con los Beatles, con Yoko o sin ellos, me aterriza a mi papel como mujer, miembro de una comunidad, ser sensible a esta cruda realidad y me contagia las ganas de imaginar que puedo ser una soñadora, que no soy la única y que el mundo puede vivir como uno solo. Aunque esto para muchos sea una utopía.

AbYoko and Yohn

(Imagen tomada de Internet / Derechos reservados por el autor)

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